CAPÍTULO 36. Cuestión de confianza.

CAPÍTULO 36. Cuestión de confianza.

Azrael averigua ciertas cosas sobre su nuevo compañero que le harán decidir si dejar o no que lo acompañe.

Un nuevo día abrazaba al bosque. El sol volvía a ser poco más que un círculo amarillo que brillaba sin ánimo a través de una masa infranqueable de nubes del color del acero.

Azrael miraba al techo sin pensar en nada y a la vez en todo. Las tablas de madera que cubrían la parte interior de la casa habían sido tratadas con barniz de color anaranjado y la poca luz que entraba se reflejaba bastante bien. Miraba hacia el cadáver de la butaca. ¿Puede uno acostumbrarse a vivir con los restos de una humano? Seguro que si. Azrael había visto demasiadas cosas. Muchas de ellas infinitamente peores que un esqueleto con la ropa ajada.

Azrael se tocó la cara e inmediatamente volvieron a su cabeza los momentos tan duros que había vivido el día anterior. Casi no se acordaba de que Julius estaba en la litera de debajo. El chico aún dormía. Tenía bastantes preguntas que hacerle. No quería cometer un error llevándole al complejo turístico y que Maika tuviese problemas con él. Lo que menos necesitaba esa mujer era una preocupación añadida.

Saltó de la cama, no demasiado fuerte pero sí lo justo para que sus costillas le recordasen de nuevo la paliza de aquella noche. El suelo crujió levemente y Julius se despertó de un susto.

-¿Qué, qué hora es?, ¿Dónde estamos?- recorrió la habitación con la mirada y ésta se quedó fija en Azrael.

-Veo que tienes mejor cara. Debe ser que no morir te ha sentado bastante bien- le sonrió Azrael – Voy a ver qué hay para desayunar. Y buenos días a tí también- Se giró hacia el cadáver del guardabosques.

Bajó las escaleras mientras se abrochaba la chaqueta de caza que llevaba. Innumerables manchas de sangre la coloreaban de forma lúgubre. El rojo se había tornado bermellón y al final negro. -Debo buscar otra cosa que ponerme- pensó.

Abrió la puerta de madera de la pequeña despensa. -¡Joder , una lata de piña!, Y sólo lleva unos meses caducada.. parece que la mañana nos da un respiro- Azrael se quedó mirando la lata de fruta, pensaba en todas las veces que había desayuno piña con sus hijas. Ahora desayunaría de nuevo, y de nuevo lo haría en compañía, aunque no fuese la de sus pequeñas.-¿Papá, puedo ver los dibujos?- las palabras de sus hijas salían de su cabeza y se clavaban en su corazón.

-¿Va todo bien? – Se oyó desde arriba- Te has quedado en silencio.

Azrael no contestó. En vez de palabras, su garganta sólo tenía recuerdos que le ahogaban. Por eso decidió subir y ocupar sus pensamientos en averiguar algo más de ese chico.

-Perdona Julius, estaba buscando en el piso de abajo algo más para desayunar.-Se disculpó Azrael.

-Creo que la herida está sanando bastante bien. Nunca podré darte las gracias lo suficiente- Le dijo Julius con una mueca de agradecimiento.

-No tienes que darme nada. Ya salvaste ayer mi vida. Estamos en paz. Voy a calentar algo de agua y haré un poco de pasta de sémola que dejé ayer. Coge un par – Azrael acercó la lata de piña abierta al chico y le ofreció un tenedor de plástico que no estaba precisamente nuevo.

Julius miró su cubierto detenidamente, lo humedeció con su aliento y lo limpió con la manta. -Te cojo un par de rodajas, no me gusta demasiado la piña- dijo el chico.

-Pues debería. La piña tiene bromelanina, una encima digestiva muy buena, además de fibra y unas cuantas vitaminas- le explicó azrael.

-Bueno, allí la comemos a menudo. Pero no en conserva.

-¿Cómo dices? La piña natural solo crece en lugares cálidos. Explícate- dijo interrogante Azrael mientras removía la pasta en el agua.

-En la base de la mina. Allí hay una especie de reserva enorme. Puede que sea como tres campos de fútbol americano- Abrió los brazos todo lo que pudo- allí tenemos piña, coco, arándanos y un montón de variedades de otras frutas y hortalizas. Por no hablar de los animales. Tenemos gallinas, cerdos, vacas y hasta conejos.

Azrael se giró hacia Julius, se sentó a su lado y le colocó la mano sobre el hombro. Una mano dura, recia. Envejecida por el frío y con los nudillos ajados.

-¿Por qué estabas con esos hombres?-Le preguntó- los tipos del bosque- indicó con la cabeza señalado la ventana.

La cercanía y el tono amenazante tiñó de seriedad el ambiente. Azrael sabía que ese chico podía aportar bastante información sobre los hombres del bosque y sobre la base. Además de conocer a Iosip mejor que cualquier persona del entorno de Maika.

-Voy a darte un pequeño márgen de confianza. No acostumbro a dárselo a nadie desde hace mucho tiempo, pero ayer me salvaste la vida. Dime, ¿Qué cojones hacías con esos tipos?- Azrael clavó la mirada en los ojos del asustado chico. La mirada taladraba el sosiego de Julius. Azrael apretaba la mandíbula y los músculos de la cara parecían tomar vida propia.

Julius apartó la mirada y trató de encontrar las mejores palabras para explicar su situación sin dejar que alguna duda le dejase en una situación comprometida.

-Ya te he contado cómo llegué a la base. Todo fue por mi padre. Su experiencia en el mantenimiento nos salvó la vida. El día que falleció fue cuando empezaron a tratarme cual apestado. Me dieron un arma y el uniforme y me dijeron que acompañase a Iosip. ¡Al bosque!, Todos sabíamos que el bosque era muy peligroso. Iosip y su equipo siempre salían y volvían, aunque a veces no todos. Yo nunca estuve preparado para ésto. Prefería quedarme en la base q y ocupar el puesto de mi padre, pero por algún motivo tenían otros planes para mí.

Una mañana, hace unas semanas, me asignaron unas órdenes. Teníamos que ir a visitar a un grupo de individuos que moraban en el bosque, ya habíamos tenido algunos encuentros con ellos, gente sin educación ni miramientos. Creo que Iosip tenía algún tipo de acuerdo con ellos aunque siempre estaba protestando y maldiciendo sobre esos tipejos.

Entendí el porqué de su reticencia cuando los conocí. En un par de ocasiones habíamos hablado con alguno de ellos. Iosip les pedía novedades y les entregaba un par de armas, botellas de licor y ese tipo de cosas. Por lo que pude observar esos días, Iosip los había impuesto un servicio de mercenazgo contra su voluntad. Debían acabar con cualquier persona no autorizada a residir en éstos lares.

Pero creo que empezaron a fallarle. No conseguían terminar no sé qué trabajo y Iosip se enfadó muchísimo. Tanto, que en una ocasión agarró a uno de ellos por el cuello y le partió la tráquea con los pulgares. Yo casi me desmayo. Aquel pobre hombre ya había muerto y aún Iosip lo seguía estrujando como a un pollo- Julius ponía una expresión de miedo tan sincera que Azrael empezó a darse cuenta de que estaba delante de un pobre inocente al que la buena o mala suerte le había permitido sobrevivir hasta el momento.

-Está bien. Pero..¿Cómo es que empezaron a perseguirte?- preguntó Azrael acariciando su barba.

Julius se quitó la manta que cubría su pierna y con dificultad se puso de pie. Dió unos cuantos pasos hasta que llegó a la ventana, se calentó las manos con la estufa que aún tenía algunas brasas y dejó que su mirada se perdiese en el bosque nevado.

-Una tarde nos dieron un aviso de urgencia. Debíamos ir a un encargo especial, alguna cosa concreta que era bastante importante. Zmei estaba nervioso y Iosip mostraba un gran cabreo. Me mandó coger el arma y el uniforme y me pidió que me preparase para salir. Normalmente hacíamos entregas de alguna mercancía y volvíamos, pero ésta vez fue diferente.

Hará como una semana que ocurrió. Iosip y otros tres fuimos a ver a esos “hombres del bosque”, sin mediar palabra llegamos a la reunión como siempre. Solo que ésta vez había al menos diez de ellos esperando. La situación tenía un ambiente enrarecido, a Iosip no le gustó cómo pintaba el tema y abrió fuego. Las balas volaron, cayeron todos los nuestros menos él. Yo me salvé porque me había escondido detrás de un árbol, había perdido mi arma en el jaleo. No se ni lo que pudo haber ocurrido con ella.

El caso es que murieron casi todos, Iosip huyó y yo fui capturado. Cuando me di cuenta de que estaba sólo con tres de ellos me di por muerto.

-Pero no te mataron- alegó Azrael.

-Yo pensaba que lo harían. Durante unas horas, estuvieron discutiendo sobre qué hacer conmigo.Por cómo hablaban, alguno de ellos pensaba que podrían negociar si me entregaban con vida. Realmente estaban esperando a que me intentasen rescatar o que quisieran negociar de alguna forma para que me liberasen. Yo también lo pensé- Julius miró al suelo y aunque esquivó los ojos de Azrael, no pudo evitar volver a llorar.

-Hice amistad con uno de ellos. Un chico me traía comida y me daba de beber. Hablábamos unos instantes cuando podíamos, creo que él quería estar allí tan poco como yo.

-Pasaron dos días. Me tuvieron atado a un árbol, hicieron un fuego cerca de mí y me trataron mejor de lo que yo esperaba. Pero cuando se dieron cuenta de que me habían abandonado los de la base y de que no obtendrían nada por liberarme, trataron de sacarme información sobre Iosip y sus hombres. Al tercer día ya les había contado todo lo que sabía.

Una mañana, el chico que me traía la comida me despertó antes de que amaneciese.visiblemente nervioso, me dijo que tenía que irme, que sabía que esa era mi último día con vida. Había oído a los suyos la noche anterior y decían que me ejecutarían esa misma mañana. Así que cortó la cuerda que me ataba y me devolvió mi pistola.

No pude ni darle las gracias- lamentó Julius.

-Puede que hubiese recorrido apenas cincuenta metros entre la maleza, cuando oí gritar a ese pobre chico. Alguien del campamento había descubierto que me había liberado y .. Dios sabe lo que le habían hecho. Entonces me centré en correr. Recorrí miles de metros entre árboles. Estaba perdido. Traté de volver a la base. Pero cuando estaba a penas a un par de kilómetros me lo pensé mejor. Si no me habían rescatado es porque no me querían allí, así que me di la vuelta y me adentré en el bosque de nuevo. Parece una locura pero quizás encontraría un refugio y no dependería de nadie, viviría por mi cuenta.

Peri diez minutos después, me encontré lo que menos quería. Los tipos del bosque me habían seguido y ahora trataban de darme caza.

Empezó entonces una carrera sin tregua. Disparé contra ellos pero no di a ninguno. Los nervios y el frío me anularon cualquier capacidad de apuntar. Ellos por el contrario si me hirieron- Bajó la mirada hacia la pierna vendada y se tocó ésta con los dedos.

-Y entonces llegaste aquí.

-Así es. Entonces supongo que si tú no pretendes matarme, serás la única persona que ha hecho algo por mí sin esperar nada a cambio.

Julius miró fugazmente el semblante serio de Azrael. -Te equivocas en algo, chico. Si voy a pedirte algo. No estaba muy seguro de si debía o no, pero tengo un trabajo para tí.

Julius abrió los ojos casi tanto como pudo y sin mover la cabeza giró los ojos en dirección a su compañero de habitación. -Dime, tendré a bien cualquier cosa que me pidas. Has salvado mi vida y me has acogido aquí permitiendo que me recupere.

Azrael se levantó de la cama y caminó hasta la parte donde comenzaba la escalera que bajaba hasta el piso inferior. -Acompáñane-hizo un gesto con la cabeza a Julius para que éste le siguiera.

Ya casi podía mover la pierna con normalidad. No tenía infección en el corte y la noche a cubierto le había permitido descansar. Un chico joven que a pesar de su fragilidad moral, contaba con un sistema inmunológico bastante eficiente.

Corrió la vieja cortina metálica que cubríala ventana de la recepción. Como por arte de magia, todos los colores de la habitación se recelaron ante la luz que entraba

Los dos bajaron despacio el tramo de escalones. Azrael comprobando que no hubiese nadie tras el giro del final y Julius apoyado sobre la barandilla envejecida de madera.

Corrió la cortina metálica que tapaba el ventanuco de la sala principal. Como por arte de magia, la claridad reveló los colores de aquella habitación. Azrael apartó el polvo que había quedado suspendido al mover el estore.

Se situó junto al enorme mapa que presidía la sala. Un gran mural que detallaba cada rincón del bosque y alrededores. Cada caseta, cada construcción, cada camino o carretera, todo estaba representado allí. La luz y el polvo habían desgastado y atenuado su color, aunque se distinguía cada ubicación perfectamente.

-Aquí es donde estamos. Al noroeste del bosque. Tenemos varias formas de ir a donde vamos. Una es cruzando por medio de la vegetación y subiendo por el curso del río. Es algo más largo pero no hace tanto frío. La otra forma es subiendo por la base de la montaña. Hace un viento bastante incómodo y la temperatura es sensiblemente más baja que en cualquier parte.

-¿Has dicho vamos?- preguntó Julius. –Calculo que recorrer el tramo que nos separa de nuestro destino nos llevará poco más de dos horas. -continuó Azrael sin responderle. – Tres si vamos por la zona de árboles- Señalaba con el cuchillo un área que al menos en el mapa se componía de mayoría boscosa- Vamos a bajar por aquí, recorrer el lateral del cauce y atravesar toda la zona arbolada, recorreremos más metros pero al menos podemos acampar si se tuerce demasiado el temporal. Por la montaña lo tenemos jodido con ésta ventisca.

-Sólo que, hay un problema- corrigió Julius- ellos tienen un pequeño puesto de guardia en algún punto cercano al camino que has descrito.

Azrael miró el mapa y dejó que su cabeza organizase todos sus pensamientos durante unos segundos que a Julius le parecieron interminables.

-Ese puesto ¿Qué tamaño tiene?- le consultó con mirada interrogante.

-Una caseta de información, con dos personas. Puede que tres. Antiguamente servía como punto de encuentro para excursionistas. Fuimos allí a hacer alguna entrega en un par de ocasiones.-Aclaraba Julius.

Azrael volvió a adquirir ese tono de matices salvajes en su rostro. -Sube y descansa. En un par de horas saldremos de camino. Y… Julius, carga ese revolver, te va a hacer falta.

La mirada de Azrael evocaba los peores temores del chico. Ese gesto tenía algo en común con el que solía tener Iosip habitualmente, solo que diferente. De forma similar pero totalmente opuesta.

El joven subió las escaleras sin casi reparar en su corte de la pierna. Eso era buena señal, en unos días y con el debido cuidado, sería una cicatriz más para recordar.

Llegó al piso de arriba y revisó con la mirada a su alrededor. -¿Por dónde empezar? Ah sí, el arma-se dijo a sí mismo.

Registró las taquillas. Consiguió algunos cartuchos del revolver 38 especial y unos cuantos de una escopeta calibre 12/70. Los colocó todos en una canera de cuero y la puso sobre la cama. Se sentó al lado y comenzó a cargar el revolver.

Buscó en cada rincón de aquella planta. Encontró un pantalón que le venía algo holgado pero que estaba bastante mejor que el suyo, además de no estar cubierto de sangre y suciedad. Un forro polar color coyote y un par de prendas de abrigo que olían a armario cerrado. Julius se probó las que le parecieron de su tamaño y escogió las que se quería poner. -¡Vaya suerte! -Dijo en alto- Por fin podré quitarme éste uniforme.

De repente una sensación extraña subió por su espalda y erizó su piel.

Un viento frío había recorrido el cuartel para dejar paso a un silencio total. No se oía nada en absoluto. -Azrael, ¿estás ahí?- nada, ni una respuesta.

Julius se enfundó el arma y decidió bajar a comprobar por qué no obtenía contestación de su compañero. Ya sabía por qué, no estaba. El piso inferior se había sumido en un terrible silencio que atemorizaba a Julius.

Un pequeño rastro de nieve había quedado en el interior del acceso dejando claro que la puerta se había abierto recientemente, Azrael había salido. Se había marchado sin hacer comentario alguno o sin dejar ningún tipo de indicaciones. -¡Mierda!- exclamó el chico.

¿Se había pensado mejor lo de que lo acompañara? Por alguna razón que se le escapaba, había partido sin él. ¿O quizás hubiese salido a algo?- No , él me hubiese avisado- se convenció.

Julius abrió la puerta con cuidado pero con nerviosismo. Ante él sólo se mostraba un bosque inhóspito que sucumbía al atardecer de invierno. Las ramas y hojas de los árboles perennes cantaban una canción al son del viento que haría pensarse el adentrarse al más valiente.

Pero, ¿Por qué se había ido?. A Julius se le amontonaban los pensamientos. Se pasó la mano repetidas veces mientras trataba de encontrar explicación a ese comportamiento. No tenía sentido o al menos él no se lo encontraba.

Pasó de nuevo al cuartel y mientras dilucidaba sobre la situación, fue capaz de distinguir algo que le puso en alerta. En un punto del mapa, había una nota clavada con el mismo tenedor de plástico con el que Julius se había comido la piña.

-¿Ésto qué es?- se preguntó viendo la marca del tenedor.

La nota lo dejaba claro: “Coge tus cosas y ve hasta el punto que indico. Cierra al salir. Suerte.”

Julius cogió la nota y la guardó en su bolsillo. Durante un rato trató de ubicarse en relación al mapa y a donde se encontraba. Parecía fácil. Sólo debía seguir la indicación que habían estado tratando hacía unas horas.

El camino entre los árboles parecía sencillo, salir del cuartel y en unas dos horas llegaría al punto que Azrael le había marcado. -Pero ¿Qué habrá ahí?- se preguntó. -El mapa marca una especie de pequeñas construcciones pero no hay nada escrito.

Julius se cargó de valor. Colocó las manos sobre el mostrador y miró por última vez el mapa tratando de hacer un foto en su memoria.

Subió de nuevo las escaleras y aunque nervioso, consiguió ordenar en su cabeza las cosas que podía necesitar.

Cogió una vieja mochila de una de las taquillas e introdujo en ella algo de munición extra, un cuchillo y comida que les había sobrado, no mucha, tan solo una ración de emergencia y algunas pasas sueltas. Esperaba encontrar aquel lugar sin demorarse demasiado. -Allí tendré que buscar alguna cosa que echarme a la boca cuando llegue-.

Bajó de nuevo las escaleras y se puso el gorro de lana junto con la braga que había encontrado arriba. Abrochó su nueva chaqueta y se colgó la mochila.

-Espero no dejarme nada..

Salió del cuartel. Palpó sus bolsillos. Revolver, cuchillo.. Cerró la puerta detrás suya, tomó aire y con paso decidido se adentró entre el helado y peligroso bosque.

-Espero llegar allí sin problemas, ya es hora de que me salga algo bien..-

Pero se equivocaba..

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte