Capítulo 29. Cuando sobrevivir no es suficiente.

Capítulo 29. Cuando sobrevivir no es suficiente.

Iosip se recupera de sus heridas, Maika se despierta y descubre que Azrael se ha ido.

– Iosip Buorz. Campeón olímpico de Chechenia en varias modalidades, lucha, atletismo y natación entre ellas. Catorce años de servicio en el ejército ruso. Trece condecoraciones, cinco medallas al valor, seis medallas por sus excelentes servicios militares. Cuatro años en el grupo especial Spetsnaz. Primer puesto en modalidades de tiro instintivo. Miembro del grupo ABADON desde su creación, era , lo que se podía decir un perfecto soldado. Salvo por su pequeño problema con la autoridad.

Zmei Novisech, con las manos en la espalda, supervisaba la intervención médica. Tumbado sobre la camilla del cirujano, recibía tratamiento por sus heridas. El soldado presentaba infinidad de tubos y vías colocadas en su cuerpo.

La sala de quirófano, una pequeña habitación compuesta en su totalidad de acero inoxidable, estaba equipada con los últimos avances en medicina. Puede que fuese el único quirófano capacitado para soportar una operación de ese calibre que quedase, el único en casi todo el planeta.

Sergei Railov, jefe cirujano, un hombre de unos cincuenta años, primero de su promoción en la universidad de Moscú. Máster en neurocirugía de la universidad de Boston. Un hombre que, sin saberlo, era la persona más importante del mundo. El único ser vivo con la información sobre medicina y tratamientos que él poseía.

-Hemos reconstruido parte de su rostro, sus heridas son profundas pero evolucionan favorablemente. Hay que reconocer que es un hombre fuerte. -¿Qué le pasa en el ojo? Preguntó Zmei.

-Veo que lo lleva tapado. El doctor miró al cuerpo anestesiado de Iosip y contestó sin mirar.

-Lo ha perdido señor, no pudimos hacer nada. Sergei se disculpaba con la mirada.Su cabeza agachada, era el reflejo de su fracaso.

-Bien, Dijo Zmei irónicamente, -Hablaré con el General, espero que tenga mejores hombres que éstos.

-Verá señor, el General ya está informado, ha venido aquí ésta mañana.

Sergei sabía, que no debía saltarse la cadena de mando. Primero debía informar a Zmei, de cualquier imprevisto relacionado con los soldados. El equipo ABADON pertenecía a Zmei y a Alexander, el General Kuyra era un mero instructor.

-¿Quién cojones te crees que eres? Zmei gritaba al cirujano. Su enfado tenía una razón lógica, el General Kuyra no debía saber que Iosip estaba herido.- Tienes suerte de que seas el último matasanos con tus capacidades.

Zmei salió de la sala de observación, pegó un portazo con toda la fuerza que pudo. Los tubos de ensayo y el material médico tintinearon sobre la mesa. Un silencio lapidario se apoderó de la sala.

Sergei se giró hacia el cristal. Su enfermero y otros médicos controlaban la evolución de Iosip. -PIP PIP PIP. Su corazón latía al ritmo correcto.

El cirujano se quitó los guantes y los arrojó con desgana a una papelera, tomó asiento en un butacón de microfibra, pulsó un interruptor y la sala se quedó en penumbra. Dejó sus gafas sobre la mesa y se recostó. La operación había durado varias horas. Su cuello acumulaba demasiada tensión y la cabeza empezaba a dolerle.

Esa discusión con Zmei, había terminado de agotarlo. -Menudo imbécil.

Zmei, visiblemente enojado, más bien iracundo, se dirigía al despacho del General Kuyra.

Los pasos de sus zapatos resonaban sobre el suelo técnico de la base. Un largo corredor lleno de puertas dispuestas a los lados, componía, junto al área de ejercicio y descanso, lo que llamaban la “zona residencial”. La parte de la base destinada al ocio y la vida corriente del personal.

Médicos, ingenieros, militares, profesores de diferentes ramas y, algunos civiles concretos, conformaban la población de aquel lugar. Una especie de “Arca de Noé”, que debía ser la nueva semilla de repoblación mundial. Cada persona que estaba allí, era por alguna buena razón. La limpieza, mantenimiento, labores de cocina y cualquier otra tarea de la vida cotidiana, todo, se llevaba a cabo por personal militar.

Un gran cartel colgaba en lo alto del jardín principal, con letras verdes decía: “Haga que su elección haya merecido la pena, usted está aquí por algún motivo”.

Zmei llegaba al final del barracón de viviendas. Una puerta acorazada le cortaba el paso. <<SÓLO PERSONAL AUTORIZADO>>.

El cartel era claro. Un identificador de retina se situaba a su derecha. Zmei se acercó y colocó el ojo izquierdo sobre el lector. Una luz se roja se tornaba a color naranja,.

Colocó el ojo izquierdo, la luz naranja se apagó y se encendió otra, de color verde en esta ocasión.

La puerta se abrió. El sonido inconfundible del sistema neumático descomprimiendo la cerradura, daba acceso al señor Zmei.

Un pequeño pasillo de unos veinte metros, decorado con fotos de lugares típicos de Rusia y Europa, daba a un distribuidor mucho más grande. Varios accesos salían del hall principal.

Laboratorio, centro de entrenamiento, armero, Inteligencia.. ese era.

ZMEI recorrió el largo pasillo, un sinfín de bloques de hormigón se enfilaban a los lados. A paso ligero, tardó como dos minutos en llegar al otro lado.

El despacho del General Kuyra esperaba detrás de una puerta metálica. ZMEI pasó sin llamar.

-¿Porqué fue a la zona de quirófano?. Sabe que no tiene autorización para entrar allí. Dijo Zmei bastante alterado.

-Zmei, quizás debería salir fuera de mi despacho, llamar, entrar con toda la educación de la que disponga, y explicarme usted a mí, porqué tengo dos bajas entre mis hombres y un soldado gravemente herido. Replicó el General.

-Escúcheme bien, gritó Zmei – Usted dedíquese a su trabajo, ese para el que se le eligió. Limítese a seleccionar hombres y a entrenarlos, que es por lo que se le paga. -¿Pagarme?, Con qué va a pagarme señor Zmei?, ¿Acaso va a devolverme a mi familia? Interrumpió el General.

-Usted sabía a lo que se estaba comprometiendo, General. Si no hubiese permitido que Sarcev continuase con vida, ahora estaría ahí fuera dirigiendo su ejército, el único ejército que debía existir. Pero nooo, tuvo que mandar a su “Super hombre” , Él se encarga , dijo usted, y ,¿Qué ha conseguido?, nada. Que esos hombres del bosque se crean los amos de toda la zona. Al menos espero que no sepan de nuestra existecia. Zmei golpeó con la mano en la mesa , señalaba en tono amenazador al General. -Y claro, por no hablar de la puta esa, la sobrina de Sarcev, a la que no consigue eliminar. ¿Qué quiere, que vaya yo al bosque , la encuentre y la estrangule con mis propias manos?. Alzó los brazos en señal de incredulidad.

-Zmei, deje a mis chicos en Paz. No son asunto suyo, siempre confié en Iosip, y lo sigo haciendo. Kuyra se sentó dejando caer su peso sobre la butaca.

-Es de mis mejores hombres, no he invertido tantos años en formarlo para que un relamido egocéntrico me diga que ya no le sirve para sus vomitivos planes.

Iosip tiene más cojones en el dedo que le falta , que usted y toda la chusma trajeada con la que se codea.

Por favor, salga de mi despacho. Kuyra le indicaba la salida.

-No se confunda Kuyra. Usted será un General, pero ahora, éste mundo pertenece a Alexander Vintila y a sus intereses. No creo que quiera que le informe de ésta pequeña “Sublevación” suya.

Éste despacho pertenece a Alexander, y aquí , soy yo el hombre al mando. Usted juegue a soldaditos y no meta las narices demasiado donde no debe. Dijo golpeando la mesa con los nudillos.

Zmei se levantó de la silla que había cogido. Se colocó la corbata y llegó hasta la puerta.

-¿Sabe? Iosip puede que no sirva para mucho en el futuro, ha perdido parte de su vista y puede que alguna función más. Pero será un excelente donante de órganos, se lo aseguro.

Salió sin mirar atrás. La puerta se cerraba , los pasos de Zmei alejándose, dejaban un eco muy molesto en la cabeza de Kuyra. Casi tan molestos como el propio Zmei.

El general, daba vueltas a lo ocurrido, no podía permitir que un imbécil le hablase de esa manera. Un tipo que no sabe ni atarse los cordones, hablando con desprecio a un General. Kuyra, curtido en decenas de batallas, había visto caer a muchos de sus hombres. Daba igual el dinero que tuviese. El honor y el respeto no pueden cambiarse por dinero.

Caminó hasta la puerta , una vez se hubo asegurado de que estaba cerrada, pulsó el botón del interfono que tenía sobre la mesa -Nicolai, tenemos que hablar.

*********

La enfermería estallaba de júbilo. Maika, abría los ojos. Por primera vez en dos días.

MaryAnne la sonreía. Al menos , cuatro personas más estaban a su lado. Tenía la vista desenfocada. El cuerpo le dolía bastante y una venda la oprimía el tobillo derecho.-¿Que día es? y , ¿Cómo he llegado aquí? Dijo mirando a su alrededor con extrañeza.

-Llevas dos días ahí tumbada. MaryAnne te ha puesto suero intravenoso y te ha vendado el esguince. Dijo la cocinera de pelo rubio.

-Bueno, todos hemos cuidado de ella. La corrigió MaryAnne, que abrazaba a la joven. -Tengo tanta suerte de teneros. Pero, ¿Cómo llegué aquí?.

-Te trajo Azrael, dijo uno de los niños.

Los tres adultos se miraron.- Venga niños , salid de aquí. Acompañaron a la puerta a los dos chavales. Dos pequeños de unos ocho años, que curioseaban entre los cajones de la enfermería.- Mamá, ¿puedo quedarme ésto? Dijo el pequeño Iván, con un rollo de etiquetas en la mano. -Si, pero ahora sal, Maika tiene que reponerse.

Durante unos segundos, el silencio se hizo ensordecedor. -Ese chico te salvo la vida, Maika. Salió en mitad de la noche, con un temporal bastante feo. No sabemos como, pero consiguió encontrarte y traerte de vuelta. A pesar de sus heridas.

-¿ Dónde está ahora? Preguntó asombrada.

-No lo sabemos, ésta mañana cogió una mochila y algunas cosas y se fue. No dijo nada. Iván le vio salir y le preguntó, pero no le dijo nada.

Maika, visiblemente afectada, se llevó las manos a la cabeza, su pelo estaba alborotado y su ropa consistía en un camisón viejo. Giró la cabeza hacia las chicas con mirada interrogante, – era lo que encontramos, tenías la ropa quemada y llena de barro.

Maika cogió el camisón con dos dedos y puso un gesto de conformidad. -Hmm!, Es bonito. Dijo a sus cuidadoras.

-Ayudarme a levantarme. MaryAnne , con gran habilidad, la colocaba en una posición sentada. Maika crujió su cuello y miró su mirada a la derecha. Un montón de ropa llamaba su atención.- Estaba una de las tiendas, la única que conseguimos abrir. Las otras tienen cierres metálicos, hace falta herramienta, y aquí no hay nada útil. Al menos que hayamos visto. Dijo una de las mujeres.

Le sentaba bastante bien. Un mono de tipo granjero, y una camisa de pana, botas de trabajo y un anorak cortavientos.

GreenForest Facility , podía leerse en la chaqueta. -¿Ahora soy de mantenimiento? Dijo sonriendo. -Para lo he quedado.

A unos tres kilómetros de allí, justo donde empieza la falda de la montaña que da al este, Azrael, vaga en busca de un refugio. Allí el viento no era tan fuerte, al menos no tan continuado. La vegetación, se componía en su mayoría de pinos, todo el bosque tenía una gran cantidad de ellos. -Un olor fantástico. Hombre y naturaleza. Dijo para sí.

La nieve acumulada por la noche, daba origen a numerosos riachuelos. El agua no escasearía . -En cantidad y potable. Pensó

No tenía intención de volver a ninguno de sus antiguos refugios. Estaban localizados por esa gente. Además, necesitaba estar un tiempo apartado.

El mediodía llegaba. La luz del sol, cubierta parcialmente por las nubes, bañaba todo el lugar. Un paisaje hermoso, digno de plasmarse en algún óleo.

La caminata, hacía rugir su estómago. Sabía que en la mochila llevaba algo de comida, unos trozos de jabalí , piñones , y un par de galletas. -Esa Rachel es toda una maestra.

Pero si quería saciar su hambre, debía buscar alguna fuente más de energía.

El río se hacía más grande. La anchura iba en aumento según se separaba de la montaña. Si se dirigía la vista hacia arriba, se podían ver varios riachuelos que afluían en el río principal. Pequeñas venas plateadas de agua fría, pura ,que daban cuerpo a una corriente de media profundidad.

-Parece buen lugar. Dijo al ver un pequeño claro.

Escogió una rama baja, de pequeño diámetro, se colgó de ella e hizo fuerza varias veces hasta que cedió. Sacó el cuchillo y la peló hasta que sólo quedó el palo central.

Colocó la rama sobre una piedra, hizo una muesca en todo el diámetro , a unos cuarenta centímetros del extremo.

Partió la rama de una patada. Cogió el trozo más duro y guardó el otro junto con todas las hojas que había cortado.

Usó el cuchillo para cortar algunas ramas más. Golpeando con la madera sobre la hoja, pronto tenía unas doce de ellas amontonadas.

Ya casi no le dolía el costado. -Debía ser un dolor muscular. Pensó alegrándose.

Buscó un árbol que tuviese un buen apoyo, colocó ahí una de las ramas , en concreto, la más larga. Clavó la punta en el suelo y ató la otra parte al tronco, cubrió de ramas contrapeadas el mástil y fue atando las puntas que sobresalían. Sujetó la parte baja con algunas piedras.

Recogió todas las hojas de pino que encontró en el suelo y las dejó junto a una pila de corteza de árbol.

Se acercó al río, movió algunas piedras y escarvó en las orillas. -Lo siento señor cangrejo, no se lo tome como algo personal. Guardó en su taza de metal algunos cangrejos de río y la tapó con una piedra.

Tanta tarea , había hecho que el día llegase a su ocaso. -Debo darme prisa, o me quedaré sin luz.

Despejó un círculo de un metro de diámetro, apartó con el pié toda la hojarasca y arena. Colocó unas cuantas piedras a modo de contención, y colocó la corteza de árbol en el medio.

Un puñado de hojas de pino secas, embadurnadas con resina, y el pedernal obró la magia.

Colocó algunas ramas pequeñas para alimentar el fuego. Rebuscó en su mochila. En un trapo liado, llevaba un par de trizos de jabalí, antes de irse , se los había dado uno de los cazadores como señal de agradecimiento.

Sacó los cangrejos, y uno a uno los fue cocinando. Clavados algunas pequeñas varas que había afilado de una rama. Asó la carne que llevaba y lo colocó todo sobre una piedra plana.

Empezaba a refrescar. Aunque no hacía ni una pizca de aire, además el fuego ardía con intensidad. Las hojas de pino y la resina, daban un aroma muy agradable.

La noche había caído. Todo lo que alcanzaba la vista , era un espeso negro .Una noche cerrada, sin estrellas y sin luna.

Sacó un trozo de tela pequeño, doblado en un cuadrado exacto. Dentro, contenía unas cuantas hojas de tomillo , romero y algo de manzanilla.

Las aplastó con los dedos. Con mucho cuidado, las metió dentro de la tela e hizo un nudo. Sumergió el pequeño paquete en la taza de aluminio y la colocó sobre el fuego. El agua comenzó a hervir.

-Si dejas que el agua hierva, ya no será una infusión, si no una tisana, y te estarás perdiendo muchas propiedades de ese tomillo. Una voz sobresaltó a Azrael. -¿Quién demonios eres?

Azrael se levantó y se ocultó detrás del fuego dando un salto.

-Puedes soltar el cuchillo Azrael, si no te maté entonces, no lo haré ahora. La voz venía de entre los árboles. De la negrura del bosque asomaba un hombre. La luz del fuego apenas iluminaba su rostro, aunque no era necesario. Ya nos conocíamos.

-¿Queda infusión para invitar a un viejo pescador?..

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte