CAPÍTULO 11. ENEMIGOS PARA SIEMPRE.

CAPÍTULO 11. ENEMIGOS PARA SIEMPRE.

Azrael descubre una información que no esperaba.

El bosque había quedado en silencio. La escarcha crujía a cada paso. Los árboles lucían una fina capa blanca . La temperatura seguía cayendo con el paso del tiempo.

Podía ver mi aliento congelarse, mis ojos no dejaban de llorar en un vano intento de protegerse . Las puntas de los dedos no parecían pertenecer a mi cuerpo.

El bosque conspiraba contra mí.

Por un momento parecía que lo árboles me observaban, colocados en fila para juzgarme, me increpaban con su feroz agitar de ramas en un sonido continuo que alteraba mis nervios.

Me coloqué detrás de un tronco para poder ver a los otros. No podían haber ido muy lejos. La orden era mantenerse a la vista unos de otros y mantenerse en su posición si nos extraviábamos .

Pero yo no oía a nadie.

Fui escondido de árbol en árbol, detrás de cada piedra. Con el cuchillo preparado. Ahora tenía un arco y varias flechas pero nadie a quien lanzar una.

Llegué a donde habíamos perdido a resto.

Comencé a ponerme nervioso. Los cuerpos de mis compañeros de excursión estaban en el suelo. No había estado ni diez minutos separados de ello y estaban todos muertos.

Todos menos uno.

Iosip no estaba entre los cadáveres.

Registré a los tres que habían eliminado. Otro cuchillo y alguna flecha más. Perfecto.

Habían caído en la emboscada. Gracias a mi instinto y a que perdí la fe en cualquier persona humana, había salvado mi vida.

Si nos hubiésemos quedado , ahora estaríamos enfriándonos entre las hojas de pino. Alimentando al bosque, cerrando un ciclo de vida y muerte.

Si habían acabado con Iosip o le habían secuestrado , no era mi preocupación ahora mismo. Tenía una cuenta pendiente y un plan que diseñar.

Retrocedí bastantes metros, en dirección al éste del poblado. Si quería atacarlos no podía ir de día. Había muchos más guardias y mucha gente a la que no necesitaba eliminar.

Volví a uno de mis refugios, uno que conocía bien.

Junto a un colegio de gran tamaño, había una casa para la herramienta. Una especie de cuarto de mantenimiento.

Una excursión me llevó hasta allí en una ocasión. Tenía ese lugar anotado en el mapa. El mapa que ahora tenía aquel animal.

Por el camino fui aprovechando para pensar en lo que venía después. Quería dar su merecido al coronel y también descubrir lo que hay en el norte. Quién sabe. Lo mismo hay una zona para refugiarse un tiempo, una zona con aparatos eléctricos que funcionan y gente que no está pensando en asesinarte para comerse tu almuerzo.

Ya estaba llegando al lugar. Las hojas habían cubierto todo el camino. Recuerdo que coloqué varias trampas para disuadir a los curiosos.

Dentro de esa casa había guardado unos cuantos víveres, latas enormes que habían caducado hace poco y que hoy me vendrían bien. Algún pedernal, algún cuchillo y varios monos de trabajo que serían del persona de allí.

Recuerdo que había algunos sacos de harina, algunas legumbres y bastante agua embotellada.

Alguien había intentado entrar. Las hojas de la puerta estaban pisadas , de no hace mucho. Unos días si acaso. En la entrada principal había dejado una sorpresa por si alguien abría la puerta.

Una caja entera ,llena de herramientas y trozos de hojalata y hierro oxidado , se precipita rían sobre el que lograse acceder.

Había un acceso trasero, pequeño pero que permitía entrar a alguien de poco tamaño.

Rodeé la casa , mirando siempre alrededor. No quería visitas ni que algún curioso descubriese mis trampas.

Seguí el borde de la pared, agachado , en silencio. Observé que la luz del día no proyectarse sombra alguna al otro lado. Todo despejado.

No había llegado al acceso ,cuando pude observar algo inédito. Un reguero de sangre seca que venía del interior. Alguien había caído en uno de mis cebos.

Solía colocar objetos cortantes en ciertos lugares. Chapas , cristales o clavos oxidados eran una dolorosa bienvenida para merodeadores incautos.

Metí la mano y tanteé . Encontré buen alambre unido al pasador de la ventana. Tiré y se abrió.

Pude entonces ver el macabro detalle. No podía ser.¿ Casualidad? . No creo.

En el alféizar interior, en medio de un círculo de sangre seca, había un trozo de dedo. Un trozo de carne pegado a una uña que se descomponía. Su dueño debía estar bastante molesto.

Aparté la ventana. Me disponía a entrar cuando mi corazón dió un vuelco. La sangre se congelaba antes de llegar a mi cerebro. Las manos me empezaron a temblar y el aire se negaba a entrar en mi pulmones. Una voz imposible de confundir. Una voz que aterraba por sí sola.

-Vaya vaya…

¿Qué tenemos aquí?..

¿Así que eres tú la rata que va colocando trampas?.

Entonces lo recordé. Iosip llevaba todo el tiempo con el dedo vendado y le faltaba un trozo. Menuda suerte la mía..

Pero, ¿Qué hacía aquí?

Me miró fijamente , no paraba de sonreír. Se quitó el chaleco y la chaqueta. ¿Cuánto cojones medía ese hombre?

Cogió aire y me dijo:

-¿Sabes qué hoy es tú último día verdad?

Se puso en guardia antes de que pudiese darme cuenta, lanzó un directo con su enorme mano y a duras penas lo pude esquivar.

Mi corazón y mi alma parecían haberme abandonado.

Se giró gritó como un gorila . Como los hipopótamos cuando luchan . La ira y la furia llenaban sus ojos de sangre. Apretaba los dientes. En éste momento su única meta en la vida era destruirme.

Di un paso atrás. Me cuadré delante suya y traté de serenar mi cabeza. Llené mis pulmones lentamente, obligué a mi cuerpo a gestionar el momento.

-¿Qué raro que hayas escapado verdad?

Dime Iosip,¿ has dejado a tus compañeros a merced de una muerte segura y ahora vienes a por mí? Claro, no querrás testigos de tu cobardía.

Bramó como un tren de vapor , salió corriendo en una arrancada increíble para alguien de su tamaño. Con asombrosa fuerza, agarró mi cintura y me lanzó contra un árbol.

La sensación era de estar toreando en vez de teniendo una pelea.

Me levanté rápidamente. Sacó su cuchillo y me lo mostró con una mirada más que amenazante. Lo agarró con el mango hacia arriba dejando la hoja pegada a su antebrazo. -Ese tío sabía lo que hace. Pensé

Se acercó hacia mí. Busqué mi cuchillo. Maldita sea, ¿Dónde estaba?

No podía verlo con tantas hojas por el suelo. Sin duda había salido despedido en la golpe.

Iosip lanzó hacia mí un par de cortes,uno ,dos. Esquivé los ataques con un ballesteo rápido hacia atrás . Tenía que acabar con aquello o el bruto me mataría.

Intentó de nuevo el ataque. Ésta vez desde arriba. Bloqueé su ataque con mi mano contraria y agarré su muñeca. Con mi otra mano golpeé su parte interior del codo y me subí a su brazo. Le mordí el antebrazo y soltó el cuchillo,pero no a mí.

Me agarró del cuello. Me apretó contra el árbol y con la mano libre cargó el golpe. Podía sentir mi cuerpo haciendo crujir la madera.

El tipo, una grúa con forma humana. Me tenía sujeto por el cuello contra un árbol con un sólo brazo. El otro venía en camino.

Su mano de gorila oprimía mi cuello. Me desvanecía. El oxígeno no me alcanzaba el cerebro.

-Bueno, míralo por el lado bueno. Hoy verás a tú familia..

Un latigazo de rabia se apoderó de mí.

Reuní toda la energía que me quedaba. Giré la cabeza a un lado y al otro. Me agarré a su brazo y le golpeé todo lo fuerte que pude con la rodilla , primero en las pelotas y luego en la boca del estómago.

Una enorme arcada salió de su bocaza. Aflojó el agarre lo justo para poder escaparme.

Corrí todo lo rápido que pude.

Estaba al menos a cien metros y podía oírle.

-¡Maldito gusano! ¡Basura! ¡Vas a estar muerto muy pronto! ¡Huye como un perra!!

Mis pasos se iban reduciendo. Ya estaba lejos de aquella parte. ¡Qué mala suerte!. ¿De verdad están fácil encontrarme?

Debía pensar algo y rápido. Era cuestión de tiempo que el coronel Sarcev mandase a buscarme a su gente. Con Iosip al frente era todo más grave. Había conseguido mi mapa y tenía mis escondites revelados.

Debía buscar otro sitio y hacer algo que no era muy racional por mi parte. Debía atacar yo primero.

Me senté junto a un arroyo. Descansar mientras veía el agua correr me relajaría.

Me lavé la cara y las manos. Me costaba tragar saliva.¡ Qué daño! Iosip me había reventado contra el árbol.

Pero también se había llevado lo suyo..

Comencé a recordar mi primeros días. ¿Cuánto llevaba en esa zona? Dos años o más. Puede que..

Entonces me acordé, la gasolinera.

La gasolinera donde había descansado antes de llegar aquí. Justo después de la paliza.

-Hijos de puta-

Corté un par de ramas . De un metro más o menos. Las saqué punta y me acerqué a la parte profunda del arroyo.

Se veían pequeños peces por el fondo, alguno de medio tamaño. Tendrá que valer.

Después de varios intentos , una media hora para ser exacto, conseguí una trucha. No pesaría medio kilo , mi comida de hoy.

Guardé la trucha en una hoja de árbol grande y me puse en marcha. ¿Qué hora era? Por el hambre sería mediodía. Qué frío hacia.

El sol calentaba tímidamente el bosque. Cuando encontraba alguna zona soleada, me paraba y dejaba mis manos bañarse con la cálida luz.

Y estaba llegando al final de la zona arbolada. Podía ver la silueta de la gasolinera entre la niebla.

Me acerqué lo suficiente para ver qué el cierre seguía como yo lo había dejado. Cuando me iba de algún sitio, siempre colocaba una piedra sobre otra y las dejaba apoyadas en la puerta. Si alguien entraba , la piedra se caía y me daba la información de que el sitio había sido visitado.

Pasé allí la noche. Todo estaba como yo lo había dejado. Gracias a que siempre llevo mi pedernal, pude encender un fuego en la papelera que me había servido de estufa.

Abrí la trucha. Al final me vino bien la mierda de cuchillo que me habían dado en el pueblo.

Limpié el pescado de tripas y espinas, lo atravesé con mi palo y lo puse sobre el fuego.

Qué curioso era ese momento. La lumbre dorando mi comida, yo sentado mirando el fuego.. casi no parecía que fuese a intentar una misión suicida.

Terminé mi comida. Lavé mis manos y llené una botella en la gotera del lavabo. La última vez que estuve , dejé una chapa conduciendo el agua hacia la taza. Eso permitió que no se inundase todo. Gracias a eso ayer pude volver.

Tomé el camino de vuelta hasta la zona cercana al poblado. Si mis cálculos eran correctos, Iosip debería estar con otro grupo de hombres de camino al norte. Si eran listos evitarían el sendero por donde sufrimos la emboscada.

Mi oportunidad de ir a por las armas de los muertos era demasiado buena.

Tomé un camino alternativo, alguna vez ya lo había usado para no dar pistas de mis refugios.

Otra mañana escarchada , otra vez a soportar horas de caminata con los dedos entumecidos.

Al menos hoy tenía una misión. Mataría al coronel por la noche, buscaría un refugio y me iría al norte.

Los cuerpos estaban tirados allí. Como si de inocentes campistas en medio de una siesta se tratase. Tres difuntos soldados caídos que se fundirán con el bosque según pasará el tiempo.

Un arco , un cuchillo y ninguna flecha. Maldita sea. No podía volver a ninguno de mis escondites , no sabía si me estaban esperando allí. Recordé la flecha con la que había matado a mi compañero.

Me acerqué al cadáver. Estaba boca arriba. Como yo le había dejado solo que algo más morado. Insectos y larvas salían de su boca. Qué precioso todo.

Le giré con el pié y me apoyé en su espalda. Crujió como si hubiese pisado un muñeco de madera.

Tiré con todas mis fuerzas, la flecha empezó a salir de su cuerpo. Encajada entre dos vértebras , hacía un ruido bastante desagradable.

A mis oídos llegaba un sonido. Si de algo estaba seguro es que se me escapaba algún detalle. Volví a oírlo. No podía ser. No entendía cómo pero estaba oyendo una emisora.

La tipo a que acababa de extraer la flecha llevaba una radio. Que funcionaba. Exactamente igual que la que me enseñó el coronel.

Las dudas en éste momento aumentaban.¿ Cómo podía ese hombre tener una emisora?

No encontraba la lógica. Suponiendo que todo ésto , el viaje al norte, la expedición. El grupo de hombres… Todo venía porque el coronel había encontrado un aparato transmisor en un atacante..

Había que averiguarlo. De la mochila de uno de los tipos saqué unas barritas de cereales. Rancias pero comestibles. Unas conservas y algo de cecina en papel de aluminio. La cecina era un recurso muy bueno ya que de un sólo animal se sacaba mucha cantidad y ésta duraba bastante.

Me encaramé a un árbol. Justo donde daba un poco de Sol. Con la chaqueta de uno de los muertos me hice un pequeño refugio y me comí todo lo que encontré en sus mochilas. Atacaría de noche.

Serían las once o puede que más tarde. Desde el árbol podía ver las luces de los candiles de los guardias. Extrañamente sólo había dos. Uno en cada parte.

¿Qué raro? Sabiendo que yo andaba por ahí suelto y con toda la información de que disponía.

Demasiado fácil.

Bajé del árbol. Cogí la mochila y el cuchillo que había encontrado. El arco y la flecha.

Me acerqué por la parte de atrás. Por donde habían salido los guardias la otra noche, cerca de mi “hotel”. El tipo que vigilaba la entrada estaba atento. No hacía más ruido del necesario y miraba para todos lados. Creo que me esperaban.

Me quité las botas. Las dejé escondidas justo al terminar el muro que daba la espalda al hombre. Las coloqué de tal manera que las punteras sobresalían y eran visibles.

Agzapé justo en frente. Un arbusto tupido me ocultaba. Lancé una pequeña piedra a donde estaban las botas y carraspeé.

-Jum Jum!

El tipo giró la cabeza, llevaba un candil en la mano y lo levantó, como si fuese a ver mucho.

La mano le temblaba. Tenía una carga de miedo bastante evidente . Llevaba poco en ese puesto.

Se fue acercando poco a poco, vio las botas y se detuvo.

-¿Hola? ¿Pavel ? Si eres tú no tiene gracia..

Qué pena de chico. En uno de sus primeros servicios de vigilancia y justo vengo yo hoy..

Una vez llegó a la parte de las botas, en un acto de pillar por sorpresa a quien hubiese , pegó un saltó y se colocó de frente al supuesto intruso.

Cuando vio que no había nadie , levantó el candil y bajó el brazo de su machete.

-No lo entiendo..

Entonces aparecí por detrás y le agarré el brazo armado, clavé mi cuchillo por su espalda y rápidamente tapé su boca. El chico, de unos veinte años, no comprendía nada. Mientras su vida se apagaba me miraba.

-Lo siento chico… No debías estar ahí.

Apagué su lámpara y me calcé. Las botas se habían quedado heladas. Guardé el cuchillo del chico y saqué el mío de su espalda. Arrojé su cuerpo a los setos.

Avancé un hacer ruido hasta la puerta. Estaba abierta. Recordé el camino hasta la estancia del coronel. Lo seguí despacio, apagando cada vela y cada candil. Permitiendo que un rastro de oscuridad me ocultase.

Llegué a la puerta de la habitación. A mi mente llegaban recuerdos de estar colgado y eso me enfurecía.

La puerta no estaba cerrada por dentro, algo no marchaba. Ésta gente estaba preparada de sobra para una guerra y resulta que yo pude entrar como si fuese el portal de mi casa.

Empujé la puerta y ésta rechinó un poco, abrí lo justo para pasar y la cerré de nuevo. Ahora sí que la dejé arrancada. Eché un pestillo rudimentario que constaba de una varilla.

La cama del coronel estaba a unos metros. Casi podía saborear la venganza. No sabía si matarlo directamente o sacarle toda la información posible. Cogí una pequeña vela que había encendida en su despacho. No se oía nada. Si no estaba allí ,al menos podría encontrar alguna respuesta. Tanteé su silla.

Algo me devolvió las tripas. Con las manos temblorosas acerqué una velas a su silla. La poca luz que me aportaba esa llama fue suficiente para dejarme helado, sin aliento. Encendí el candelabro de sobremesa con la vela y entonces vi que mis sospechas eran ciertas.

El coronel estaba muerto en su sillón. Le habían rajado el cuello y la sangre llegaba hasta el suelo.

Resulta que Sarcev tenía más enemigos que yo. Le hice un registro rápido a la habitación. No podía dejar de mirar el cadáver del gordo. Alguien se había tomado la molestia de asesinar al que mandaba en éste lugar.

En uno de los cajones encontré una carpeta vacía. Sólo pude ver su nombre:

“PROYECTO NUEVO AMANECER”

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte