Capítulo 8. Traición en dirección Norte.

Capítulo 8. Traición en dirección Norte.

Azrael se ve envuelto en una lucha que le llevará a descubrir algo inquietante.

El sol penetraba entre las chapas del chamizo y se deslizaba a través del polvo hasta el rostro de Azrael. La temperatura había subido un par de grados respecto a la nocturna. Gracias a ello, había podido conciliar un sueño casi profundo durante algunas horas.

Respirar en el interior de la celda metálica estaba resultando ser ardua tarea para sus pulmones. La humedad se había condensado en el tejado de chapa y el ambiente se tornaba denso como la niebla. El frío y el polvo en suspensión de aquél sitio se habían aliado para hacerle la estancia un poco más difícil. Percibía a través de las rendijas la voz intranquila de los hombres de Sarcev. Seguramente se preguntaban por el guarda desaparecido.

La puerta se abría. El rostro de Iosip apareciendo por la entrada anunciaba un nuevo día cargado de incómodas situaciones. Entretenido cuanto menos.

-Sacad a éste de aquí- Dijo en tono imperativo a un par de soldados que lo acompañaban..

Los dos tipos accedieron al interior. Dos hombres bastante fornidos, como era de esperar. El Coronel tenía la necesidad de dejar su superioridad clara en la mente de Azrael, obviar la idea de que poseían una potencia humana digna de tener en cuenta.

-Vamos ¡Fuera!- Uno de ellos le indicó la salida mirando con un odio excesivo a sus ojos.

Azrael tuvo que disimular ante la evidente tensión que mostraban. Sospechaban que el recién llegado algo tenía que ver con la desaparición del guardia de anoche, pero si confirmaban ese hecho, Azrael sería hombre muerto en pocos minutos.

Iosip, con cara de tener el odio como hobby, esperaba en perfecta formación al frente de otros cinco tipos.

-¿Has dormido bien?- Espetó enervado. – Espero que nada haya perturbado tu descanso..

Iosip lo miraba con ojos perturbados. Azrael sabía que por mucho que no hallasen prueba alguna de los hechos, él sabia que su implicación en el extraño acontecimiento tenía mucho que ver con él.

-He dormido toda la noche- Respondió el superviviente. – No he oído nada extraño, ¿Es que ha ocurrido algo? – sus palabras tuvieron como única respuesta un haber de miradas de desprecio.

-Registrad la caseta- Ordenó Iosip resoplando de ira.

Tres hombres entraron al lugar donde Azrael había dormido. Volcaron el sillón y tantearon las chapas de los laterales. Palparon cada centímetro de la estancia. Buscaban cualquiera pista que lo situase como sospechoso.

-Aqui no hay nada señor- Uno de los tipos se cuadró frente al gigante y éste asintió visiblemente decepcionado por la respuesta.

Por el comportamiento y la forma de hablar, Azrael había llegado a la conclusión de que Iosip, la bestia inmunda que asediaba con su simple presencia, el hombre que helaba con la mirada, era un superior al que todos temían.

Según acontecían los hechos, Azrael iba siendo consciente de que se encontraba en la base de una organización pseudo militar con una escala más o menos definida. Sarcev era el hombre al mando, después, Iosip y la chica aquella que lo había capturado, Maika. No sabía que lugar les correspondía allí dentro, pero no eran soldados rasos en aquel cuartel, eso era seguro.

Azrael observó todo lo que a su alrededor se encontraba. Contempló cómo la vida que en un tiempo fue el día a día de cada ser humano luchaba por resurgir, aunque débilmente, en la situación presente que vivían todos los que allí se encontraban.

Observó a cazadores que se preparaban para una batida inminente. Se percató de que alguien preparaba unos bancos ajados en uno de los barracones a modo de escuela para los pequeños que había visto el día anterior. Todo tenía una sombra inevitable que los recordaba la verdad del mundo que habitaban. Pero también era visible el afán de todos por instaurar una sociedad coherente y organizada.

