Capítulo 32. El Ocaso.

Capítulo 32. El Ocaso.

Una trama despiadada ocurre en la base de la mina. Zmei tiene un plan, Kuyra otro diferente.

-Sergei dice que evolucionas asombrosamente rápido- Explicó Nicolai.

-Bien- contestó el checheno.-¿Por qué esa seriedad entonces?

-Iosip, no estoy muy seguro de lo que quieren hacer contigo- Aclaró.

-Kuyra me pidió que fuese a verle. Estaba bastante preocupado. Creo que el cretino de Zmei y él tuvieron una discursión. Hablaron sobre tí..

-Y, ¿De qué hablaron? ¡Vamos, dímelo maldito judío!- Iosip se impacientaba. Agarraba la barrera protectora de la cama y la apretaba con toda su fuerza.

-Creo que quieren quitarte del medio…

El silencio tomó la sala. Sólo un leve pitido que provenía de una máquina de electrocardiograma, era capaz de desafiar la ausencia de sonido. Pip , Pip , Pip..

Iosip, con media cara vendada y con la mente obnubilada por los calmantes, trataba de digerir toda la información que le daba Nicolai.

Nicolai lichtenfield, de madre Israelí y padre polaco, era el típico hombre que podía dar una mala noticia o la mejor de todas , sin alterar un ápice su gesto.

Antiguo francotirador de la IDF. Destacado miembro del KIDDON. Había segado la vida de más hombres que nadie con menos balas que ninguno.

Formaba parte del grupo ABADON, al igual que Iosip. Y exactamente igual que el checheno, también desde su creación . Tenía el dudoso honor de pertenecer al exclusivo grupo de cuatro o cinco personas en todo el mundo a las que Iosip no quería cortar el cuello. Si ese animal tenía algún interés en que siguieras con vida, o te consideraba de los suyos, o no sabía de tu existencia.

Iosip miraba su brazo derecho. Entre vendajes y apósitos, podía intuirse una vía medica que le administraba suero. Iosip se llevó la mano libre a la cara.

-No te lo toques- Ordenó Nicolai.- Podías infectarte la herida.

Iosip asintió con desgana. -Me encuentro raro- Dijo con los dedos en las sienes. -¿Y qué quieres?, Has perdido un ojo y tienes media cara en carne viva. Deberías estar agradecido. Los otros dos están esparcidos por medio monte.

-Esa zorra.. -Iosip recordó la explosión de hace unos días. -Tenemos que acabar con ellos , Nicolai. No podemos dejar que esa puta y su lastimoso grupo de famélicos, nos dejen en evidencia- Iosip apretaba los dientes pensando en la cara de Maika.

-De momento, vamos a pensar en el problema que tenemos aquí.

-Quieres decir, ‘tenemos’.¿Verdad?- le interrumpió Nicolai sonriendo.

-Tenemos…

La puerta se abrió. Un enfermero, un tipo bastante delgado y con el pelo enmarañado, entraba en la habitación e interrumpía la conversación de Iosip.

-Lo siento señores, pero necesito quedarme un momento a solas con él- dijo sin mirar a ninguno de los dos a los ojos.

El enfermero sacó un pequeño vial con algún contenido médico, las manos le temblaban . – Enfermero- Preguntó Nicolai- ¿Qué es lo que va a ponerle?-dijo mirando el frasco de su mano.

– Éste hombre necesita descansar- dijo bastante nervioso.- voy a ponerle un analgésico suave. Un grandullón como éste, también necesita dormir de vez en cuando..

El enfermero miraba de forma esquiva a Nicolai. Éste, se dirigía despacio hacia la puerta de la sala.

Desconfiado hasta la médula, el israelí miró a Iosip fijamente. A penas un segundo de contacto visual, que era tiempo más que necesario para decirlo todo. Cuando eres camarada, las palabras sobran.

Nicolai, antes de salir, daba una patada en la rueda del carrito de medicinas. Todos los viales y las jeringuillas, habían quedado esparcidos por el suelo. Con una habilidad pasmosa, Iosip aprovechó el despiste y sacó la vía medica de su brazo. La aguja, salió de su piel lentamente dejando una marca de sangre en la venda. Una vez quedó liberada , Iosip volvió a clavarla , pero está vez sobre uno de los apósitos que tapaban sus heridas.

-Lo siento, enfermero. He sido un poco torpe-se excusaba Nicolai.

-Si bueno , está bien. Ahora salga de aquí, por favor.

Nicolai, salía de la sala. Su sospecha se confirmaba. Junto a la puerta, dos hombres armados. Era personal de la empresa de Zmei, sus escoltas particulares más concretamente. Gente muy bien preparada que pertenecía al proyecto Nuevo Amanecer. Sus viviendas se encontraban entre las del personal más importante de la base. Alexander Vintila y Zmei Novisech entre otros. Individuos que siempre iban armados. Montaban guardia habitualmente en los pasillos a los que ni los militares del grupo ABADON podían acceder.

Uniformes balísticos, prototipos de armas que ni siquiera Nicolai, experto en armas, había visto en todos sus años de servicio en el Mossad.. Esa gente era el top de la seguridad dentro de la base.

Nicolai se detuvo ante ellos y clavó la mirada en el que estaba más serio.. -¡Vamos, Camina!.

Por lo visto, no tenían muchas ganas de hablar con él. Nicolai negó la cabeza y continuó su camino.

Los pasillos de suelo técnico, deformaban el sonido de sus pasos , reduciendo a un sordo traqueteo el impacto de sus botas que cada vez iban más deprisa.

Nicolai, llegó hasta el despacho del General con el paso acelerado. La situación era bastante grave. Puede que mucho más de lo que él pensaba.

Llamó a la puerta del despacho. Un golpe suave y tres más duros. Así el General sabía que la persona que estaba al otro lado de la puerta era de confianza.

Un cartel serigrafiado con las letras. “G. KUYRA”, identificaba el despacho del máximo responsable militar que había en la base.

-Adelante, dijo Kuyra sin levantar la mirada.

-Señor…, Tenía usted razón..

-¡Tssss!- Kuyra hizo un gesto a Nicolai para que mantuviera silencio. En lugar de contestar, le pasó una nota escrita por encima de la mesa mientras disimulaba.

-¿Cómo está nuestro hombre ,Nicolai? , Debería pasar a verle en un rato- Dijo el General con voz exagerada.

Nicolai leyó la nota “Puede que haya micrófonos”

-Bueno General- Contestó -le veo mejor, pero algo cansado.

-Es normal, amigo mío. Han tenido que reconstruirle la cara. Y no serán pocas sus magulladuras.- El general miraba serio a Nicolai mientras simulaban la conversación.

-Esperemos que se recupere pronto- El israelí, pasaba por debajo de la mano, el frasco médico que había sustraído del carrito.

Kuyra lo cogió y frunció el ceño al leer el nombre del medicamento. “DOLOPHINE”.

-Bueno, señor Nicolai. Seguro que tiene algunas cosas que hacer. Al menos yo si las tengo. Le sugiero que vaya a descansar y no se preocupe por el amigo Iosip. Está en buenas manos.-El general pasaba otra nota por debajo de un folio. “Están drogando a Iosip, tenemos que hacerlo ya”..

Nicolai miró serio al General y le hizo un gesto de aprobación. -Si señor- Saludó a Kuyra y se dirigió a la salida.

Abrió la puerta del despacho. El corazón de Nicolai se revolucionaba. En la parte de fuera, esperaba Adriana. Mujer ataviada con uniforme de limpieza y con un m16 colgado en la espalda.

Adriana, antigua compañera de Nicolai, había conseguido acceso a la base gracias a él. Nicolai llevaba años enamorado de ella. Los mismos años que ella de él.

Se conocieron en la IDF, hace muchos años. Ella hacía el servicio militar obligatorio. En el país Hebreo, se obliga a cada ciudadano a superar dos años de preparación en la IDF. Así se aseguran que todo el mundo sabe usar un arma y combatir.

Pese a que ella era diez años más joven, mantuvieron un apasionado romance. Hasta que él se unió al Mossad. Las exigencias de su nuevo servicio en la inteligencia israelí, apartaron a Nicolai de una vida corriente. La relación se fue enfriando con el tiempo. Sus destinos se separaron, hasta que Zmei se presentó en Israel buscando a Nicolai para sus intereses. La única condición que puso, fue la de llevarse a Adriana con él.

-Adriana- Gritó Kuyra desde dentro- Pase y recoja si hace el favor, la basura lleva dos días sin vaciarse. El despacho empieza a oler extraño- Adriana pasaba con el carro de la limpieza y cerraba la puerta detrás suya.

No sin antes regalarle una última mirada a Nicolai.

Avanzaba por el pasillo a paso tranquilo. No quería llamar la atención de los guardias de Zmei. Nicolai, llegaba al final del corredor. Una puerta de doble hoja y cierre hermético, daba acceso a una parte importante de la base, más de un tercio de su superficie total, estaba destinada a la producción y conserva biológica. ‘NO OLVIDE PONER PROTECCIÓN A SU CALZADO’

Un cartel exterior, avisaba de la importancia de no meter suciedad que pudiese contaminar el interior de aquella reserva biológica.

Una explanada interior, era iluminada intensamente por focos de una luz especial. Dicha luz , simulaba a la perfección la luz del sol y así mantenía con vida a infinidad de especies vegetales y a otras tantas animales.

Trigo, árboles frutales, nogales, palmeras plataneras, conejos, gallinas, pavos, cerdos vietnamitas, corderos.. aquello parecía el arca de Noé. Sólo que con una pulcritud exquisita. No había suciedad alguna en el exterior de los corrales. Pequeños muros de metacrilato, separaban a unas especies de otras. Cada planta tenía su propio invernadero. La temperatura se cuidaba al máximo al igual que la humedad y los ciclos de luz. Todo un ecosistema, bueno, muchos ecosistemas, organizados a la perfección en aquel enorme pabellón.

Nicolai se acercó a la puerta hermética y se quedó parado justo debajo del sensor. -FSSSTHH- La hoja izquierda produjo un sonido de descompresión y recorrió el carril que la guiaba.

-¡Nicolai! Qué alegría verte- Dijo Sven.

-¡Lo mismo digo señor Blueberry!- contestó Nicolai dando un abrazo a Sven.

-¡Dime que no vienes a por más arándanos!- Sven golpeaba con el codo a Nicolai a la vez que le guiñaba un ojo.

-Verás, Sven. Creo que es hora de cultivar otra cosa.. – Sven se quedaba serio. La conversación no trataba de arándanos precisamente. Sven y Nicolai tenían una serie de indicativos que sólo ellos conocían.

-¿Crees que ya no son buenos mis arándanos, Nicolai?- Dijo mirando al israelí con toda seriedad- ¿Sugieres que debo dedicarme a plantar otro tipo de baya?- Sven había cogido el mensaje. -Bueno, Sven. Te dejo para que sigas con tus cosas. Estoy deseando probar eso que tienes para mí- Nicolai se despedía enseñando el pulgar a Sven. Éste le respondió con un saludo militar.

Sven, agricultor y ganadero. Había servido junto con el General Kuyra. No era muy bueno con las armas pero sabía todo lo que se podía saber sobre cualquier planta o animal que pudiese servir de algo al ser humano.

Mientras no hubiese que disparar un arma, Sven podía ser el hombre con más conocimiento sobre ganadería y cultivo de plantas del mundo. Del mundo que quedaba en pié.

Después de unas horas, Zmei descansaba en su despacho. Leía un libro sobre cócteles típicos de Europa, cuando el interfono de su escritorio le daba un sobresalto:

-¡Señor Zmei, venga urgente a la zona médica, Iosip empeora!- El cirujano jefe, Sergei Railov daba aviso a Zmei de la mala noticia.

-Avisen a Kuyra y a Nicolai, que vayan para allá- Ordenó Zmei a sus hombres.

Dos soldados de Zmei se dirigían al despacho de Kuyra con paso rápido. Llegaron a su puerta y llamaron un par de veces.

El General no les hizo esperar.- Adelante, pasen-.Dijo con aparente despreocupación.

-El señor Zmei quiere verle, es urgente- dijo el soldado de rango mayor.

-Bueno, él es el jefe ¿Verdad?- Kuyra se levantó sin poner ninguna pega, cogió su gorra y se la puso. Fue a echar mano de su arma, una Tokarev bastante antigua, pero uno de los dos soldados se lo impidió- Sin armas, General. No le van a hacer falta en la enfermería-.

El soldado que no había abierto la boca, apuntaba disimuladamente al General.

-Tranquilos… estamos en el mismo barco ¿No es así?- preguntó Kuyra mostrando las manos.

-Zmei espera. No hagamos que se enfade- añadió el soldado.

Kuyra se acercó a la puerta. El soldado que le apuntaba dió un paso atrás sin dejar de apuntarle. El otro soldado, de mayor rango, se aproximó a Kuyra hasta una distancia que se tornaba incómoda para el General. -¿Es que va a besarme , Andréj?

Andrej, el soldado más veterano, comenzó a cachear al General. Sin dejar de mirarle a los ojos, mostraba una falta de respeto por lo que Kuyra representaba.

-¿Sabe, Kuyra? No me gustó usted nunca. Ahora camine. Y no haga ningún movimiento que luego deba lamentar.-

-No entiendo de qué va ésto- Dijo Kuyra mientras caminaba.- ¿Soy sospechoso de algo?.

El camino hasta la enfermería fue, lo más parecido a un entierro. Un silencio agónico acompañó a los tres hombres hasta la zona de enfermería.

Una vez llegaron, Kuyra pudo oír la voz de su amigo Nicolai. La reconocería hasta debajo del océano. -¡¿A dónde me lleváis, imbéciles?¡- inconfundible, era él.

Nicolai, caminaba con las manos en alto. Su comportamiento evidenciaba que había sufrido el mismo trato desconcertante que el General. Como si fuese un enemigo, así de repente, habían sentido en sus carnes el filo de sentirse atrapados. Conducidos a la enfermería, como si fuesen extraños. Empujados por hombres armados al lugar donde su colega y hermano de armas, Iosip, agonizaba entre dolores.

La puerta de la enfermería se abría ante ellos. Cuatro soldados encañonaban a Kuyra y a Nicolai. Una mujer de limpieza salía de la sala con la cabeza agachada. -Vamos, ¡Fuera!- gritó el soldado a la mujer.

Empujó el carro de los productos higiénicos y detergentes tan rápido como pudo y corrió sin demora hasta el final del corredor de enfermería.

-Adentro los dos- Andrej, con voz firme y desalmada, daba orden de entrar a los prisioneros.- No se lo que habremos hecho para que nos tratéis así- Dijo Nicolai.

-¡Cállate y pasa! -Volvió a ordenar Andrej mientras sujetaba la puerta metálica.

El interior de la sala , la misma donde habían hablado hacía unas horas con Iosip, estaba sumido en una oscuridad y tristeza que sólo conoce el que ha perdido un amigo.

Iosip, cubierto por completo por una sábana, yacía frío. Sin vida. El doctor Sergei, apoyado sobre el borde de la camilla , miraba al cuerpo del bruto, aquel que tantas batallas había vivido.

-Hemos intentado reanimarle, pero su organismo no ha resistido tanto como su cuerpo pudiera aparentar. Lo siento- Sergei Railov se disculpaba apesadumbrado.

-Bien- interrumpió Andrej- ahora vamos a dejarnos de mariconadas. El checheno está con sus padres y vosotros os unireis con él. Ahora si hace el favor, Sergei, y se quita del medio. Mis hombres fusilarán a éstos inútiles.- los cuatro soldados de negro, adelantaron un paso y cargaron sus armas.

-Así que de ésto va la cosa- Dijo Kuyra- hemos dejado de ser útiles al proyecto y nos quitan del medio-

– Kuyra, no lo tome a mal. Tuvieron su oportunidad y no han podido realizar su trabajo. Culpe a sus hombres y su ineptitud, no a mí. Y ahora , si son tan amables, me gustaría que se colocasen junto al fiambre del palurdo checheno. No queremos llenar la sala de agujeros por todos lados.

Kuyra y Nicolai se colocaron detrás de la camilla.- deje al menos que nos despidamos- Suplicó Nicolai.

-Que sea rápido, tengo un bosque que repoblar- replicó Andrej.

-Señor, para mí ha sido un honor servir con usted éstos años. He aprendido mucho de usted y espero que mi compañía haya sido igual de meritoria- Nicolai cerró los ojos y se colocó de frente a los hombres armados.

-Hijo- empezaba la despedida de Kuyra- En todos mis años al frente de otros soldados, he conocido muchas buenas personas, pero que hayamos llegado a éste grado de entendimiento en sólo un par de años juntos, dice mucho de tí- Kuyra abrazó a Nicolai, sin querer , daba con el pié a una papelera metálica y ésta golpeaba contra la camilla del difunto Iosip.

-Ohhhh- Andrej se burlaba de la situación que acaba de ver- ¿Ya está? Casi lográis conmoverme-

-¿Sabe cuál es su problema, Andrej? Que usted no entiende de aliados- recriminó el General- Por eso usted nunca sabrá lo que es tener alguien a su lado que le ayude sin pensar en las consecuencias… – el General guardó silencio-… incluso después de muerto- Sergei, reconoció la señal que había pactado con el General y se tumbó en el suelo, a los pies de Andrej. Los soldados miraron hacia él con la duda de no saber lo que ocurría.

Iosip,que no estaba tan muerto como parecía, sacó la mano que Andrej y sus hombres no podían ver y alargó el brazo hasta la papelera, la misma papelera que el General había acercado disimuladamente y en la cuál, la mujer de limpieza, Adriana, había depositado un revolver 45 magnum. A veces, crees tener todo controlado y entonces pasas pequeños detalles por alto. El hecho de que Adriana, la mujer de limpieza que sabía usar un arma a la perfección, había sido aceptada en la base gracias a Nicolai, no fue tenido en cuenta por Zmei y ahora les salía bastante caro.

Cuatro detonaciones sacudieron a los presentes.

Andrej, atónito, pudo ver como sus soldados caían muertos a su lado. A cámara lenta, sus planes se desvanecían ante sus incrédulos ojos.

Las manos le temblaban. El miedo había cambiado de bando. Ahora estaba en el suyo.

La sábana de Iosip, aún humeante, mostraba los cuatro agujeros que la potente munición había dejado. Se descubrió totalmente, arrojando la tela al suelo con rabia.- ¡Nada sienta mejor que nacer de nuevo, ¿Verdad Andrej?- Iosip se levantó de un salto y el suelo tembló bajo su peso.

-Pero, usted, debería estar…

-¿Muerto?- continuó Sergei mientras se levantaba del suelo.

– Si hubiese administrado la medicación que sugirió Zmei, seguramente lo estaría- Sergei le sonrió y se sacudió los pantalones.

Llamaban a la puerta. Iosip apuntó el arma aún caliente hacia la entrada.

Tres golpes flojos, uno fuerte. Iosip bajaba la pistola. Sergei abrió la puerta y se apartó a un lado.

Adriana, que llevaba un rato vigilando el acceso a la sala, hacía una entrada de lo más épica. Corrió hasta Nicolai y le besó antes de abrazarle.

El General también tenía un abrazo para ella. Adriana Saludó a Iosip llevándose la mano a la sien. -Iosip, me alegro de verte, otra vez- .

Adriana llegó hasta Andrej y se colocó de frente a él, con una mirada felina cargada de ira, le susurró al oído- Ya hablaremos-.

Andrej sintió el mismo miedo por culpa de esa mirada que por los disparos de Iosip. Adriana podía ser la mujer más dulce del mundo, o tan peligrosa como una avispa de mar. Si estabas entre sus objetivos, daría contigo como fuese.

-Coged las armas de éstos- Kuyra apartaba con el pié uno de los subfusiles del suelo.

Iosip abrió la puerta y chequeó los laterales del pasillo. -Despejado-. Salió hacia la izquierda. Nicolai, Adriana y Sergei le seguían. Por detrás , a unos metros, el General obligaba a Andrej a caminar con la punta de su subfusil.- Si te paras, te abro la columna en dos- Kuyra le miraba con desprecio.-¡Vamos, deprisa!

El grupo avanzaba con la máxima cautela. Seguramente, Zmei ya sospecharía algo. Si Andrej los hubiese liquidado, ya debía haber informado del éxito de la operación.

Iosip caminaba pegado a la izquierda. Su ojo derecho había desaparecido de su rostro y eso le impedía ver todos los ángulos. Debía acostumbrarse a su condición monofocal tan pronto como fuese posible. Aún así, seguía siendo el mejor soldado de aquella base.

Levantó el brazo a noventa grados, la mano abierta, venía alguien. Seguramente la ronda de dos de los hombres de Zmei pasaba por ese pasillo. Mala suerte para ellos.

Nicolai se tiró al suelo, colocó el arma en modo de un solo tiro y apuntó con él entre las piernas de Iosip.

Los soldados no habían llegado a estar de frente al grupo y Nicolai ya les había metido un tiro entre los ojos. Iosip se acercó a los cuerpos, sacó los cargadores de sus armas y los repartió entre los suyos. Registró los cadáveres y se apropió también de la munición que llevaban encima.

Llegaban a la zona más restringida. Se encontraban de frente a una gran puerta acorazada. Durante unos instantes, se miraron entre ellos. Andrej miraba al suelo. Sabía que si estaba vivo, era porque le necesitaban para cruzar aquél acceso.

Iosip se colocó delante del lector de retina y miro hacia Andrej.

-¿Vas a abrir, o tengo que sacarte los ojos?-

Andrej se acercó al lector. Miró al General de reojo y río con soberbia.- No llegarán muy lejos, General-

Kuyra se acercó y propinó una patada en la rodilla a Andrej.

Su rótula crujió bajo el impacto de la bota y éste cayó al suelo. -Iosip, levanta a ésta basura.

El checheno cogió a Andrej por la solapa y le levantó con una sola mano. En la otra llevaba el fusil.

Agarró a Andrej por el pelo y con una violencia innecesaria, acercó su cara contra el panel del lector. La luz roja daba paso a una luz naranja y ésta a una luz verde.

¡PIIIP PSSSHH!

La puerta se abrió.

-Todos para dentro.-ordenó Kuyra.

Andrej, tendido en el suelo. Sujetaba su rodilla quebrada. Sus manos trataban inútilmente de aliviar su dolor ejerciendo presión.

Kuyra lo miró desde arriba.- Le diré una cosa, Andrej. En la próxima vida, trate de hacer algún amigo, es muy triste morir solo-

Kuyra disparó en la cara de Andrej. Su cuerpo cayó al suelo golpeando en seco y derramando líquido encefálico a su alrededor.

El grupo, ahora sin el lastre de Andrej, avanzaba mucho más deprisa.

En menos de un minuto, llegaban hasta el punto donde quedaban situadas las viviendas de Zmei y de Alexander.

Una serie de lujos banales se disponían a los lados. Figuras de mármol, plantas exóticas, peceras con ejemplares tropicales excepcionalmente bellos..

Tantas delicadezas para la vista, y que apenas sí conseguían distraer a los chicos de Kuyra.

-Aquí es- Exclamó Iosip. -Ese cartel indica la dirección a las viviendas- Señaló con el arma a unos letreros.

El hogar de Zmei. Lugar donde ejercía su papel de villano en un mundo asolado de humanidad. Una especie de bunker dentro del gran bunker que ya era la mina.

Nicolai probó a accionar el picaporte. La puerta se abrió haciendo un ruido suave al rozar con la moqueta -Qué raro- dijo Kuyra desconfiado.

-Tened precaución- añadió Adriana- no os fiéis de nada.

Todo estaba oscuro. Sergei sacó su linterna de médico y alumbró lo que podía.

Pasaron al interior. Primero los hombres de Kuyra y por último Sergei, que dejó la puerta sujeta con su zapato.

La luz se encendió de pronto. Una puerta metálica, dotada con un ojo de buey, protegía a un sonriente Zmei que los observaba a través del cristal. Adriana corrió hasta la puerta y trató de abrirla sin éxito.-¡Cabrón!- grito con impotencia.

Una voz matizada con sonido metálico salía de un pequeño altavoz en el lateral del ojo de buey. – ¡Vaya, vaya!- Zmei hablaba al grupo desde su salida para emergencias.- El señor Kuyra y sus gorilas.. Menudo lío habéis montado. Lo de Iosip ha sido cojonudo, hay que reconocerlo. Pero los otros… Habéis sido demasiado evidentes.

No pensé que llegaríais tan lejos con vuestro plan. Aunque parezca mentira, no me habéis venido nada mal. Quitarme a Andrej del medio ha sido todo un detalle.

Era un tipo insoportable y emoezaba a hacer demasiadas preguntas.. ¡En fin!, hasta aquí llega vuestra aventura…- Zmei apretaba los botones de un teclado y la luz volvía a apagarse en aquella sala y las toberas de ventilación dejaban salir un gas color mostaza. Sergei avisaba a los otros- ¡Corred, he dejado la puerta abierta!-

Zmei desapareció tan deprisa como pudo dentro de su escondite. Corrió por un acceso de emergencia que le llevaba hasta unas escaleras de caracol.

Había hecho bien en construir aquella vía alternativa de escape.

Tropezó incontables veces en su carrera. Dejando atrás un enorme pasillo, alcanzó por fin una última puerta que cortaba su paso. Cruzando aquella salida, llegaría a un acceso secreto a la base. U a salida que sólo él conocía.

Una luz pequeña de color rojo titilaba junto a un panel numérico. Zmei, con las manos sudadas por los nervios, marcó un código de doce números y la puerta se abrió. Al otro lado, le esperaban unos cuantos soldados de su confianza.

-Señor, ya hemos activado el protocolo : ” Ocaso “.

En éste momento, la base se encuentra en modo de emergencia. No hay iluminación salvo la que usted solicitó.- Explicó uno de los soldados.

-Bien- contestó Zmei.- Con esos imbéciles atrapados en mi despacho, estamos más seguros. Atravesaremos la zona de reserva biológica y saldremos por el tragaluz superior. Allí cogeremos los transportes que nos llevarán hasta la base ” Beta”-

Los soldados y Zmei, corrieron como alma que lleva el diablo por el último tramo que les quedaba. Ante ellos, se erguía la puerta hermética que protegía la reserva animal y botánica.

La entrada se abrió produciendo su sonido particular. Zmei y su equipo, accedieron al enorme complejo. La situación era bastante intimidatoria. Todo estaba oscuro salvo algunas luces,. Pequeños focos que proporcionaban calor vital a algunas especies y que daban un aspecto lúgubre al lugar. La combinación de oscuridad y los sonidos de los animales, provocaban en Zmei y sus hombres una sensación peliaguda. Caminaron despacio, sin dejar el pasillo central. El recorrido se les estaba haciendo largo, difícilmente si divisaban algo entre la penumbra, salvo las jaulas y vitrinas que disponían de iluminación por batería.

Animales que rumiaban y otros que escarvaban en la tierra de sus confinamientos, provocaban un conjunto de ruidos que erizaban los pelos.

-Espere señor- dijo uno de los hombres. -Tengo una bengala-.

El soldado sacó una bengala de uno de sus bolsillos, retiró el capuchón y ésta destelleó inundando gran parte del barracón de una luz azul. Los animales asustados, se agitaban en sus jaulas. Los cerdos chillaron y los corderos se agolparon al lado contrario.

Como si de una pesadilla macabra se tratase, los alaridos de los agitados animales, se combinaba con una visión heladora. Zmei, podía ver cómo de frente a ellos aparecía una figura humana. Sven Blueberry, amigo y camarada de Nicolai, se aparecía como un fantasma ante sus ojos.

-¿No han leído el cartel? Dijo con voz inquietante – No se debe entrar aquí con el calzado de la calle..-

-¿Quién es usted? -Gritaba Zmei -¡Acabad con él- ordenó con rabia.

Otra bengala se encendía detrás de Sven, ésta vez, una mujer, Adriana. Otra más a un lado, Iosip. Lo mismo hizo Nicolai.

Así,se fueron encendiendo más bengalas, una tras otra hasta que todo el lugar quedó iluminado por completo.

El General salió de entre el grupo de militares, cogió la bengala de Adriana y la alzó por encima de su cabeza.

-Parece que las cosas no siempre salen como uno quiere,¿No es así? No tuvo bastante con intentar exterminar la población,que ahora quiere acaban con sus propios hombres.

¿Pretende quedarse sólo en éste mundo?, ¡Qué aburrido!…- Kuyra tiró la bengala al suelo y se apartó entre su gente.

Unos veinte hombres armados, rodeaban a Zmei y los suyos. Veinte bengalas que daban el toque siniestro que necesitaba el momento.

-¡¿Qué hacéis?! ¡Disparadlos! – Ordenó iracundo Zmei.

El soldado que le acompañaba, se giró hacia él y le alumbró con la bengala

-Quizás no se haya dado cuenta de algo, señor.- dijo con voz en un tono lapidario- nuestras familias , también cayeron por su culpa. ¿No creería que este futuro sería para ustedes, verdad?- El soldado sonrió con toda la maldad que pudo. Los otros hombres de su grupo se pusieron detrás de él y apuntaron a Zmei que acariciaba su propia muerte.

Los animales enloquecieron, las bengalas se turnaban con los disparos se los soldados, iluminando cada rincón de la reserva. Al menos treinta segundos seguidos de detonaciones y recargas. Treinta segundos duró el fusilamiento del hombre que había ayudado a acabar con el noventa por ciento de la población.

Las luces se encendieron. El cuerpo acribillado de Zmei, yacía en el suelo. Desfigurado, oculto entre casquillos y sangre. Víctima de un futuro que él mismo había diseñado.

-Iosip- Dijo el General- Hay que buscar a Alexander y terminar el trabajo del bosque. Ya no tenemos excusa. Ahora el mundo nos pertenece.

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte