CAPÍTULO 17 . La carta.

CAPÍTULO 17 . La carta.

Azrael vuelve al pueblo para hablar con Maika, arriesgándose a que ella quiera vengarse por lo ocurrido hace unos días.

Ajusté mi gorro y mi braga, el viento me abofeteaba helado , afilado, severo.

Cristalizaba mis pestañas y mis pulmones. Irrespirable.

Miré a mi espalda , la caseta de fibra de veía difuminada por la nieve. En el umbral de la puerta, un ajado pescador, me saludaba aprobando mi viaje con un gesto afirmativo.

-¡Confía en ellos! Ese poblado es la esperanza de las gentes que vagan por aquí.

No es que mi intención fuese salvar el mundo. Ni esa gente. Mi motivación para seguir adelante con todo ésto, no es otra que el castigo a quién sigue sembrando el odio. A esos que incluso habiendo sufrido un apocalipsis, han traído de nuevo el terror a ésta segunda oportunidad que tenemos los que sobrevivimos.

“Lo único que tiene que pasar para que el mal triunfe, es que los buenos no hagan nada.”

General Vargas.

El bosque silvaba. Entonaba una canción de violines y voces agudas. Las hojas se mecían en un caos de desorden que me distraía.

Continuaba el camino, seguí un sendero junto a una fila de abetos enorme. El pescador me recomendó volver por aquí y así evitar ciertos campamentos hostiles. Los hombres del bosque..

Cada pocos minutos -en ocasiones minutos- ,

Comprobaba que llevaba mis cosas. El pescador me dió la bolsa con víveres y me dió un arma.

Bueno, realmente no lo era. O al menos no creo que el me lo diese con esa intención.

Antes de irme, me cogió el brazo ,me dijo: abre la mano. Y depositó en ella un piolet de escalada. No era un cuchillo , pero serviría si las cosas se ponían feas.

El trayecto era tortuoso. No fueron pocas las veces en las que creí que me había perdido.

Bajo el viento y la nieve, todos los árboles parecen iguales. El arroyo me guiaba hasta un viejo puesto de guardabosques. Por aquí es. Según el pescador debería estar a unos dos kilómetros del pueblo.

El aire volvía con más fuerza. Insoportable.

Decidí descansar un rato en el puesto. Iba bastante bien de tiempo y necesitaba calentarme y reponer fuerzas.

Me coloqué debajo de la escalera. Unos veinte escalones de madera , conducían a un pequeño refugio desde el que vigilaban el bosque de incendios y furtivos. Espero que no esté en malas condiciones.

Subí con prudencia. Comprobé que no me habían seguido. Observé durante un rato y traté de oír algo fuera de lo común. A parte del viento incesante.

Me quité el poncho y lo sacudí. La nieve caía dentro de la caseta y se deshacía. Un habitáculo de dos metros cuadrados me haría recobrar fuerzas.

Partí un par de ramas a las que alcanzaba desde la ventana. Las coloqué a modo de mástil y coloqué el poncho a modo de tienda cortavientos.

Recogí las hojas de pino y abeto secas que había dentro y la junté sobre una piedra plana.

Saqué mi pedernal y rasqué con la punta de la piqueta. La yesca y las hojas de pino se encendieron.

Calenté mis manos y mis pies. El fuego puede ser tan enriquecedor. Puede darte un ánimo que sólo un superviviente perdido conoce. El fuego nos hace sentirnos salvajes, vencedores.

Saqué mi bolsa y comprobé los víveres que me había dado el pescador. Trucha seca, algún tipo de fruto silvestre y piñones. Una botella de agua y unas hierbas apelmazadas en un trozo de tela. Olían bastante bien. Como a resina y flores.

Cogí una lata vacía de refresco. Algún visitante dejó aquí toda su basura hace tiempo.

Añadí al fuego algunas hojas y folletos que había en el suelo.

“Conozca la fauna de Deepgreen forest”

Sin duda los que hicieron éstos folletos se quedarían asombrados con la fauna que ronda por aquí hoy en día.

Calenté el agua dentro de la lata. Menos mal que era de aluminio y se conservaba bien. Era un fastidio encontrar alguna lata y que el óxido la hiciese inservible.

Metí dentro del agua la tela con las hierbas. Esperé unos minutos y retiré el mejunje.

¡Guau! Eso olía bien..

Me comí la trucha y los frutos silvestres. Parecían moras o frambuesas. A mis hijas les encantaban. Se las comían y acababa todo perdido… Ojalá pudiera tener un momento como ese ahora..

Bebí la infusión del pescador. Tengo que preguntarle la receta..

Un par de sorbos y mi cuerpo se estremeció , el líquido caliente me reconfortaba. Mientras saboreaba el pescado, tuve la oportunidad de pensar en cómo me acercaría al pueblo. No sabía si habían quedado muchas personas después de lo de los servales. Jodidos bichos.

Eran como gatos alimentados con anabolizantes y enfadados con el mundo.

La verdad es que me hubiese gustado ver la cara de esos tipos al verlo venir.

Apagué el fuego. Removí las brasas y eché encima un puñado de nieve. Guardé lo que me sobró de pescado y el resto de la bebida en mi botella.

Comprobé por los miradores que no había nadie cerca. Metí las cosas en la bolsa y me coloqué la chaqueta, el gorro y me tapé la cara.

Bajé las escaleras, los paso de madera empezaban a acumular hielo y se tornaban peligrosos. Si tuviera aquí mi mapa marcaría éste sitio.

Continué andando. Contra el frío. Contra el miedo. Lo que iba a hacer a continuación , era lo último que debería hacer alguien que pensara en su supervivencia.

Me arriesgaba a entrar en un sitio del que casi no pude salir hace un par de noches. Todo por ayudar a unos y castigar a otros. Al menos así podría dormir tranquilo después de cargarme a los hombres de Sarcev.

La nieve ocultaba cualquier atisbo de referencia en el suelo. Debía andar con sumo cuidado si no quería meter el pie en el río o tropezar con alguna rama.

Mis botas hacían crujir la nieve. Cada diez metros más o menos, cambiaba de camino y tapaba mis huellas en la medida de lo posible. No quería que me siguieran.

Ahí estaba el pueblo. Empecé a verlo cundo estaba a menos de quince metros. El frío helaba mis ojos si me empeñaba en dejarlos abiertos mucho tiempo.

Ya estaba frente a la entrada. Un portón antiguo-de algún garaje seguramente- ,anclado con tornillos a un eje de camión, era protección más que suficiente. Al otro lado esperaban hombres armados y arqueros con muy buena puntería en torres de vigilancia improvisadas.

Cuatro chapas rodeando un chasis oxidado , eran rudimentarias pero efectivas para los letales lanzadores de flechas de Sarcev.

Hoy no se veía a ninguno. Ningún guardia rondando fuera , ni siquiera un triste hombre observando. Se oían gritos al otro lado.

Me agaché intentando divisar algo por debajo de la puerta. Había al menos cinco personas dentro del pasillo de las casetas. Discutían.

-¡VAMOS PUTA! ¡NO TE QUEDES CON NOSOTROS!

¿Nos ves cara de imbéciles? Venga anda, dinos dónde está..

-Ya os he dicho que no lo sé. Mi tío ha muerto y ese desgraciado escapó. Murieron casi todos nuestros hombres. ¿Crees que voy a estar preocupada por una carta?

La voz de Maika..

La carta. No me acordaba.

Palpé en mi bolsillo de la chaquetón. Ahí estaba. Con todo el jaleo la había olvidado.

Así que ella sigue pensando que yo asesiné a su tío. Debería irme y olvidarme de todo esto.

-¡No por favor!¡ A él nooo!

-¡Ahhhhhgggggggg!!

-¡CABRONES! ¡EL NO SABÍA NADA!

Acababan de matar a alguien. Se le oía axfisiarse con su propia sangre.

No podía seguir esperando. Tarde o temprano acabarían por encontrarme.

Me acerqué a la otra entrada. En ésta si había vigilancia. Ese tío no me sonaba. Iba demasiado bien uniformado para que lo hubiese olvidado.

Llevaba un arma de fuego… Una Glock metida en el cinto y un casco de kevlar. Guantes tácticos y un cuchillo de combate Smith and wesson.

Joder, estaba equipado de verdad.

La única forma de que alguien llevase tal dotación , era bien porque habían encontrado un convoy militar o porque eran militares.

Había que andarse con cuidado. Esa gente no eran meros asaltantes de comerciantes incautos.

Me cubrí con mi poncho. Tapé mi cara y me metí entre los árboles. Fui agachado hasta encontrarme a unos metros del soldado.

Me puse de frente a él y empecé a silbar en bajo, como si no me importara que me viese.

Si el tío decidía acabar conmigo era el fin.

Comencé a andar hacia el bosque , silbando, tapado como un monje fantasmal..

-¡EH, OYE! ¡Anciano!. Maldito viejo…

¡Ven aquí!

Había caído en la trampa. Me alejaba entrando en el bosque. La ventisca de nieve me acompañaba en la treta.

Una vez que estuve bastante alejado del poblado, me agaché como si me encontrase enfermó.

-Ayuuda ¡ahg! ¡ahg!. ¡Ayúdenme!.

Apoyé la piqueta en el suelo y la cubrí con nieve. Me incliné apoyando la otra mano en el suelo.

-¡OIGA! ¿Es que no me oye anciano?

Cuando sentí sus pasos cerca conté hasta tres.

Una, dos… tres!

Agarré la piqueta con todas mis fuerzas y me giré tan deprisa como pude.

Se pudo oír el crujido de su cuello en todo el bosque. No pudo articular palabra.

Cuando quiso darse cuenta ya era tarde para él. Convulsionaba y gorgoteaba sangre a medida que sacaba el pico de su cuello.

Sus carótidas seccionadas vaciaban su cuerpo de vida.

Tiré al tipo al suelo. Cogí su arma y su cuchillo. El casco de kevlar y los guantes. Ésto empezaba a tomar una forma aceptable.

Cogí el cuerpo, lo arrastré hasta un árbol y lo dejé apoyado como si estuviese dormido. Lo cubrí con hojas y nieve parcialmente para ocultar la sangre.

Me acerqué a la puerta. Escuché unos instantes. Se oían pasos pero no palabras. Puede que estuviese un hombre solo. Llamé a la puerta y me oculté en un lateral.

-¡¿Qué quieres tío?! . ¿Ya te has cansado de estar ahí?. ¿Oye?.

La puerta se abrió. El sonido seco de los cerrojos aceleró mi pulso.

-Está bien, te haré el relevo mariconazo. A mí un poco de frío no me acojona.

En media hora te quiero de vuelt….

¿Joan? ¿Qué cojones haces ahí?.

Otro que mordía el anzuelo. Según se alejó unos pasos de la puerta, me acerqué a él .

La piqueta se clavó más de quince centímetros en la espalda de ese hombre. La saqué y le día una patada frontal en la parte baja de su lumbar. Cayó de frente y yo resbalé e hice lo mismo de espaldas.

El cabrón se retorcía.

Me levanté tan rápido como pude. La piqueta había salido despedida. Tenía que fulminarlo o empezaría a gritar.

Me subí encima de su espalda , atrapando sus piernas dobladas. Agarré su frente con las dos manos y tiré fuerte hacia atrás .

Creo que las cervicales que le rompí se llamaban Atlas y Axis.

Clavó la cara en la nieve. Uno menos.

Éste no iba armado. Le cacheé y no llevaba nada. Agarré sus tobillos y lo arrastré lejos de la vista. Saqué el cuchillo del primer tipo y me acerqué a la puerta.

Dentro de veía el pasillo. La escena dejaba una imagen bastante triste.

Una abatida Maika estaba de rodillas. Llevaba las manos y tobillos atados con bridas . El barro, la nieve y la sangre componían un untuoso manto. Dos hombres yacían en el suelo. Degollados, ejecutados delante de ella y de los pobres civiles del pueblo. Alguno de los puestos permanecía abierto, con sus ocupantes acobardados. Tapándose los oídos con las manos y mirando al suelo. Deseando que todo acabase . Aquella pesadilla.

Podía haber sacado el arma y haberme cargado a esos dos desde aquí. Pero si fallaba. Maika moriría. Además no soy muy buen tirador. Lo mío son los filos..

Tenía una situación comprometida. Los dos que restaban si estaban armados. Seguían tratando de sacar información a Maika.

-Parece que vamos a tener que empezar a matar a todos éstos civiles de mierda para que hables…

Tú, vamos, trae algún tendero de éstos.

Mi oportunidad..

Me colé en el puesto que estaba más cerca. Me quité el casco y me agaché junto a la mujer que despachaba en la parrilla.

Comprobé que el arma estaba cargada , quité el seguro y tiré de la corredera.

-Vamos tú.¡ Vente conmigo!

Le hice una señal a la mujer para que quedase quieta. Le susurré:

-Tranquila, deja que se acerque.

-¿Es que te pasa algo en las orejas?

¡VEN AQUÍ BASURA !.

El hombre se acercó hasta el mostrador de la caseta. Se incorporó para coger a la pobre muchacha del brazo. Entonces lo hice:

Coloqué la pistola contra su cuello desde abajo.

-Ssssssssh ni un ruido. Tira el cuchillo y este la vuelta o te reviento la cabeza.

-Trr, Tranquilo. No te preocupes.

-Vamos ,¡Camina!.

Le llevaba a punta de pistola desde atrás.

-¡Alejate de ella!. Tira ese cuchillo y tú arma del cinto. Coge la culata con la mano izquierda y la tiras al suelo.

-¡JODER! Pero… ¿Quién tenemos aquí?..

Maika, ¿éste no es amigo tuyo?

-¡Maldito hijo de puta! Tienes suerte de que esté atada..

-Maika, luego te lo explicaré . Yo no maté a tu tío.

La cara de Maika era un poema, seguía creyendo que yo había matado a su tío, pero ahora estaba ayudando a su gente contra los hombres del bosque. Su incredulidad era evidente.

-JaJaJaJa. ¿Tú eres el mequetrefe que le cortó el dedo a Iosip verdad?

Mi cara ahora era un poema también.

-¿Qué sabes de Iosip? Y.. ¿Por qué queréis la carta de Sarcev?

Ahora ,las caras de todos representaban un puzzle de sorpresa y de confusión.

-¿Qué sabes tú de esa carta?

-Puedo decirte dónde está si dejas tu arma en el suelo y os marcháis de aquí.

-Supongo que estás aquí porque habrás acabado con los dos de fuera..

El tipo se veía nervioso, le temblaban las manos y miraba al hombre que yo encañonaba continuamente. Algo tramaban. Es posible que esperasen algún refuerzo.

-Venga, danos la carta y sólo la mataremos a ella, o puede que a tí. Iosip pagaría bien por echarte el guante.. pero ella puede… Bueno . Puede darnos algo mejor que la comida y el licor pasado de Iosip. Ya me entiendes..

El muy desgraciado estaba pisando un terreno complicado. En la cabeza de Maika , ocurría un torbellino de recuerdos y de sentimientos olvidados.

El hombre me miraba y sonreía . Sus dientes amarillos y desgastados, daban bastante asco. Maika atada de rodillas me miraba. No sabía qué pensar de mí.

-Está bien. Os daré la carta y me iré . No me importa lo que la pase a ella. Sólo quiero irme y seguir mi vida solitaria.

-JAJAJA .. Claro..danos la carta y vete…

Los dos se miraban, Maika me miraba a mí y yo miraba al suelo.

-Lo siento Maika. Entiende que no es mi forma de ser.

Metí la mano izquierda en el bolsillo, saqué la carta del coronel. Llevaba un sello algo extraño.

La dejaré en el suelo y me iré..

Me agaché, el tipo de enfrente bajó bel cuchillo y lo apartó del cuello de Maika.

La miré y la guiñe un ojo, ella giró la cabeza hacia el que tenía al lado.

-Aquí la pong…

Según el tipo que estaba más cerca de mí se giró, pegué el arma a su cara y disparé. Tres veces. Maika se levantó como pudo y empujó al otro que no sabía muy bien qué ocurría.

Había sesos y sangre por toda el suelo.

Acerqué lo suficiente para apuntar bien. Le metí dos balazos al otro en las piernas.

-¡NOOO! ¡AGGG! ¡Cabrón!

-Dime,si no quieres que te colguemos de un pino, ¿Qué queréis? ¿Qué dice la carta?

-¡Qué os jodan!! No voy a decir nada . Podéis matarme si queréis.

-¡Uy ! Qué va… Matarte.. no. Tenemos mejores planes para tí.

Resulta que si nos lo montamos bastante bien, podemos entretenernos contigo. Yo voto por atarte a un tronco y abrir tu estómago, desparramar tus tripas y esperar a que el olor de tus entrañas atraiga a algún animal.

Solté las bridas de Maika con mi cuchillo.

Se levantó mirándome con odio. Como la mujer a la que acaba de rechazar por su amiga más fea.

Se pasó los dedos por las muñecas.

-¡Habla!

Maika le dió una patada tremenda en sus testículos.

-¡DIOS! ¡VALE!

Hablaré pero luego dejarme ir por favor. Dejarme huir de aquí.

-Tienes mi palabra.

-Está bien.. La carta era de Iosip. La perdió en el pueblo y sabía que la tenía Sarcev.

-¡¿Qué pone en esa carta?!

-No lo sé. Mis órdenes eran traerla de vuelta al campamento. No sabemos anda más.

-¿Campamento? ¿Qué haces tú en un campamento con Iosip?

– El llegó hace unos meses junto con otro. Un tipo con bigote. Decían estar perdidos. Los aceptamos. Sabían mucho y para nuestras … actividades, nos venían bien. Pero la cosa cambió al poco tiempo. Iosip y el otro llegaron con un grupo de hombres. Las malas lenguas decían que tenían emisoras,¡ walkies! ¡Qué locura!.

Maika me miró. Para ella todo ésto era nuevo y para mí en parte.

-¿Dónde está Iosip?

-Nadie lo sabe. Se rumoreaba que venía siempre del norte. Desaparecían uno días y volvía de allí. Luego sabemos que estuvo aquí en el pueblo. Nos dió orden de no atacar al pueblo mientras él estuviese aquí.

Maika lloraba de rabia. Sus puños se cerraron hasta cortar su sangre.

-¡MALDITO!!

Cogió el cuchillo de mi cinturón y acuchilló al hombre. No menos de treinta veces. Parecía absorber su energía con cada puñalada.

-Está bien Maika.. tranquila.

-¿Tranquila? Debería matarte ahora mismo. Tú suerte es que me haces falta para saber qué coño está pasando..

-Iosip era un infiltrado. Doblemente por lo que veo. Engañó a tu tío , venía del poblado de los hombres del bosque. A su vez los engañó a ellos. La cuestión es que el sitio de dónde realmente viene, es posible que tengan algo de tecnología y electricidad…

Sea lo que sea , está en el norte.

-Bien, voy a preparar mis cosas. Tengo un viaje que hacer.. ¿Te vienes?

-No tengo nada mejor que hacer.

Por cierto, vamos a ver qué pone en la carta…

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte