Capítulo 27.      De Los Nuestros.

Capítulo 27. De Los Nuestros.

Azrael y los del grupo están preocupados por Maika. Aún no ha vuelto.

Algún lugar de Deepgreen Forest. Hace unos años.

-¡Alto!¿Quién va?. No de un paso más. Dispararemos si se mueve-

El vigía de los hombres del bosque había visto acercarse a un extraño a su campamento. -Tranquilo- contestó el extraño con coleta. -Me llamo Markus, y , antes de que puedas lanzar una triste flecha con esa mierda de arco, deberías vigilar tu espalda.-

El vigía se giraba lentamente. Una mole de músculo y crueldad, se había situado detrás de él , ni siquiera le había oído. -Él es Iosip- Aclaró Markus al vigía.

-Sólo queremos hablar cotigo- . Iosip, apuntaba al vigía con su arma de fuego. -Deja el arco en el suelo- Dijo el checheno sonriente.

Soltó el arco en el suelo -eso también debes dejarlo- Iosip señalaba a un cuchillo de caza que el tipo tenía escondido.-¿Cómo lo habrá visto? -Pensó-.

-Ahora llévanos a tu campamento. Iosip irá detrás, por si te apetece hacer alguna estupidez allí.-Espetó.

-Está bien, es por aquí – Señalaba un camino entre los árboles con la mano. Recorrieron unas decenas de metros entre arbustos y follaje. El hombre, intimidado por la situación, miraba a todos lados constantemente.

Hacía unos minutos que había perdido a Iosip de vista, eso no le gustaba.

Llegaron a un claro. Entre unos cuántos árboles se intuía algo de claridad. Voces lejanas provenían de lo que parecían tiendas de campaña. -Espera aquí- Dijo el vigía.

-¡FUIIIIIIIII FUIIIIIIII!- Silbó un par de veces, un hombre salió de una de las tiendas y saludó al vigia. -No vengo sólo, pero tranquilos, todo controlado- Dijo avisando a sus compañeros.

Cinco tipos , con indumentaria variada. Diferente cada uno de ellos. Salieron a recibirlos. Armados con cuchillos y hachas, y lo que parecía un pico de obra. Mostraban total desconfianza con Markus.

-¿Quién es éste?- Gritó despectivamente uno de los hombres. -¿y , porque está aquí?- El hombre miraba de forma agresiva a Markus, éste le respondía con la mejor de sus sonrisas. Él si que tenía todo controlado..

-¿De dónde sales imbécil?- Le dijo aproximándose a su cara. -No pintas nada aquí-. La saliva del hombre le salpicó en el uniforme.

-Vengo a proponeros algo – Markus se limpiaba las babas del uniforme. -Si os unís a nosotros, y , hacéis lo que os pedimos, podréis seguir haciendo lo que os de la gana. Violar , robar, matar o correr desnudos por el bosque- Dijo sonriendo. -Si no, ésta será vuestra última noche – Guiñó un ojo al que parecía que era el lider.

-Debe ser que no he oído bien- Replicó el tipo. -¿Vienes a mi campamento, me pides ayuda , y lo que me ofreces es que siga haciendo lo que hago cada día?, Matadlo- Ordenó.

Uno de ellos sacó un machete de grandes dimensiones. Era un hombre corpulento, mediana estatura, pero cara de las que asustan. Llevaba una barba sin cuidar y la ropa bastante sucia.

-¡Tú si que no llegarás a mañana- Dijo levantando el arma. No había dado un paso cuando se oyó un tiro. Todos se agacharon menos Markus que permanecía tranquilo. El hombre cayó al suelo. Entre gritos de dolor, miraba nervioso hacia los árboles. Trataba de averiguar de dónde salió el disparo.

La bala le había destrozado la mano. -Levantaos, podéis estar tranquilos- Habló irónicamente. – El es Iosip- Entre dos tiendas aparecía , enorme, intimidador. Un enemigo que es mejor no buscarse. La luz débil y vaga de las velas alumbró su cara. Su sonrisa , como la de un león que sabe que no tiene predador alguno, auguraba siempre algo malo. En su mano, aún humeaba la nueve milímetros.

Iosip se puso junto al tipo que se desangraba en el suelo. Tenía lo que le quedaba de la mano , escondido en la axila contraria. La sangre había empapado su ropa. No le quedaba mucho. -Debemos ayudarle- El vigía le miraba preocupado. Iosip levantó la pierna, y con una fuerza desmedida, pisó el cráneo del herido. Su cuello crujió por varios sitios. -Se pondrá bien- Contestó Iosip irónicamente. Su bota brillaba , el reflejo de las velas iluminaba los restos de sangre. Todos miraban el cadáver de su amigo.

-Bien- Interrumpió Markus- Os explicaré lo que queremos de vosotros. Si os gusta ,bien, haremos un trato. Si no os gusta, Iosip os lo explicará de nuevo. Él no es mucho de hablar como habéis visto- Todos volvieron a mirar el cuerpo.

Markus, sacó un papel de fumar y comenzó a liar un puñado de tabaco. -Sabemos que tenéis varios campamentos- Se puso el cigarro en los labios e hizo un gesto de usar un mechero. – El caso, es que al sur del bosque, hay un pequeño pueblo. Unas cuantas casas fabricadas con chapas y contenedores. -El vigía le encendió el cigarro y se encendió uno también. -Nuestro problema, es un hombre en concreto. El que dirige todo aquello- Se levantó de su asiento y comenzó a caminar. -No es que sea peligroso, pero tenemos que acabar con él y con los de allí. No hace falta eliminar a todos ellos. Pero sí a un grupo de cinco. Si nos ayudáis con eso, podéis quedaros aquél lugar para vosotros.-

-¿Y la gente que vive allí?- Preguntó uno de ellos.

-Podéis hacer lo que os de la gana. Y sabemos que hay algunas muchachas-Sonrió dando con el codo al vigía.- Podéis empezar a atacar cuando os parezca, nosotros volveremos a veros en unos días. Y recordad, si intentáis hacernos alguna jugada, Iosip os hará una visita . Cualquier noche, cualquier día…-

Iosip y Markus se alejaban entre las sombras. Markus se giró por última vez para mirar el cadáver. Seguidamente miró a los tipos que permanecían helados, sin moverse, puso un gesto de asombro. – Pués va a ser que no mejora- …

Caminaron en dirección al norte. Empezaba a refrescar bastante , Iosip se abrochó la chaqueta que cubría a duras penas su torso.

-¿Crees que lo harán?, No me fío de ellos Iosip, creo que son demasiado ineptos. Hemos llegado a su base con demasiada facilidad.- Dijo markus.

-Tranquilo… “coleta”. Tengo todo pensado. Dejaremos que ataquen algunas veces. Acabaremos con cada comerciante y cada persona que se dirija a ese pueblucho. Enviaremos a algún miembro del equipo “ABADON” a ayudarles. Si no funciona. Tú y yo nos infiltraremos con ellos.-Aseguró Iosip con tranquilidad.-Si acabamos con ellos desde dentro, limpiaremos la zona mucho antes de lo que pensamos-.

-¿Informaremos al general Kuyra?, Ésto no estaba en la planificación que nos dió-.

-El Geberal Kuyra no debe enterarse de nuestra infiltración. Si todo sale como debe, ese viejo pronto perderá su puesto- Dijo Iosip con la frialdad que le caracteriza.

—–Deepgreen Forest. Hoy—-

La nieve golpea con fuerza su cara, el viento castiga su piel. Un corazón que ya no late, un alma que ya no siente. Cuando sus ojos se volvieron grises, se apagó la niña que era y creció una mariposa a la que no le gusta volar.

Azrael se acercó a la puerta. Apoyado en el marco, miraba al exterior. La noeve empezaba a cubrirlo todo. -¿En qué mes estamos?- Preguntó en alto.

Un tragaluz iluminaba la sala. Los carteles reflejaban la única vela que quedaba encencida. -Estamos acabando noviembre, creo- Respondió MaryAnne.

Todos habían oído la explosión , la preocupación era general. Maika debía haber regresado con los otros hacía un buen rato. Empezaba a anochecer y la temperatura caía rápidamente.

MaryAnne, lleva más de cinco minutos recorriendo la sala. Canalizaba su ansiedad con interminables paseos. Leía una y otra vez los letreros, sin enterarse de nada. Sus botas de montaña, rechinaban con el suelo de tarima. -¿Dónde estás maika?- Susurraba. La madera crujía bajo sus pasos.

-¿Por qué no vienen?- Miró interrogante a Azrael. Hace ya unas horas que se fueron.

Con dificultad , Azrael cerró la puerta , se echó la mano al costado . La venda le estaba matando de dolor. -Parece que mis costillas han sufrido bastante -Pensó- Quizás debería salir a buscarla- pensaba mientras miraba a la puerta.

-¿Tú?, Si no deberías ni estar de pié. Es una locura, Mandaré un equipo de tres hombres.-MaryAnne había tomado una decisión.

-Necesito ir- Asintió Azrael. Se lo debo. Minolan nos ha llevado hasta aquí. Y además, he estado peor otras veces.

Iré a por ella.

-No podemos arriesgarnos a perder más gente, en tu estado, si ocurre algo morirás-MaryAnne Sujetó a Azrael del brazo, mientras, éste, trataba de enfundarse el traje.-Además, aunque yo muera, vosotros no perdéis nada- Dijo sin mirar.

MaryAnne le acercó las botas. Azrael, a duras penas podía calzarse. No sin sentir un enorme dolor en el costado.

-Me parece una locura- Protestaba la enfermera.-Pero quiero a Maika de vuelta-.

Azrael se colocó el shemag. Cubrió su cuello y cara con la tela. Se abrochó la chaqueta y se bajó de la camilla -TSSSS,joder- el dolor era incesante.

-¿Estás seguro?-Podemos mandar a alguien contigo. -Estoy bien, en cuanto entre en calor, dejará de dolerme-Azrael sabía que eso era mentira. Las costillas le dolían de verdad. El frío de la noche no ayudaría mucho.

Sólo había recorrido unos metros. Las casas que lindaban con la enfermería aún eran visibles. Una pequeña luz , cálida y tímida, se apreciaba desde allí. La enfermera , se despedía de él , apoyada en el marco de la puerta, sujetando un candil improvisado.

-Por mucho que lo niegues, eres de los nuestros- Gritó.

-Menudo tiempo-Dije para mí. Miraba al suelo. Acercando una antorcha a la nieve, busqué las huellas del equipo. Unas vendas empapadas en parafina y atadas al final de una madera, me servían al de linterna. Acerqué las manos al fuego . Hacía tanto frío que no podía apreciar el calor de la antorcha.

El rastro seguía ahí. Pese a que nevaba copiosamente, las huellas se veían con claridad. Caminé por la ladera. Tal y como había planeado con Maika, esta se subiría arriba. Era una posición de ventaja. Dejaría al prisionero atado a la bombona y lo haría rodar hasta los otros. Un tiro y todos a la mierda. -Me pregunto qué habrá pasado-.

Llegó a la cima. Los restos de sangre aún destelleaban a la luz del fuego. Encontró el cuerpo del soldado. Tenía un tiro en la pierna.

A un lado, observé que en el suelo había bastante sangre. Seguí el reguero, conducía detrás de un árbol. Vi una bota , mi corazón iba tan rápido que casi estaba sudando. Gire a la derecha del tronco , -maldita sea- , era uno de los hombres del poblado.

Seguí colina abajo. Aún podía olerse el humo. La explosión había apartado la nieve y la tierra dejando un socavón en la ladera. Bajar por esa pendiente me estaba matando. Cada pisada era peor que la anterior.

Había más cuerpos. Un cadáver, puede que dos. Desmembrados, repartidos en varios metros a la redonda. Con la ropa totalmente quemada. No eran de los nuestros. Había una pierna, un torso, lo que parecía otra pierna y al menos tres botas. Di una vuelta por la zona. Ni rastro de Maika, y no se si de Iosip.

Unos metros más abajo, más pisadas. Llegué al principio del rastro, me agaché a comprobar la huella. -Joder, mis costillas- El numero cuarenta y siete. No eran de Maika.

Ese pié sólo podía pertenecer a un hombre. Uno con un cuerpo que necesitase un cuarenta y siete.

Volví ladera arriba. Puse mi mano izquierda en mi costado. El aire frío era difícil de respirar de por sí. Mis botas prensaban la nieve, encongido, mitad por el dolor y mitad por el frío, estaba llegando a un punto de desesperación. La antorcha se estaba apagando. Si Maika estaba por allí, le quedaba poco de vida.

A no ser de que hubiese muerto..

Caí de rodillas. Solté la antorcha , ésta se enterró en la nieve , la llama se apagó. Clavé las manos en el suelo. El dolor me abatía. El frío adormecía mis dedos. El aire entraba con recelo en mis pulmones. Agudo, afilado. Cortaba mi interior en cada respiración. Mi cuerpo temblaba. Los espasmos causados por el frío, castigaban mis costillas. Cada herida, cada fisura. No podría saber lo que me dolía más en ese momento. Hasta que me acordé de mi alma. Eso era lo que más me dolía.

Miré al cielo. Grité con todas mis fuerzas.

-¿Qué demonios quieres de mí?, ¡Quítame la vida de una vez! Déjame morir…- Maldije al universo.

Por un momento, una pequeña porción de cielo había quedado descubierto de nubes. Observé las estrellas. Recordé entonces las noches de verano. Los interminables paseos entre pueblos. Las inolvidables conversaciones.

Algo pasó a mi lado. Entre las ramas de los árboles.

El vuelo de una lechuza me sacó de mi sueño. Planeaba grácil. Elegante. Sus plumas surcaban el viento sin hacer el menor ruido.

Apoyé una pierna en el suelo. Sujeto a uno de los troncos, conseguí ponerme en pié. Caminé hacia el lugar de donde había visto salir la lechuza. Algo me decía que debía buscar allí.

Aparté unas cuantas ramas. Mi corazón se detuvo. Dejé de respirar, el aire no era necesario en aquél momento. En el suelo, entre las hojas , estaba el cuerpo de Maika. Tenía la cara azulada y los labios completamente blancos. No se movía.

Obviando el dolor. Dejando a un lado el frío. Me dejé caer junto a ella. Puse la cara en su pecho. Todavía respiraba aunque , de una forma débil y arritmica.

Me quité la chaqueta. Se la puse por encima como buenamente pude.

Clavé una rodilla en el suelo y apoyé la otra pierna. Sujeté la muñeca de Maika , y con gran esfuerzo conseguí subirla a mis hombros.

Caminaba con toda la dificultad que la vida me imponía. La nieve había empapado mis pantalones. Mis piernas ,entumecidas y doloridas, respondían con retraso a mis órdenes.- Venga, un poco más, ¡aguanta!-

No se si era la temperatura, el dolor o el agotamiento. Tuve como buena idea, hablar con Maika. Ella estaba inconsciente, pero yo necesitaba olvidarme de que existía la posibilidad de morir los dos.

-¿Sabes?, no eres la primera mujer que llevo en mis hombros. Mis hijas se pasaban el día sobre mí. Creo que he andado más con ellas encima que solo. Claro que ellas eran dos renacuajas y tú pesas bastante más.

Pero no vayas a enfadarte. La diferencia está en que ellas eran unas niñas. Ahora que lo pienso, aunque tuvieran cincuenta años, siempre serían unas pequeñas para mí. E curioso cómo el instinto te hace ver a los tuyos como pequeñas criaturas a las que proteger. No se por qué te cuento ésto.-

Llevaba más de media hora andando contra el viento. Ya no nevaba, pero el aire dolía de verdad. Maika, colgada de mi hombro izquierdo, aplastaba mis costillas. Casi podía decir que me había acostumbrado a ese dolor.

No podía abrir los ojos del todo. Si le antaba la cabeza, el frío cristalizaba mis lágrimas y me nublaba la vista. -Creo que veo algo- Divisaba un pequeño punto de luz.-Ehhhh ,¡Ayuda!- sólo unos metros y estaba a punto de rendirme. -Vamos,Venga- Mis piernas se rindieron. Caí de rodillas. Maika cayó a mi lado. No podía sentir nada. Sujeté la mano de Maika. -Perdóname, al menos lo he intentado-. Cerré los ojos. Su mano apretó la mía…

-Mi papá es super fuerte, seguro que podría levantar un coche. A mi papá no le puede nadie…-

Y ésta vez no iba a ser menos. Apreté los dientes y cargué a Maika en el otro hombro. Ignoré el dolor. Me alimentaba de rabia, de orgullo. Era el héroe que ellas creían. Claro que si. Sentía esa fuerza que sólo un padre siente, era invencible.

-¡Corred! Están ahí!! ¡Joder, es un milagro-..

-Gracias- pensé, -Gracias otra vez-.

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte