Capítulo 18. Sobre caos y venganza.(Flashback)

Capítulo 18. Sobre caos y venganza.(Flashback)

Un poblado masacrado provoca una violenta reacción en Azrael. Su instinto de supervivencia es desplazado por el de venganza.

“El desorden llega del orden, la cobardía surge del valor, la debilidad brota de la fuerza”.

Sun tzu

Anochece. La luna, tenue y distraída, no será mi compañera de fechorías. Ésta noche no.

La oscuridad , casi completa, difumina el bosque con el miedo. La niebla toma su lugar. Acostada, en su lecho de manto helado. Hoy serás mi hermana.

Una pátina de odio me adormece el sentido. Embauca mi mente y la distrae de cualquier ápice de cordura. Puede ser mi muerte. Mi última decisión, morir o vencer.

Abrí mi bolsa de tela. Envejecida por el tiempo y su uso . Tantos kilómetros y tantas noches llevando mis pertenencias.

Había que pertrecharse. Siempre con cabeza. No quería peso extra , tampoco echar en falta algo en mal momento.

Cuerda, un par de metros. Mi pedernal, su rascador, algún pequeño cuchillo, una botella de agua, un par de latas de comida, vendas, antisépticos, antibióticos..

El equipaje para mis excursiones, siempre parecido, siempre diferente. Dependía de la disponibilidad de cada cosa , de cada momento.

Salir a pescar , una caña, anzuelos, cebo, pedernal, cuchillo…

Salir a vengarse era diferente. Debía llevar lo justo para poder enfrentarme a un grupo de hombres , también debía pensar en si tenía que escapar. Algo para mantenerme con vida si tenía que esconderme.

Me puse las botas , ceñí los cordones y los até con doble nudo. El pantalón metido por dentro.

Camiseta interior larga, de color verde. Limpia a ser posible. No quería aumentar las posibilidades de infectar una probable herida.

Jersey de obrero, gordo, que amortigüe . No se las veces que caeré al suelo.

Chaqueta de caza, oscura, de camuflaje marrón y verde. Hoy será usada para lo que está diseñada: cazar.

Gorro bajado hasta las cejas. Cuchillo afilado.

Comí algo de fruta y maíz de lata. Un par de bocados de jabalí.

Calenté agua en una taza metálica. Añadí café en polvo. Una buena cucharada. Lleva caducado el tiempo suficiente para que la etiqueta haya cambiado su color original. Pero de momento es estable en mi estómago.

Me senté en el borde de un de las máquinas de mi entrada. Una antigua excavadora.  Amarillo tornado en naranja y gris ,apagado por el tiempo.  Me quedé un rato observando las llamas. El fuego representa la furia. La ira. La potencia de la naturaleza. Ahora mi interior es fuego. Era la hora de hacer justicia.

Apagué el fuego. Vertí lo que quedaba de café sobre las brasas. Removí los trozos de madera y carbones que aún humeaban con la mano. Mis dedos se tiñeron de oscura ceniza y tizne.

Me apliqué el negro tinte por la cara. Debajo de los ojos y mejillas.

Me coloqué los guantes. Subí a la caseta a coger mi arco y las dos flechas que tenía.

Cerré la puerta. Tiré de la cuerda que acercaba la taquilla a la entrada. Bajé por la escalera. Ni muy despacio ni muy deprisa. Me sentía como un quinceañero en su primera cita, nervioso, cargado de ansiedad y de temor. Deseando que llegue el momento de coger de la mano a mi amada. Hoy tenía una cita con la venganza.

Tropecé con un cable, medio pelado . Lleno de barro y suciedad. Creo que me vendrá bien -pensé-. Lo enrrollé en mi hombro a modo de bandolera.

Antes de partir, antes de iniciar esa misión suicida, debía encontrarme a mí mismo . Dar un último aliento , una bocanada de aire relajado.

Miré la frondosidad oscura del bosque. Sólo mi candil y mi cuchillo , enfrentados contra la penumbra de la inmensa arboleda.

Miré hacia abajo, un charco formado sobre una chapa metálica llamó mi atención al reflejar mi luz. Mi rostro miraba con soberbia el agua de suelo. Mi reflejo, mi imagen. Cómo había cambiado…

Era básicamente el tipo de animal despreciable que antes hubiera odiado.

Mi bota pisó el charco con fuerza desplazando el agua, borrando el rostro de ese hombre vengativo.

Salí en dirección noroeste. Mi caseta se encontraba al sureste respecto al arroyo que cruzaba el bosque más profundo.

El cielo se había cubierto totalmente , sin estrellas, sólo me quedaba mi conocimiento del lugar. El musgo crece en la cara que da al norte de los árboles y rocas. Más o menos me servía de guía.

Llevaba un rato mirando al suelo, escamoteando en la niebla , palpando troncos, enfrascado en mis pensamientos. Tratando de no perderme. La humedad y el frío empezaban a mermar mi energía.

Mi candil se apagó, mierda. Debía haber traído otra vela. Piensa Azrael ..

Saqué el alcohol que llevaba como desinfectante. En cada domicilio que entraba, cada botiquín, siempre tenía uno. Pasarían muchos años antes de que hubiese escasez de alcohol.

Empapé unas vendas en alcohol, corté un trozo de cuerda y la pase por medio de las vendas haciendo de mecha. Acerqué el pedernal y usé el rascador para encender la lámpara..

La luz era más bien tímida y no duraría mucho.

La vegetación había cambiado, en ésta zona del bosque era más pobre en flores y estaba mucho más cargada de setas y de árboles sin hojas.

Me acercaba a una parte más al norte.

Aquí empezaba el territorio donde esos salvajes se movían habitualmente, cuando no estaban masacrando a otras personas.

El frío se hacía intenso. La oscuridad era abrumadora. No alcanzaba casi a ver el vaho de mi propia respiración.

Unos sonidos destacaban entre el silencio lapidario. Me agaché y presté atención. Si, algo se percibía a duras penas , era una conversación.

Con dificultad por culpa de la niebla, se conseguía intuir a dos hombres. Dos tipos que caminaban juntos. Uno de ellos llevaba un farolillo. La luz titilante de su vela era apenas un punto amarillo en la espesura de la niebla. Me acerqué perpendicularmente a ellos, flanqueando su paso. Necesitaba oír lo que hablaban. No quería atacar a unos transeúntes perdidos.

Apagué mi lámpara. La dejé en el suelo junto a un árbol , les seguí tan cerca como la niebla me dejaba.

– Menuda niebla tío. Hacía meses que no pasaba tanto frío.

-Es verdad. Estoy bastante harto de que nos traten como a imbéciles. Mientras tanto el jefe, viviendo a cuerpo de rey con esos aldeanos y ese Coronel.

¿Coronel? ¿Serían militares?, hacía meses que no veía ninguno.

Ni idea de quién era su jefe y mucho menos de con qué coronel vivía, me trae sin el menor cuidado.

-Siempre nos toca comernos los peores trabajos, tenernos haciendo rondas a éstas horas.. ¡Quién va a venir!, ¿El espíritu de los niños esos que quemamos?

-¡Calla! Tío a mi esas mierdas no me hacen ni puta gracia.

-¡Pues bien que te reías mientras atabas a la madre!

La verdad es que se nos fue la mano con el tema… ¿Era necesario matarlos a todos?

-Ya sabes que el jefe no quiere dejar vivo a nadie que sea ajeno a nuestra causa. Si no se unen por las buenas, hay que eliminarlos.

Las palabras de esos dos carroñeros llegaban a mis oídos y se transformaban en imágenes. Imágenes de niños muertos, de padres degollados, de niñas violadas..

…acabo de recordar por qué estoy aquí.

No podía acercarme demasiado. No los veía claramente y podían cambiar de rumbo o girarse y dejarme en una posición de desventaja.

Me situé en su espalda. A unos veinte metros. Lo tenía complicado con el arco ya que no se veía nada.

Un pitido traspasaba mi cerebro, de lado a lado. Apretaba la mandíbula , entre el frío y lo que acababa de oír, me castañeaban los dientes. Eran ellos , los asesinos de esa pobre gente.

¿Debería acabar con ellos? Si por el contrario los seguía, seguramente me conducirían a su asentamiento.

Contaba sus pasos, uno ,dos ,uno ,dos..

Caminaban muy tranquilos. Sincronicé mis pies con los suyos. A corta distancia, sin hacer más ruido que el que ellos hacían.

-¿Volvemos ya? ,Ellos nunca van a saber si hemos llegado al otro puesto. Podemos decir que vimos a los otros y que estaban bien.

-Me parece perfecto. Hubiésemos oído algo si las cosas se hubieran complicado.

-¡BAH! , Vámonos para el campamento.

Los dos se giraron y ahora venían hacia mi. No podía confiar en la niebla y que me vieses. Darían la alarma y los del puesto más adelantado me encontrarían.

Me tiré al suelo. Entre la maleza húmeda y helada. por un sólo ojo observaba a esos dos tipos pasar.

-¡Para tío! Me estoy meando desde hace un rato.

-¡Joder !¿De verdad? Meas más que mi abuela.

El primero de los dos se acercó a donde estaba yo tumbado. Se puso a mear en un árbol, a dos metros de mí.

-Date prisa tío. Me da escalofríos ésta niebla.

Me levanté sin hacer casi ruido. El meado dando contra el suelo era mucho más sonoro que yo.

Saqué el cable de mi hombro. Dejé el arco en el suelo y me aproximé por su derecha.

El tipo estaba canturreando una melodía absurda. Cuando estuve lo más cerca posible me avancé sobre él tapando su nariz y su boca. Accediendo a él por la espalda, pisé la parte trasera de su pierna y le obligué a caer de espaldas.

Coloqué mi pierna doblada ,dejando mi rodilla a la altura de su lumbar según caía.

¡CRACK!

Un giro de su cuello término con su vida. El mundo ganaba con ésta muerte.

-¡Termina ya tío! Se me están helando las pelotas..

¿Estás ahí?.

Recogí el cable del suelo y lo desenrrollé. El tipo se acercaba buscando a su amigo.

Bendita niebla.

-Dios, sabes que no me gustan éstas bromas..

Me quedé de pié, donde el muerto había estado meando. Ya podía distinguir la silueta del hombre entre la niebla.

-¡Joder! ¡Tío no vuelvas a hacer eso!.

Pero… ¿Tú quién eres?

-Soy el espíritu de los niños que mataste..

Extendí mi brazo hacia atrás y con toda la fuerza que me daba, proyecté el cable sobre la cara de ese infeliz.

El tipo no acertaba a articular palabra. Su cara, con un corte que la dividía en dos, era el semblante del miedo.

El latigazo había abierto su piel y de la herida emanaba sangre . Tanta que le tenía el chaquetón de pana.

Cargué el puño atrás y golpeé el rostro del sujeto. Mis nudillos astillaron la mandíbula del sujeto dejándolo fuera de combate.

Su cuerpo cayó como un edificio demolido porque ya no era habitable.

Desenfundé el cuchillo y lo clavé a la altura de su garganta. No mereces una muerte mejor alimaña..

Arrastré los cuerpos entre los arbustos. Me hice con uno de sus machetes y lancé el otro a la espesura.

Habían hablado de otro puesto de vigilancia más adelantado. Si quería correr el menor riesgo posible, debía eliminar a todos los que encontrase antes de ir a su campamento.

Seguí el camino hacia donde ellos se dirigían. Lo ocurrido con esos dos me había acelerado de mala manera. Dentro de mi ropa estaba sudando pero mis pies y mis manos estaban entumecidas por el frío. La niebla comenzaba a disiparse. Había perdido esa ventaja y tenía que modificar mis planes.No podía acercarme demasiado. Tenía que pensar bien como haría para no ser descubierto.

Al final del camino se veían a otros dos hombres. Tenían una especie de parapeto montado con maderas y chaoas. Como una barricada que les cubría de ataques frontales.

En uno de los laterales tenían una campana para dar la alarma. Si tenían enemigos a la vista, la harían sonar y todos vendrían a por mí.

Al menos ahora tenía visión suficiente para el arco. Podía dar a uno de ellos, pero el otro tocaría la campana y sería mi final.

Tenía que sacarlos de ahí. Al menos a uno.

Me cubrí detrás de un árbol. De tal forma que me permitía ver a los dos hombres. Vestían todos ropa militar, muy vieja. Me había fijado en que llevaban la ropa remendada y parcheada. Puede que hubieran conseguido esa ropa de algún cuartel abandonado.

Si tenía la puntería suficiente, podía buscar una distracción e intentar acabar con los dos . Dos flechas ,dos muertos. Las cuentas salían.

Busqué una piedra de pequeño tamaño, la puse sobre mi bota. Cargué el arco con la flecha, clavé la otra en el suelo.

Como me enseñó el cazador del asentamiento…

Será un homenaje a ese hombre. Es lo menos que puedo hacer.

Apunté al hombre que estaba más cerca de la campana. El tipo fumaba distraído. Se encogía en el cuello de su abrigo y tenía las manos en los bolsillos.

El otro estaba apoyado en una de las maderas de la barricada. Se los veía atentos pero cansados.

Tensé el arco. La cuerda crepitaba en mi oído. Lancé la piedra lo más lejos que pude. Tan lejos que cayó sobre el barro y no hizo a penas ruido. Por el contrario , al posar el pie con el que había tirado la piedra, pisé una rama y los dos se giraron hacia mí.

A la mierda.

Solté la flecha apuntando al pecho del primer hombre. Había calculado mal mi fuerza y se fue un poco por encima de mi objetivo y le impactó en medio de la cara.

El hueso del pómulo le crujió como una nuez . La flecha le destrozó la mejilla y le dejó ensartado contra la madera.

No me daba tiempo a lanzar de nuevo, había sido descubierto y el otro alcanzaría la campana con facilidad.

Salí corriendo en dirección a la caseta para llegar antes que él. Yo tenía más distancia pero ya estaba en marcha. Él seguía apoyado en la tabla.

El cabrón cogió velocidad rápidamente. Me quedaban unos veinte metros para llegar.

Él estaba un par de metros más lejos pero corría bastante más rápido que yo.

Cambié mi trayectoria de carrera y me desvíe hacia él. Me miró como el que ve venir al tren y no puede quitarse de la vía.

Embestí a ese cabrón con todas mis fuerzas. Aterrizamos en medio de la vegetación. Llenos de barro, empapados.

Rodamos en lo que era un abrazo de golpes y codazos. Intentaba agarrar mi cuchillo pero era imposible. Me encajó un golpe en la cara. Empecé a perder el norte.

Caí con la espalda en el suelo. Rodeó mi cuello con sus manos. Apretaba. Empecé a notar la presión . Mis ojos aumentaban de presión , el oxígeno comenzó a faltar en mi cabeza.

Un juego de luces azules y moradas se mezclaba con la realidad. Las imágenes de ese asesino se intercalaban con las de esa mañana. El poblado destruido, los niños quemados, la cara de ese hombre intentando ahogarme, la mujer sufriendo, la risa macabra de ese hijo de puta..

-¡Te voy a joder lo justo para dejarte con vida! Así podrás ver nuestro humilde poblado , ¿Es a lo que venías no?

Su voz se distorsionaba, mi sangre encontraba el fin de su camino en mi cuello , en sus manos.

Recuerda Azrael. Mientras puedas luchar, no es el final. Mientras puedas pensar, hay una salida. Sólo importa vivir. ¡Actúa!

Mis ojos se abrieron como los de una pantera en la noche, apreté mi barbilla y conseguí unos milímetros de espacio. Trabé su pierna con la mía y agarré una de sus manos. Giré su muñeca hacia fuera y con la otra impacté en su barbilla. Mi palma desplazó su cabeza hacia atrás violentamente. Aproveché el golpe para rodar sobre él. Mi golpe le había noqueado parcialmente. Intentaba resistirse pero mi furia había tomado el control. Golpeé su cara infinidad de veces. Directos, codos… Vi que dejaba de respirar y entonces paré.

El otro estaba convulsionando aún. Clavado contra la pared de madera.

Me acerqué , todavía recuperando el aliento, saqué la flecha y la guardé.

El cuerpo cayó y quedó a mis pies sin vida.

Recogí mis cosas y me fui en busca de completar mi venganza.

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