CAPÍTULO 38. El joven que quería vencer a sus demonios.

CAPÍTULO 38. El joven que quería vencer a sus demonios.

Julius se dirige al complejo turístico y su camino se tuerce bastante.

«El hombre sensato no presume de sabio. Anda con tiento y con tacto. Callado y cauto acude a la aldea evitando enredos. No le falla su aliado más fiel: La cordura que le acompaña.»

Havamal. Proverbio vikingo.

Cerraba los ojos por turnos. El aire secaba sus pupilas y una incesante sucesión de lágrimas recorría sus mejillas. Por mucho que intentase protegerse con su brazo, siempre se colaba una pequeña porción de aire del norte entre su ropa y su piel. -Maldito clima-Pensó Julius mientras se ajustaba la capucha. -No siento las manos, y eso que era el camino fácil..

El bosque susurraba con cada ápice de viento que recorría su frondosidad. Julius, asustado, miraba a su alrededor cada instante, cada paso. Cada ruido era sospechoso. Por más vueltas que le daba, seguía sin dar explicación a la marcha de Azrael. Sólo esperaba llegar a ese complejo del que habían hablado sin cruzarse con nadie. Al menos con nadie que viese como buena idea asesinarlo por diversión.

Metió las manos en los bolsillos y apretó la barbilla contra su pecho. Debía cubrir todos los centímetros posibles de su piel y no dejar que el frío lo venciera. Puede que llevase caminado más de una hora, según sus cálculos, debía quedarle la mitad del trayecto hasta el complejo.

Llevaba ya un rato sin sentir los dedos de los pies. El pantalón se había vuelto incómodo y le rozaba con las piernas aumentando la sensación de frío y malestar.

El chico sentía miedo otra vez. La misma sensación de vulnerabilidad. Cada pensamiento era peor que el anterior. Julius empezó a asustarse. La sombra de la desorientación era cada vez más grande. Como un animal asustado, hizo lo que las presas mejor saben hacer, correr..

Julius emprendió una carrera sin destino concreto. Esquivaba árboles y fantasmas tratando de dejar atrás un enemigo que no sabía si existía. Dos minutos frenéticos de carrera y el aliento comenzó a faltarle. La fuerza de sus piernas amainaba como empezaba a hacelo el viento. Ya no se oía más ruido que su propio pulso pidiendo socorro.

-Vale-dijo en su interior- tranquilo, Julius, es sólo el viento.

Dando un momento de tregua a su corazón, decidió parar su carrera. Aprovechando que el viento había aflojado un poco, apoyó la espalda en un árbol por la parte del tronco por donde no daba el aire. Puso sus heladas manos sobre sus rodillas y se encogió dentro de su chaqueta.

El aire enfurecía de nuevo y volvía a desplazar al silencio del bosque. Ahora soplaba con fuerza y parecía reírse del joven Julius.

Las ramas se mecían a un son macabro y creaban un desagradable coro de ruido que agobiaba al chico. No dejaba de mirar a su alrededor. Todo le ponía en alerta. Todo era una amenaza. Cuando estás aterrado la mente juega muy malas pasadas..

El ruido, las ramas, la hojarasca corriendo por el suelo, los cuervos, los dos hombres que lo observaban de frente…

La vida de Julius se había congelado. El bosque se ralentizaba quedando sumido en un espacio temporal que él veía a cámara lenta. Podía oír su respiración, sus latidos..

-¡Vaya por Dios! , Nuestro pequeño amigo venía a visitarnos.. – Gritó uno de los tipos.

A Julius se le acababa el tiempo. De frente a él, dos hombres vestidos de forma inequívoca lo miraban con desprecio. Él los conocía. Pertenecían al mismo grupo del que se había escapado hacía un par de días.

Se sabía muerto. Aún vivo. Pero no por mucho tiempo.

Volvió a ejercer su papel de presa. Últimamente se estaba acostumbrando a sentir la muerte en la nuca y a tener que correr por su vida. En definitiva, éste mundo no era para él.

Al menos no si seguía esperando que las cosas fueran fáciles.

Perseguido. Repudiado por los del nuevo amanecer y ahora según parecía, también por Azrael. Su autoestima era poco menos que una luz lejana en lo más oscuro del bosque.

Tocaba correr. Julius agachó la cabeza e inició una serie de torpes pasos desesperados hacia dentro del bosque.

No quería mirar atrás. No quería ver la cara del que posiblemente acabase con su vida.

-¡Vamos, cachorro! No vamos a hacerte nada..

Uno de los dos perseguidores, el más esbelto, había puesto todo su empeño en darle caza. Corría como un galgo en mitad de una batida de caza. Sentía el sabor de su próxima presa. Ya casi daba alcance al joven.

-¡Ven aquí pequeño hijo de puta! Tenemos algunas cosas que preguntarte..

Julius cometió el error de echar la vista atrás. La imagen distorsionada de sus perseguidores se había incrustado en su ánimo y lo había dejado sin esperanza de escapar ninguna.

Los árboles y vegetación que iba dejando atrás se convertían en una mancha verde a los lados de su campo de visión. En el medio de ésta, podía verse correr una figura negra. Una mancha que representaba a uno de sus muchos demonios y que lo seguía de cerca sin descanso. La carrera tocaba a su fin y con ella probablemente la vida del chico.

Julius pisó una rama y cayó sobre un enorme charco de agua a medio congelar. El barro y la suciedad habían cubierto su cara para hacerle aún más complicada la situación.

El chico se armó de valor. Tirado en el suelo, bocabajo, helado, casi entumecido. Se llevó la mano al pecho, dolorido por la caída tan bestial que acababa de sufrir.

Algo duro había machacado su abdomen, algo que él mismo llevaba y de lo cuál ni se había acordado.. el revólver de aquél cadáver..

No se lo pensó dos veces y lo sacó tan rápido como le fue posible. Un gesto más o menos hábil, pero no lo suficiente.

Giró sobre sí mismo y apoyó la espalda contra el suelo, apuntó con el arma hacia el lugar del que venía su perseguidor y la amartilló..

Sorpresa, no había nadie. Sólo sus latidos. ¿Se lo habría imaginado?

Ojalá..

De pronto una patada impactó contra su brazo haciendo crujir su muñeca y el revolver salió despedido. Otro golpe, está vez de puño siguió a la patada y le impactó en la cara.

Julius sabía que el fin se acercaba.

Un nuevo golpe le hizo rodar varios metro. Una bota demasiado dura le hundía su puntera de acero en el estómago.

Julius vómito lo poco que había desayunado y algo de sangre.

De rodillas, tosiendo, apoyando las palmas contra el suelo, aprendió de sí mismo que no quería morir como un cobarde.

-Bueno.. chico.. creo que tienes algo que contarnos..

¿Dónde están los otros?- Gritó el tipo.

-¡Que dónde están los otros!- volvió a gritarle.

El matón que se había quedado atrás, mucho más corpulento que el primero, llegaba al lugar donde Julius estaba siendo apalizado por su amigo. El hombre, vestía un traje militar de tonos verdes ya muy desgastados. El tipo, llevaba un cigarrillo en la oreja y por la parsimonia con la que hacía todo, parecía que se sintiese agusto con la situación que observaba.

-Levántalo- ordenó al primer hombre.

Con una sola mano, agarró el pelo de Julius y lo levantó para posteriormente lanzarlo contra el tronco del árbol más cercano.

El cuerpo del chico impactó contra la madera produciendo un ruido seco que estremecería a cualquiera con un mínimo de sentimientos.

El tipo volvió a coger al chico agarrando su capucha y lo obligó a incorporarse. Julius tosió y con inmenso dolor alzó la cabeza. Uno de sus ojos se había cerrado completamente debido al primer puñetazo y con el otro le costaba enfocar lo que tenía delante.

Una mezcla de babas y cuajarones de sangre le salían de la boca y acababan ensuciando su chaqueta. Se tanteó con la lengua y descubrió que le faltaba un diente. En otros tiempos le hubiese supuesto un disgusto pero viendo la situación, ya le daba igual. Total, su vida dependía del tiempo que quisieran gastar esos desalmados en acabar con él. O de las ganas que tuviesen de dar rienda suelta a su sadismo enfermizo..

Una bofetada sacudía la cabeza de Julius otra vez. Era curiosa la sensación que producía el hecho de que él sabía que debía dolerle pero no sentía a penas nada, sólo el mundo dando vueltas en torno al árbol en que se sujetaba su malherido cuerpo.

-Venga chico…no lo pongas más difícil.. cuéntanos a mí y a mi camarada qué ha pasado con nuestros amigos. Salieron detrás de tí y no han vuelto.- el hombre miraba a Julius de arriba a abajo- esa ropa no es la que llevabas… ¡Claro!.. nuestro pequeño mequetrefe ha encontrado un escondite…

El tipo sacó un cuchillo de grandes dimensiones. Con el rostro iluminado por la maldad que sólo Dios sabía hasta donde llegaba, colocó la hoja sobre la cara del joven.

-Ahora vas a decirme de dónde has sacado ese uniforme y ese revolver.. y también nos vas a contar a dónde coño ibas tú sólo.. o de lo contrario, te amputaré la cara y la clavaré sobre ese árbol mientras aún vives.

Julius miró de frente al hombre y respiró profundamente. Sabía que aunque Azrael lo hubiese dejado tirado no podía darles la información que querían. Total, él ya estaba condenado. No tenía porqué facilitarles las cosas..

De nuevo otro golpe le giraba el rostro. De nuevo el mundo dando tumbos. Y de nuevo la sensación de insensibilidad en su piel..

-Está bien- dijo a duras penas.

-Vengo de un refugio nuevo que he encontrado- los dos hombres, dándose por victoriosos, bajaron la guardia y prestaron toda la atención posible a sus palabras.

-El refugio está en un callejón, estaba oscuro, pero al final había unas luces de colores- los dos tipos empezaron a mirarle con rabia, pero él siguió con la explicación.

-Iba yo tranquilamente por ese callejón.. entonces escuché una voz de mujer..

Me giré y vi las luces.. era un local de esos de señoritas.. y cuando por fin pude ver la cara de ella.. me di cuenta de que era..

¡Tu madre!- Julius les tomaba el pelo. Ellos habían creído que les iba a dar toda la información que querían y el chico, un chaval indefenso y desarmado, en medio de un mundo postapocalíptico, les había tomado el pelo.

-JAJAJA- rió el hombre de mayor tamaño llevándose las manos a la cara.

-¡Maldito hijo de puta!- al hombre más delgado le hizo menos gracia la broma. Tan poca gracia, que sacó una pistola y le metió el cañón en la boca a Julius. El frío del arma si se notaba de verdad. La seriedad se apoderó de él. El pico de la mira se le clavaba en el paladar y le hacía brotar lágrimas debido al dolor punzante que sufría.

-Bueno, ya buscaremos el sitio nosotros, no puede estar muy lejos y sabemos la dirección en la que escapaste. Así que adiós..

Julius miró al cielo. Sabiendo que le quedaban segundos de vida, decidió no dedicar ni un pensamiento más al miedo que tenía. Casi podía ver a su viejo mirarlo desde arriba. Ahora volvería a estar con él. Aprendería durante la eternidad todo lo que no había aprendido de él en vida. Volverían a jugar, estarían con su madre y se sentiría orgulloso de no haber muerto siendo un cobarde.

El sonido de un disparo rebotaba en todo el bosque. Julius notó una fuerte sacudida. Algo extraño pasaba, se supone que la muerte debía ser de otra forma, pero él seguía teniendo frío y saboreando la sangre de sus encías.

El joven abrió el ojo que no tenía inflamado y se dió cuenta de que el hombre que estaba a punto de matarlo ahora se encontraba tumbado en el suelo, su cuerpo daba espasmos y le faltaba la mitad superior de la cabeza.

Julius giró la cara hacia el otro hombre que se había quedado congelado, los dos se miraron desconcertados. No entendían nada.

La solución al enigma se descubría entre los arbustos, Azrael con sorprendente tranquilidad, avanzó hacia ellos como si nada hubiese ocurrido, en la mano portaba el revólver que el chico había perdido hacía unos minutos.

Apuntó con él al corpulento hombre y le propinó dos disparos a la altura de la cadera. Los proyectiles destrozaron la cabeza del fémur del enorme tipo y le hicieron caer entre terribles dolores. El hombre pesaría fácilmente noventa kilos y mediría un metro noventa. Un gran cuerpo que caía doblado por la mitad contra el suelo.

Casi no tenía valor para gritar. Se llevó las manos a la cadera, apretó fuerte en el lugar donde los disparos habían penetrado y entonces comenzó a gritar de puro dolor.

Azrael se acercó hasta Julius y lo miró con el gesto de lado. Julius alzó la vista y sonrió débilmente exhalando el aire por la nariz.

-Eres la última persona que esperaba ver en éstos momentos- dijo el machacado joven.

-¿Cómo me has encontrado?..

-¿Encontrado?-Respondía Azrael- Llevo todo el tiempo detrás tuya y de esos dos cretinos.

Julius miro a Azrael con gesto de claro desagrado y algo de desconcierto.

-Joder tío, ¿Ibas a dejar que me mataran?.

-Si hubiese querido que te matasen, les hubiera dejado hacerlo.. -Contestó Azrael.

-No entiendo-Exclamó Julius- casi acaban conmigo, ¿ A qué esperabas?

El joven se sentía de muchas maneras. Su vida había estado a punto de terminar a manos de esos cabrones y la persona que ya le había salvado una vez volvía a hacerlo pero después de que se llevase una tunda de las gordas.

-No entiendo, Azrael- dijo con lástima- Apareces ahora y te cargas a ésta gente pero dejas que me den una paliza y que casi me maten. ¿Qué coño estabas pensando?

Azrael se separó del joven y dió unos pasos hacia donde yacía el hombre al que había disparado. Retorciéndose de dolor, el enorme tipo apretaba los dientes y maldecía sin decir nada que se pudiera entender fácilmente.

Azrael se agachó a su lado y puso una rodilla sobre el suelo. Observó cómo brotaba la sangre de entre los dedos de aquél canalla -Eso no tiene buena pinta, sabes que no llegarás a mañana ¿Verdad?- Azrael lo miraba fijamente. Sus ojos acababan de enfriarse y ahora tenían ese aspecto tan macabro de nuevo.

Bajó la mirada y con asombrosa tranquilidad guardó cada detalle del hombre que agonizaba a su lado. Julius miraba la situación con total intriga, no entendía lo que estaba ocurriendo.

Azrael se fijó en un detalle que llamaba su atención. Un pequeño objeto sobresalía de la bota de aquél desgraciado. Alargó la mano y lo sujetó mientras que vigilaba cada movimiento del hombre. Nunca hay que confiarse. Si tiene capacidad para moverse, tiene capacidad para herir.

Azrael cogió con la punta de los dedos el objeto y lo sacó despacio de la bota. Poco a poco según iba tirando de él, pudo comprobar que se trataba de un cuchillo de media dimensión. Mango de asta, hoja de acero.. una buena herramienta. Un objeto de calidad que antiguamente se llevaba a las monterías para dar muerte a ciertos animales de gran tamaño.

Azrael lo miró detenidamente, sin prisa. El brillo del poco Sol que se dejaba ver entre los árboles recorrió la hoja desde la empuñadura hasta la punta. Una sonrisa nada tranquilizadora se apoderó del rostro del superviviente.

-Así que ibais a ejecutar al chico..- dijo sin dejar de mirar aquél filo – no aprendemos nada. El mundo ya es bastante difícil como para que lo saturemos con nuestra maldad innecesaria- Azrael giró la cabeza hacia Julius y guiñó un ojo a éste.

-Por favor..- suplicó el hombre- Ayudenme…

-¿Sabes por qué he esperado tanto antes de ayudarte?-dijo Azrael señalando con el cuchillo a Julius- Porque era la única manera de saber cuáles son tus verdaderas intenciones. Ahora me ha quedado claro que prefieres morir antes que ayudar a ésta escoria- La mirada de Azrael volvió a recrudecerse y su gesto se tornaba oscuro de nuevo. Giró la vista hacia el moribundo hombre y con voz baja le susurró:

-Has elegido el mal. Podías haber hecho de éste mundo un lugar algo mejor pero decidiste alimentar tu maldad y oscurecer tu alma. Ahora yo voy a quitarte del medio y a seguir mi camino.

Entonces separó su cabeza del tipo y sin dejar de sonreír le incrustó la hoja de su propio arma. Más de veinte centímetros de metal helado se clavaban bajo la mandíbula de ese indeseable.

Un par de temblores después y aquél cuerpo dejó de moverse para siempre.

Azrael se puso de pie y con la mano aún chorreando de sangre del hombre, se acercó hasta el joven que observaba la situación totalmente impactado.

El superviviente, ante la mirada atenta del chico, comenzó a registrar los dos cadáveres con suma tranquilidad.

-Si quieres, puedes venir conmigo- dijo mientras palpaba los bolsillos de los muertos- Tienes mi confianza y así se lo transmitiré a la gente que vive en el lugar donde vamos. La vida no será un camino de rosas, debes entender eso, pero con ellos no estarás solo- explicó.

Azrael ayudó al chico a dar los primeros pasos hacia en rumbo hacia el complejo turístico. Le dió una palmada en la espalda y le devolvió el revolver y un puñado de cartuchos del treinta y ocho especial.

-Me alegro de que hayas aparecido Azrael-Dijo Julius

Pero la próxima vez , no esperes tanto para hacer tu entrada. No me apetece perder más dientes..

Azrael lo miró y mostró una mueca amable al chico.

-Yo me alegro de que hayas demostrado que no eres como ellos. Había puesto esperanza en que fueses de fiar para que te unieses a Maika y no me has decepcionado- Azrael sacó de su mochila un par de trozos de pasta deshidratada y algunas pasas rancias y las compartió con el joven.

-Tendrás que masticar la pasta, ahora no podemos parar para cocerla.

Julius miró el trozo cuadrado de fideos secos que acababa de recibir, quizás el día mejoraría según fuesen pasando las horas.

-¿Sabes?, Creo que eres un gran tío para tener cerca- dijo con ilusión el joven – Me alegro de que estemos del mismo lado..

Azrael se paró de golpe. Miró al chico fijamente y le espetó con seriedad:

-Nunca pienses en mí como un compañero de fiar.

Julius intrigado, miró la cara de Azrael y con voz temerosa le dijo:

-No entiendo porqué dices eso. Has salvado mi vida dos veces. Has hecho más por mí que la mayoría de personas que he conocido nunca.

-Porque acabaría contigo si de ello dependiese mi supervivencia..

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte