Capítulo 33. Hoy por tí..

Capítulo 33. Hoy por tí..

Azrael salva la vida de un extraño con el que resulta tener bastante en común.

-¿Que?.. El ..el ¿café?. Señor no entiendo la pregunta.

Azrael sujetaba al chico contra el suelo. Cargaba su peso en el antebrazo y éste oprimía su garganta. La mano derecha sujetaba el cuchillo, en sctitud amenazante, siempre lejos de su alcance.

-¿De quién huyes? -Dijo Azrael amenazante.

-Señor, no estoy en condiciones de defenderme, y mucho menos de poder atacarle. Usted acaba de salvarme la vida, no pensaría nunca en hacerle daño, si es que eso fuese posible.

La mirada del chico hablaba por sí sola. El miedo le impedía casi articular palabra. Si sumaba eso a su pierna herida y a que posiblemente estuviese al borde de una hipotermia, Azrael podía estar tranquilo.

Soltó al chico con algo de cuidado, lo justo para que no se golpease contra el suelo demasiado fuerte. Este respiró aliviado mientras masajeaba su cuello dolorido.

-¿Cómo has encontrado éste lugar?- Preguntó imperativamente.

-Vine huyendo desde… no sé desde dónde. Llegué aquí por casualidad. Cuando divisé la puerta no me lo pensé e intenté entrar, creí estar salvado, pero ésta no se abría .. – El chico agachó la cabeza.

-Te he preguntado antes que de quién escapabas.-Repitió Azrael.

El chico miró hacia un lado, evitando el contacto visual con el superviviente, tapo6 su cara con la mano y entonces comenzó a llorar..

-Vamos ,Vamos… cuéntame lo que te pasa- Dijo Azrael en tono mucho más conciliador.

-Me atacaron ellos. Esos hijos de puta esquizofrénicos. Son como animales. Peor que las hienas- El chico volvía a derrumbarse.

-¿Por qué llevas ese uniforme? Los tipos que acompañaban a Iosip iban vestidos de la misma forma. Eres uno de ellos ¿verdad?- Azrael golpeó en el hombro al chico con el dorso de los dedos.

-Lo era… -Azrael dió una patada en el hombro al chico, éste cayó de lado y cubrió su cabeza con las manos. Cogió al chico de los pelos y le arrastró al medio del pasillo, sacó de nuevo el cuchillo y se lo puso en la garganta.- Dame una sola razón para que no te raje el cuello.- El chico temblaba. Azrael con los ojos inyectados en sangre, había cambiado de nuevo su voz. Sus palabras, volvían a tener ese tono depredador que atemorizaba al chico. Debía pensar muy bien lo que tenía que decir, alguna cosa, lo que fuera que le salvase de una muerte segura.

-¡Habla!-Azrael lo cogía de la pechera y lo zarandeaba.

-E.. estuve en su equipo, pero ellos me abandonaron… Me dejaron a mi suerte, tirado entre esos salvajes..- el chico, dando más lástima que otra cosa, lloraba y moqueaba. Algo inusual para un tipo que ha sobrevivido hasta hoy. Extramdamente raro teniendo en cuenta que pertenecía al grupo de esos asesinos que acompañaban a Iosip.

Azrael le ayudó a levantarse. Acercó una de las sillas de la sala contigua y la colocó a su lado. -¡Siéntate!- le ordenó apuntando a la silla con el cuchillo. -¿Dices que te abandonaron?- preguntó al chico de nuevo.

-Si -contestó entre sollozos – Mi padre ayudó a construir su base- explicó- A cambio, ellos dejaron que me quedase con él allí. Hacíamos labores de mantenimiento, siempre estábamos pendientes de la ventilación y la climatización de aquel lugar.

-¿Y por qué te mandaron salir aquí fuera?,¿No sabías a lo que ellos iban al bosque verdad?, No tenías ni idea de lo que hacían aquí fuera..

-No…Mi padre murió hace unas semanas. Llevaba tiempo enfermo, mucho antes de la tormenta, ya aquejaba un cáncer terminal. Yo trataba de ayudarle en todo lo posible, pero el mundo que vivimos acabó empeorando su situación, hasta que su cuerpo dijo basta.

No había tenido tiempo de enterrarle, cuando me llamaron al despacho de Zmei. Ese tipo nunca me quiso allí dentro, así que me obligó a salir Iosip. Él no quería llevarme, decía que sería una carga y que los matarían a todos por mi culpa… Me crees¿ verdad?.

Azrael asintió con la cabeza- claro que te creo- contestó escuetamente.

-¿De verdad?- preguntó incrédulo.

-Si, yo tampoco hubiese querido llevarte, y menos si mi culo depende de tí-

El chico le miró con los ojos entrecerrados. No podía tomarse mal esas palabras, aunque le dejaban como un alfeñique, él sabía que llevaba razón. El combate nunca fue su fuerte.

-¡CHICOS, HE ENCONTRADO ALGO!-

Una voz del exterior devolvió a los dos a la realidad. Habían llegado hasta la puerta.

– Mierda, el rastro de sangre- dijo Azrael en voz baja.

Tenían que pensar algo rápidamente. Sabían que él estaba en esa casa, si conseguían entrar, los acribillarían allí mismo.

Azrael trazó un plan – Rápido ¿Cuántos son?

-T..Tres, y van armados.- dijo el joven con voz temerosa.

Azrael, pensativo, miró a la puerta durante un segundo. Giró la cabeza hacia el chico y abrió los ojos al oír pasos cercanos

-Ya están ahí… ¡vamos!, necesito que me ayudes. ¡Arriba!

Cogió al chico por debajo del hombro y le ayudó a subir las escaleras -con cuidado, chico. No hagas ruido-

Llegaron al piso de arriba. Azrael, con el chico apoyado en el hombro, trataba de llegar hasta la parte de la ventana. El chico se quedó parado- ¡Vamos tío! No te pares- le dijo muy bajito.

Pero el joven se había quedado petrificado. Miraba al cadáver del sillón. Luego giró la vista y miró a Azrael con ojos interrogantes.

-Si ehhhhh.. bueno. Luego os presentaré. Ahora olvida que está ahí- Señaló hacia la ventana. Llegaron a la esquina en la cual se ubicaba la estufa. -Espera aquí- dijo indicando a la esquina -ésto es lo que vamos a hacer…- después de unas explicaciones que no convencieron al chico <puede que tampoco a Azrael>, el superviviente bajó las escaleras muy despacio. Un pié apoyaba y el otro le seguía. Con mucho cuidado.

Cogió el arco de poleas y unas cuantas flechas. Si su plan funcionaba, podrían acabar con esos tres y nadie más sabría de esa ubicación.

Uno de los tipos estaba junto a la entrada. Azrael miraba al suelo concentrado al máximo en todo lo que se oía. En el suelo había un rastro mezclado de sangre del chico y de barro.

-¿Cómo habrá entrado ahí? La puerta está cerrada.

-¿Has probado bien? Tu mierda de fuerza no podría abrir ni un biberón.

Azrael desbloqueó la puerta y se alejó un par de metros. Cargó una flecha en el arco y tensó la cuerda todo lo que pudo.

Su brazo, apuntaba directo a la entrada. La tensión que ejercía era increíble. Sus manos empezaban a temblar. Si no abrían rápido, tendría que aflojar un poco y no sabía si le daría tiempo a volver a cargar el tiro.

Unos pasos aplastaban la nieve de la entrada. – ¿Lo veis? La sangre desaparece aquí, ha tenido que entrar- El tirador de la puerta se giraba.

Las manos de Azrael temblaban sujetando alrco, hasta el punto de que su antebrazo empezaba a ceder. Los codos se le movían de forma exagerada.

El sudor bajaba por su frente y le producía una sensación bastante desagradable.

La puerta se abría, una línea de luz recorría el marco e iba haciéndose mas grande mientras el tipo empujaba la hoja.-¿Lo ves? Eres un mariconazo.

Asomaba una cabeza. Un hombre de media estatura accedía al pasillo de la casa. Azrael, oculto entre la sombra de la casa, esperaba a que su objetivo fuese más visible. La mano empezaba a abrirse y aún no tenía un blanco claro.

-¿Dónde estáaaaaaas?¡¡Julius!!..

La puerta estaba abierta a medias pero el imbécil ya tenía medio cuerpo dentro. En el mundo actual, la soberbia y la falta de previsión podían costarte la vida. Al menos en el mundo de Azrael. Una ráfaga de viento helado se apoderaba del interior de la casa. Las hojas y el polvo del suelo se arremolinaban empujados por la corriente.

Sus miradas se encontraron. El espacio de tiempo transcurrido entre el momento en que el tipo vio a Azrael y en el que la flecha llego a él, fueron décimas de segundo. Suficientes para poner en marcha el plan.

La garganta quedaba atravesada violentamente. La flecha seccionaba su tráquea y sus vértebras. Una pena que no llegase a sufrir, al menos unos minutos.

Azrael dió el aviso. -¡Ahora!.

El chico,Julius, se levantó de su asiento. Tan rápido como su pierna herida le permitía. Comenzó a golpear en el cristal. -¡Ehhh, hijos de puta!-

Los dos tipos que quedaban fuera miraban hacia arriba. Azrael saltó por encima de la mesa de la entrada y corrió hacia la puerta.

Abrió ésta con el codo y la golpeó con su cuerpo hasta que la abrió del todo. Sacó su cabeza lo justo para divisar el exterior. Entonces pudo distinguir a los hombres restantes. Un par de tipos con muy mala cara. Vestidos como si hubiesen escogido la ropa a oscuras en un armario ajeno.

Cargó de nuevo una flecha. El brazo y el hombro derechos acusaban el tiempo bajo tensión al que los había sometido. El primer tiro había dejado mermada su fuerza.

Estiró el brazo hacia atrás y guiñó el ojo izquierdo. El crujido de la cuerda se sumaba al de la articulación de su hombro.

-Joder, parece que me duele de verdad-

El hombre que estaba más lejos de Azrael seguía despistado mirando hacia la ventana de arriba. El otro se había dado cuenta de la trampa y trató de avisar a su compañero mientras se agachaba.-¡Cuidado imbécil!

Pero era demasiado tarde para él. Cuando término de bajar la vista, la flecha de Azrael ya estaba llegando a su destino. Un tiro limpio, no tan fuerte como hubiese querido, pero acertado.

La punta metálica desgarraba su costado a la altura del bazo. Sus ojos desorbitados miraban a Azrael. Se llevó las manos al profundo boquete que la flecha había causado en su cuerpo. Violentas arcadas de sangre y bilis salían de su boca. Cayó muerto entre la nieve y los arbustos.

Azrael había perdido demasiado tiempo en observar la muerte de ese hombre y no se había percatado de que el otro había desaparecido. -¡Maldita sea!- dijo buscando con la mirada a su alrededor.

No tuvo tiempo de cargar el arco de nuevo.

El tipo salía como un jabato de entre los setos y se dirigía hacia él. La ira estaba descrita en su gesto.

Ochenta kilos de hombre furioso corrían a su encuentro. Azrael dió un traspiés al retroceder y pisar el cadáver del primer muerto.

Una embestida brutal sin el menor signo de miedo alguno por parte de ese animal.

El cuerpo de Azrael salió despedido hacia el pasillo. Parecía como si el golpe hubiese juntado todas sus costillas y las hubiese separado de su columna. Como un águila de sangre vikinga.

Azrael se golpeaba en la cabeza con la pared forrada de madera que quedaba al pié de las escaleras.

-¡Dioooooooos, te toca!- Gritó al entrar.

El hombre se abalanzó sobre el cuerpo dolorido del superviviente. Azrael, todavía aturdido, ni siquiera pudo darse cuenta de que ya estaba ahí.

Un puñetazo en medio del pómulo, dejaba a Azrael fuera de combate. Un hormigueo recorría sus manos y piernas. Ningún músculo le respondía. Sólo pudo encogerse a duras penas y tapar su cara y partes vitales.

Una patada tras otra, puñetazos.. el salvaje atacante arrancó el gorro de Azrael y le abofeteó varias veces.

Le levantó agarrando el cuello de su chaqueta y lo lanzó contra las sillas. Parece que hasta aquí llegaba la historia.

Su vida tenía que acabar en algún momento. Arrastrarse entre trozos de silla rota y esperar el golpe de gracia, no era la manera que él hubiera elegido para dejar éste mundo.

A gatas, trataba de incorporarse sin éxito. La bota de ese loco volvía a aplastar su espalda contra la madera..

-Un momento- dijo el tipo levantando su cuerpo magullado- tú eres ese al que teníamos que eliminar… jajajaja Iosip se pondrá contento. Puede que hasta me deje unirme a su equipo-

Azrael empezaba a darse por muerto. Al menos se había cargado a unos cuantos de los suyos. Y había ayudado a Maika en algunas cosas…

Una nueva patada conseguía levantarle del suelo y que rodara. El sabor de la sangre auguraba un mal final.- un momento- algo se clavaba en la espalda de Azrael.

Mientras el tipo disfrutaba el momento, Azrael se acababa de tumbar sobre un objeto que él mismo había dejado allí sin querer. La pistola de Julius, el tipo al que estaba salvando de esos asesinos, estaba allí esperándole.

El arma estaba amartillada, más fácil imposible…

Giró sobre si mismo y con dificultad apuntó hacia donde él creía que se encontraba el imbécil que estaba a punto de matarlo.

Apretó el disparador. El fogonazo iluminaba las paredes y le hacían retemblar los dientes.

Abrió los ojos, allí estaba el tipo mirándole con una cara de susto digna de ver. En la pared de su espalda, un agujero humeaba, había fallado.

-¡Qué hijo de puta!- Dijo mirándole con los ojos como platos.

Azrael miró el arma. La corredera se había quedado retrasada. No le quedaba munición.

Recibió una patada en su muñeca que lanzó la pistola a lo largo del pasillo, después otra en la cara. Azrael quedaba tendido. Mirando al techo, perdiendo toda la esperanza de llegar a mañana y levantarse queriendo quitarse la vida.

-Bueno, imbécil. Si no sabes disparar, yo te enseñaré cómo- El hombre apuntaba con una Glock a la cara de Azrael.

Casi podía ver a sus hijas. Sentía que llegaba el momento que tanto había esperado. Sólo espero que ellas, allí donde estén, hayan sido testigo de mis buenas acciones y que hayan entendido el porqué de las malas..

Dejó que sus ojos se cerrarán y perdió todo el contacto con la realidad.

¡BUUUM!

Un latigazo sacudía su cuerpo. Pero aún seguía sintiendo dolor. No estaba muerto.

Abrió el ojo que no tenía inflamado y observó la escena. Macabra pero gratificante. El cuerpo del desgraciado que casi acaba con él, yacía tumbado frente a él. Su cabeza había desaparecido en parte. Su mano aún sujetaba el arma.

A su derecha, un acojonado Julius, quedaba congelado en la postura que había tomado para salvar al impresionado Azrael. Un revolver sujetado al final del brazo de Julius acababa de quitar la vida de ese hombre.

-¡Joder Julius! Retiro lo dicho antes. No me importaría salir ahí fuera contigo. Eso sí, la próxima vez no esperes a que me zurren de ésta manera- Azrael carcajeaba entre toses y quejidos mientras se incorporaba- ayúdame tío-

Julius le ayudó a levantarse. Con la dificultad que suponía el estar herido también, se agarraron el uno al otro y se dieron la mano.

-¿Sabes cuánto llevo sin dar la mano a Alguien? -Dijo Azrael- ayúdame con éstos.

Entre los dos sacaron los cadáveres de los hombres. Los dejaron semienterrados en la nieve, lejos de la casa.

Volvieron dentro, uno arrastrando una pierna y el otro sin poder levantar el brazo. Azrael recogió su arco y limpió las flechas que había extraído de los cuerpos.

-He cogido el revolver de ese tipo.. ya sabes, el de arriba.. espero que no le molestase- Julius dejaba el revolver sobre la encimera de la entrada.

Azrael le miró y puso una sonrisa cargada de sinceridad- tranquilo, ese hombre hubiese querido que lo cogieses- Recogió el revolver de la encimera y se lo dió.

Cerró la puerta de la casa y echó el cierre. – vamos para arriba. Necesitamos descansar-

Julius agarró el hombro de Azrael y se ayudaron mutuamente a subir los escalones.

Ya en el piso de arriba, Azrael le indicó a Julius que tomase asiento en la litera. -Menuda mañana¿Eh?- dijo sin mirarle.

Julius se miraba el muslo. Tenía un corte bastante profundo- ahora te ayudo con eso, hay botiquines abajo- dijo mientras encendía de nuevo el hornillo.

-Aún no me has contestado, ¿ Te gusta el café?- dijo sonriente.

-JaJa. Bueno, prefiero el té- contestó Julius

-Entonces nos llevaremos bien-

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte