Capítulo 25. El llanto del más fuerte.

Capítulo 25. El llanto del más fuerte.

Maika y Azrael se enfrentan a una desastrosa situación que pondrá al límite a los supervivientes.

– Siempre creí que llorar me hacía débil, entonces te vi nacer ,y comprendí , que esas lágrimas me convertían en hombre –

La nieve cae sin tregua. Con la suavidad de la seda, los tejados de la ciudad de San Petesrburgo , se van cubriendo, poco a poco, de manera disimulada, el blanco de los tejados embellece una ciudad ya de por sí hermosa. El hielo, acumulado sobre los adoquines de granito,hace complicado caminar por las aceras. La inpracticable conducción, ha vaciado las calles de coches. Los peatones , unos pocos valientes que enfrentaron el frío, tapan sus rostros y se cubren con sus bufandas, luchando contra el aire helado de la madre Rusia.

Las farolas, dispuestas en hilera, bordean las aceras de una gran avenida. Tenues , arrojan un soplo de luz cálida que a duras penas tiñe los copos más cercanos.

Al final de la calle, oculta tras un enorme tapiado, una lujosa hacienda, alberga y da cobijo a un hombre. Alexander Vintila. Para algunos, un exitoso empresario, magnate de las exportaciones y la bolsa. Para otros, un mafioso despiadado. Un hombre sin tapujos ni escrúpulos que posee acciones en todo lo relacionado con las armas. Un hombre peligroso. Un señor de la guerra.

A través de los cristales, entre los copos de nieve , se divisa a un Alexander pensativo. Camina con los ojos cerrados. En la estancia se oye réquiem de Verdi a todo volumen. Las ondas rebotan contra las paredes de mármol y estuco.

Alexander ,sujeta una copa de brandy francés, servido directamente de una botella lujosa y excesivamente cara. Obsequio de sus socios europeos en su última reunión.

Paladea el cálido licor, las notas de música se asocian al intenso sabor de su bebida, se siente realmente bien, camina por la alfombra, recorre el veteado que luce el tapiz de lana, cierra los ojos y mueve sus manos como si dirigiese la orquesta que toca esa pieza.

-Señor Vintila- Interrumpe un mayordomo.

-Señor, ya está aquí su visita-

Alexander abre los ojos y se gira hacia la puerta.- Gracias , Humbert, puedes dejarle pasar- Alexander bajó la música del vinilo y se sentó en la silla. La piel que forraba el mueble, crujía bajo su traje de seda del Nepal.

-¡Señor Alexander!- Zmei Novisech, dueño de varias empresas y laboratorios dedicados al desarrollo de armas no convencionales, accede al gran salón donde le espera su anfitrión.

-¡Señor Zmei! Por favor,pase. Tome asiento.. le serviré una copa de brandy, es magnífico.-Alexander retiró el sillón de caoba para que pudiera sentarse- ¿Le ha costado mucho llegar? Siento lo de la nieve, si estuviese en mis manos, le hubiese preparado un día soleado…

Los dos se miraron y sonrieron. Zmei contemplaba un juego de jarrones japoneses. Sus ojos distraídos y su postura echado hacia delante denotaban intranquilidad.

-Zmei, amigo mío, dime, ¿ Qué te preocupa?Alexander se recostó sobre su respaldo mientras mecía el brandy. El movimiento hipnótico del líquido recorriendo el fondo del vaso transmitía una tranquilidad agradable.

-Es sobre el proyecto” Nuevo Amanecer “.. -Alexander dejó la copa sobre la mesa y alzó la vista.- Creemos que la tormenta puede ser detectada.- Explicó un preocupado Zmei. – Los electrones que enviáremos en dirección al sol, tardarán en hacer su trabajo. El Pentágono tendrá tiempo de sobra para dar la alarma-.

Alexander término su copa ,degustando hasta la última gota. Se levantó de su asiento, camino hasta Zmei y se apoyó en sus hombros.- Inicie el proyecto, complete el equipo “ABADON”, y avíseme cuando esté listo.-

-Está casi al completo – , Zmei sacó una libreta del bolsillo. Un listado de personas,lugares, puestos que desempeñaban. Aparecían tachados en su mayoría, menos un nombre. -El Coronel Sarcev, cerca de Georgia, aún no hemos contactado con él- Dijo Zmei cerrando su libreta.

-Vaya a verle, no quiero cabos sueltos. Si no acepta su propuesta, acabe con él y con todos los que pueda tener contacto, investigue cualquier cosa sobre ese hombre. Necesitamos alguien con experiencia y que sepa moverse en esos terrenos.- Alexander se aproximó a la antigua gramola, hacía rato que giraba sin emitir más sonido que el crepitar de la aguja en el borde del vinilo. Colocó de nuevo el brazo del aparato sobre la pista. Otra vez sonaba Verdi, más fuerte en ésta ocasión.

-Busque a ese Coronel, llévelo a la base Deepgreen e inicie el protocolo del proyecto.

Amigo mío, no se preocupe.. aunque detecten nuestra tormenta, nada podrán hacer. No estarían preparados ni con años de aviso previo.

Le estaré esperando en La Mina .-Dijo con tranquilidad, se sirvió otra copa de brandy y se acercó a la ventana. Quitó el empañado del cristal con la mano y miró por el hueco. Los copos caían sobre el marco de mármol , la música atronaba en contraste con la fragilidad de la nieve. Alexander miró el reflejo del cristal .

– Un nuevo mundo nos espera señor Zmei-

________ la actualidad-______

Seguí el camino que marcaban las huellas.

El hielo y la bruma, habían hecho del terreno un lodozal. El barro se acumulaba y daba forma a cada pisada. Las marcas de cada pié, se llenaban de agua formando un mosaico de espejos en el que observar un cielo plomizo.

Reparé en un detalle, algo me puso en alerta. Todas las huellas del centro del camino, estaban agrupadas, demasiado juntas. Por algún motivo, los dueños de esas pisadas se movían agolpados. Demasiado cerca unos de otros.

He ahí la respuesta..

Unas marcas de botas destacaban , diferentes a todas las demás, bordeaban el rebaño de refugiados por los laterales, sin mezclarse con ellos.

Tres pares de pisadas para ser exactos. Compartían el mismo calzado. Los tres individuos dejaban la misma marca,5.1.1.

Llevaba mucho tiempo sin ver esa marca de calzado, y mucho menos en tres pares a la vez.

Sólo podía significar una cosa, alguien bien uniformado ,acompañaba al grupo, de lejos, a una distancia prudente. Como un perro pastor con el rebaño.

Maika salió corriendo. Su efusividad e impaciencia, habían nublado su sentido de la supervivencia. Se había expuesto demasiado rápido, sin saber lo que encontraría más arriba. No quise gritar. Simplemente me acerqué despacio, entre los árboles. Oculto entre la vegetación que enfilaba el lateral del sendero.

Oí una voz. En ese momento , supe que algo iba mal. Realmente mal.

-¡NO TE MUEVAS!

Dos soldados armados, y muy bien armados, recibían a Maika con los cañones de sus armas dirigidos hacia ella. Otro soldado más, éste con un arco, guardaba la puerta de una cabaña.

Una serie de bungalows -que ,antiguamente ocuparían familias de turistas- ,componían una fila de unas quince casas. En el medio, una tienda de ropa de montaña y souvenirs. ” Deepgreen forest gifts” . Un gran letrero de madera indicaba la entrada de la tienda.

La más cercana a mi posición, una caseta con el tejado de pizarra y madera, servía de lugar de información y enfermería. La casa, tenía al tipo del arco como perro guardián.

Algo guardaban en su interior. El hombre, no dejaba de mirar dentro cada pocos segundos. Abría la puerta con el pié, se asomaba ,y volvía a cerrar.

Maika, disimulaba bastante bien. Era consciente de que yo estaba oculto, en algún lugar. Por su cabeza desfilaban mil ideas, una de ellas , la posibilidad de que me hubiese largado , abandonando a su pueblo y a ella . Aún así, se concentraba en hacer creer que había llegado sola hasta allí.

-¿Quién te acompaña?- preguntó un soldado con voz imperativa. -¿Por qué ibas separada del grupo?-

Maika guardaba silencio. Miraba a los ojos del soldado. Éste,llevaba la cara tapada casi al completo. Por una rendija de su pasamontañas, clavaba la mirada sobre la chica.

Ella , prefería guardar silencio. Sabía que su única posibilidad , pasaba por que yo estuviese cerca. Por que hubiese tomado la decisión de ayudarlos.

Aunque no fuese mi deseo más profundo, ésta vez no iba a marcharme. No quería sobre mi conciencia otra carnicería. Además, me mataba la curiosidad de saber quién estaba detrás de ésto.

Recorrí una zona frondosa que limitaba el perímetro de las casas. Necesitaba ver lo que ocurría, cuántos eran y qué posibilidades había.

Trepé por un árbol. El frío y el musgo del tronco me hicieron de la subida un trabajo bastante complicado.

Llegué a una rama lo bastante gruesa para aguantar mi peso, desde aquí se ve bastante bien -pensé-. Tenía ángulo para disparar el arco y era difícil verme desde abajo.

Divisaba a los dos tipos armados, el arco de Maika y su cuchillo estaban en el suelo. Ella, con los brazos doblados tras su nuca, mira con desprecio a los hombres que la detienen.

-Charlie cuatro para Águila dos, identificación positiva, es ella-

-Aguila dos para Charlie cuatro, estamos en camino. Mantenga con vida a la chica , los demás .. ya veremos lo que ocurre, corto

-Recibido, corto-

El soldado cortó la comunicación. Acto seguido ,avisaba al tipo del arco. Sin dejar de apuntar a Maika con el subfusil , silbó mirando hacia él.

-¡PSSTT! , Sargento, mire a ver si puede ayudar a nuestra “amiga” con su problema de amnesia- espetó el hombre al mando.

La tensión era axfisiante. Maika no dejaba de retar con la mirada al soldado que la custodiaba. Se sentía invulnerable, incapaz de que nada la hiriese. Ya lo había perdido todo, o casi todo..

El soldado del arco. Un hombre más que Atlético, enfundado en un traje de asalto negro, pasó al interior de la casa que custodiaba. Alguien comenzaba a gritar. Maika se quedaba atónita, la imagen que contemplaba, acababa de derrumbar su falsa impasividad.

La puerta se abrió de golpe. El soldado, salía de la cabaña llevando a rastras a una chica, una criatura que no alcanzaría los diez años. Agarrada por el pelo, la manaza de ese hombre, retorcía la preciosa melena rubia de esa niña.

Los gritos de la muchacha atravesaban el bosque. Los alaridos de terror sólo eran superados por los de su propia madre ,que lloraba histérica dentro de la casa.

Habían confinado a los habitantes del poblado de Sarcev allí dentro. Desde mi posición no alcanzaba a ver nada. Debieron interceptarlos en el camino -pensé-.

La situación sobrepasaba cualquier tipo de tolerancia humana. El soldado la arrojó con violencia al suelo. Ésta , con las manos atadas por un lazo policial, lloraba desconsoladamente. Su cara aterrada podía descomponer al hombre más recio. Los llantos de su madre me erizaban la piel.

-¿Con quien venías?- Gritó el soldado.

-Voy a preguntártelo otra vez, y en ésta ocasión, contaré hasta tres. Si tu respuesta llega tarde, la niña no llegará a mañana.

Montó su arma y puso el cañón contra la nuca de la chica. La niña temblaba. Lloraba y balbuceaba.

-Por favooor , nooo.

La madre ,llamaba a su hija con voz ahogada. Suplicaba por su vida- Cójame a mí- se intuía entre lloros…

-Venga guapita, es tu oportunidad. Una cosa, si sospecho que tu respuesta no es correcta, ejecuto a la niña delante de su madre- El soldado ,señaló con los ojos a la aterrada criatura.

-¿Dónde está tu acompañante?, Sabemos que alguien te sacó del pueblucho ese donde vives , de donde viene ésta escoria- Otra vez indicaba a la muchacha.

– Vale, empiezo a contar..

Uno..

Dos…

El arma del soldado disparó…

Un temblor sacudió cada célula de mi cuerpo. Una nube de sangre y pólvora emergió del cráneo de la pequeña. La niña, desfigurada por el tiro, caía muerta a los pies de Maika que lucía en su rostro la más pura desesperación.

Apretaba los labios, no sabría decir, si el motivo era la rabia o una insuperable pena. Ella había visto a esa niña cada día desde hace dos años.

Las lágrimas brotaron de sus ojos. Un trocito de su ser acababa de morir con esa criatura.

Los chillidos de la madre, ensordecían a los presentes. Los soldados se taparon los oídos. Maika cayó arrodillada. Un sabor amargo acababa de robarle las pocas ganas de vivir que le quedaban.

Pero la pesadilla no había terminado.

El hombre del arco volvió a entrar. Sacó a la madre de la difunta niña. La mujer trataba de mantenerse en pié. Estaba luchando contra una verdad para la que nadie está preparado. Había perdido a su pequeña.

Ahora era su turno. Si pudiera definir la crueldad máxima que he visto en un ser humano, era lo que estaba presenciando.

El sargento, dejó el arco en el suelo. Pegó una patada en la espalda de la mujer y la tumbó en el suelo. Junto al cadáver de su niña.

No podía ver la cara de esa pobre mujer, pero me la imaginaba.

-Sargento, voy a contar de nuevo. Quiero que cuando diga tres, meta una flecha en la espalda a ésta señora. Pero no la mate, quiero que siga viendo el cuerpo de su hija un rato más- Ordenó el hombre al mando.

Maika balbuceaba. Estaba cubriéndome. A pesar de la presión que tenía encima. Algo me decía que era el momento. Saqué una flecha. La puse en el arco , estabilicé mi posición lo máximo posible. Para ser tan grande , ese arco no pesaba nada. Tiré de la pluma, la flecha tensaba la cuerda de nilon. Las poleas aplicaban una tensión asombrosa sobre el arco.

-Venga ,otra vez…

Uno.

Dos…

Solté la flecha. El movimiento ,violento e inesperado, me hizo perder el equilibrio, resbalé sobre la rama húmeda, caí a la rama de más abajo. Conseguí agarrarme con mucha suerte. Mis costillas impactaron contra la rama. Sentía como se me rompía alguna de ellas. Un sabor metálico inundaba mi lengua.

El arco cayó al suelo. Al menos, mi flecha llegó a su destino.

Uno de los dos que estaban junto a Maika, recibió el flechazo de lleno. La punta metálica había destrozado por completo su clavícula y parte del esternón, había atravesado su torso.

Agonizaba en el suelo , daba arcadas sanguinolentas, el aire de sus pulmones se mezclaba con el plasma y se ahogaba poco a poco. Espero que sufriese de verdad.

Maika , aprovechó el momento y con gran habilidad, derribó al asesino de la pequeña. Agarró su cuerpo por la cintura y le proyectó contra el suelo. Quedaba así inconsciente.

En medio del revuelo, los asustados hombres y mujeres de la casa, salieron como pudieron para ayudar a su rescatadora. Se tiraron sobre el arquero , sin dar opción a éste de defenderse. Recuerdo verle en el suelo, inerte. Recibiendo patadas y pisotones de todos esos que vengaban a la muchacha.

Bajé como pude del árbol. Cada paso era peor que el anterior. El simple hecho de coger el arco hacía que mi costado ardiente en un dolor inaguantable. Caminé hasta ellos. Arrastrando mi pié izquierdo y tomando pequeñas bocanadas de oxígeno. Los colores empezaban a tornarse azules desde mis ojos. Solté el arco. Un paso más – pensaba- venga, ya estás ahí..

-¿Qué hacemos con el soldado? Está vivo.

-Atadlo, quitadle las armas y la emisora. Nos será de ayuda.

-Maika ¡mira! ¡El tipo del pueblo!

-Tranquilos, está con nosotros..

Caí delante de ellos. Los sonidos llegaban desordenados a mi cerebro. Un fino silbido me acompañaba constantemente.

-¡Hay que hacer algo! , Está perdiendo mucha sangre…

-Llevadle dentro. Debo buscar ayuda…

La pieza escuchada por Alexander Vintila.

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte