CAPÍTULO 16.   Alma en llamas.(flashback)

CAPÍTULO 16. Alma en llamas.(flashback)

Azrael enloquece después de ver lo que le ha ocurrido a un inocente poblado. Ansía la venganza.

Mi sistema nervioso estaba cerca del colapso. Arrastraba los pies , mirando al suelo. Intentando centrar mi pensamiento en otra cosa. Necesitaba acallar mis pensamientos de venganza.

La ira , el combustible más peligroso que conoce el hombre. Más volátil que cualquier derivado del petróleo. Más inestable que cualquier solución química.

La ira estaba siendo dueña de mí, estaba tomando el control. Mis deseos se emparejaban con la furia. Necesitaba hacerlo.

Como un toxicómano que se abandona a su droga. Quería ser suyo. Ella era mi amante, mi demonio más lascivo.

La venganza será terrible. Puede que muera. Incluso antes de llegar a mi propósito, pero pagaré el precio de ser víctima de mis propios deseos.

Caminé a paso rápido, firme. No reparé en controlar mi entorno. Había fallado a esas personas. Me pidieron ayuda y se la negué. Ahora están muertos. Sufrieron lo indecible, ahora yo llevo esa carga dentro de mí.

Aceleraba mi marcha. No sentía el frío ,no sentía la humedad. Ya no me dolía nada.

Mi espíritu era una bola de fuego en éste momento.

Llegué a la zona de mi refugio. Aún no recuerdo ni cómo subí las escaleras.

Los barrotes húmedos, llenos del rocío y la niebla… Nada me importaba.

Llegué a la puerta de la caseta. Abrí de un golpe con el hombro, cargué todo mi peso y la taquilla salió volando. Se desplazó hasta la pared de enfrente. El ruido fue tremendo.

Todas las aves de la zona, salieron enérgicamente, espantadas.

Su batir de alas me hizo mirar por la ventana , miles de pájaros, de todos los colores, volaban entre las ramas. Parecía que me estaban aplaudiendo, como si aprobasen lo que tenía en mente hacer.

Saqué la mano por la ventana y alcancé el cuerpo del jabalí . El animal al que di caza ayer . Un regalo del pueblo al que condené con mi negativa a ayudarles…

Lo colgué del techo de mi caseta. Quedaba a la altura de un hombre de estatura media.

Saqué mi cuchillo, corté un trozo de tela y vendé mis ojos. Mi respiración se aceleraba por momentos.

Me puse de frente al cuerpo del animal y comencé a simular que era el enemigo.

Realicé varios cortes. De arriba a abajo, izquierda, derecha ..

Practicaba estocadas y puñaladas. Giros y engaños. Una ,dos ,tres… Corte, golpeo, corte, puñalada…

Estaba frenético. Cuando quité la venda que cubría mis ojos, ya no había animal.

Sólo restos de carne y huesos. Toda la estancia llena. Como si hubiese explotado de repente.

El aire salía de mis pulmones en un desorden de caos y nervios.

El pecho me dolía. Mis brazos acusaban una acumulación de ácido láctico y sangre.

La ira me hacía fuerte.

Cubrí las ventanas con lonas y sacos. Aparté todas las taquillas. La oscuridad era absoluta.

Encendí varias velas. Colocadas estratégicamente , una en cada lado de la estancia. Aquel habitáculo se llenó de sombras, de mis sombras.

Las pequeñas llamas ,jugando con las pequeñas corrientes, emitían una serie de proyecciones de mí mismo en cada pared…

…perfecto.

Jugué con ellas. Esquivaba mis propios ataques. En un conjunto de directos, esquivas , crochets, ataque de cuchillo , esquivas, ballesteos..

Estaba a punto de desmallar. La sangre daba sabor a mi saliva. El aire se clavaba cortante en mi sistema respiratorio.

Comencé a gritar. Intercalaba ataques con gritos.

-¡MUERE! ¡MUERE!!!

Hijos de puta….

El juego de golpes se aceleraba. Cada vez más rápido. Más genético. Más vengativo..

Tiré el cuchillo sobre la cama. Agarré dos llaves de tubo, grandes , pesadas.

Comencé a lanzar golpes directos, de martillo, circulares…

El peso extra, cargaba mis músculos, los congestionaba, los llenaba de poder.

Lancé los tubos contra la taquilla, la puerta se hundió. Me puse delante de ella , izquierda, derecha, codo, patada..

Lancé unas series de golpes contra el armario de metal. Mis manos se llenaban de cortes y raspones. La taquilla acabó totalmente destrozada.

Lancé una patada ,lo más fuerte posible. Hundí la puerta y con ella mi pié y éste quedó atrapado.

Tiré pero no salía.

Una , dos, tres…

La bota se quedó dentro de la taquilla. Yo caí al suelo. Entre la ropa que había lanzado y los trozos de carne del animal.

Me golpeé la espalda. Comencé a reír. Mi risa retumbaba dentro de la caseta. Mis carcajadas, llenas de dolor y de cansancio. Anunciaban una nueva tragedia. Ésta vez el superviviente buscaría al peligro. Deseaba encontrarse con él.

Saqué mi bota de la taquilla. Me la puse y comencé a retirar las lonas de las ventanas.

La luz reveló un caos del que no era consciente. La carne y la grasa del animal , alcanzaban cada rincón del refugio.

Cogí un par de trozos que habían quedado enteros. El resto era inservible.

Limpié las paredes con las prendas que no me entraban.

Recogí las ropas y herramientas, quité las puertas de las taquillas. Recogí aquel desastre.

Abrí la puerta. La vista del bosque me llenó de nuevas sensaciones.

Lo haría ésta noche. Sería una pesadilla. Sería una plaga para ellos. Si tenían un campamento cerca, les encontraría. Nadie va a juzgarme por lo que voy a hacer salvo yo. Y soy mi peor enemigo.

“Dedicado a Alejandro, Cristian Jesús y Diego por estar ahí en cada capítulo , y cada día”

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