Capítulo 31. ¿Te gusta el café?

Capítulo 31. ¿Te gusta el café?

Maika baraja posibilidades sobre dónde establecerse. Azrael descubre algunas cosas importantes en el cuartel.

-Cuidado con esa chapa -Advertía Maika mientras cubría su cara con la mano – Esperad a que vuelvan los otros cazadores y nos ayuden.

La nieve caía racheada. De la forma más incómoda posible, haciendo más difícil el trabajo de esa gente. Chapas, maderas, lonas..

Todo valía para proteger ventanas y huecos por los que se podía acceder fácilmente a esas construcciones de madera.

-Sabes que podemos hacerlo sin ellos-Replicó Rachel- No necesito un hombre para levantar una mierda de chapa y clavarla a una pared.

Maika se acercó a su lado – Rachel, no tienes que demostrar nada – dijo mirándola a los ojos- es sólo que no me apetece que te hagas daño. No sabemos si habrá que salir corriendo en cualquier momento.

Rachel la devolvió la sonrisa en un gesto de cordialidad. Por mucho que se esforzase, nunca borraría la sombra de la tristeza de su cara.

La zona turística de Deepgreen Forest, el lugar elegido por Maika y su grupo para establecer su nuevo refugio. Un sitio lleno de posibilidades que trataban de adaptar a los problemas que pudiesen acontecer. En un intento de crear algo a lo que llamar hogar, su idea, puede que mitad fruto del cansancio y mitad del miedo, no parecía tan mala.

Quedarse allí de forma permanente, pudiera ser lo que necesitaban. Querían rehacerse como personas que viven en una comunidad. Necesitaban volver a sentirse unidas a un grupo. Como una familia de diferente sangre. No querían vivir huyendo para siempre.

Alguno de ellos, los más sensatos, discrepaban con la idea.

-Maika, deberíamos buscar un lugar más fácil de defender,- dijo Vladimir- Ésto es muy grande y somos muy pocos. Es posible que vuelvan a por nosotros. Al menos, hasta que sepamos lo que realmente ocurre en ese bosque, deberíamos buscar un lugar más escondido. Ésta zona es buena para vivir, pero ahora somos vulnerables.-

Vladimir, el hombre que siempre aconsejaba a Maika. Un hombre rural con un pasado militar, un cazador de los de antes. De los que rastreaban un ciervo durante horas y volvían a casa con él sobre el hombro, mostraba a Maika su preocupación respecto a sufrir un nuevo ataque.

El lugar estaba bastante escondido, pero no gozaba de una infraestructura fácil de proteger. A cambio, disponía de cuatro casas de madera habitables, un par de tiendas y lo que una vez fue un salón de reuniones y ocio para viajeros. Un acceso por camino de tierra, ahora compuesto de barro en su mayoría, y una protección en forma de hilera de pinos que se erguían en tres cuartas partes de su exterior.

La parte oeste, lindaba directamente con la falda de una montaña. Una cordillera, recorría el lateral de Deepgreen y servía de límite en esa parte del bosque.

Allí, el viento y el frío, eran mucho más intensos, más agresivos que en cualquier lugar de toda la zona.

La verdad, era que ya ninguna parte del bosque era lo bastante cálida como para plantear una mejor opción para establecerse.

Y la temperatura, sólo era un problema más añadido a todos los que se enfrentaban en aquel momento.

Pero Maika era tozuda. Sus ideas, la mayor parte de las veces, estaban más influenciadas por su corazón que por su sensatez. Cuando se le metía algo en su cabeza, ya nada podía sacárselo. Sólo hacía caso a los consejos de un par de personas, entre ellas se encontraba Sarcev. Pero él ya no estaba..

Se había fijado en aquél sitio. Por algún motivo, su corazón elegía ese lugar, ignorando por completo los consejos del resto y seguramente los de su propio razonamiento.

El resto de cazadores regresaban. A unos veinte metros de las casas, apenas se lograba divisar a los hombres. La nieve caía copiosamente y el Sol brillaba con levedad entre las nubes. -¡Somos nosotros!- Avisó Marion. Los niños y alguna afanada madre más salían a recibirlos.

Uno de ellos, traía colgadas de su cinturón un par de liebres. Su acompañante portaba un pequeño saco de tela de arpillera que traía en una mano.

Los hombres llegaron a la zona de viviendas y rápidamente fueron rodeados por los pequeños y por alguna de las madres.

-Esto es todo lo que hemos podido traer- Dijo el cazador, que mostró las liebres a Maika.- Marion ha conseguido algunas setas y bellotas-.

El silencio reinaba. Todo el mundo esperaba una respuesta de su líder. Maika miró unos instantes a Marion.

– Que cocinen las liebres y hagan el arroz que tenemos reservado. Ésta tarde pensaremos algo. Por el momento, vamos a llenar nuestros estómagos. Que los niños coman primero, si quieren repetir, darles mi ración- Maika sonrió a uno de los niños mientras acariciaba su pequeña melena con los dedos. Se giró en dirección a las dos cabañas que aún no habían abierto. Caminó despacio, con la mirada perdida en el horizonte. Se paró en el frontal de una de las construcciones y se quedó pensativa durante un rato.

Apartando la nieve, avanzó entre el barro y algunos matojos que cubrían la explanada central. Llegó a la puerta de una de las tiendas, la puerta de madera, llevaba algunos años cerrada. Algunas hierbas habían crecido pegadas al acceso.

Dió un silbido y levantó la mano para llamar la atención de Marion. – Creo que necesito ayuda con ésto- Dijo sin apartar la vista de la casa de troncos.

Marion, un antiguo mecánico, había llegado al poblado de Sarcev casi al principio. Había ayudado a construir todo aquello codo con codo con Maika. Tenía su total confianza y por eso ella tenía muy en cuenta sus consejos.

-El cierre es bastante grueso- Dijo Maika señalando el candado blindado que colgaba de la puerta.

-Hemos encontrado un cajón con algo de herramientas- Explicaba Marion. -A sólo unos metros de aquí, hay un cobertizo con leña y aperos de jardinería, podremos abrir el candado con facilidad-aseguraba el cazador.

-El candado es lo de menos Marion- Dijo Maika en voz baja- Dime si has encontrado lo que te dije-

-Hallamos dos cuerpos desmembrados, su uniforme es como nos describiste, traemos sus dos armas de fuego. También hemos traido el cadáver de nuestro hombre, creo que se merece un entierro digno- Marion puso cara de desagrado- Ni rastro de Iosip. Bueno, si hay un rastro pero no podemos asegurar que sea suyo.

Un reguero de sangre conduce hasta unas marcas de neumáticos. Al menos hay marcas de dos vehículos pequeños. Quads o ATV, no sabemos exactamente-

Maika observaba el suelo con la mirada fija . Pasó la mano por su pelo y lo recorrió hasta la coleta. – Si ese cabrón sigue vivo, es posible que sepan de ésta ubicación-

-Sabes que estoy contigo, Maika-Dijo Marion poniendo la mano sobre su hombro -Todos lo estamos. Pero debes pensar con frialdad. No podemos seguir aquí mucho más. Nos ha costado media mañana cazar esas dos liebres. Aquí no crecerá nada, hace demasiado frío.

-¿Cuántas reservas tenemos? -Preguntó al cazador.

-Arroz para un par de días- respondió Marion. -Si te parece bien, mandaré a Vladimir con alguien más a hacer otra batida. Quizás haya suerte ésta vez.

El gesto de Maika se torció bastante, hasta casi convertirse en una mueca de desaprobación.- Está bien- Respondió ella. – Tengo una idea-.

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La nevada superó a la noche. Amanecía entre copos que caían como plumas y el viento racheado. Azrael, abrió los ojos y levantó la cabeza. El cuerpo momificado del antiguo guardabosques le miraba de frente. Recordó entonces dónde estaba.

-¡Buenos días! Dijo Azrael estirando los brazos.- Qué callado te has levantado hoy.

Hacía meses que Azrael no dormía tan bien. El descanso empezaba a ser considerado un artículo de lujo en esa época. Un mundo hostil en que sólo podías dormir profundamente si te pasabas con el alcohol, o si te habías muerto.

Apartó la manta que le cubría. Comprobó el interior de sus botas, era una costumbre que siempre tenía. Revisar el calzado antes de ponérselo y así evitar una desagradable sorpresa. Arañas, serpientes y otro tipo de alimañas, podían haber elegido ese lugar para esconderse.

Puso los pies sobre la madera del suelo. El olor a leña y a humo lo impregnaba todo. Por un momento, recordó aquellas mañanas de invierno, en las que se despertaba y su abuela había puesto lumbre y hecho tostadas.

-Los pequeños tesoros de la vida- Pensó

Bañada por la luz del día, el cuartel ofrecía una imagen bien distinta. Obviando al muerto del sillón, la casa era bastante acogedora. Estaba muy bien aislada y disponía de calefacción en toda ella. La estufa de leña distribuía el aire caliente en la planta superior, y en la de abajo, otra estufa similar tenía el mismo cometido.

Unas cuantas taquillas, en su mayor parte cubiertas de óxido, se apoyaban en una de las paredes. Una diana de colores y algunos dardos, habían servido de entretenimiento para los guardabosques en sus horas de descanso.

-¡Vaya!- Exclamaba Azrael, – Menuda suerte-.

Si algo valoraba el superviviente, casi más que la comida, eran los libros de los que pudiese aprender algo. Y en una pequeña estantería de madera, acababa de encontrar media docena de ellos.

Primeros auxilios, Fauna y flora de la zona, Reglamento y permisos de armas, Mantenimiento del revólver 38 especial de cuatro pulgadas.. ahí había información y entretenimiento para días.

Bajó las escaleras. La puerta que daba a la cochera seguía cerrada. La planta baja estaba sensiblemente más fría que la superior.

Según se accedía desde la calle, una especie de sala de espera hacía de recepción. Cuatro sillas de aluminio y una mesa con revistas viejas, entretenían a las personas que venían a cualquier menester relacionado con los guardabosques.

Un gran mapa, cubría toda la pared que se veía de frente. “DEEPGREEN FOREST” Podía leerse en la parte superior. “Usted está aquí”. Marcaba la posición del cuartel con un círculo blanco.

Visto desde arriba, parecía mucho más pequeño ese bosque. Azrael identificó todos los lugares donde había instalado algún refugio, la caseta de obra, el puesto de vigilancia, la zona donde encontró la caravana de Stephan, la caseta de mantenimiento.. Azrael sonrió de forma malvada al recordar el dedo que Iosip perdió en aquél lugar.

Rebuscó por los cajones. Apuntes, hojas de denuncia, informes, un par de mecheros, material de oficina..

En la parte baja, encontró un pequeño mueble de aluminio. Una especie de alacena con el logotipo del oso rodeado de pinos.

Una pequeña puerta, cerrada con llave, ocultaba algo en su interior. Azrael sacó el manojo de llaves que había encontrado, ninguna entraba. -Maldita sea- Farfulló.

No se lo pensó, subió de nuevo las escaleras. Ésta vez, recorrió los escalones de dos en dos. La madera hizo un ruido bastante más ronco, él ni reparó en mantener el silencio, sólo quería saber lo que contenía ese dichoso armario.

Se colocó en frente de las taquillas, abrió las dos que tenían la llave sin echar. Un par de uniformes, una canera con algunos cartuchos del 38, una navaja multiusos .. y una llave de la que colgaba un letrero. “Armario recepción” -Joder qué fácil- Pensaba para sí mismo.

Bajó con la misma prisa con la que había subido. Corrió hasta el armario e introdujo la llave. La cerradura cedió con algo de roce y dificultad, el paso del tiempo no había sido en vano.

La puerta se abrió, en su interior, Azrael encontraba unos cuantos papeles, un cuaderno de apuntes y algunos cartuchos más de revólver. Munición para una carabina del 12 y dos pares de grilletes.

Abrió el cuaderno por la primera hoja ” Novedades para los compañeros”.

Presuntamente, era el lugar donde apuntaban las cosas más importantes ocurridas en cada turno. Así dejaban la información al que les relevaba y no olvidaban nada.

El hambre retorcía el estómago de Azrael. No sería mala idea registrar el resto de la casa, y luego leer los apuntes mientras desayunaba. Al menos, si no encontraba nada, contaba con las raciones de emergencia del todoterreno.

La planta baja era pequeña, una sala central, un pequeño despacho y un par de puertas. Una de ellas , constituía el acceso a la cochera. La otra era aún una incógnita.

Azrael probaba suerte. Estaba abierta.

En su interior, una montonera de paquetes de galletas, pasta precocinada, pasas envasadas al vacío y algunos sobres de café en polvo.

La siguiente balda, tenía almacenadas una decena de botellas de agua y frutos secos.

Abajo del todo, un hornillo de acampada y un par de botellas azules de gas. Eso si que era un hallazgo.

-¿Habrá algo que aún se pudiera comer?-Se preguntó en alto.

Sacó de la parte baja una de las bombonas y el adaptador del hornillo. Sopló con fuerza, una nube de polvo y telarañas quedó suspendida en el aire. Enroscó la bombona hasta el tope. Sacó uno de los mecheros que había en el cajón y subió las cosas al piso de arriba.

Echó un poco de agua en su taza y la lavó lo mejor que pudo. Puso el hornillo sobre la estufa de leña y abrió la llave del gas.

Encendió la llama, la puso al mínimo posible y colocó su taza metálica sobre ella.

Llenó una cuarta parte con agua mineral de una de las botellas y dejó que hirviese. Vacío uno de los sobres de café, sacó el cuchillo y removió el contenido de la taza con él.

Lo mejor de todo es que el café no le gustaba. -Menuda gilipollez- Pensó.

Abrió un paquete de pasas al vacío, esas si le habían gustado siempre. El sabor era algo rancio, pero teniendo en cuenta que llevaban un año caducadas, no podía tener queja alguna.

Se sentó sobre la estufa que aún guardaba algo de calor. El sol ya se aportaba algo más de luz y el bosque empezaba a ser visible. La nieve seguía cayendo tenaz sobre los pinos.

Comenzó a leer, apuntes, cosas sin importancia. Los problemas de algunos montañeros, domingueros casuales que habían perdido a su perro o que habían sido mordidos por una culebra.

Las páginas escritas, sólo llegaban hasta el mes de septiembre, casi un mes después de la tormenta. Pero a Azrael le llamó la atención una de las hojas. En concreto, una que tenía varios días señalados en rojo.

“-JUNIO, MARTES 24.

La señora Genardi, vuelve a quejarse del ruido de las obras. Dice que sus gallinas no ponen huevos por culpa del estrés.

JUNIO, MIÉRCOLES 25.

Un grupo de excursionistas se ha perdido, iban a visitar la zona de la mina. Aunque saben que está prohibido acceder allí. Se enviará al compañero de la mañana.

JUNIO,JUEVES 26.

Se envía al indicativo Foxtrot , en búsqueda de los excursionistas. He perdido la comunicación con el compañero. Lo último que recibí de él, fue que había llegado a la mina.

Son las 16.30 y el indicativo no ha vuelto. No responde a las comunicaciones, saldré a buscarlo en cuanto llegue el relevo.

JUNIO, VIERNES 27.

El indicativo Echo, salió en búsqueda del indicativo Foxtrot. No ha vuelto ninguno. Se da parte a las autoridades que enviarán una patrulla hoy mismo.

Azrael, analizando los textos e indicaciones, podía hacerse una idea de lo ocurrido. Esa gente desconocía completamente lo que guardaba aquella mina. Recordó la carta de Iosip, en ella, se hablaba de una base llamada “La mina”. -Puede que hubieran eliminando a todo aquel que se acercase demasiado- pensó con la mirada puesta en la ventana.

-¿Qué es eso?

Algo sobresaltaba el corazón de Azrael. Un movimiento entre los árboles llamaba su atención. Al principio, pudo parecerle un animal, puede que un oso pequeño. Pero no, era una persona, uniformada de negro. Corría entre los árboles y se dirigía hacia el cuartel.

Tropezaba con la nieve. Su carrera era desesperada, no había duda de que huía de algo.

Azrael se agachó, trataba de no hacer movimientos bruscos para no ser visto desde abajo.

Cogió el cuchillo en un mano y apoyó otra en la pared. Asomó la cabeza lo justo para observar la situación y tratar de entender lo que ocurría.

El chico llegó hasta la puerta. Trataba de abrirla inútilmente. -Menos mal que cerré con la llave- pensaba Azrael.

El tipo estaba herido. Dejó un rastro de sangre, no muy abundante pero si suficiente para que le localizasen pronto. Azrael se encontraba en una encrucijada. -Espero no tener que arrepentirme de ésto…

El chico golpeaba la puerta con fuerza.

En un último acto de desesperación, apoyó la espalda contra la entrada y se quedó mirando al bosque, esperando su muerte segura. Su respiración se agitaba más si cabía. Sabía que moriría, su pierna sangraba y estaba arrecido por el frío.

Fuese quién fuese, él se daba por vencido. Dejó caer su peso y hundió el trasero en la nieve. Sacó una pistola de uso táctico de su pernera y la puso contra su sien, el chico empezó a llorar, quitó el seguro.

A medida que el dedo hacía fuerza sobre el disparador, toda su vida pasaba por delante de sus ojos. So oyó un click metálico..

La puerta se abrió y una mano lo arrastró al interior de la casa. Azrael le quitó la pistola de la mano y la lanzó hacia las escaleras. Puso el cuchillo sobre el cuello del chico, que estaba temblando, y cerró la puerta de una patada.

Azrael le miró a los ojos, éste levantó las manos y mostró sus palmas vacías.

-¡Qué prisa tienes por morirte! Chico.- Dijo sonriendo mientras le sujetaba contra el suelo.-¿Te gusta el cafe?..

-¿Te gusta el café?-

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte