CAPÍTULO 14. FORJADO EN LA MISERIA.(flashback)

CAPÍTULO 14. FORJADO EN LA MISERIA.(flashback)

Azrael ve como la vida le arrastra a un camino de odio.

¿Cuántos días llevaba dormido?

El hambre ,clavado en mi estómago, como si me hubiese tragado un rizo de mar entero, me hizo despertarme.

Hice un reconocimiento visual de dónde estaba. Vi las herramientas y lo monos de trabajo. Entonces recordé. Debía estar cansado de veras.

Todavía sentía el cuerpo resentido. La paliza de aquellos tipos había estado a punto de dejarme seco.

Había que empezar pronto a trabajar si quería hacer de aquella caseta de obra un refugio para algún tiempo.

Recogí todo lo que no fuese necesario allí dentro y lo junté en una esquina.

Llaves fijas, destornilladores, piezas de maquinaria.. todo lleno de grasa y óxido.

Abrí todas las taquillas. Alguna estaba cerrada con llave e hizo falta romperla.

Calzado de seguridad, más monos, algo de ropa de calle , cinturones, arneses…

Lo primero que hice fue abrir la puerta de la caseta. Tenía cerradura pero estaba totalmente agarrotada. El óxido y el tiempo habían soldado aquél mecanismo par siempre.

Cogí una llave inglesa de gran tamaño y golpeando sobre un destornillador partí el resbalón.

La puerta se abrió de par en par. Una bandada de pájaros salió despedida y un espectáculo de naturaleza se abrió ante mi. Un montón de posibilidades de encontrar comida y no necesitar nada de nadie. Cazaría y recolectaría lo necesario para sobrevivir.

Saqué fuera todo lo que no me servía para nada. Cables requemados, taladros, radiales.. todo destrozado por la tormenta.

En un baúl cerrado había algo más interesante.

Un par de sopletes portátiles, una bombonas de camping gas y encendedores de chispa.

Coloqué las taquillas pegadas a las ventanas. Dejé una para poder bloquear la puerta y me inventé un mecanismo para atar la trampilla por la que había entrado.

Dejé alguna llave grande y los objetos como sierras y punzones a mano. Cualquier cosa era buena si podía defenderme con ella.

-Qué hambre…

Salí por la puerta. Dejé la taquilla atada a un extremo de cuerda que salía por un hueco. De esa forma podía juntarla al marco y bloquearía el acceso. Sólo tenía que tirar y meter la cuerda por el hueco. Así se quedaría cerrado.

Bajé las escaleras. Alguno de los peldaños metálicos se movía bastante. Tanto que tuve que agarrarme para no terminar en el suelo . La caída era de al menos tres o cuatro metros.

Llegué a la parte de abajo, era un cementerio de maquinaria oxidada que poco podía hacer por mí salvo cubrir parte de la entrada.

Caminé en dirección este. La gasolinera de dónde viene estaba al oeste. Más o menos..

En mi camino vi un sin fin de conejos, ardillas , culebras y anfibios. Jabalíes y ciervos se veían pero no precisamente cerca.

Recogí algunas setas de cardo y algunas bayas silvestres. Las puse en un recipiente vacío metálico y lo guardé en la mochila.

Descubrí un par de sendas de animales. Algún pequeño roedor pasaba por allí habitualmente.

Con un cable fino y dos varillas construí un lazo y lo coloqué en el camino. Si pasaba por allí , espero que fuese mi cena.

Me comí las bayas y las setas. Abrí un par de troncos podridos y saqué algunas larvas, las corté la cabeza con mi cuchillo y sin pensar en nada me la tragué enteras.

Una de ellas se me quedó atravesada y podía notar como se movía en mi garganta. La tos y posteriores arcadas me recordaron el dolor de costillas.

Salía un poco el sol. Podía ver el vapor de la escarcha abandonando el suelo. Una imagen preciosa. Un bosque con muchas posibilidades de albergar sorpresas.

Caminé otros treinta minutos. Si mis cálculos no fallaban, debía ser mediodía o quizás un poco más tarde. El sol estaba en lo alto y casi parecía una excursión de domingo.

Miré a lo lejos. O mis ojos me engañaban o había alguien haciendo un fuego.

Me aproximé un poco más , escondido entre ramas y arbustos, aproveché la hierba alta para que no se me viese.

Eran dos tipos teniendo una conversación sobre caza.

-Entonces el maldito ciervo salió corriendo con mi puta flecha clavada en el lomo..

¡La única de las buenas que me quedaba!

-JaJaJa qué idiota. Te dije que apuntases siempre a los cuartos delanteros. Así le fallará el apoyo y caerá.

No parecían hostiles. Aguardé un poco más , cualquier cosa que me aportase información sobre ellos , me haría tomar una decisión.

Si me acercaba y no eran amistosos, me matarían sin duda , o algo peor.

Llevaban arcos de caza. Muy largos, más de lo que había visto nunca.

-Bueno. Creo que es hora de volver con los nuestros.

Recogieron sus cosas. Los arcos, mochilas y apagaron el fuego.

Eran dos tipos bastante entrados en años. Uno de ellos muy delgado, con manchas en la piel y a medio afeitar. Los dos vestían ropa corriente. Como cualquier senderista o montañero.

El otro era un poco más grande. Tenía una barriga enorme para su peso corporal. No pasaban hambre .

Iban bastante tranquilos. Charlando como si el bosque no fuese a aprovechar cualquier despiste para acabar con ellos.

Me acerqué a donde habían estado. En el suelo habían tirado los restos de su comida. Pequeños huesos, seguramente de conejo, y unas cuantas colillas de tabaco liado.

Los seguí a una distancia prudente. Caminaron por una vereda hasta un cortado.

Cuando hubieron girado, los perdí de vista.

Me acerqué entonces a la curva que describían unas rocas y árboles.

-¡Alto! Identifíquese por favor..

-Hola , vengo desde muy lejos. No tengo intención de hacerles ningún daño. Sólo vine siguiendo a dos personas hasta aquí.

-¡Qué pasa con vosotros?

¿Os sigue un hombre y no os dais cuenta?

¡Levanté las manos! , Déjenos verle bien..

Me aproximé a donde salía la voz. No se veía a nadie pero no era ninguno de los dos que yo había seguido.

Salió un hombre de entre los árboles. Con el arco cargado apuntando hacia mí.

-No se mueva por favor. Dígame qué quiere.

-Vine caminando más de cien kilómetros. Encontré un refugio en una caseta de piscina. Estuve allí unos días pero unos tipos llegaron pidiendo ayuda. Cuando accedieron a donde yo estaba me dieron una paliza. Sobreviví y el camino me ha traído hasta ustedes.

-¿Estás solo?

-Si señor. Perdí a mi familia. Desde entonces sólo quiero dejar esa vida atrás.

-Dejarle pasar. Avisar de que venimos con alguien.

Uno de los dos a los que había seguido, el barrigón, me pidió que le acompañara.

Bajamos un pequeño tramo de varios metros. Entre árboles y plantas apareció ante mí un pequeño asentamiento.

La gente dejó de hacer lo que estaba haciendo y se me quedaron mirando.

Había niños, gente limpiando pescado y preparando alguna comida en un caldero.

Sobre el fuego habían construido un trípode de varas de madera. De él colgaba un perol enorme de cobre. Algo olía muy bien.

-¿Tienes hambre? , Servirán la comida en un rato.

-¡Claro! Hace días que no como nada caliente. Nada que no vaya arrastrado por el suelo.

En aquel lugar se respiraba tranquilidad. Varias tiendas hechas de lonas se situaban en torno a la hoguera. Unos bancos improvisados ,hechos básicamente con tocones de árbol , hacían del lugar un salón.

Varias mujeres estaban allí sentadas. Vestidas con ropa que no era de su talla. Jerséis enormes. Pantalones medio caídos.. Parecían felices.

Ese pequeño asentamiento era un sustituto de su antigua forma de entender la sociedad.

Un muchacho , de unos quince años, me sirvió una ración de comida. El guiso , puesto sobre un cuenco de madera, tenía un aspecto estupendo.

-¡Qué aproveche!. Espero que te guste el jabalí . Por aquí es lo que más se caza.

Estaba buenísimo. Parece mentira que hace unas horas estuviese dando una larva como buena para comer.

-¿Sabes tirar con arco?

El tipo delgado, de los dos a los que seguí , me estaba hablando.

-Eeh bueno, alguna vez he tirado. Le regalé uno a mi hermano hace muchos años.

Pero soy bastante malo.

-Eso tiene solución. Si quieres puedo echarte un cable con eso.

Siempre he cazado con arco. Incluso antes del día en el que el sol nos cambió la vida.

Campeón de caza de la región y ¡segundo en el de Europa!.

Después de un rato escuchando historias sobre ellos, la vida parecía haberse congelado para ésta gente.

Llevaban un tiempo haciendo las cosas como ellos creían que estaban bien. Tenían tareas y obligaciones. Se ayudaban. Se defendían entre ellos. Algunos habían incluso establecido una relación sentimental entre ellos.

-¿Te parece si nos damos un paseo y te enseño a usar ésto?

El hombre delgado llevaba dos arcos. Uno en la espalda y otro en la mano.

-¡Claro! Me vendrá bien aprender de un profesional.

Llegamos a un claro. Bastante despejado para estar dentro del bosque. La maleza daba paso a una extensión de tierra sin casi vegetación.

-Aquí tienes un buen lugar para cazar. Los animales cruzan ésta loma para ir al arroyo del otro lado.

Toma éste arco. Coge un par de flechas. Pon una en el suelo clavada junto a tu pierna. Si la necesitas , podrás encontrarla fácilmente con tu pie. La otra ponla en el arco.

Un pequeño grupo de jabalíes pasaba ante nosotros. Había uno bastante grande. Sería una diana fácil.

-Apunta al que va sólo, es algo más pequeño .

-Creo que podría darle al grande..

-Deja el grande en paz. Tira al pequeño..

Apunta con la mirada, crea un vínculo entre tú y el arco. Qué la flecha sea una prolongación de tu vista.

-Creo que lo tengo. Justo delante de mí flecha.

-Coge aire. Vete tensando el arco . Suelta el aire y cuando no quede casi oxígeno en tus pulmones… Sueltas.

Respiré profundo . Tensé la cuerda hasta que mi codo quedó a la altura de mi oído. Vi al animal quieto. Solté el aire y abrí mis dedos…

..la flecha cortaba el aire.

Por un momento no había nada más. La flecha. El sonido del viento atravesado por ella. El animal..

Mi tiro dió el centro del jabalí. Se estremeció y trató de salir corriendo. Las patas le fallaban. Se arrodilló entre chillidos de dolor. Murió.

-¡Bien ,síii!

-¡TSSS! Baja la voz…

No queremos que los animales asocien nuestra presencia a su muerte. Espera a que se vayan los demás.

Observa…

El jabalí yacía muerto. Los otro animales se acercaron y le rodearon. El ejemplar al que yo quería matar también estaba. Me di cuenta de por qué no quería que lo cazase: unas crías lo seguían a unos metros.

-¿Te das cuenta? Si hubieses matado a esa madre, las crías habrían muerto a los pocos días. Hay que tener todo en cuenta . Coger lo necesario pero haciendo el menor daño posible.

Mira, no te he traído aquí para enseñarte a tirar. Quiero decirte algo y quería que fuese a solas.

Hace unas semanas , en una batida de caza. Nos adentramos en el bosque. Allí siempre hay animales de sobra.

El caso es que cuando llevábamos un rato apostados, vimos un grupo de personas.

Parecían organizados. Tenían arcos y uno de ellos un arma de fuego. No sabemos a dónde iban pero volvieron a las pocas horas con mochilas llenas de algo.

Empezaron a acercarse a donde estábamos asentados. Sus incursiones eran cada vez más cerca de nuestra casa. Decidimos marcharnos. Lo primero es la seguridad de los nuestros. Llegamos aquí hace unas semanas y todo estaba bien hasta que los volvimos a ver.

-Pero¿Sabéis sus intenciones?

-No , pero no son buenas. En ocasiones les veíamos llevar a gente en contra de su voluntad. Atados de manos. A empujones, a punta de cuchillo.

-Vaya.. no se qué decir.

-Di que te quedarás con nosotros. Qué nos echarás una mano. Al menos que nos ayudarás a defender el lugar..

– Verás, yo siempre voy sólo. Decidí no compartir mi vida con nadie cuando perdí a mi familia. No te lo tomes a mal pero, no sería un ciudadano ejemplar de vuestra pequeña aldea.

-La decisión es tuya. Aquí tendrías una familia. Lo único que pedimos es que ayudes con la vigilancia, la caza y que permanezcamos unidos.

-Lo siento… Gracias por el guiso. Y por la clase práctica.

-Es una pena. Serías un refuerzo muy importante en nuestra comunidad. Las madres bastante tienen con ocuparse de los niños y con mantener arriba el campamento. No me gustaría que se enterasen de lo de los extraños.

Por favor. Llévate el arco. Es un regalo.

También puedes cobrarte la pieza. Te vendrá bien.

-Gracias. Os visitaré para saber qué estáis bien y para seguir aprendiendo . Tienes mucho que enseñarme.

Cogí el arco y lo coloqué en mi hombro. Cogí la flecha del suelo y la guardé.

Saqué la que había matado el animal y las puse juntas. Le até las patas con uno de los cables que llevaba y lo cargué en la mano izquierda.

Se estaba haciendo tarde. El sol empezaba a esconderse . El turno del frío.

Caminé por el mismo lugar que había venido. Comprobé la trampa de la senda. Nada.

Menos mal que llevaba esa pieza. Se habían portado muy bien conmigo y no sabía ni sus nombres.

Ya cerca del refugio aflojé la marcha. Dejé el animal en el suelo y subí las escaleras. El hierro crujía bajo mis pies. Sin duda necesitaría hacer algunas reparaciones.

Abrí la puerta despacio. Empujando la taquilla que había detrás. Dejé el arco y las flechas sobre el camastro de esponja. Colgué la mochila y me bajé con el cuchillo.

Puse el jabalí encima de unos plásticos. Lo abrí en canal. Menuda peste. Saqué las tripas y los órganos. Los introduje en un saco para escombro y lo até.

Subí al animal a lo alto de la caseta y lo dejé colgado fuera. Lo cubrí con telas y encendí un fuego debajo para ahumarlo.

Lavé mis manos y mi cara. Lo bueno del tiempo tan húmedo es que si ponías unos cuantos recipientes, éstos se llenaban con la lluvia cada dos días como mucho.

Encendí una vela hecha con brea y cuerda. La estancia se iluminaba tenuemente. La luz cálida contrastaba con el frío del exterior.

Estómago lleno, comida para unos días y unos vecinos agradables. Las cosas podían empezar a ir bien.

¿Quién serían los hombres a los que temían los del asentamiento?.

Mañana volveré y les acompañaré a una guardia. Aunque sea por despejar dudas sobre aquellos extraños.

El día amaneció gris. Más bien negro.

Lluvia golpeaba mis paredes y ventanas.

Había dormido bastante bien. Mejor que lo anteriores días.

Quité las mantas que me arropaban. Las doblé y las puse sobre las taquillas. Me estiré mirando a la ventana.

Mi premio seguía ahí. Debía pensar en qué hacer con tanta carne. Creo que les bajaré un trozo al asentamiento. Era la excusa perfecta para ir a echar un vistazo.

Me puse el mono de ayer. Estaba algo sucio pero , ya nadie le daba importancia a esas cosas.

Abrí la puerta. Observé por el hueco y percibí algo que nada común. En el aire se intuía un tono más oscuro, un humo negruzco estaba recorriendo el bosque . El olor a plástico quemado era evidente. Demasiado tenue para venir de cerca.

Juraría que estaba oyendo gritos. Gritos de mujer..

Me calcé tan rápido como pude. Até mis botas y me coloqué una de las chaquetas de trabajo. Enfundé el cuchillo y bajé las escaleras a toda prisa.

Resbalé en los últimos escalones . Los gritos se oían aún más.

Venían del lugar donde estuve ayer..

Me temía algo malo. Sería una coincidencia bastante macabra si los hubiese pasado algo ésta noche.

Corrí por el camino. Recordaba el árbol donde había conseguido las larvas.

Los gritos eran cada vez más cercanos. El humo era insoportable. Un olor a quemado impregnaba el aire. Cada vez más denso, más tóxico.

Llegué a la parte de la curva en el camino. Dónde ayer me dieron el alto.

En el suelo había dos cuerpos. Degollados.

Estaban calientes. Había sido en ésta última hora.

Me metí entre los árboles en vez de seguir por el camino. No sabía lo que me encontraría allí.

Oía voces de auxilio. No sabía cuántas pero eran muchas. Las de mujer eran terribles. Algo terrible estaba a punto de revelarse ante mis ojos. Algo que no estaba preparado para ver…

La tiendas dónde ayer jugaban los niños, estaban reducidas a cenizas. En el mismo lugar que compartía una exquisita comida con esa amable gente, ahora había cadáveres. A algunos les habían abierto en canal. Su tripas marcaban su lugar de muerte.

Otros estaban con las manos atadas a la espalda. El cuello cortado como corderos , asesinados, ejecutados cruelmente.

El hombre que me llevó a cazar, el que me suplicó ayuda. Estaba tumbado sobre un tocón de madera. Le habían destrozado las piernas y habían hecho de su cuerpo una diana. Estaba atado de rodillas y había al menos diez flechas clavadas en su cuerpo.

Oía a una mujer gritando. Sus palabras ahogadas por sus lágrimas eran una muestra de dolor. Seguí el camino que llevaba a donde estaba . Dantesco…

La mujer estaba atada, con las piernas abiertas. Había sido violada dios sabía cuántas veces. De su entrepierna brotaba sangre en una cantidad necesariamente mortal.

Me acerqué y levantó la cabeza.

No me conocía pero sus ojos pedían ayuda. Me puse frente a ella y suplicó:

-No por favor. Otra vez no.. máteme , acabé con mi vida.. déjeme morir.

– No voy a hacerla daño.. no más del que le han hecho…

Clavé mi cuchillo en su corazón. Lo giré y cuando lo saqué , la mujer estaba ya muerta.

Fui a una de las tiendas que aún humeaban.

Tener que acabar con el sufrimiento de la mujer parecía ser lo peor de hoy.

Me equivoqué.

Levanté la tela de la tienda. La lluvia había apagado el fuego antes de que se carbonizase.

Dentro había cuatro cuerpos, pequeños. Atados entre ellos. Los habían atado y metido ahí para quemarlos.

Cuando uno piensa que el alma humana tiene un límite de maldad… Encuentra algo así y se da cuenta de que no.

Recorrí el campamento. Recordé todas las crías del día anterior. La chica que cocinaba, los cazadores, lo niños jugando .. se negaron a entender el mundo que los rodeaba y es demasiado tarde para ellos.

La crueldad de lo cuerpos mutilados, regando de sangre y vísceras el bosque. Mujeres degolladas después de ser violadas. Niños abrasados con vida..

Una arcada de bilis y odio ascendía por mi garganta. Vomité entre los arbustos. Mis piernas empezaron a flaquear. Anduve durante unos metros. Me apoyé contra uno de los troncos que servía de asiento. Las manos me temblaban. La furia invadía mi cabeza desplazando a mi coherencia. Di unos pasos tambaleándome. Salí de la zona del poblado y entonces miré aquella carnicería. Puse mis manos en mis oídos, agitaba mi cabeza. Negando lo ocurrido. Si hubiese ayudado a hacer guardia , podría haber salvado a esas personas.

-¡NOOOO NOOOO.!

¡LO SIENTO! ¡LO SIENTO MUCHO!.

Mis palabras se frenaban con mi llanto.

-Lo siento tanto..

..os juro que ellos también lo sentirán..

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