Capítulo 28.        El Hijo de la decepción, padre del orgullo.

Capítulo 28. El Hijo de la decepción, padre del orgullo.

Iosip debe ser rescatado de una misión fracasada. La gente del pueblo se vuelca con Azrael.

“No soy nadie. Soy un vagabundo, un vago. Soy un furgón y una jarra de vino,una navaja de afeitar si te acercas demasiado”. 

Charlie Manson

-Escúchame, porque no voy a repetirte ésto otra vez. Seguirás mis órdenes, te adaptarás y te comportarás como un hombre. Trata de integrarte entre los demás, y no des problemas.

Si me dicen tus superiores que no mereces la pena, te mandaré de vuelta a Chechenia metido en una caja, en una caja , en una caja…- Las palabras se repetían en la cabeza de Iosip.

Volvía en sí , -Otra vez ese recuerdo-. No había noche que no terminase en la misma pesadilla. La voz del General Kuyra siempre retumbaba en su cerebro antes de despertar.

-Yo si que te meteré en una caja- pensó.

Un continuo estruendo interior le atronaba , un insoportable zumbido que le desgarraba loa tímpanos. El olor a quemado le devolvió a la realidad.

Trató de mirar a su alrededor. Por más que intentaba abrir los ojos, no veía con claridad. Tonos azules amortiguaban su percepción y emborronaban su vista.

Palpó por el suelo, caminando a gatas. A un par de metros de él , entre el barro y hojas, encontró lo que parecía ser una pierna humana.

Los cuerpos mutilados de los miembros de su equipo , le hicieron recordar lo sucedido. -Joder, y esa zorra se ha escapado otra vez-pensó, – el General se va a poner insoportable- . Carne, sangre, ropa quemada ..y nieve.., ese era su mundo en ese momento. La decepción era su apellido.

La cabeza le dolía lo suficiente como para saber que algo no iba bien. El olor de la carne quemada y la muerte, impregnaban el aire y se mezclaban con una sensación de abandono.

La ventisca , iracunda y tenaz, castigaba la cara de Iosip. Sentía náuseas acompañadas de un profundo mareo. Trataba de incorporarse, una y otra vez.

Apoyó las manos en el suelo, la nieve le cristalizaba los dedos, el entumecimiento le llegaba hasta los codos. Su musculado antebrazo era incapaz de soportar su peso . Una secuencia de temblores le sacudían.

El frío y las heridas se habían unido para torturarlo. Tan intenso era su sufrimiento que perdió el equilibrio y acabó derribado, como un borracho, un pariah.

El dolor recorría cada célula de su cuerpo, cada músculo. Su espalda, crujió como una bolsa de nueces cuando trató de levantarse.

Una pierna, -Maldita sea-, su bota resbaló con las hojas heladas, cayó al suelo otra vez.La nieve empapaba su uniforme. Su espalda y su cabeza acusaban el trmendo frío. Su malestar iba en aumento.

-¡JODEEERRR!-

Sus manos congeladas , habían perdido casi el total del sentido del tacto. Aún así, una terrible sensación acababa de clavarse en su alma.

Tocaba su cara con los dedos, con todos menos con el que perdió hace tiempo.

Su adormecida piel y una gran hemorragia, confirmaban sus peores presagios. Su cara estaba gravemente lacerada. La explosión le había causado estragos.

El organismo de Iosip, entraba en una especie de “modo de emergencia”.

Por unos instantes, casi olvida su dolor.

Una vez que hubo recompuesto su cabeza, reunió las fuerzas necesarias para ponerse de pié. Sólo él sabe lo que le motivó a caminar. La ira, la sed de venganza, su ambicioso plan..

El monstruo checheno, haciendo gala de una fuerza sobrehumana, caminó sin rumbo.

Arrastraba sus pesadas piernas. Apartaba la nieve y los matojos con el simple hecho de moverse errante. Un titán que luchaba por mantenerse con vida.

-TSSSUII, JHJHJHJH TSUUUIII- Su emisora sonaba – Base para Águila, repito , Base para Águila, informe, hemos oído una explosión, cambio-

Iosip , con la cabeza algo más serena, echó su mano a su espalda. La emisora volvía a reclamarle.

-Base para Águila, responda de una vez-

-Águila para base…. Solicito evacuación- Iosip palpó su pantalón. Sacó la pistola de bengalas de su bolsillo lateral, todos los miembros de “ABADON” llevaban una -Águila para base, marco posición- Apuntó al cielo y apretó el disparador.

Una bengala, teñía de rojo el cielo. La noche era el día por unos segundos. La montaña, cubierta de nieve, reflejaba con una calidez extraña la luz de su señal.

Iosip miró al cielo, con el único ojo que le quedaba, observó la luz alejarse . Por un momento, había viajado en el tiempo, treinta años atrás. Casi podía oír a sus padres gritando su nombre entre aquel ilusionado público.

Si le viesen ahora… no estarían muy orgullosos de él. Sus decisiones no habían sido muy éticas últimamente. -Lo siento padre, hice lo que pude para sobrevivir, me abracé al odio, camuflé el miedo con la rabia, y ahora, soy un ser despreciable. Soy mi propio enemigo, soy hijo de la decepción-.

Sus piernas, agotadas por la caminata y la falta de temperatura, no pudieron más. Sus rodillas se hundieron en el barro. Clavó las uñas en el suelo preso de la impotencia. Era un león derrotado, un guerrero vencido. Humillado otra vez por las mismas personas.

La noche se cerraba, había dejado de nevar pero el frío le robaba cualquier ápice de cordura. -¿Qué quieres de mí?- se oyó a lo lejos. Esa voz, esa voz le sonaba. Acababa de encontrar un motivo para seguir luchando.

Su cuerpo se alimentaba de una sola cosa. La sed de venganza.

-JAJAJA- Sus carcajadas de maldad resonaban en el bosque. -Así que sigues vivo, parece que mi misión vuelve a tener sentido, gracias Azrael, nos veremos-. Iosip se incorporaba de nuevo. Sacó la emisora y volvió a enviar una comunicación.

-Águila para base, solicito evacuación-

-Base para Águila, hay un equipo en la zona. Personal de la base Beta se hará cargo de su rescate-

Iosip esperó una larga media hora. Un equipo de tres personas , uniformadas diferente a él y al resto del grupo ABADON, había llegado para sacarlo de allí.

Montados en vehículos ATV eléctricos, recogieron a un moribundo pero motivado Iosip.

-Señor, nos dirigimos a la base Beta, son órdenes directas del General. No tardaremos mucho, estamos cerca-

Iosip se subía al ATV que llevaba un único soldado. Puso las botas sobre las estriberas y se agarró al baúl trasero. Antes de iniciar la marcha, volvió a tocarse la cara. -Reza porque el frío te mate-.

Zona turística Deepgreen Forest.

-¡ MaryAnne, corre! ¡está despertando!-

Azrael se pasó la lengua por los labios. Los tenía cortados, seguramente del frío.

Miró a un lado, ese lugar empezaba a ser familiar. La enfermería de la zona turística parecía su casa últimamente. Los carteles y los dibujos de los niños volvían a darle los buenos días.

A su lado, descansaba sentada una de las muchachas del poblado. Azrael la observó un rato. Le resultaba familiar su cara. No tendría más de dieciocho años. Increíblemente guapa. Un ser que reflejaba la inocencia aun siendo castigada por la situación que le había tocado vivir.

-Tú me diste de comer, la primera vez, cuando estuve en tu pueblo. Cocinas muy bien-

La muchacha le miró con una sonrisa. Tenía una de esas caras que hacía casi olvidar que el mundo agonizaba.

-Me alegro de que estés con nosotros- Dijo con entusiasmo. Azrael no contestó. En lugar de eso, la puso una mano en el hombro y la devolvió la sonrisa.

Miró a su lado. Había otra camilla junto a la suya. -Hemos creído que sería buena idea poneros cerca. Hace mucho frío fuera. De momento , hemos encontrado una estufa de leña y los hombres la han traído aquí. Cuando la trajiste, los dos estabais casi muertos. La hipotermia era muy grave en Maika. Si hubieses tardado más en encontrarla…-

A la joven se le llenaban los ojos de lágrimas. Un sollozo disimulado, hizo que Azrael tuviese constancia de lo que realmente significa para ellos tener a Maika.

Empezaba a sufrir una batalla interna. Por un lado, se sentía culpable de haber querido matar al Coronel Sarcev. Tanto, que por dentro casi sentía que lo había hecho.

Quizás, si hubiese llegado el momento, algo se lo hubiese impedido. Nunca lo sabrá. Quizás la experiencia de ese hombre , su determinación, le hubiese convencido. Ahora ya no puede cambiar eso, sólo puede vivir con esa espina clavada en su conciencia.

-Vamos a ver, ¿cómo está nuestro héroe?-MaryAnne entraba por la puerta. Llevaba un par de tazas humeantes sobre una bandeja.

Hizo un gesto a la chica que me había acompañado, – Virginia, vete a descansar un rato. Están preparando la cena, Fedorov ha conseguido algo de caza y necesitan que los supervises. Ya sabes lo desastre que son en la cocina.-

-Claro MaryAnne, cuando esté preparado todo, te avisaré- Virginia, una chica que poseía luz propia en la mirada, nos dejaba para irse a seguir ayudando a los suyos. No sin antes despedirse con una mirada reconfortante, de esas que te dice que todo va bien.

-¿Cómo te encuentras?-MaryAnne servía una taza de té y la colocaba sobre la bandeja para medicinas de la camilla. -Bueno, algo mejor, mis costillas se están portando bien- -Te hemos admistrado antiinflamatorios y analgésicos en el suero, estás respondiendo bastante bien. No se de qué estás hecho pero eres duro, no hay duda de eso-.

-Nunca podré daros las gracias lo suficiente. Ahora podría estar muerto de no se por vosotros-

-Es el pueblo el que te debe la vida. Esa gente iba a ejecutarnos a todos- MaryAnne cogió la mano de Azrael. -Y mira- Señalaba a Maika. -Ella te debe la vida. Arriesgaste todo por traerla, en tu estado. Eres lo que necesita éste pueblo. Aportas esa ilusión que parecía pérdida- Las palabras de esa mujer pedían ayuda, sus ojos, iban mostrando la desesperación que realmente sufrían.

Azrael se incorporó y cogió la taza de té. Junto a él . Una galleta artesana. Azrael la cogió y miró interrogante a MaryAnne.

-Las hace Rachel. Es la mejor repostera que he conocido nunca. Todos los días preparaba algún tipo de dulce. Para disponer únicamente de un horno de barro, le salen bastante bien.-

Azrael probó la galleta. Para estar hecha con ingredientes limitados, era toda una exquisitez. Avellana, manteca, azúcar..

-Creo que es la mejor galleta que he probado desde hace muchos años.-

-Disfruta de ella. No se si habrá más en algún tiempo. Después de lo de su hija, pocas ganas le quedarán de hacer nada-

MaryAnne se levantó. Puso la mano en la frente de Maika y la arropó hasta el cuello.

-Luego vendré a por la bandeja. Descansa- La enfermera salió sin hacer ruido. Al salir, tocó el pié de Azrael a través de la sábana.

Azrael se levantó de la camilla. Cogió su ropa y comenzó a vestirse. Mientras abrochaba sus botas, observaba por la ventana.

A unos cincuenta metros, en la parte que sería el antiguo jardín de las casetas, una mujer estaba haciendo algún tipo de trabajo

Azrael terminó el té. Un té magnífico. Le recordó al que le había preparado aquel pescador. Sin duda, debería ir a verle pronto.

Abrió la puerta con cuidado. El sol empezaba a esconderse. -Vaya- pensó, me había parecido que era por la mañana. -¿Cuánto llevaba durmiendo?- Metió las manos en los bolsillos, sacó el gorro y el shemag y se los colocó. Hacía bastante frío. Comenzó a andar, en dirección a los jardines, -¿Qué hacía esa mujer?-.

Según iba aproximándose, pudo percatarse de que lo que estaba haciendo aquella mujer , era cavar. Estaba enterrando a su hija. Aquella pobre señora, era Rachel, la madre de la niña asesinada el día anterior.

-¿Puedo ayudarla?- Dijo Azrael con precaución.

-Nadie puede ayudarme, mi problema, es que sigo viva y ella no, he fracasado como madre, ahora necesito estar sola- Dijo visiblemente abatida.

Azrael se acercó a su lado. -¿Cómo se llamaba?-

-Aurora- Contestó apretando los labios antes de poder pronunciar el nombre completo. -Tenía doce años, y esos salvajes, la quitaron la posibilidad de vivir de descubrir , de disfrutar. Me la robaron..- Rachel se tapaba los ojos.

-Déjame que te cuente algo, Rachel. Yo también perdí a mi familia. Mis hijas , mi mujer… Cuando se fueron, lo primero que hice fue correr. Huir hacia delante. Dejé sus cuerpos allí donde la vida dejó de tener sentido para mí. Usé mi corazón como mochila y guardé allí su recuerdo, para siempre. Aprendí a llevarlas conmigo. Me ayudan cuando más lo necesito. Hay días que puedo sentirlas , puedo hablarlas. Cada noche, me acuesto pensando en ellas.

Cada mañana , lucho contra la pena y me pregunto si sería mejor acabar con todo.

Pero entonces, pienso en que cada día , estoy más cerca de volver a verlas, vivo como si ellas me estuvieran observando, me aportan una energía que nadie más que un padre conoce. Cada vez que tengo miedo, me pregunto, Azrael, ¿Ellas están orgullosas?. Entonces le sonrió a la vida y el pánico desparece.-

Rachel abrazó a Azrael. El sol iluminaba la ladera y bañaba de naranja el bosque.

-Gracias Azrael, espero que mi hija ,esté con tus pequeñas y hablen del orgullo que sienten por tí- .

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte