Capítulo 4. Un Poblado y Un Trabajo.

Capítulo 4. Un Poblado y Un Trabajo.

Azrael es atrapado y su vida da un giro que no esperaba.

Papá, papá!! despierta!
-¿qué hora es? ¿trabajo hoy? …
Mierda….

Abrió los ojos en lo que pareció un siglo para él. Su cabeza aquejaba una extraña sensación de desagradable sueño que se mezclaba con la realidad, y un tremendo zumbido en los oídos.

Una gota de sangre recorría su rostro desde el mentón hasta el suelo pasando por su mejilla. El hormigueo en sus párpados y la presión en los laterales de su cuello, eran síntomas claros de que se encontraba colgado boca abajo. Sentir cómo un latido continuo y amortiguado recorría su cabeza, no hacía más que agudizar su desoncierto.

Toda su sangre se agolpaba en la cabeza. Un extraña resaca le mantenía desorientado a la vez que aturdido.

Según pasaban los segundos, ¿o eran minutos?, la vista iba ganando algo de normalidad. El pálpito de su barbilla indicaba que había sufrido un golpe en aquella zona, entre otros muchos dolores que iba descubriendo a la par que recobraba el conocimiento. Sentía un tremendo dolor en las piernas, entumecidas y magulladas.

Una cadena le mantenía sujeto a una garrucha que colgaba de un puntal del techo. En ese momento, Azrael, no tenía mucha más dignidad que un cordero que esperaba su momento.

-¿Nombre? -Se oyó desde el fondo de la sala.
El  corazón de Azrael se heló en un instante. Creía encontrarse solo y resultaba que estaba acompañado por al menos un desconocido.
-¿Nombre? -Repitió la misma voz con autoridad.
Giró la cabeza en busca del hombre que lo interrogaba.

Su cuello crujió como una rama seca. Azrael se encontraba peor de lo que parecía. El malestar creciente que sentía evidenciaba que la caída había hecho estragos en su físico.

Las palabras procedían de detrás suya.

El entumecimiento y los dolores que agarrotaban su cuerpo, no dejaban que Azrael se pudiera retorcer hasta el punto de ver la cara de ese hombre.

-¿Así que éste es el tipo que acabó con Stephan y los demás?
-¡Habla! – La voz de aquel al que no había podido ver retumbó en aquella sala.
Intentó contestarle, su intención no era darle la razón ni satisfacer su curiosidad, pero Azrael se vio envuelto en una situación que fácilmente podría costarle la vida.

La habitación olía a humo de tabaco. La estancia parecía bastante pequeña, construida en madera. Más o menos limpia, alumbrada con velas en las estanterías superiores y por un haz de luz solar que entraba por alguna ventana.

Podría mentirle- pensó Azrael -, pero trstar de engañarle no serviría de nada. Si ese hombre conocía la verdad, faltar a su inteligencia no mejoraría las cosas.

-Sí, así es. Es él. Le seguí el rastro desde la caravana de Stephan hasta que llegó aquí.

Una voz de mujer daba las explicaciones pertinentes sobre cómo había caído presa de su arco. Maika…

La misma mujer que había perseguido, acechado y dado caza a Azrael, estaba de pié, cuadrada, guardo silencio en una postura obviamente de origen militar. Mostrándose con respeto hacia su superior. No había duda, el hombre que presidía la sala era un superior.  Seguramente se trataba de paramilitares, quizás antiguos soldados que consiguieron sobrevivir y reorganizarse. O puede que una panda de paletos que se vinieron arriba por la situación y ahora se consideran los amos de toda la zona. -Gracias Maika, puede retirarse-Ordenó el hombre. -Si, Señor- contestó ella sin poner en duda aquella orden.

Se quedaron a solas. El hombre se acercó sin mostrar prisa algunal por liberar a Azrael de su incómoda posición. Dió unos cuantos pasos y exhaló una bocanada de humo mientras miraba su captura. Rodeó su cuerpo dolorido de Azrael y entonces le permitió al fin ver de quién se trataba.

-¿Para quién trabajas? – Dijo en tono inciso mientras observaba su ropa.

Azrael lo miró de reojo sin llegar a verlo del todo. – ¿Trabajar? – Respondió desconcertado.     – Desconocia que alguien trabajase para alguien en éstos tiempos-Respondió jocoso.      – Hace mucho tiempo que vago solo por el mundo. Es usted la primera persona con la que tengo una conversación en varios meses.

El militar volvió a mirarlo con desgana.                  -¿Sabías quiénes eran esos tipos a los que has matado?-Interrogó pensativo.

Azrael negó con la cabeza. – No señor- contestó con el mismo respeto que el hombre le había mostrado. – Simplemente me encontraba en el lugar equivocado. Sólo pretendía sobrevivir, y ellos parecían ser una amenaza.

El hombre, de unos sesenta años, giró la cadena que sostenía al maltrecho caminante y lo colocó de frente a donde él se había mantenido sentado. Azrael comprendió que era alguien al mando de donde demonios estuvieran. Su traje y su gorra le otorgaban un aura de autoridad. De su chaqueta pendían algunas medallas y una chapa con su nombre.

<Coronel Sarcev>

Un pistón viejo dado la vuelta servía de cenicero. En su interior podía adivinarse algún tipo de puro consumiéndose, el humo azulado y el inequívoco olor que desprendía inundaban la pequeña habitación en la que se encontraban. Azrael alzó la vista y le miró fijamente, a lo que el hombre respondió con una mueca que consistió en levantar la ceja y nada más .

-¿Has pensado alguna vez en lo curiosa que es  la suerte? – Le preguntó el hombre uniformado.

– Imagina una bella y joven mujer caprichosa. Un cuerpo delicado y lleno de curvas sinuosas pero con la cabeza llena de pensamientos interesados. Ahora piensa que ella tiene la oportunidad de enamorar a un anciano rico, se aprovechará de él, sin duda. Tratará de hacerse con su dinero a cualquier precio. Fingirá que lo ama. Incluso mantendrá relaciones íntimas con él. Todo porque su única motivación en la vida está relacionado con lo material. Realmente ella cree que tiene suerte, se hará con la fortuna del viejo y no tendrá que mancharse las manos para sobrevivir en el futuro. Ahora imaginemos al anciano. Un tipo decrépito y dependiente que también está convencido de que él es el ganador en aquella relación tan poco corriente. El cree que la suerte está de su lado porque tiene la compañía de la dama a la que rebasa su edad por  varias décadas. Él sabe, que si no fuese por su dinero, nunca podría haber conseguido los favores de la joven. Al final, los dos son infelices, en el fondo, pero también consiguen lo que parecen anhelar con toda su alma. 

El militar miraba cómo el puro al que daba vueltas se deshacía en la incandescencia, mientras Azrael trataba de comprender por qué le contaba a él toda esa historia.

-Mi caso contigo es parecido al falso romance que te acabonde describir – prosiguió el hombre- Tú, tienes una deuda pendiente conmigo. Asesinaste a tres de mis hombres. Entiendo que no me has mentido y que realmente tu motivación para hacerlo no fue fruto de una orden. Eres un tipo solitario, por eso vas vestido como un vagabundo y hueles como un leñador en verano. Pero los acontecimientos te han llevado a estar aquí colgando y  tu vida depende de cómo me haya levantado hoy. En otras palabras, me necesitas para seguir viviendo. Y yo, por culpa tuya, preciso de gente nueva que se haya pateado ésta zona y haya vivido para contarlo.

Ninguno de lo dos seremos felices en nuestra relación, tómatelo como un matrimonio de conveniencia. Un contrato no escrito que hará de tu existencia un camino un poco más largo de lo que hubiera sido si no llegases a hacerme falta. Incluso puede que decida otorgarte algunos beneficios si nuestra relación no resulta ser  un error del que deba arrepentirme.

A Azrael no le quedaba otra cosa que aceptar. No tenía muchas opciones de negociar. De hecho ninguna. No tenía nada que ofrecer a ese hombre que no fuese su colaboración. No sabía lo que había fuera de aquella especie de cabaña, ni dónde se encontraba ésta realmente. Debía fiarse de la palabra de aquel militar. Cierto era, que si él hubiera querido, Azrael a esas horas estaría enterrado en alguna parte del bosque. 

Lo único que sabía es que estaba jodido y que su única baza para seguir respirando pasaba porque le necesitaban para lo que fuese.

-Entiendo por tu silencio que aceptas el trato. Espetó el hombre- Se que es algo precipitado, ya que acabamos de conocernos, pero entiende que son tiempos difíciles y que no abunda la mano de obra por aquí.

El tipo se levantó de nuevo de su sillón. Se le aproximó por la derecha, y dejó a la vista una de sus botas. El cuero envejecido crujía con cada paso firme que daba aquel corpulento hombre.

-Una bota estupenda – Pensó Azrael al verlas. El había tenido unas parecidas en la antigüedad. El trabajo de seguridad que había desempeñado hacia tiempo le había dado la posibilidad de conocer la calidad de ciertas equipaciones de carácter táctico.
El hombre, desde su postura en pie, apoyó la mano sobre el arma de fuego que llevaba en la cintura. Un revolver de pequeño tamaño pero con un aspecto intimidatorio. La otra mano del tipo fue directa al tobillo de Azrael, justo donde ocultaba un cuchillo pequeño para ciertas situaciones. Sacó el cuchillo de la funda y observó su filo. Asintió, como si aprobase el afilado que lucía aquel arma, y con una pasada hacia arriba cortó la cuerda a la que estaba encadenado.  Azrael no tuvo oportunidad de poner las manos. Cuando quiso darse cuenta de lo que ocurría, su cuerpo se precipitaba contra la madera del suelo.
Giró su rostro intentando no partirse ningún diente y que el impacto no fuese de lleno en la cara.

Con los pies encadenados y un mareo desorbitado, Azrael se quedó en el suelo contemplando un techo que daba vueltas sobre él.

Su espalda y hombros crujían a medida que trataba de incorporarse. – ¿cuanto llevaba ahí colgado?- Preguntó al coronel.

El hombre se acercó y levantó el cuerpo agarrotado de Azrael tirando de su brazo sin apenas esfuerzo. Se trataba de un tipo recio, sin estar en una forma óptima, pero que aún conservaba gran parte del poder que seguramente presumió algun día. 

Azrael se quedó de pie en frente suya. Podía notar como la sangre en su cuerpo se distribuía de nuevo a su lugar correcto mientras Sarcev lo miraba aún con la mano sobre su arma.
– ¡Iosip! trae una silla!-Ordenó sin dejar de mirarle fijamente.
Mientras esperaba a ese tal Iosip con su silla, trató de percibir cada detalle de aquella habitación en la que se encontraba. No superaría los diez metros cuadrados. Compuesta de vigas de madera en el techo y tablones en su mayoría. Algunas chapas fortificaban las paredes. En las estanterías podía encontrarse algunos libros en ruso y botellas vacías de cerveza del éste .

Se trataba de un lugar austero pero con toques decorativos que buscaban dar una imagen de lugar acogedor a la estancia. Sin duda se trataba de un asentamiento, o puede que de una base. Por la ventana se podía ver un número importante de personas que caminaban en varias direcciones.

El coronel miraba de arriba a abajo al todavía encadenado mientras encendía su puro de nuevo.

Azrael se fijó en el número de cerillas quemadas que ocupaban el cenicero. Le llamó la atención enormemente ya que él las daba un valor incalculable.

Tanto como que contar con ellas puede diferenciar que una noche fuese algo pasable gracias al fuego, o que no soportases las horas que te separaban del amanecer.
Una cerilla bañada en cera y parafina valía lo mismo que la vida de uno. Por eso Azrael se ofendió al ver aquel derroche de recursos.

¿Dónde había ido ese tal Iosip a por la silla?

El captor miraba los detalles que indicasen cualquier cosa sobre su reo. Azrael llevaba el pelo rapado. Lucía una barba poderosa pero despeinada y mostraba hacia el coronel un respeto que indicaba cierta educación, cosa que Sarcev añoraba en sus adentros. 

Los dos compartían sin saberlo una serie de valores y propósitos. Los diferenciaba el hecho de que Sarcev necesitaba al solitario caminante para algún plan concreto y que Azrael sólo quería escapar, y por qué no, acabar con la vida de los que le habían capturado y mantenido colgado como a un perro.

La idea se le evaporó de la cabeza como si fuera un charco al sol, en aquel mismo momento. La puerta de contrachapado sobre madera y refuerzo de hierro se abrió. La luz penetró en la habitación como si el sol estuviera intentando entrar. Los ojos de todos se entornaron al contacto con ésta, en especial los de Azrael que aún se reponía de lo sufrido.

El contraste de luz solar y oscuridad de la habitación había tenido el efecto de una granada de cegadora para él .
Tapó sus ojos como pudo a la vez que giraba su rostro. Los abrió lentamente una vez se cerró el acceso. No quería perder detalle alguno de lo que allí ocurría, y menos lo que estaba a punto de presenciar.  Azrael veía cómo un tipo de un metro noventa de altura entraba por aquella puerta con una silla en la mano.

Ciento cuarenta kilos, una anchura incomprensible en un ser humano y toda la maldad y odio del mundo escritos en su cara. Embutido en un uniforme militar parecido al de aquellos tres a los que había liquidado esa mañana. Camisa  remangada de tono oscuro y pantalón de camuflaje gris, antebrazos tatuados con motivos nórdicos y una barba trenzada que llegaba hasta su pecho.
El tipo tenía la cabeza afeitada en los lados y el resto del cabello recogido en una coleta.

Más que un hombre, ese tipo parecía proceder del reino animal. Pasó clavando sus enormes botas en la madera, como un gigante que pasea poderoso por el reino de Valheim. Aproximó la vieja silla hasta casi el lugar donde Azrael permanecía expectante. El mueble de madera maciza lucía adornos de marquetería y marcas de desgaste. Su mano poderosa manejaba aquella pieza artesanal de bastante peso como si de una silla de plástico se trstase.
El corazón de Azrael se aceleraba ante la mirada del imponente mercenario. Clavaba sus ojos en él y casi podía escuchar sus pensamientos homicidas. Iosip acercó la silla con la mano derecha y la dejó en el suelo sin dejar de mirarle de forma intimidatoria. Azrael observó un pequeño detalle que le hizo evadirse unos segundos.  A ese hombre le faltaba un trozo de dedo. Su índice estaba seccionado por la última falange. La herida era de hace no mucho. Aún tenía cubierto el muñón con una venda y clareaba la sangre de la herida.

Recorrió con la mirada aquella mano, su antebrazo vascularizado y poderoso. Su camisa remangada y al final llegó a su rostro. Iosip lo miraba con indiscutible desprecio. El gigante lo flanqueaba cual perro policía. Azrael sentía que un Malinois lo amenazaba. Sujetado por un agente antidroga en medio de una redada en la que él era el traficante.
-Gracias Iosip, puede dejarnos-Ordenó Sarcev.
Pero Iosip no abandonaba el lugar.
-Iosip-Volvió a repetir el coronel – ¡descanse y retírese!
El bárbaro salió por la puerta. No sin antes desafiar con la mirada al superior que lo mandaba marchar. Antes de cerrar la puerta a su espalda, también dedicó un último vistazo amenazante y cargado de soberbia hacia Azrael.

Una vez el mastodonte había salido, Azrael volvió a quedarse a solas con Sarcev. Éste le indicó que tomase asiento y el superviviente aceptó. – Supongo que tendrá muchas preguntas señor…
-Azrael- Contestó mientras dejaba caer su cuerpo sobre su respaldo.
Según se acomodaba en la silla, fue consciente de que llevaba tanto sin decir su nombre que le había costado recordarlo.
-Azrael.. – Repitió Sarcev asintiendo.
-Arcángel de destrucción y muerte – Añadió sonriente.
– Disculpe – Dijo Azrael – ¿qué quiere de mí?

La incertidumbre estaba empezando a hacer que perdiese los nervios. Demasiadas emociones y poca información era algo que no precisamente fuera de su agrado.                          Él seguía vivo por algún buen motivo. 

-Eres consciente de que si no me hicieses falta, ahora probablemente estarías siendo devorado por alguno de mis gatos ¿Verdad?.

Azrael no sabía si tomarse aquello como una broma o como una amenaza. La duda de que alguien en aquel presente se hubiera preocupado de tener mascotas le desconcertaba. Quizás chocaba con la idea de lo que él tenía por medio de vida. – ¿Es momento de dedicarse a cuidar gatos? – Pensaba mientras miraba hacia la ventana.

Sarcev se agachó y abrió un cajón de su mesa. Tomó dos botellas de agua mineral que seguramente ya estuvieran pasadas de fecha y dejó una de ellas sobre la mesa. Justo al alcance de Azrael. – Te has cargado a tres de mis hombres -Dijo de repente – Has conseguido cierta información que me pertenece – Dejó el papel con indicaciones que Azrael había seguido para llegar allí sobre la mesa. Con eso Quedaba claro que habían registrado sus bolsillos mientras él estaba inconsciente.

–Mira, te lo voy a poner fácil -Le dijo mientras dejaba la llave del candado que mantenía las cadenas alrededor de sus piernas.

-Entiendo que si has sobrevivido tú solo hasta hoy, es porque tienes ciertas aptitudes. Nadie que se valga sólamente de su suerte ha llegado hasta el día en que nos encontramos, y menos vagando solo- Sarcev se echó hacia atrás y cruzó las manos sobre su barriga.                        – ¿Has recibido algún tipo de formación en el pasado? Al menos dime que sorprendiste a mis hombres en el baño.

Azrael miró al Coronel y puso un gesto despreocupado – A uno de ellos, al menos- Contestó.

-Recibí algo de formación en sistemas de lucha militares. Defensa y cuchillo. Poco más. El. Resto, lo he aprendido a base de golpes- Explicó señalando su cara dolorida por la caída.

Sarcev bebió un gran trago de agua y miró a los ojos de Azrael. Se aproximó a él y le dió unas indicaciones en voz demasiado baja como para no tratarse de un secreto.

-Tú y yo vamos a jugar a un juego- Le susurró.

-Vamos a imaginar que entre todas las personas que tengo a mi cargo, hay alguna que no llega a inspirarme demasiada confianza. Tú te encargarás de averiguar de quién se trata sin que yo te lo diga. Como ahora trabajas para mí, iras descubriendo con cual de todos puedo contar, y con quien no.

Sarcev volvió a recostarse, esta vez sonriente y mucho más relajado. Le dio una orden, quizás para despistar a quien hubiese estado escuchando detrás de la puerta .

– A partir de ahora te referirás a mí como señor. Para ser un tipo que viaja solo y sin armas adecuadas, no has salido mal parado. Se ve que has sido capaz de aprender y de mantener la cabeza en su sitio.

Lo que enseña la vida, no se aprende en ninguna escuela, señor.-Contestó Azrael. 

-Eso es cierto. ¿Ha tenido usted familia? pero que digo. Claro que no. Usted es un solitario y despiadado que asesina, ataca por la espalda y que saquea.

-La tuve -Dijo Azrael con voz de lamento.              -Fallecieron hace años-Añadió- Fue un accidente. Las dejé solas.. Y cuando regresé, ya era demasiado tarde.

Sarcev le miró y giró la cabeza arqueando sus cejas, se levantó y colocó las solapas de su chaqueta. – Bueno-Dijo alzando la voz- Ahora piense que somos una nueva familia que depende de usted. Gente a la que cuidar.

Sarcev le guiñó el ojo derecho.-No vaya a ser que nos ocurra como a la otra que usted tenía..

Azrael lo miró desenfocado. Las palabras del coronel habían enfurecido su alma. Había dejado entrever que el propio Azrael era responsable de su soledad. De la tragedia que lo había llevado a caminar sin rumbo. Los labios le temblaban mientras miraba al viejo y retorcía su cuello en pensamientos de venganza. Lo habían capturado, pretendía obligarlo a trabajar para él, y ahora ponía en duda la labor protectora que hubo desempeñado hacia su familia.

Pero todo ésto sólo ocurría en su cabeza. Sarcev se mostraba tranquilo mientras paseaba por la estancia hacia la puerta.

Hizo una comprobación entornando ésta y asegurándose de que nadie escuchaba fuera.

El coronel dejó el cerrojo de hierro echado y caminó hasta el lugar donde Azrael se despojaba de las cadenas. Tocó en el hombro a éste que le devolvió una mirada poco amistosa y Sarcev le indicó con un gesto que guardase silencio.

-Imagine que le ofrezco formar parte de un equipo. Por supuesto que contaría con una  uniformidad a la altura de sus necesidades, un arma, la cual le enseñaría yo mismo a manejar, y todas las comodidades que mi humilde asentamiento pueda ofrecerle.

Azrael se dió cuenta de que la cosa pintaba en serio. Había pasado de ser un vagabundo que luchaba por sobrevivir, a ser preso de unos mercenarios, para terminar siendo un tipo a sueldo del hombre que acababa de conocer y al cuál ya tenía la intención de eliminar.

Todo eso en una mañana.

-Dígame, Coronel. ¿Que tipo de labor es aquella tan crucial e importante para precisar de mano de obra inmediata? – Azrael dijo en un tono bajo aquella pregunta que tanto le intrigaba.

-¿Hasta donde han llegado tus pasos? – Le preguntó sin mirarlo fijamente. – Me interesa cualquier cosa que puedas contarme sobre tus expediciones. En concreto, las que hayan tenido lugar en dirección noreste.

Los ojos del superviviente se entrecerraron. Alzó su barbilla y no pudo evitar hacer la pregunta pertinente. – ¿Qué hay en el norte?.. 

Sarcev cruzó los dedos de una mano con los de la otra. Apoyó éstas sobre la mesa y se acercó despacio hacia ésta. – Tú dime hasta dónde has llegado. Y yo te diré hasta dónde quiero que llegues. 

Azrael respiró y tomó la decisión de ceder ante su pregunta. – Yo llegué a éste bosque desde el sureste. Después de muchos días caminando y otros tantos en una vieja bicicleta. Me fui escondiendo en duversos lugares. Una gasolinera, casetas de obra y algunos refugios improvisados que pude construir. Hacia el norte sólo me he dirigido en un par de ocasiones. Pero no me parece una ruta demasiado segura. Frío, animales más grandes, y puede que haya advertido la existencia de algunos poblados. Posiblemente ocupados por individuos armados. Simplemente me mantuve alejado de esa zona- Explicó. 

Sarcev, completamente complacido con aquello que acababa de oír, sonrió ampliamente y abrió sus brazos a la vez que cerraba los ojos. 

-Me parece perfecto, chico. Exactamente la parte en la que me cuentas lo de aquellos asentamientos- Sarcev daba a entender que ya sabía de aquella presencia. 

-Voy a mostrarte algo, entiende que es una muestra de mi confianza hacia tí. No debes hablar a nadie de ésto, ni siquiera a las personas que van a acompañarte en tus próximas expediciones 

Azrael, muerto de curiosidad, abservó cómo Sarcev abría un cajón de su mesilla y hurgaba en el fondo de éste. Al segundo, el coronel sacaba el brazo despacio y depositaba algo sobre la mesa que todavía no había podido ver. 

Cuando apartó la mano, Azrael abrió sus ojos tanto como su ceja hinchada por el golpe le permitía y entonces exclamó unas palabras – Joder… Parece que tenemos algo importante aquí. 

Foto cedida @kiiim.lock

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte