Capítulo 24. Una venganza eterna (flashback)

Capítulo 24. Una venganza eterna (flashback)

Azrael encuentra a los culpables de la masacre que asoló un pueblo inocente.

La claridad aumentaba. Los colores del bosque ya eran perfectamente perceptibles. En menos de dos horas sería completamente de día.

El cansancio empezaba a ser un lastre. Saqué unos trozos de fruta de mi mochila. Mientras recobraba algo de energía, podía ser consciente de lo que estaba haciendo. Un haz de cordura me enfriaba la mente. Como asomarse a una ventana en pleno invierno. ¿Estaba seguro?.

Mis pies se detuvieron, la lógica me frenaba en seco. Podía contar mis latidos. No había nada más.

Entonces, llegaron de nuevo a mí esas imágenes. Los inocentes otra vez me empujaban a la locura..

-Puede que muera – pensé. Pero sabía que quería hacerlo. El mundo no será para esos monstruos. Ni siquiera estando en ruinas.

El verde de árboles y arbustos comenzaba a destacar de la negrura .Si me entretenía mucho más tiempo, no podría cobrarme mi venganza,la luz haría de mi tarea un trabajo complicado.

Colgué el arco en mi hombro y guardé las flechas. Aunque el frío entumecía mis manos, éstas me dolían terriblemente. La lucha con ese tipo me había dejado tocado. Por un momento dudé de mis capacidades.

Recorrí el camino en sentido contrario. El repetitivo uso de esa senda había marcado la dirección a su asentamiento. Al menos ahora tenía un tipo de cobertura deferente. Las aves graznaban y emitían sonidos , todos ellos diferentes según la especie, componiendo un coro exquisito que me regalaba una preciosa banda sonora. Un conjunto de ruidos de la naturaleza que cubría mis pasos.

Estaba cerca. El olor a lumbre y a comida me avisaba de la cercanía. Caminé despacio, poniendo todos mis sentidos al máximo. Podía oírlos. Avancé escondido entre los matorrales. Me coloqué justo delante del acceso al campamento. Captaba algo de movimiento.

Un tipo, un hombre alto y corpulento, guardaba la entrada al campamento. Se desplazaba en un radio de un par de metros. Llevaba un arma. No alcanzaba a distinguirla, pero era una nueve milímetros seguro.

Habían construido empalizadas de troncos y habían rodeado el lugar con ellas. Decenas de pinos cortados servían de protección a esos cabrones. Dentro, se intuían tiendas tipo canadiense y una espece de cabaña en el medio.

Nada apuntaba a que echasen de menos a los otros. Estaban tranquilos.

Había eliminado a cuatro, pero no cuántos quedaban. Necesitaba observar ese sitio un poco más. No quería asomar la cabeza y que me cogieran por no haber visto algún guardia.

¿Cuantos hombres destinan a cada lugar? No tenía tiempo de averiguarlo.

Entrar y salir. Ese era el plan.

Saqué la botella de alcohol de mi bandolera. -Joder,casi no queda- .

Empapé las gasas con el líquido que quedaba. Envolví la punta de la flecha con ellas y las até con un trozo de cuerda. El alcohol goteaba por toda la flecha.

Tenía una hoguera cerca, pero no llegaría allí antes de que me disparase.

-Entrar y salir- Me repetía en voz baja.

Cargué la flecha. Puse una rodilla en el suelo y apunté al gordo de la entrada. Si fallaba ese tiro , merecía que me capturasen.

Cerré los ojos con fuerza. La imagen de esas personas masacradas volvió a mí.

-¡FSSSSSSSHHHHTT!

El lamento del aire ,surcado con mi flecha , marcaba el punto de salida, el inicio de la venganza. Una misión suicida que segaría todas las vidas posibles. Ya no había marcha atras.

La flecha se clavó en su estómago, sus ojos se abrieron y sus manos se juntaron sobre la herida. El tipo cayó de rodillas, doblado por el dolor, miró hacia la entrada buscando al lanzador.

Menudo cabronazo, no había tocado el suelo y ya había sacado el arma.

Su chaleco y su enorme tripa habían absorbido parte del impacto.

Se retorcía, con las rodillas clavadas en la arena, gritaba de dolor, me miraba con la locura escrita en sus ojos. Una locura asesina.

Para cuando quiso verme, ya había iniciado mi carrera. Me impulsé tan rápido como pude en dirección a la fogata. Mis botas resbalaban con la arena y eso me retrasaba. Perdía tracción a cada paso.

Un pequeño manojo de troncos y ramas , ardían en medio de un círculo de piedras. Sobre el fuego, crepitaba un antiguo caldero en el cuál se cocía algo.

Llegué a la altura de la hoguera,me lancé al suelo, sin miedo. Agarré una de las maderas. Quemarme no me importaba . El frío, que entumecía mis dedos me daba un pequeño márgen de tiempo. Un par de segundos de ventaja sobre el dolor del fuego.

El caldero rodó por el suelo vertiendo todo el contenido. Me incorporé lo más veloz que sabía. Una mano en el suelo ,la otra equilibraba mi movimiento. Ahí estaba..

Apuntaba hacia mí. El arma tenía una trayectoria clara .Ese loco buscaba tenerme entre el alza y la mira.

Lancé el madero en llamas contra ese hombre, la rama giraba en el aire dejando una estela de humo y pavesas.

Se oyó un disparo. Después , silencio..

El mundo se había parado. La vida pasaba a cámara lenta, los sonidos llegaban a mis oídos como si viniesen de muy lejos.

Caí al suelo. Rodé hacia donde estaba el tipo con la pistola, entonces lo vi. Por suerte para mí, el gordo había fallado el tiro.

Una masa de fuego envolvía su cuerpo. Gritaba y se sacudía la ropa y las piernas. El alcohol estaba haciendo un gran trabajo.

Se llevaba las manos a la cara y trataba de cubrirse inútilmente. El calor del fuego abrasaba su piel y derretía sus pulmones.

A sus pies quedaba el arma. Me agaché rápidamente y me hice con ella, rodé hacia la puerta y me eché hacia atrás unos cuantos pasos, la carrerilla era suficiente.

Corrí hacia él con toda la fuerza que podían dar mis piernas. La percepcion del movimiento era extraña. Parecia por un momento, que yo estaba quieto y que el mundo giraba con mis pasos.

Grité con toda mi rabia. Cargué la pierna todo lo atrás que pude y cargué mi peso en la otra. Cubrí mi rostro con los brazos.

Una gran patada. Frontal ,en el punto exacto. El impulso de mi pié sobre su pecho había desequilibrado al enorme tipo y le proyectaba hacia detrás.

Derribó la puerta. Una nube de astillas,fuego y polvo penetró en la casa.

-TOC TOC- Dije en alto.

La cabaña , se dividía en tres partes. La cámara principal y dos habitaciones.

El disparo , había despertado a un sujeto que estaba en el interior. Visiblemente alarmado, salía de la habitación subiéndose los pantalones. Descerrajé dos tiros a la altura de su pecho. La sangre había salpicado las paredes y ahora formaba un charco oscuro bajo su cuerpo.

Alcé la mirada y encontré a un segundo hombre. Trataba de salir por la ventana. -¿Donde vas? ¿Acaso tratas de huir de tu castigo?-

Se giró al oír mi voz. Justo a tiempo para verme sonreír. Apreté el disparador otras dos veces. Se agarró al marco y a duras penas conseguía no caer al suelo. Los dos disparos había destrozado su espalda.

Agarré su cabeza por el pelo y tiré de él. Le arrastré unos metros al lugar donde yacía el animal de la entrada. Su cadáver ardiendo estaba llenando la cabaña de humo. El fuego se empezó a propagar por los muebles.

-¿Tienes miedo de ir al infierno?-le pregunté.

El tipo me miraba. El dolor de las balas alojadas en su espalda , no le impedía ser consciente de lo que estaba ocurriendo allí.

La noche anterior, cuando se fuese a dormir, no podía imaginar ni por asomo el despertar que le esperaba.

Tumbé su cuerpo contra el cadáver en llamas. Levanté la pierna y pisé su pecho, apoyé todo mi peso sobre él.

El fuego se cebaba ahora también con él. Devoraba su ropa y su pelo, después su piel. Hasta que dejó de moverse.

El humo del fuego y la pólvora, hacían que mis ojos llorasen. Se me entrecerraban y me costaba ver nada.

Supuse que era el fin. Mi venganza ya estaba cobrada. Aunque seguía vacío.

Me acerqué a la puerta, las llamas empezaban a extenderse por las paredes.

La casa de madera sería la tumba de esos tres. Ahora el mundo era un poco mejor.

No había puesto un pié fuera, cuando una voz llegó a mis oídos. Parecía la de una muchacha.

Abrí la puerta de la habitación, tuve que apartar el cuerpo de uno de esos desgraciados que allí vivían.

Con dificultad, entre toses y lágrimas, alcancé a ver a una chica. Desnuda, temblando, con la cara que tiene alguien que se había dado a sí misma por muerta hace tiempo.

Me miraba fijamente, tapando su boca con un trozo de sábana. El aire era irrespirable. La madera de las paredes alimentaba al furioso incendio.

-¡VAMOS!- le dije extendiendo mi mano.

Ella negaba con la cabeza.

-¡SAL! Aquí vas a morir..

Ella alzó sus manos. Unos grilletes policiales la condenaban a la estructura de la cama.

Salté sobre el colchón, tiré de las esposas todo lo fuerte que pude. Pateé el somier y la reja de la ventana. No hubo manera de liberarla.

Dejó su cuerpo caer de rodillas. Por un momento. Ella había recobrado la esperanza.

Había creído en un mañana. Seguramente ahora estaba recordando a sus seres queridos. Esos que se fueron cuando la tormenta. Con los que se reuniría pronto.

Por un segundo , el humo desapareció entre nosotros. Me pareció verla con toda claridad. Sus ojos, me miraban como al perro que salva a las ovejas del lobo . Al menos, no había muerto a manos de un salvaje.

Me acerqué a la puerta de la habitación, no tenía forma de liberarla, levantó la cabeza por última vez y sonrió, después agachó la mirada .

Ya rendida a su destino, entre toses y bocanadas de humo, la oí decir algo..

-GRACIAS-

Apunté el arma hacia ella y disparé.

Salí de ese infierno de llamas y muerte. Sin mirar atrás.

Ya no sentía frío, ya no sentía odio. Simplemente aprendí que la venganza nunca termina. Es algo que aceptas y que vive para siempre dentro de tí.

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