Azrael pudo intuir la figura de Sarcev bajando desde una de las estrechas calles que componía el conjunto de casas fabricadas a mano. Escoltado por un par de tipos y con la mirada puesta en Iosip.

Los ojos del superviviente no tuvieron la discreción suficiente para evitar irse directos a las manos de uno de los escoltas. El arma que portaba éste llamó la atención de Azrael tanto que omitió por unos segundos la situación en la que se encontraba.

Sarcev llegó hasta el lugar, detuvo su paso frente a los soldados y todos éstos se cuadraron mirando al frente. Todos menos Iosip.

-¿Y bien? – Preguntó al mastodonte. – ¿Sabemos algo de Enric?..

Iosip negó con la cabeza. Sarcev oscultó el suelo con detenimiento y caminó hasta la entrada del chamizo. Toqueteó la cerradura y miró de reojo a un Azrael que ya se daba casi por muerto.

-Bien-Dijo el Coronel para sorpresa de todos. -Necesito hablar con éste hombre, a solas-Todos se miraron. Sarcev dió un toque en el hombro al caminante y le indicó con la cabeza que avanzase junto a él. El escolta armado se unió a ellos pero Sarcev se giró y le detuvo – He dicho a solas.

Sarcev adelantó un pie sobre otro. Su zapato marcaba el suelo y Azrael trataba de comprender por qué seguía con vida.

La grava se estremecía bajo los pies de los dos hombres que recorrían el sitio a lo largo de una de las hileras de rudimentarias viviendas. Cuando hubieron llegado al final de uno de los accesos, el Coronel se giró y comprobó que estaban lo suficientemente lejos de todo el mundo.

El paseo los llevó a un punto sin salida. Si Sarcev quería dispararle, aquel lugar era perfecto. Pero en vez de meterle una bala, el viejo militar le obsequió con una frase que tuvo un efecto parecido en él.

-No te voy a preguntar si has tenido algo que ver con la desaparición de Enric, porque no quiero que me me mientas. De hecho, tampoco quiero que me digas la verdad. Simplemente haré como cada mañana en la que ese hombre ha aparecido en un estado deplorable y todavía agarrado a una cantimplora de licor casero. Omitiré el hecho y pensaré que si ha desaparecido es porque se le ha ido la mano con la bebida y se ha extraviado en el maldito bosque.

También podría pensar que has encontrado una manera de salir de aquella celda sin llamar la atención y que te lo has cargado sin dejar rastro alguno para después deshacerte del cuerpo. En cuyo caso, habría perdido otro hombre a tus manos pero habría descubierto que tus capacidades no son fruto de la suerte. Así que voy a dejar el tema y a continuación te daré cierta información sobre la misión que te espera hoy.

Sarcev se acercó a Azrael lo suficiente para que éste pausara su respiración. El Coronel se alejó unos centímetros y le puso la mano en el hombro. – Por aquí – Le indicó un camino a seguir. -Te gustan los animales Azrael?..

El superviviente lo miró extrañado. Esa pregunta no tenía demasiado sentido en aquel momento, aún así, Azrael contestó sincero.

-Me apasionan, señor- Respondió con firmeza. – La naturaleza tiene creaciones maravillosas.

Sarcev sonrió. Su brazo se alargó frente a él y le señaló uno de los contenedores que era distinto de los demás. – Entonces – Continuó explicativo – Te habrás dado cuenta de un detalle. Cuando el hombre ha dispuesto de electricidad, armas y medios de transporte a su antojo, tenía la falsa sensación de que éramos los reyes del mundo, los dueños del universo. La criatura depredadora por excelencia. Ahora que no tenemos más opción que valernos de nuestras manos y capacidades, la naturaleza vuelve a estar por encima de nosotros. Ella es la que decide, la que juega con ventaja. La situación nos ha devuelto a la realidad. Nos ha demostrado que nuestra especie no es para nada el ser dominante en ningún medio que se encuentre. Trata de nadar en el océano y en pocas horas serás alimento para peces. Cualquier anguila primitiva está mejor adaptada y sobrevivirá con infinitas posibilidades antes que tú. Mucho antes que el más inteligente y evolucionado de los humanos. Camina por la estepa y te verás sobrepasado en número por una manada de lobos siberianos que te darán caza sin encontrar apenas resistencia.

El ser humano es inferior, por el mero hecho de que no nos molestamos en adaptarnos a lo que nos rodea, simplemente tratamos de cambiar el mundo a nuestro antojo. Y escucha lo que te digo, hijo. El mundo ya tiene unos planes establecidos y nosotros sobramos en ellos. A la naturaleza se la trae floja que existamos o no. Es triste sentirse vulnerable, pero es nuestro lugar. No somos más que una especie que lo invade todo y lo destruye. Por ello nos encontramos en ésta situación.

Sarcev se acercó al último contenedor. El único cubierto por una lona. Un ruido indescriptible y varios golpes se repitieron ante su proximidad. Con la mano derecha apartó la lona sucia y mostró al atónito superviviente lo que allí guardaba.

-Preciosos ¿Verdad?..

Azrael abrió sus ojos cuanto pudo. Miró a Sarcev e inmediatamente volvió la vista hacia aquel contenedor convertido en jaula.

Cinco felinos, de un tamaño muy superior a un gato doméstico se paseaban con elegancia y mirada amenazadora por delante de los dos hombres.

Azrael se sintió inquieto ante los ojos de aquellas fieras. – Señor, ésto son..

-Servales- Contestó Sarcev orgulloso. Sutiles pero intratables una vez son conscientes de su poder.

Antes de la tormenta empezó a ponerse de moda entre la élite dr la sociedad el poseer en sus casas uno de éstos. Acababan con toda alimaña que rondaba por el terreno de esos adinerados pretenciosos paseaban por delante de sus puertas con ellos ante las miradas envidiosas de los vecinos.

Sarcev se agachó frente a los barrotes y miró fijamente al más grande de ellos. Este le respondió con un sutil retroceso de su morro superior dejando los colmillos a la vista. – El problema venía cuando se les cruzaba un cable y se hartaban de vivir atados a una correa de terciopelo – Añadió el Coronel- El serval es un animal inestable por naturaleza. Difícil de controlar durante demasiado tiempo.

Los animales provocaban un nerviosismo incómodo en Azrael que no trató de disimular. Retrocedió un par de pasos hacia el lado opuesto de la jaula. Cuatro centímetros de colmillo asomaban amenazantes desde las fauces de los felinos y el superviviente se imaginó lo que sería un encuentro en campo abierto con ellos. Uñas como tijeras salían de sus patas en una muestra de agresividad que terminó con el Coronel bajando la lona de nuevo.

Azrael tragó saliva, miró al coronel y con la poca tranquilidad que le inspiraba la situación, le contestó :

-Señor, no se dónde está su hombre.

Sarcev no era precisamente un incauto. La mentira de Azrael le pasó por el lado sin tocar su conciencia ya que él tenía segura la autoría del hecho por su parte.

-Se te dará un arma-Dijo rompiendo la tensión insufrible que se mascaba. – Se te devolverán tus cosas a la vuelta, siempre que el informe sobre ti sea favorable. Tu mapa lo guardaré personalmente en mi despacho. Yo mismo te lo entregaré junto con una recompensa si demuestras que no me equivoco al dejarte con vida.

-Si señor..

Azrael caminó de forma inversa el camino recorrido con Sarcev. Observó cada piedra lentamente mientras avanzaba con desgana. Sabía que de alguna forma u otra, se había metido en algún asunto difícil de comprender. Pero no tenía más opción que seguirle el juego al viejo si quería cruzar las puertas de aquel poblado con vida.

Una vez fuera, será otro cantar.

La escena predecía algún tipo de tragedia aquella mañana. El silencio trataba de ser silencio pero era mucho más. El eco de la muerte cabalgaba sobre el viento y se esparcía por todo el bosque. Azrael alzo la vista y desafió a todo aquel que lo instigaba con su mirada.

Sarcev adelantó al superviviente ensimismado en sus propios pensamientos. Este quedaba relegado a un segundo plano. El coronel giró su cuerpo y señaló directamente hacia él.

-Quiero tres equipos de dos personas. Seis hombres- Sarcev se cuadró frente a la fila que finalizaba con un Azrael recientemente incorporado a ella. – Recordad una cosa. Sólo es una misión de reconocimiento. No quiero perder ningún hombre más en ese endiablado bosque. Iosip irá con Leonard, Azrael hará equipo con Markus y vosotros dos – Dijo señalando a los restantes – Vosotros dos iréis de avanzadilla.

Un tipo se acercó a Azrael y le hizo entrega de su mochila. Éste la abrió rápidamente ante su enorme curiosidad y descubrió en ella una botella de agua, dos raciones de comida envueltas en plástico y algunos metros de cuerda. Antes de poder cerrar la bolsa, recibió también del mismo tipo un pequeño cuchillo en su funda, un arco igual que el del difunto Stephan y cuatro flechas.

Azrael alzó su mirada hacia el coronel y éste asintió. – Cuídalas hijo. Esas flechas no nos sobran precisamente.

De pronto algo se removió en la mente del superviviente. Los equipos habían sido dispuestos de aquella manera precisamente por algún motivo que él desconocía. La cara de desagrado de Iosip al verse separado de Markus había delatado su discrepancia a la que no puso más objeción. Todos preparados.

-Volved todos. Y traed la información que necesitamos.

Sarcev despidió a sus hombres todos por igual. Saludó a cada uno de ellos y mandó cerrar las puertas mientras éstos marchaban hacia el norte.

Diez minutos andando entre marañas de arbustos semi cubiertos de escarcha bastaron para que Azrael empezase a notar algo turbio en aquella situación. Iosip se giraba continuamente hacia Markus y éste le devolvía la misma mirada cargada de sospecha.

Dieron el alto. El brazo de uno de los componentes del primer equipo se había alzado formando un ángulo de noventa grados con los dedos extendidos. Incó la rodilla en el suelo y blandió su arco hacia el frente. Todos respiraron profundamente mientras se agachaban al unísono.

Iosip se levantó el primero de todos. Sin esperar una confirmación de la avanzadilla. Azrael se preocupó por ello. – ¿Qué tipo de soldado se salta la organización de equipo y no espera a la señal de que todo estaba despejado? – Sólo un loco que no teme a lo que tiene delante.

Todos se giraron hacia él. El guía le ordenó agacharse y aguardar una respuesta. Pero Iosip, ostentando su corpulencia y arrogancia, se creyó por encima de aquellos que lo acompañaban. Y así, continuo avanzando sin esperar a nadie.

Gran error.

Fue fácil para el constante estado de alerta que mantenía Azrael percatarse del extraño movimiento que ocurría a unas decenas de metros en su dirección.

Las hojas de las ramas más bajas se movían mientras que las otras permanecían en una quietud absoluta. El aire congelador que penetraba en los pulmones del superviviente se detuvo en su interior y paralizó su respiración. Retrocedió algunos metros dejando ante él la espalda de Markus que permanecía atónito y ajeno a lo que pasaba.

Un siseo. El viento cortado en dos a la velocidad de un rayo. Un ruido seco y un devastador impacto en uno de los miembros del equipo. Leonard caía junto a los pies de Iosip. Su compañero de misión ni siquiera se molestaba en dedicarle una última mirada antes de su muerte.

El cuerpo de Leonard se desplomaba entre el barro arcilloso y los helechos que cubrían el suelo. Una enorme flecha salía de su tórax, justo en medio del esternón. Su corazón quedaba destruido y él abandonaba ese mundo para siempre.

Al aterrador momento le sucedieron otros sonidos exactos al que precedió la muerte del desdichado difunto. Proyectiles silbantes que se anunciaban en camino. Los dos tipos de la avanzadilla cayeron en aquel mismo instante. Acribillados como alfileteros. Cosidos a flechazos, destrozados por completo por una serie de impactos certeros que desfiguraron sus cuerpos y rostros.

Pero Azrael no iba a quedarse esperando a ser el siguiente en morir de aquella manera. Dobló sus piernas y retrocedió agachado hasta el árbol más cercano a su derecha, observó cómo Markus seguía impasible su avance hacia el frente que se les ofrecía abierto. Extrañado, Azrael contuvo su intención de avisarle ante la sospecha que parecía confirmarse para él.

Pese a desconocer la preparación que portaba a sus espaldas su compañero de batalla, resultaba inusual que ese tipo se adentrase en el fuego cruzado que tenían a unas decenas de metros sin el aparente respeto que merecía la situación.

-¿Y Iosip? – Se preguntó el superviviente en un mar de pensamientos agitados -¿ Qué había sido de él?..

No se avistaba al tarugo por ninguna parte. Tampoco se oyeron más flechas. Azrael inició entonces una repentina huída entre la vegetación más llana. Aprovechó la confusión y emprendió su viaje de regreso a donde le llevase el viento.

Respiró profundo una docena de veces. Recordó entonces las palabras de Sarcev. No tenía sentido lo que acababa de ocurrir. Si quería quitarse del medio al superviviente podría haberlo hecho en el minuto uno de su encuentro. Algo marchaba mal.

Entonces ató cabos. Iosip, Markus, la misión..

Azrael, detenido en el tiempo, cerró sus ojos y tomó aire suficiente para pensar en completo silencio unos segundos. Los latidos de su interior lo cubrían todo. Sus pensamientos, su sistema nervioso, la paz..

Su leve meditación tuvo su fin al percibir unos ruidos inequívocos. Las botas de alguien se aproximaban a gran velocidad. La grava y los charcos escarchados delataban su carrera. Azrael, oculto desde la maraña de arbustos que lo escondían parcialmente, permaneció inmóvil ante la visión clarificadora que presenciaba.

Markus, con cara de desesperación y una respiración a corde con su rostro, avanzaba veloz en la dirección en la que se encontraba.

Azrael agachó su cabeza y contuvo el aliento. Entornó sus párpados y observó cómo su compañero, el que debía se su apoyo en la misión a la que los habían destinado, lo buscaba incesante con un tanto militar desenfundado en su mano derecha.

-Maldito seas-Mascullaba. – ¿Donde coño te has metido?..

Azrael lo sintió pasar, muy cerca. Tanto que el olor mezclado de sudor y desodorante barato había llegado hasta su misma nariz.

No había duda. Lo buscaba a él, y lo buscaba para eliminarlo. Azrael resopló y tomó una rápida decisión al respecto. La de no huir.

Extrajo una flecha de su mochila. Despacio. Se puso en pie. Enpuñó su arco hacia delante y colocó la flecha sobre su dedo. Tomo aire de nuevo. Markus ya daba la espalda al superviviente que daba gracias por haberse detenido a pensar hacía unos segundos.

Tiró de la pluma de la flecha y la cuerda siguió el movimiento de sus manos. Traccionó el arco tan fuerte como pudo y dejó que el torso de aquel tipo que trataba de darle caza se pusiera en su punto de mira.

Ahí estaba. Con el ojo izquierdo guiñado y loa codos temblando, la tensión del arco llegaba a su máxima capacidad. Azrael soltó la cuerda y ésta empujó la flecha de fibra de vidrio a través del bosque y del tiempo.

Azrael pudo sentirse parte de ella. Casi podía notar el viento girando aquella mortífera flecha en busca de su objetivo.

Markus, pareció intuir su propio final y detuvo su camino como aguardando a la muerte. El escalofrío de la punta que pasaba entre sus costillas y salía por pecho derribaba a aquel hombre y lo dejaba de rodillas ante un bosque que guardaba silencio.

Las ramas se agitaban pero no hacían ruido alguno. Los cuervos y las rapaces se procuraban la lejanía pero no graznaban. Markus sólo podía sentir la cálida sangre brotando de sus vías respiratorias mientras que Azrael con suma cautela caminaba hacia el moribundo con la pasividad del metal fundido.

Este llegó hasta su posición y contempló el tanto caído a solo unos metros del cuerpo de Markus. Lo tomó en sus manos y se paró junto a su ya casi difunto dueño, recreando su rabia con los jadeos ensangrentados que éste emitía. Cada golpe de tos se convertía en una bocanada de dolor que teñía el suelo de rojo brillante. El superviviente se colocó de lado, a escasos centímetros de él, se agachó con un solo gesto y pasó el filo del tanto por su garganta. Markus quedó paralizado de inmediato. Sus ojos abiertos conservaban aún algo de brillo mientras el último ápice de vida que le quedaba se disipaba en la niebla. Azrael hizo un reconocimiento del entorno y se aseguró de que permanecía en completa soledad con el fiambre.

Las hojas volvían a moverse en remolinos, recorriendo el húmedo suelo que permanecía en silencio ante el triste desfile de la muerte constante. El bosque de la pena y el odio. Un entorno tan bello como hostil que se alimentaba de almas perdidas a las que dejaba vagar en la noche y la tiniebla.

Azrael cacheó el cuerpo de Markus, tanteó sus bolsillos, los del chaleco y después los del pantalón. Todo con un ojo puesto en la fría mirada que habían adoptado sus ojos ya no tan brillantes. La opacidad de sus pupilas obsequiaban al superviviente con un reflejo desdibujado de la frialdad de sus hechos.

Azrael encontró algunos enseres guardados en la bolsa que Markus llevaba atada a la pierna. Uns pequeña mochila tactica de doble cremallera que se ajustaba con correas al muslo del muerto. La soltó apretando el clip de seguridad y rebuscó en su interior. Una esclava de oro macizo con dos nombres grabados, “Markus & Melissa”, y un mechero de gas ocupaban uno de los bolsillos. El superviviente guardó la pulsera con el nombre de Markus en el bolsillo de éste y se quedó el encendedor que aún funcionaba.

Palpó el resto de bolsillos pero no encontró nada.

Azrael se guardó el tanto afilado en la mochila y caminó unos cuantos metros alejándose de la escena. Pensó por un momento, creyó recordar que Markus guardaba el tanto del que él se había apropiado en una funda de su cinturón.

Ya que estaba por la labor, se llevaría el cuchillo y su funda. Total, un filo de ese calibre no era digno de ir suelto en la mochila. Corrió de vuelta hacia el cadáver, pasó con cuidado los dedos por la cintura para encontrar el clip de la funda y allí estaba. Una horma de nilon y goma que le permitirían llevar su nueva arma con seguridad.

Pero había algo más..

Azrael contempló el pantalón del hombre unos instantes. Junto al hueco que había dejado la funda había otro enganche sujeto. Más pequeño, pero no menos importante.

Pasó la mano por la trabilla de la prenda de cordura y cogió el enganche de plástico con dos dedos. El click avisaba de que la pieza estaba suelta. Azrael tembló.

Ni en su pensamiento ni en su realidad podría haber imaginado ni por asomo lo que allí se encontraba.

Él se levantó tan rápidamente como pudo, un pequeño mareo le nubló por unos segundos. Ya repuesto, alzó su mirada hacia el laberíntico bosque y volvió a mirar a su mano derecha donde sujetaba su hallazgo. Una emisora exacta a la que Sarcev le había enseñado el día anterior se encontraba colgando de su dedo índice.

No podía ser. Sarcev había desarrollado toda una operación de búsqueda en torno a una emisora como esa. – ¿Markus tenía otra?..

Azrael trató de encenderla pero ésta no respondía al botón de encendido. La guardó en su mochila pernera y pensó en su siguiente movimiento. Debía averiguar el porqué de la emboscada. El porqué de no haber sido ejecutado por el Coronel y porqué Markus poseía aquel aparato.

Pero antes debía reponerse. Descansar y trazar un plan. Luego pediría explicaciones a Sarcev.

Azrael caminó hacia un refugio que le permitiera pensar. Una vez más había sido el superviviente que se esperaba de él. Tenía un nueo cuchillo y un arco con el que segar las vidas de quien se pusiera en su camino.

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte