Capítulo.22 Orientado en el tiempo, perdido en el mundo.

Capítulo.22 Orientado en el tiempo, perdido en el mundo.

Un viaje peligroso, un destino desconocido, una prueba de supervivencia.

-Tampoco puedes ir sobrecargada- dijo Azrael, que observaba como una agobiada Maika hacía gala de su escueta paciencia.

-¿Acaso vas a llevar tú mis cosas? No, ¿Verdad? Tenemos que llevar bastantes provisiones.

Maika ultimaba su petate. Se afanaba en llenar una vieja mochila militar de raciones de emergencia. La lona del petate estaba a punto de reventar por las costuras.

-¡Cremallera de mierda! ¿Por qué no te cierras de una vez?

Todo su empeño se enfocaba en que la cremallera llegase al fin de su recorrido. La bolsa estaba repleta y a duras penas aguantaría muchos más embistes.

-Vas a hacer saltar el cierre – reprochó Azrael.

¿Crees que podrás llevar todo ese peso mucho tiempo?

-Te repito, que puedes meterte tus consejos donde te parezca. Ya soy mayorcita.

– Bien, me parece estupendo que lleves todo el equipaje que te apetezca. Cuando toque correr, caerás la primera y así tendré una oportunidad de salir airoso.

¡Joder!¿De verdad crees que nos hará falta ? Esa cantidad de comida podría alimentar a un pueblo entero.

-No te enteras de nada Azrael. ¿Acaso ves a alguien por aquí? ¿No te resulta extraño el silencio que nos rodea? .

Miré a nuestro alrededor . Sólo se oía el viento recorriendo las chapas y las esquinas de las casetas. Algunos cuervos empezaban a picotear los cadáveres.

-¿Dónde está la gente?

Parecía mentira que no hubiese reparado en que los habitantes de ese poblado no estaban. La misma gente que tenía una vida normal hace apenas dos días. Los tenderos, los niños, los cazadores..

-Están en lugar seguro, la ubicación no necesitas saberla. Puedes acompañarme si quieres o, puedes iniciar el camino al norte sin mi. Ya te alcanzaré.

Maika seguía en su intento de embutir demasiado contenido en esa mochila. Apretaba los dientes y maldecía. Cada vez que intentaba cerrar la cremallera, ésta se le escapaba y se volvía a abrir.

-Necesito saber algo más . Dime dónde vamos. Puedes fiarte de mí..

-¡Que me fíe de tí! Quítate eso de la cabeza. Tenemos un propósito común, nada más. Si no fuese por eso, habría intentado acabar contigo.-Dijo con aires de superioridad-.

Si tanta curiosidad tienes, sólo debes saber que había un plan de emergencia.. Teníamos una vía de escape. Un lugar donde debíamos ir en caso de emergencia. Sólo unos cuántos sabemos la localización exacta.

-Ya pero,¿ dónde está ese lugar?.

– Lo verás cuando lleguemos.

Me ponía enfermo. No sabía dónde quería llevarme. Ni siquiera sabíamos si habían llegado allí . Podían haberles atacado. O quizás aquel lugar también estaba en manos de los hombres de Iosip.

Maika , dándose por vencida con el petate, arrojó dos paquetes de comida deshidratada al suelo.

-¡QUE TE JODAN!. Ahí se quedan . ¡Vámonos!.

-¿Estás segura de que han llegado allí? Teniendo en cuenta sus posibilidades, si no los han cogido los hombres del bosque, lo habrá hecho algún animal. Hay muchas probabilidades de que hayan caído en el trayecto.

-Aquí contemplando tu cara no voy a averiguarlo. No pienso abandonar a esa gente. Mi tío juró protegerlos . Eran ciudadanos de nuestro poblado, son de los nuestros. Necesitan éstas raciones y medicinas. No puedo irme contigo sin saber si están bien.

Miré a Maika. En sus ojos se reflejaba un brillo que hacía tiempo que no veía en nadie. La mirada de una niña, la luz de quien cree que puede arreglar el mundo. Un brillo de esperanza y de inocencia.

-Está bien- Dije asintiendo.

Recogí los paquetes de comida que Maika había tirado. Los dejé sobre su mesa y salí de su caseta. Me giré en la puerta -iré contigo,pero no nos quedaremos allí mucho tiempo-. Maika me respondió con una mueca de desagrado. -Es lo que hay- dijo en voz baja.

-Antes de irnos, deberíamos registrar el despacho de Sarcev. Aprovechemos la luz del día , puede que encontremos algo. Quizás tú tío guardaba alguna cosa más. Algo sobre ese proyecto. Algo sobre esa gente..

-Hazlo tú si quieres. No pienso entrar a su despacho . Bastante tuve con verle allí muerto. No quiero recordar esa imagen todas las noches de mi vida.

Recorrí el camino de tablas que llevaba al despacho. La última vez que pasé por aquí, acababa de vaciar un cargador de pistola y luchaba por mi vida.

No había tenido tiempo de fijarme. El pueblo tenía cierto encanto ,si uno le dedicaba la atención necesaria, había detalles que lo hacían casi entrañable.

Las casas, aunque fabricadas en chapa y tablones, lucían ciertas decoraciones. Letras de colores y monigotes, daban un toque agradable a una realidad muy amarga.

Llegué a la puerta. El lugar se veía en otro tono. De día, la madera reflejaba la luz del sol, del poco sol que llegaba, y dotaba de luminosidad el pasillo central que distribuía las casas.

No estaba cerrado. Abrí con cautela, no sabía que cosas habían podido ocurrir desde que me escapé hace dos días.

El cuerpo del Coronel no estaba. Supongo que habrán oficiado algún entierro digno de ese hombre. Uno con honores militares. ¿Tendrán su propia bandera? Qué estupidez..

La sangre seguía en el suelo. Dando fe de lo ocurrido. Del macabro suceso. Un charco burdeos, seco. Absorbido por el suelo de tablones de pino. Una escena del crimen sacada de un thriller policial de los setenta.

Palpé las estanterías. Candelabros, botellas de agua.. nada reseñable.

El suelo crujió con mi paso. He de reconocer que la tensión del lugar se había apoderado de mi. No podía dejar de mirar el sillón donde encontré a Sarcev fiambre.

Me imaginaba la escena. Sarcev teniendo una discusión con su asesino.. o puede que lo matasen a hurtadillas -como yo pensaba hacerlo- .

Levanté su colchón, una nube de polvo correteaba por los haces de luz que entraban por las ventanas. Quité las sábanas. Desenfundé la almohada.

Abrí cada cajón del mueble que flanqueaba su dormitorio. Una tabla hacía de cabecero. Aislaba de ruidos la parte donde el Coronel apoyaba su cabeza.

No se que fue. Pero algo me dijo que mirase ahí. El suelo tenía pequeñas virutas de madera. Metí la punta de mi cuchillo en el borde e hice palanca entre la madera y la pared de troncos.

Premio..

En el hueco que pude abrir, se intuía algo que no debía de estar ahí. La rendija dejaba entrar algo de luz, aunque débil, destacaba en la oscuridad algo blanco. Parecían hojas arrancadas de un cuaderno.

Vaya. No me cabía la mano . No llegaba a alcanzar lo que fuese que había ahí guardado.

La curiosidad me estaba matando. Intenté meter el brazo sin éxito. Tiré del cabecero. Estaba muy bien anclado y se traía consigo parte de la pared.

-¡Maika! ¡Ven rápido! Necesito que me ayudes con ésto.

Maika entró en la habitación, miró la silla de reojo y pude notar su piel encogerse. Agachó la cabeza y continuó hasta la parte que hacía de alcoba. No pronunció palabra. En lugar de eso, hizo un gesto alzando su barbilla.

-Creo que hay algo detrás del cabecero. No puedo meter la mano y con el cuchillo no llego. Pero ahí hay algo.

Se asomó incrédula. Pegó la cara a la pared y guiñó el ojo. Me miraba sin querer darme la razón pero sabiendo que la tenía.

-Creo que mi brazo si llega. Tira del cabecero y yo meteré la mano.

La situación se puso tensa. Ella se metió debajo de mí. Yo tiraba de la madera. Me apoyaba contra la pared para poder hacer más palanca con mi cuerpo. Ella se esforzaba por meter el brazo todo lo posible.

-Un poco más.ya casi llego..

¡Lo tengo!.

Sacó el brazo rápidamente. Sin mirar a nada más que a lo que tenía en las manos Habíamos encontrado una serie de hojas. De tamaño cuartilla. Parecían arrancadas de un pequeño cuaderno escolar. En ellas, se podían leer algunos apuntes.

Párrafos, datos , números…

Maika miró las hojas y salió fuera. Me desplazó de un codazo. Corrió tan rápido que cuando la alcancé, estaba sentada en el porche de la caseta. Pasaba las hojas con rapidez. Las veía una y otra vez. Con cada hoja que revisaba, abría más los ojos. Esos ojos grises.

-¿Qué tenemos? Pregunté.

Maika alzó la vista y apretó los labios- parecen apuntes de mi tío-. Deben ser las comunicaciones que pudo escuchar. Éstos datos pueden darnos alguna oportunidad.

En su cara algo había cambiado. Su tono se había vuelto un poco más cálido. No digo que hubiese recuperado la ilusión de vivir , pero al menos teníamos algo.

-Déjame ver- Quise coger las hojas de su mano. Ella las sujetó con fuerza. Me miró con el rabillo del ojo y sonrió disimuladamente. – No las pierdas- dijo con un tono de madre. – Si las vas a cuidar como a tu mapa, estamos listos-.

Vaya, parece que su lengua es tan afilada como su cuchillo.

Repasé las páginas varias veces. Horarios, nombres, ubicaciones.

Romeo uno, Alfa trece, Tangos a la vista, Águila uno, Foxtrot uno para Julieta..

Esas comunicaciones tenían un origen militar. Sólo había que descifrarlas. Había horas apuntadas en los lados de cada comunicación. ¿Cómo había podido saber la hora?

-¿Sabes si el Coronel disponía de un reloj?

Maika me miró fijamente. Con la mano señalaba el tejado de la caseta.

-Da la vuelta a la pared trasera-Dijo.

Giré alrededor de la caseta del Coronel. Era la más grande de todas y la que estaba más escondida. Al final del corredor de las viviendas. En la parte trasera, pegando casi a la roca, había una escalera. Una serie de travesaños que sujetaban un par de mástiles. Clavados y atados de forma que pareciese segura de verdad. La apoyé en el tejado. Unos dos metros de altura que subí empujado por la curiosidad…

Vaya…. -Tu tío no era precisamente un ignorante- dije con cara de asombro.

El Coronel Sarcev, haciendo gala de su exquisita preparación militar, había construido un reloj de sol en el tejado.

Me imagino al gran Sarcev , subido aquí arriba, escuchando las conversaciones de esa emisora y tomando apuntes. Reconozco que de haberlo matado yo, me hubiese sentido bastante mal.

El reloj marcaba una línea Clara. El Sol sale por el éste y se pone por el oeste. Había hecho la partición de las horas según la estación. Todo un superviviente.

Leí bastante sobre eso. Alguno de los libros que encontré trataba sobre ese tema. La importancia de orientarse en el tiempo. Bajé por la escalera. Maika me mostró unos datos interesantes.

Charlie uno, si novedad.

Mike dos , recibido. Puede volver.

Charlie dos, saliendo de base .

Las comunicaciones eran claras. Tenían un sistema de rondas. Hablaban de zonas, fases y Tangos eliminados.

Más o menos cada dos horas abrían y cerraban las rondas. Si esa batería hubiese durado más…

-Bueno, ¿Cuál es el plan? Dijo Maika con los brazos en jarra.

-Por las comunicaciones , veo que disponen de bastante personal. ¿Tú crees que podemos reclutar más gente?

-Ahora te parece buen plan buscar a los míos ¿verdad?. Podemos llevarles los pertrechos y convencer a alguno de ellos. Puede que se apunten un par de hombres.

Maika fue directa a la casa de Sarcev. Cogió su cuchillo y se agachó en la entrada. Cuando mi tío murió, enviamos a la gente al refugio. Ellos se llevaron algunas armas. Luego vinieron los del norte y nos robaron el resto. Pero como bien sabes, mi tío nunca daba una puntada sin hilo..

Metió la hoja de su cuchillo Rui de buceo entre dos tablas. Apalancó con fuerza y una de ellas cedió. – Ayúdame -.

Corrí a levantar la tabla junto con Maika. Dentro del hueco, había una bolsa negra. Parecía una funda de palos de golf. -¿Vas a ponerte a jugar ahora?- Le dije con curiosidad.

Pero dentro había algo más divertido..

¿Alguna vez has usado un arco de poleas? No tiene nada que ver con esa mierda que tienes a la espalda…

Sonrió mientras me daba uno de los arcos. Era increíble. Al menos medía un metro cuarenta. -Nunca había usado algo así-.

-Coge tus cosas. Tenemos un largo camino.

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte