CAPÍTULO 13. La Huída.

CAPÍTULO 13. La Huída.

Azrael es perseguido por sus nuevos enemigos . En su huída encuentra a alguien muy interesante.

El despacho olía a traición y muerte. Tratando de no hacer ruido, registré cada cajón y cada rincón de la habitación.

Guardar total silencio tenía un incómodo resultado, podía oír la sangre goteando desde el cuerpo de Sarcev y cayendo al suelo. Se estaba formando un pequeño charco de sangre acumulada justo debajo de la silla.

No llevaba mucho tiempo, todavía estaba caliente y la sangre era aún bastante líquida.

Daba pavor mirar el cadáver a la luz de las velas.

Registré debajo de la cama. Bajo la almohada encontré una HK USP. El cargador estaba lleno. Ocho proyectiles que hoy en día valen más que el oro.

La pistola estaba envejecida y arañada, espero que al menos estuviese limpia y lubricada.

En uno de los cajones de la mesilla había un colgante de un cristo. Una pequeña cruz que colgaba de un cordón de oro. Unas chapas de identificación. Su documentación y una foto de hace unos años.

En la foto ,un uniformado Sarcev está formando junto a una persona. de fondo ae veía un cuartel o una comisaría . Podría ser un evento de graduación o una ceremonia militar.

El coronel abrazaba a una chica. La pasaba la mano por el hombro y sonreía. La chica me sonaba bastante…

Era Maika. Indudablemente.

Di la vuelta a la foto y encontré una dedicatoria:

“Tío, gracias por todo, siempre a tu lado “

Firmado:Maika .

Así que eran familia..

¿Asesinaría Maika a su tío? Es posible .

Si se quitaba a su tío del medio , estaría al mando del pueblo y de su pequeño ejército. ¿Pero para qué quería ese puesto ?, Ella ya gozaba de una protección y las comodidades del lugar…

Debía pensar en cómo salir de ahí. Contaba con que había poca guardia montada y que parte de los hombres del poblado estaban en el viaje. Si es que habían montado otra expedición.

Sonaban voces. Una de ellas inconfundible: Maika.

La otra era de un hombre y no la reconocía. Se acercaban. Venían directos hacia aquí.

Me escondí detrás del sillón del coronel. Su anchura podría cubrir a un par de tipos como yo sin problema.

Se pararon en la puerta.

Silencio, nada se escuchó durante los siguientes dos minutos.

Cargué el arma, tiré de la corredera para dejarla montada. Hacía años que no disparaba una pistola.

La quité el seguro y me puse contra la pared. Fui arrastrando mi espalda sin hacer ni un sólo ruido.

El suelo iba dando quejidos a mi paso.

No se escuchaba nada. Me agaché y comprobé que fuera no se veía a nadie.

La rendija que dejaba la puerta con respecto al suelo me permitía ver algo del exterior. No había pies ni ruidos.

Puse la mano sobre el mecanismo de apertura. El metal frío resbalaba con el sudor de mis manos. Tenía las manos llenas de sangre de Sarcev.

Accioné el pomo despacio. Podía oír como se deslizaba el burlón por su agujero.

SZZZZZZZZZZZSSSSS ¡CLIC!

Se abrió. Con una pequeña abertura ,unos cinco centímetros. Puse la cara contra el hueco que había entre el marco y la hoja. Entraba un aire helado, cortante. La noche casa vez era más frío,cada vez más con el paso de los años.

Si había alguien , desde luego que no estaba allí.

Me equivocaba.

La puerta se abrió de golpe. Me impactó en la cara y me tiró de espaldas. Caí contra la mesa del Coronel y luego al suelo.

La pistola salió despedida y acabó debajo del sillón. Se había empapado de sangre.

Entraron dos personas, detrás había otras dos.

-¡QUE HOSTIAS HACES TÚ AQUÍ! ¡DEBERÍAS ESTAR MUERTO!.

Maika miró el cadáver de su tío. Se tapó la boca y sus ojos se inundaron de lágrimas.

-¡Yo no he sido! ¡Venía a asesinarle pero ya estaba muerto?

-¡Cogedle! Le quiero atado de píes y manos en el centro del poblado. ¡Que todo el mundo vea su ejecución!.

Estaba jodido del todo. Maika me quería muerto, a poder ser con mucho sufrimiento. Me encuentro dentro de su poblado y aquí tiene varios hombres.

Hay que pensar rápido, ellos tenían cuchillos al igual que yo. Pero eran al menos cuatro.

El arma…

Desde que el mundo ha cambiado, los valores humanos lo han hecho de forma similar. El honor hace micho tiempo que no es la divisa de nadie. Y mucho menos la mía.

-Está bien. Lo siento.

Por favor, no seáis muy duros conmigo.

Sólo soy un superviviente..

Estaba ganando tiempo. Puse las manos detrás de mi nuca en señal de rendición. Me arrodillé en el suelo y agaché la cabeza.

El arma estaba bastante cerca, pero no llegaría antes de que ellos llegasen a mí.

El primer tipo se me acercó por la derecha, traía unas bridas de plástico para atarme las manos.

Si conseguía ponerme eso no tendría mucha opción de escapar.

-Vas a desear que te hubiesen matado en el bosque. Iosip nos contó lo bien que lo tenías preparado.

¿Queréis haceros con el pueblo eh?

No será hoy. Y tú no vivirás para ver un mañana…

¿Iosip había contado que yo sabía lo de la emboscada? Estaba más jodido de lo que creía. Al parecer ésta gente tiene una frente abierto con otro grupo.

Se me acercó por delante para atarme las manos…

Grave error.

Me levanté tan rápido como pude. Impacté con mi cráneo contra su mandíbula. El golpe le hizo perder el conocimiento.

Cogí al tipo antes de que cayese y lo usé para cubrirme.

Saqué mi cuchillo y se lo clavé en el estómago. Podía ver la punta del machete asomarse por su espalda.

Empujé su cuerpo contra los otros. Maika se apartó con asombrosa velocidad.

Me tiré al suelo y cogí el arma. De una patada, conseguí volcar la mesa, me escondí detrás, apunté hacia la entrada y vacíe el cargador. Ocho disparos que atravesaron la madera y retumbaron en toda la sala. Con cada vez que apreté el disparador , se iluminó cada cosa que allí había. Las paredes, el cadáver de Sarcev y la parte de la mesa que me cubría.

Me asomé por encima de la madera. La mesa tumbada ,me hacía de barricada mientras yo pensaba en cuál sería mi siguiente paso.

Nadie se movía. Levanté la cabeza una vez más y vi tres cuerpos tirados en la escalera de acceso. Había hecho blanco. Volví a agacharme a coger mi cuchillo y pisé algo que me resultó raro. Eso no estaba antes ahí.

Al volcar la mesa , se quedó a la vista un pequeño escondrijo. Una hendidura del tamaño de un folio . Por la ranura sobresalía una carta.

Cogí el trozo de papel y lo guardé en mi bolsillo. Enfundé el arma en mi cinturón y con el cuchillo en la mano salí por la puerta. Maika corría unos metros por delante de mí.

Corrí para darle alcance . Giró en uno de los contenedores, cerca de donde yo había dormido el otro día. De pronto me vi en una situación peor que la anterior.

Maika estaba esperando en un recodo del pueblo junto con otros cuatro hombres. Ahora ya no tenía balas.. ni efecto sorpresa.

Saqué el arma y los apunté. Si no descubrían que era un farol ,con suerte escaparía.

Con mucha suerte..

-¡QUIETOS! , Os juro que yo no le he matado.

Yo sólo quiero irme y no volver aquí jamás.

No quiero nada de vosotros ni de éste lugar.

Monté el arma de nuevo. Aunque no tenía munición , ellos no lo sabían y esa era mi baza.

Intentaba controlar todo el entorno. El silencio se hizo dueño de la situación. Mis latidos aumentaban su ritmo. Contaba personas, una ,dos … diez. Todos armados con arcos y machetes. Enfurecidos. Tenían a su enemigo acorralado y no iban a dejarme ir.

Recordé una cosa que me dijo el coronel: Un animal salvaje lo seguía siendo , aunque lo encerrases diez años. Si le abrías la jaula, intentaría matarte.

La jaula…

Chequeé mi espalda. Uno de ellos estaba intentando aproximarse para derribarme. Con la culata tiré un golpe circular hacia su cara, impacté en su sien haciendo que cayese con la cara ensangrentada. Otro de ellos venía de frente , intentando aprovechar que me había girado. Hundí mi bota en su pecho haciendo que cayese como un saco de patatas. Otro tipo vino detrás de él, me agaché evitando un corte de su machete y le golpeé tan fuerte como pude en la tráquea. Pude notar como mi mano se incrustaba en su cuello.

El imbécil tosía sangre mientras caía de rodillas.

Corrí hacia el pasillo , justo el que no tenía salida. Podía notar las flechas silbando cerca de mi oído.

Avancé hasta el final del callejón. Sentía los bufidos de los “gatos” del coronel.

Era una decisión desesperada.

Salté con toda la agilidad que mi cuerpo excitado me permitió. Subido encima de la jaula de los servales , me estiré hacia abajo y con la culata rompí el candado. Me cubrí con la lona y abrí la puerta. Los animales salieron como alma que lleva el diablo. Acababa de desatar un infierno de verdad. Un encierro felino que sería una masacre. Alcé la vista un momento. La escena era cuanto menos intimidatoria.

Los cinco animales se cebaban con los hombres. Alguno intentaba defenderse inútilmente. La noche es de los felinos, de las bestias. De la naturaleza salvaje… Somos meras ardillas… Presas que no se habían dado cuenta de su condición.

Los alaridos de los moribundos hombres se mezclaban con los sonidos de los animales. Debía coger la salida antes de que se quedasen sin presas y me eligiesen a mí como víctima.

Salté por encima de una de las casetas de chapa. El tejado resbalaba por el hielo que se estaba formando, caí rodando.

Aterricé encima de un montón de hierba.

El golpe fue tremendo. Me quedé sin aire durante unos segundos. El suelo húmedo reflejaba la luna.

Con todo el jaleo de éstos últimos días, casi no había reparado en el clima. La temperatura había variado enormemente.

Cada noche era más fría que la anterior, cada amanecer mucho más húmedo. La escarcha duraba casi hasta mediodía.

Me adentré en el bosque, lo suficiente como para no oír lo que ocurría en aquél poblado.

Cuando quise darme cuenta, la niebla y el viento gélido se habían hecho insoportables.

Respirar se tornaba una tortura. Mi respiración agitada , comenzaba a cristalizar mis pulmones. Llevaba las manos metidas en las axilas , entumecidas.

Los pies me dolían. No sabía hacia donde iba.

Llevaba un rato caminando sin rumbo. Empezaba a sentir miedo, podía decir que estaba perdido. Asustado de no sobrevivir a esa larga noche.

Si me quedaba tirado aquí, moriría ,bien por el frío ,bien por algún animal salvaje.

La hipotermia se iba haciendo una realidad. Mis brazos y piernas ,como si de prótesis se tratasen , no respondían ante mi deseo de moverlos con normalidad.

Mi cabeza se ralentizaba. Abría los ojos por turnos para que no se me congelasen. Los oídos pitaban , la mandíbula temblaba.

Levanté la cabeza y no podía percibir nada. Ningún sonido parecía real. La imagen era borrosa.

Caí de rodillas. Las piernas no tenían orden en mis pasos. Los pantalones empapados, llenos de barro y hielo, se pegaban a mis muslos robando la poca temperatura que me quedaba.

No podía respirar. Cada bocanada se entrecortaba antes de llenar mis pulmones.

Mis vanos intentos de tomar aire , se transformaban en un silbido de agonía.

No podía hacer más que rendirme.

Sólo podía dejarme morir.

La vida había ganado.

Clavé mis rodillas en el suelo. Los temblores hacían de mi cuerpo una mezcla de espantapájaros mecido con el viento y de cadáver .

Miré por última vez. Queriendo robar a la vida una última imagen.

Entonces lo vi: Hacia mí venía una luz. Se aproximaba lo que yo pensaba que sería el ente que me acompañaría al más allá.

Un hombre encapuchado ,con un farol que cubría dos velas, llegó hasta mí.

-Has tenido suerte chico..

La vida ha querido darte una oportunidad..

https://es.wikipedia.org/wiki/Heckler_%26_Koch_USP

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte