Capítulo 34.¿A dónde perteneces?

Capítulo 34.¿A dónde perteneces?

Un nuevo régimen se avecina para el nuevo nundo. Azrael no sabe si Julius merece su confianza.

-Bien, señores- Dijo Kuyra en voz alta- En primer lugar, gracias a todos por estar aquí. Como podrán ver, la situación en la base, ha dado un pequeño giro. El señor Zmei ha sido relevado de su cargo, el cuál nunca debió haber ocupado- El General mostraba una total confianza en su nueva posición, se movía como pez en el agua estando al mando de todo. Su discurso frente a todo el personal de la base, recordaba a los mítines de Hitler o de Joseph Stalin. Un foco le alumbraba indirectamente y mantenía la atención focalizada en él pero sin deslumbrarle. El resto de la sala, era teñido de una luz oscura, casi penumbrosa.

Su gesto era sinónimo de poder. Irradiaba seguridad. Se había colocado de nuevo su gorra de General y sus palabras volvían a tener ese tono embaucador.

-Los que estáis aquí, fuisteis seleccionados por algún motivo. Una cualidad o capacidad cuya utilidad para el proyecto os ha salvado la vida.

Por eso seguís con vida. Médicos, profesores, ingenieros, químicos..

Cada uno poseéis un salvoconducto para éste nuevo mundo, se espera entonces de vosotros, que siendo conscientes de ese hecho, colaboréis con la causa y participéis en ella como parte importante, aunque prescindible – Kuyra apoyó las manos y la mesa que había elegido para dar el discurso. Miró hacia el conjunto de personas que le escuchaba y que casi abarrotaba el salón de recreo de la base. Flanqueado por Iosip, que, con las manos en la espalda y con un único ojo, desafiaba al que lo miraba fijamente.

Al otro lado, Nicolai, con los brazos cruzados, observaba detenidamente y analizaba a cada individuo. Su misión era la de intentar captar cualquier signo o evidencia de disconformidad entre los presentes con el mensaje que les estaban dando.

-No se os pediría nada que no hayáis dado ya por el proyecto. Al contrario, se reconocerá y ascenderá a cada individuo en función de su implicación con el ejército del que a partir se ahora forman parte todos ustedes- Iosip sacó su arma y la cargó haciendo un ruido excesivo con la corredera. La intención era clara.

Nicolai hizo lo mismo con su “Tavor-21″. Todos los presentes murmuraron.

-Dicho ésto- continuó el general- quedan todos relegados al nivel de soldado raso. De ustedes depende la valoraciones y categoría de aquí en adelante. Hagan méritos, y tendrán una buena vida en ésta familia. Den la espalda a nuestra causa, y abandonarán éste mundo que tantas posibilidades tiene- término con los brazos abiertos y mostrando los dientes.

-Disculpe- se oyó desde un lateral- yo vine aquí por recomendación directa de Alexander Vintila. Y ni usted ni nadie va a suplantar su puesto. Él es el dueño de todo ésto- aseguró un tipo bajito con uniforme de laboratorio.

-¿Ve usted a algún Alexander por aquí?- Le increpó Kuyra.- Suba, si hace el favor. Venga aquí donde todos puedan oírle.- le indicó amable el General.

El tipo, con una soberbia inusitada para una persona de su tamaño, se acercó con evidentes signos de desconfianza hacia Kuyra.

-Nicolai-Gritó el General- Explica a todas éstas buenas personas, porqué deben ser más agradecidas con nosotros-

Nicolai asintió. Colgó su rifle a la espalda y se acercó al micrófono desde donde hablaba el General.- Acérquese- le pidió al bajito inconformista- exponga sus problemas.

El hombre se acercó temeroso. Desde la cercanía, Kuyra y sus hombres intimidaban bastante más que desde entre la seguridad del público desde donde había gritado anteriormente.

-Hable, convenza a todos los presentes con su punto de vista- Nicolai mostraba un gesto muy amable hacia ese hombre. Demasiado amable. El hombre cogió el pequeño micrófono metálico, un pitido ensordecía a todos los de aquella sala. Con las manos temblorosas, se ajustó el cuello de la bata de laboratorio. Todo le apretaba.

-Bueno.. bueno ,yooo …

No hubo pronunciado el principio de su frase, cuando Nicolai le apoyaba su mano en el hombro. El hombre miró al israelí y este le devolvió una mirada con regusto a sentencia.

No había que ser demasiado listo para darse cuenta de que ese hombre, con su metedura de pata, acababa de elegirse voluntario para una muestra de la crueldad que se aplicaría hacia los traidores al General.

Nicolai le conectó un crochet directo a la boca del estómago. Éste soltó el micrófono , que golpeaba contra el suelo y volvía a emitir un desagradable pitido por los altavoces.el tipo se dobló de dolor, sin aire, dando una arcada seguida de un lamento.

Nicolai se giró sobre si mismo y daba un nuevo golpe en la zona cervical con su antebrazo. El crujido pudo sentirse en las primeras filas. La gente abría los ojos ante esa demostración de letalidad.

Para terminar, Nicolai aprovechaba la posición de su mano y cogiendo de la barbilla de aquel desgraciado, giró su antebrazo con fuerza y rompió su cuello del todo. Un sonido de madera quebrándose anunció el fin de su vida. El cuerpo quedaba tendido sobre la tarima.

Nicolai recogió el micrófono de suelo y volvió a colocarlo en la mesa desde la cuál había dado el discurso el General. Todos los presentes se miraban entre ellos. Médicos, militares, policías, ingenieros… Ninguno vio como buena idea hacer ningún comentario más.

Kuyra rodeó la mesa de aluminio y se situó al lado del cadáver. Abrió los brazos como si de un buitre negro se tratara, y sin necesidad de usar el micrófono, dió un último mensaje :

-SEÑORES, ENHORABUENA. YA FORMAN PARTE DEL NUEVO ORDEN MUNDIAL-

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La tarde volvía a caer sobre el bosque de Deepgreen. El día era frío, como de costumbre, no había demasiadas nubes. Algunos cúmulos altos y un tono gris azulado en el cielo presagiaba una noche fría. El viento corría levemente, lo justo para mover algunas ramas, las más débiles de los árboles.

-Voy a encender la estufa- explicó Azrael que recogía las astillas y maderas de la planta baja – tú, puedes empezar por curarte esa herida antes de que empieces a necesitar algún medicamento del que no disponemos.

La oscuridad comenzaba a dibujar sombras en la casa. Éstas, iban creciendo hasta ocupar la mayor parte del interior del cuartel.

Julius, se afanaba en rociar meticulosamente el corte de su pierna con alcohol y yodo. El líquido penetraba en su herida y una masa blanca de pus y deshechos salían de ella.

Su gesto indicaba el terrible escozor que sufría. – ¡Joder!-blasfemaba – Duele más de lo que parece.

Azrael subía las escaleras de lado. En su mano, un cubo vaciado de pintura, que le había venido a la perfección para cargar los trozos de madera. Patas de sillas y astillas del tablero de la mesa, serían el combustible que alimentaría la pequeña estufa esa noche.

-¿Habrá bastante?- preguntó Julius, sujetando su pierna y apretando los dientes. -Puedo ayudarte a buscar más leña. Tú también estás bastante jodido.

-Seguramente salga a por más. Traeré unas cuantas ramas de los árboles más cercanos- dijo Azrael señalando la ventana- yo estoy jodido, pero tú tienes que descansar.

Azrael se tocaba la cara con cuidado. La paliza que había recibido de ese canalla le había dejado hecho polvo.

Enfundó el cuchillo en su pantalón y bajó las escaleras apoyando las manos en las paredes de friso. Tenía media cara aún anestesiada por aquellos puñetazos- ¡Puto cabrón!- se quejó al intentar abrir el ojo morado.

Se asomó a la ventana de la planta baja, realmente no dejaba muy claro lo que podía verse por la capa de mugre que la cubría.

Un vistazo rápido y unos segundos escuchando, le dieron la seguridad que necesitaba para salir. Abrió la puerta muy despacio, sin hacer el menor ruido y comprobando que, al menos donde llegaba a ver, estaba despejado.

Se aproximó a unos arboles que quedaban a unos metros. Seguramente el frío había acabado con ellos hacía meses. No tenían el menor signo de vida. La corteA se

estaban secos en lo alto y cubiertos de moho en la parte baja. Azrael saltó pero no consiguió alcanzar ninguna rama. Lo que sí logró con ese salto, fue recordar cada golpe que su cuerpo había recibido. Empezaba a enfriarse y ahora sentía las magulladuras, los brazos le ardían en cada lugar donde había impactado una patada.

Colocó sus brazos en jarra y miró alrededor. A su derecha encontró algo que llamó su atención..

-Lo siento, pero es lo que hay – dijo con resignación. Se acercó al lugar donde había enterrado los cadáveres. Observó durante unos instantes los tres cuerpos que yacían entre nieve y hojas muertas. Eligió el que menos sangre tenía esparcida por la ropa y lo arrastró unos metros -Bueno, al menos servirás para algo útil- Le dijo al cuerpo rígido del hombre.

Le sacó los pantalones con dificultad. Desvestir un maniquí de ochenta kilos con el frío del bosque, es algo difícil. Y más teniendo en cuenta la cantidad de golpes que había recibido hace unas horas. Cada vez que apretaba las manos se acordaba de que había estado a punto de morir. Miró hacia la ventana del cuartel y sonrió.

Desató las botas del muerto. Azrael se fijó en que eran bastante viejas. Ajadas y llenas de pegamento. Tiró entonces del pantalón. Una prenda de tela vaquera que llevaba algunos remiendos. – Qué raro- pensó. Sacó el pantalón del todo y lo sacudió para quitarle la mugre y las hojas pegadas. El vaquero estaba empapado. Quizás ese detalle le ayudase en su cometido.

Azrael se colocó justo debajo del árbol que había intentado alcanzar anteriormente. Cogió una pierna del pantalón por la parte baja y lanzó el resto por encima de la rama más cercana. Agarró la otra pata que quedó colgando, dió una vuelta de tela sobre su muñeca y se colgó con fuerza.

Saltó como buenamente pudo, tratando de obviar el dolor de sus lesiones, la rama basculó un par de veces cuando Azrael colgó su peso. Un sonido seco se sintió al astillarse, al tercer intento consiguió que se partiese y ésta se le vino encima de improvisto.

El estruendo se percibió a cientos de metros a la redonda. Azrael cayó de espaldas sobre la nieve. Amortiguó la caída golpeando con sus palmas y antebrazos en el suelo y se cubrió la cara rápidamente.

La corteza reseca y la nieve del árbol, cubrieron parcialmente su cuerpo. La rama cayó a un metro de donde estaba.

Azrael escupió el polvo y la suciedad que le habían caído en la boca. Limpió su rostro con la manga de la chaqueta y sacudió la cabeza.

-Joder, qué hostión- parpadeó varias veces hasta que el polvo desapareció de sus ojos.

-Has estado rápido- Se oyó por detrás- la rama ha estado a punto de caerte encima..

Azrael giró la cabeza hacia el lugar de donde procedía la voz. -Al final acabaremos siendo amigos. De hecho, hay amigos a los que últimamente veo menos que a tí –

Esa voz inconfundible.. Un tono cargado de sabiduría y paciencia al mismo tiempo. Con un toque ronco que sólo podía pertenecer a un hombre.

-¡Coge mi mano,chico!- Dijo el pescador alargando el brazo hacia él.

Hoy iba vestido de forma diferente. Un abrigo de pana con parches de tela, cubrían al viejo y le protegían del frío invernal. Llevaba una especie de uniforme debajo. Parecía el tipo de ropa que se daba a los conductores de trenes en la antigüedad. Jersey de lana con un logotipo descosido y pantalón de tela gruesa con raya a un lado. Bastante limpio para lo que se solía ver por ahí en esa época.

Azrael agarró su mano, podía levantarse perfectamente pero no quería ser descortés con él. -¿Cómo me has encontrado?- preguntó mientras sacudía su gorro lleno de suciedad.

-Oí un disparo- explicaba el viejo.- Pensaba que alguien podía estar en problemas. Últimamente cada vez que hay algún problema, suelo encontrarte cerca. Estoy empezando a pensar que eres un tipo conflictivo- sonrió el viejo mientras le daba golpecitos en el hombro.

-¿Todo bien , Azrael?- preguntó serio el pescador.- te veo bastante magullado.

Azrael le puso la mano en el hombro y le regaló una mueca de agradecimiento.

-¿Quieres pasar?- Azrael le mostraba la entrada con la mano- encontré éste sitio huyendo de la ventisca. Puedo invitarte a un café.

-No me gusta el café, y tengo bastante prisa- dijo el viejo pescador.- tú deberías ponerte en marcha, a tí si que te esperan-

El viejo se ajustó la capucha de su abrigo remendado hasta que no se le veía la cara. -Siempre es un placer volver a verte- señaló con su bastón la ventana del cuartel- cuida de ese chico, parece buena gente. De los que ya no abundan- Azrael se quedó perplejo. ¿Cómo sabía el viejo lo de Julius? Era totalmente imposible que le hubiese visto, y mucho menos que supiese nada de él.

-Pero..

-Ve a ver a esa chica. Cuantos más seáis, más difícil será haceros daño- el pescador tenía la costumbre de terminar de hablar cuando ya llevaba unos metros de su camino.

Volvió a recoger la rama partida. Golpeó la madera con su bota varias veces para sacudir la porquería. La arastró hasta la casa y cerró la puerta para a continuación subir las escaleras. -¿ Todo bien?- Dijo Julius desperezándose- me he quedado dormido. ¿Cuanto llevas fuera?.

-Puede que media hora- contestó Azrael- la maldita rama no quería romperse. Bajaré a partir unos trozos y encenderé la estufa

Y así fue. Azrael cortó en unas cuantas partes la madera. Hizo varias muescas con su cuchillo y se ayudó de su peso para terminar de romperla.

Encendieron el fuego de esa pequeña estufa de metal, muy eficiente para su tamaño, y subieron algunas de las provisiones que había encontrado en la despensa. -Tenemos pasta deshidratada para cenar -advirtió Azrael.- mañana de camino cazaremos alguna cosa. También hay alguna ración de emergencia, pero prefiero no gastarlas.

-¿De camino?, ¿A Dónde?- Julius se incorporó y se apoyó sobre su codo.

Azrael, removía la pasta encima de la estufa. El trigo seco se reblandecía y daba vueltas en el agua hirviendo.- Hay un grupo de gente. Son como una familia, se han ubicado a unos kilómetros de aquí. Estarás bien con ellos, además, necesitan nuestra ayuda..

-¿Nuestra ayuda?, ¿No perteneces a esa.. familia?.

Azrael se quedó mirando su reflejo en la ventana sin dejar de remover con el contenido del recipiente.

-Ya no se a dónde pertenezco. Puede que mi lugar en éste mundo sea ninguna parte..

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte