Capítulo 41. Lágrimas y Fantasmas.

Capítulo 41. Lágrimas y Fantasmas.

Una extraña alianza se fragua de la necesidad. Julius no termina de convencer a algunos componentes del grupo.

Es increíble. Lo que la vida puede significar en un momento para alguien, en unos instantes puede ser un mero recuerdo.

Si la alegría que nos acelera el corazón y que nos tiñe la vida de rosa fuera eterna.. ¿Cuánto duran las cosas que pueden tener importancia para uno? . Unos segundos después, ya no sirve como consuelo. Un vaso de McCallan con dos piedras de hielo, temperatura perfecta, nieve en el exterior.. casi podría decirse que la situación sería bastante difícil de mejorar.

Ahora el vaso estaba casi vacío. Alexander daba vueltas al medio hielo que resistía sin derretirse hundido en el dorado néctar que quedaba. Sólo un sorbo de un magnífico whisky y la botella casi se habrá terminado. ¿Puede considerarse un problema?

No uno demasiado importante.

Claro, que para ello habría que obviar el hecho de que el mundo actual es un mundo apocalíptico y que no se pueden fabricar más. Corren malos tiempos en aquél helado bosque.

-Quizás la decisión de haber asolado la mayor parte de vidas humanas del mundo no fue tan buena- pensaba Alexander -Pero .. ¿Qué podía hacer?.. ellos me quitaron la vida, no de forma literal, pero sí emocionalmente. Perdí mis ganas de vivir y las recuperé cuando supe que un castigo para todos ellos estaba al alcance de mi mano..

¿Conoces la teoría de la materia y la antimateria?- Ewan, escolta y amigo de Alexander desde hace unos años, miraba con inquietud a su jefe mientras éste esperaba una respuesta.

-Desde que ocurrió el supuesto Big Bang, cuando nada existía. Cuando ni los humanos ni su maldad habían sido ni siquiera imaginados, de un pequeño punto en algún lugar de la eternidad, se produjo lo que conocemos como universo. ¡BUUUM! Jajajaj – Gesticulaba Alexander.

-Todo tuvo origen, los planetas, las estrellas, la nada..

Materia y antimateria a partes iguales para conformar lo que conocemos como universo. El Ying y el Yang, Alfa y Omega.. Ewan , amigo mío, todo tiene su alter ego, su cielo o infierno, sólo hay que saber la parte que te ha tocado defender, tú misión en la vida..

Ewan, sin dejar de prestar atención a su jefe, dejaba que sus pensamientos tratasen de dar forma y algo de lógica a la información que Alexander le estaba dando. Un cúmulo de ideas que tenían mucho más sentido de lo que parecía visto desde fuera.

-Ewan, si mis conclusiones no son equivocadas, deberían haber encontrado ya éste sitio, ¿No es así?

Alexander terminaba su vaso de licor mientras esperaba respuesta por parte de su escolta.

-Así es, señor.. una de nuestras contravigilancias ha detectado a dos hombres de Kuyra volviendo a la base. Según el informe, su paso era mucho más rápido al volver que al venir hacia aquí. Estaban bastante nerviosos- El escolta dió el informe a Alexander y se quedó esperando un rato, dudando de qué repercusión tendrían sus palabras en la actitud de su jefe.

Alexander se giró y apoyó el vaso de cristal decorado sobre un mueble bar de la pequeña sala.

-¿Qué sabemos de su actividad? ¿Lograron acabar con aquellos hombres del bosque?- dijo mientras guardaba la botella semi vacía en el mueble.

-Negativo, señor.. Sabemos que Iosip había liquidado a la mayoría de la escoria con la que había tratado, pero no con el grupúsculo que escapó..

-La sobrina de aquél Coronel.. Sarcev.. ¿No es así?.

Alexander miró sonriente a su escolta. Podía notarse cómo un número indeterminado de pensamientos y malicias se maquinaban en el interior de aquél hombre.

Venganza, dolor, frialdad…

-Ewan, necesito saber todo lo posible sobre ese pequeño grupo. Si han resistido los ataques de un tipo como Kuyra, puede que sea por un propósito -Alexander miró durante unos instantes el marco de foto que presidía su mesa. En ella, podía verse a un joven Igor y una hermosísima Katya en la puerta de un hospital con un recién llegado Alexander en brazos.

En el cristal, su propio reflejo le devolvía a la realidad.

-La falta de previsión de Kuyra dejando vivos a esa gente me asombra enormemente. Lo elegí para el proyecto porque creí que cumplía con creces mis expectativas. Puede que estuviera equivocado.

Alexander dejó el marco de foto sobre la mesa de nuevo, se sentó en la pequeña butaca de cuero y sin mirar a su escolta le profirió una orden muy concreta:

-Necesito saber cualquier cosa de esa mujer y los que estén con ella. Hazlo personalmente- Ewan miró fijamente a su protegido mientras trataba de entender sus planes para con esa gente.

-Señor, disculpe mi atrevimiento, no creo que dejarle sin mi protección para espiar a una muchacha y su pandilla sea la mejor idea.

Alexander, alzaba las cejas incrédulo. No estaba acostumbrado a que lo contradijesen. Con el aura mística e inquietante que rodea al mayor genocida de la historia, se aproximó con pasos medidos hasta Ewan. Pese a que Alexander no era demasiado alto, Ewan no llegaba a medir un metro setenta, y eso con las botas de combate. Un tipo de lo más normal con una preparación no tan normal.

Ewan, hijo de un matrimonio norteamericano afincado en San Petersburgo, había logrado competir en varios torneos nacionales de Taekwondo y Sanda gracias a una invitación directa de la mano del presidente ruso. Un tipo de los que es mejor contar con ellos en filas propias.

Ewan se alteraba con la proximidad de Alexander. Pese a que tenían una confianza asentada durante algunos años, era difícil olvidar que ese hombre era responsable de la muerte de millones de personas. Su inestabilidad en las relaciones interpersonales le quitaba el sosiego a cualquiera.

-Amigo mío, sabes que tienes delante al hombre que jamás toma una decisión a la ligera. Si esa mujer.. Maika, ha logrado resistir hasta ahora, con el pupilo de Kuyra intentando echarla el guante, se merece un mínimo de atención por nuestra parte.. ¿No crees?

Se de sobra que Kuyra y sus cachorros están deseando quitarme del medio, pero aunque hayan encontrado éste lugar, no podrán acceder, además, aquí contamos con algunos de los mejores. No voy a tener miedo de esos mamarrachos, puedes estar seguro.

Alexander cruzó los brazos y se recostó en su asiento. Dió media vuelta al sillón y se quedó mirando directamente a la ventana enrejada de su búnker. La luz del atardecer se colaba entre los barrotes protectores que lo mantenían a salvo del mundo exterior, ese que él mismo había creado y que ahora se le volvía en contra.

-Ve. Averigua todo lo que sea posible sobre ella y los que la acompañen. Quiero saber cuántas veces va al baño y cuanto tarda en mear- Alexander giró de nuevo la cabeza y mirando de reojo a su escolta le hizo un gesto para que se marchase- Sal de aquí y tráeme la información que te he pedido, ahora he de ocuparme de otros asuntos. Q


-¿Qué le ha ocurrido?- Preguntó Julius mirando la camilla de Marion.

MaryAnne, que curaba la pierna del chico, se giró sin dejar de apretar el vendaje y puso los ojos sobre el cazador que yacía a unos metros tratando de recuperarse de las heridas.

-Luchó contra un oso.. es un héroe.

-¿U.. un oso? ¿En serio?..

MaryAnne terminó de aplicar un vendaje en forma de espiga y comenzó a lavarse las manos en una pequeña palangana de acero inoxidable.

-Los que pertenecemos al grupo, estamos dispuesto a lo que sea por ayudar y hacer posible que todos salgamos adelante. Yo aporto lo que sé de medicina, otros cazan, y algunos se juegan el pellejo por evitar que ciertos.. animales, lleguen hasta aquí. ¿Me entiendes?- la enfermera señaló con las tijeras quirúrgicas al chico. Éste se quedó callado mirando la punta del instrumento.

-C..Claro.. -Dijo con gran temor.

-Pues ya está, levanta el culo y ayúdame a incorporar a nuestro héroe. Voy a darle algo de comer, no queremos que se encuentre débil cuando supere sus heridas.

Los dos se colocaron en sendos laterales de la camilla de Marion, la enfermera indicó a Julius cómo debía coger al herido para sentarlo. -Tiene un corte grande en el pecho, justo en tu lado, ten cuidado con eso.

Julius asintió. el vendaje de la enfermera era mucho mejor que el que le había colocado Azrael. Menos apretado y con menos suciedad. Aunque a los dos los estaría agradecido eternamente.

Incorporaron a Marion que a duras penas si podía abrir los ojos. Despacio, con gran esfuerzo, el cazador pudo despegar el párpado derecho. Julius le colocó un pequeño cojín doblado detrás del lumbar y se apartó un par de pasos para dejarle respirar tranquilo.

-¿Me he muerto ya?..

MaryAnne dejó que las comisuras de sus labios delataran su alegría. Parecía que el hombre se recuperaba y esa era la mejor noticia del día, puede que del año.

-Si piensas que te vas a escaquear de tus obligaciones lo llevas claro- Espetó la enfermera -Aquí mi amigo y yo, vamos a darte una sopa que te levantará el ánimo.

MaryAnne llevaba un cuenco cerámico en las manos. Con la dulce rudeza de la que sólo ella sabía hacer gala, apoyó su cuerpo contra el colchón de gomaespuma de la camilla y acercó el cuenco al rostro de Marion. Lo justo para que el testarudo cazador pudiera olfatear la exquisita sopa que habían preparado.

-¿¡Qué mierda es eso!?- dijo frunciendo el ceño en señal de asco.- Parece que hayáis fregado con ello..

MaryAnne le miró con cara de madre enfadada y le propinó un suave golpe en el hombro. Marion sintió un escalofrío en su parte derecha, el brazo amputado le vino a la mente y borró cualquier traza de broma que quedase en su alma. Si uno prestaba atención, podía verse como una luz se apagaba en él.

Ya no podría salir a cazar, usar un rifle o ser de mucha ayuda. Quizás los negros pensamientos lo sumirían en una depresión que terminaría de ahogarlo en su propia pena.

-¡Vamos! ¡Arriba ese ánimo!- Julius sacó su bondad a pasear y soltó lo primero que se le ocurrió. Un pensamiento precoz a la par de sincero.

Marion dejó de mirarse el muñón vendado y puso sus ojos aún entrecerrados sobre el chico. Ni siquiera había reparado en su presencia.-¿Y tú de dónde sales?.

Julius miró a la enfermera y buscó en su biblioteca de respuestas alguna que no fuese un completo desastre.

-Yo.. perdí a mi padre hace algún tiempo, he vagado por el bosque desde entonces. Hace unos días, unos tipos me asaltaron, Azrael me salvó la vida- Buena respuesta, el joven Julius había dado la que creía la mejor de las excusas sobre su procedencia.

-¡Y una mierda!-Marion dejó a un lado sus quejas con la sopa para increpar al joven Julius- Si piensas que nos vamos a creer que has sobrevivido éstos años en ésta zona, con todos esos hijos de puta por ahí.. seré viejo y tullido, hijo.. pero no soy imbécil- Marion acababa así con la esperanza del chico de haberlos convencido tan fácilmente de su pasado más reciente.

-¡Basta!- irrumpió MaryAnne- deja al chico. Si te ha dicho que ha estado perdido en el bosque, te callas, cascarrabias. Ahora cómete la sopa, Jhon ha estado cocinando un buen rato para que todos disfrutemos, no para que protestes.

Julius miró al suelo con los ojos cargados de miedo. Puede que no se creyesen la historia de su pasado, pero si de algo estaba seguro era de que su futuro tenía lugar con ellos.

-Dile a Jhon que su sopa sabe a basura. Ese puto niñato. Coge dos setas farragosas y un trozo de serpiente y se cree el chef del apocalipsis.

Cuando Marion empezó a sonreír, la tensión del ambiente parecía disiparse como la luz tras las montañas. -La sopa es una pasada- admitió Marion que comía con la mano izquierda torpemente – ¿La has probado, chico?- concluyó sin dejar de mirar el cuenco.

-No señor, aún no he comido nada desde que llegamos.

MaryAnne le miró con cierta ternura, se veía que la maldad era un sentimiento que el pobre Julius no contemplaba. -Ven, te llevaré a la cocina. Jhon ha hecho un estofado de oso y legumbres. Necesitas comer algo, por Dios ¡Mírate, eres un debilucho!

La enfermera salió de la casa , no sin antes dejar un último aviso a Marion que ya se había recostado de nuevo.- Vendré en un rato. Te daré algo más de antibiótico y te cambiaré el vendaje.

Marion asintió con la cabeza e hizo un gesto de despedida hacia el joven Julius que también abandonaba la estancia.

El Sol ya era un tenue recuerdo en la parte oeste de la montaña. Las estrellas y la luna pronto serían la única iluminación del bosque. Tras unos pocos metros, MaryAnne se detuvo y paró el avance del chico poniendo la mano en su hombro.

Julius se giraba desconcertado. Esa mujer le inspiraba confianza y a la vez le merecía un gran respeto.

-No se de dónde sales. No voy a preguntarte cómo has sobrevivido o cómo has llegado hasta Azrael, pero si te diré algo, no nos falles. No nos la juegues. Por mi parte estás con nosotros, ahora falta que los demás decidan.

-No señora- contestó el chico -ayudaré con todo lo que sea posible.

Unos segundos separaban su posición de la casa restaurante. A través de los cristales podía verse la silueta de los otros miembros del grupo. Sentados, alrededor de una pequeña chimenea improvisada, los niños descansaban en brazos de sus madres y los hombres trazaban planes y contaban historias.

MaryAnne abrió la puerta, el silencio dió paso a un pequeño murmullo. Julius se sentía como el niño nuevo que llega en mitad de la evaluación.

Rachel se levantó de su asiento y se acercó a los dos.

-Ven, pasa. Tendrás que comer algo- la mujer cogió un plato cerámico con el reborde decorado con varios dibujos de árboles y animales y le sirvió la sopa de Jhon.

Puso una cuchara en la mano del joven y le invitó a sentarse. La luz cálida y el ambiente familiar, recordaban a Julius sus acampadas de niño. Hace no demasiado.

Una noche estrellada, una hoguera, su padre y un par de cañas de pescar. Entonces sí era feliz..

Julius se sentó en uno de los cojines del suelo y con sumo cuidado se apoyó sobre la pared. Tenía a todo el mundo pendiente de él.

-Dejemos que el chico cene, luego le haréis las preguntas que que hagan falta- sugirió uno de los hombres desde el fondo.

Julius en gesto de agradecimiento levantó la cuchara y le guiñó un ojo. La sopa estaba fantástica. En varios días era la segunda vez que comía caliente, todo gracias a Azrael y su grupo. Estaba claro que la vida puede golpearte pero de vez en cuando te pega flojito.

Dos voces se oían a lo lejos, demasiado lejos para que se pudiera dar cuenta nadie de la conversación que tenía lugar en el exterior de la cabaña.

-¿Vas a quedarte un tiempo? No me importa si te vas, lo que me fastidia es que no me avises.

Azrael miraba a Maika. Pese a todo lo ocurrido, él estaba acostumbrándose a su cara. Su rostro se tornaba familiar. Puede que demasiado.

-¿Para qué quieres que te avise? No creo que sobre comida por el hecho de que no esté- Una malvada mueca se apoderaba de Azrael mientras Maika lo miraba con la peor cara de asco que pudo poner.

-Debe ser el ser más imbécil que queda sobre la tierra..

-Está bien, lo siento. Sólo intentaba ser gracioso.

-Pues guárdate tus bromas para otra ocasión. Tenemos un problema aquí – dijo Maika bastante ofuscada. -Creemos que Iosip sigue vivo. No murió en la explosión.

Azrael miró a Maika con el gesto totalmente cambiado. La gracia y las bromas se habían volatilizado y habían sido reemplazadas por la imagen del checheno. Una imagen cruda y despiadada que robaba la tranquilidad de cualquiera.

-¿Como podéis saberlo? La explosión abrasó varios metros de bosque. Encontré algunos cuerpos cuando fui a buscarte..

-Iosip estaba con los dos muertos que viste. No encontramos restos de él. Seguimos un pequeño reguero de sangre, acababa a unos cuantos metros de donde sufrimos el ataque. Al final sólo había huellas de neumáticos.

Azrael se ponía nervioso- ¿Neumáticos? Esos hijos de puta disponen de transportes..

-Así es. Al menos un par que sepamos. Volvimos a aquella colina y revisamos cada centímetro de buena parte de la zona, nos hicimos con un par de subfusiles automáticos y algo de munición, pero muy poca. Vimos los dos cadáveres despedazados y nada más.

Para agravar el problema, hicimos grupos de vigilancia y uno fue atacado hace tres noches. Marion casi muere, hubo que amputarle un brazo. Sobrevivirá.

Maika se iba hundiendo en sus propias palabras. Cada cosa que contaba la hacía más consciente de la verdadera situación que los acontecía.

-¿Has pensado algo? Si quieres que el grupo se quede aquí, vamos a tener que hacer algunos cambios. Aquí estamos demasiado expuestos, Maika.

La chica miró al superviviente y no pudo contenerse. Alzó la vista al cielo y la luna dió color a sus ojos. Dos pequeñas lágrimas cayeron de sus mejillas y aunque trató de evitarlo, se rompió en mil pedazos.

El llanto se apoderaba de ella.

Azrael, poco acostumbrado a sentir lástima, removió su corazón y lo estrujó hasta que encontró algo de sentimiento. Dió un paso hacia ella y la colocó la mano en la espalda. Azrael había perdido toda práctica en cuanto al trato humano se refería, pero ella era diferente. Una compañera de batalla que se había ganado su caro respeto.

Maika se abrazó a él, pegó la cara contra la chaqueta de caza que llevaba y Azrael entendió que la vida no debía ser siempre asesinar. De vez en cuando podía arreglar algún problema sin tener que usar un arma.

-¿Qué hay del pescador?¿No piensa volver nunca?

Maika se separó de él y le miró extrañada.-¿Pescador?

-Si, el amigo de tu tío. Me dijo que te conocía y que conocía al coronel. Fue él el que me convenció de volver. En dos ocasiones.

Maika había olvidado todo lo ocurrido hasta hace unos instantes. Su estómago daba vueltas y su cabeza no conseguía dar sentido a nada de lo que acababa de escuchar.

-El pescador, amigo de mi tío. Vestido con capucha..

-Ese mismo. Hace un té fantástico. Me dijo que fuese a por miel a su refugio. Debemos ir..

Maika se apartó de Azrael un par de metros más. Pálida, con la luna reflejada en las pupilas y los ojos correteando en sus cuencas, visiblemente nerviosa y alterada.

-No creo que podamos ir a verle..

-Pero, se lo prometí y además puede ayudarnos. Me pareció un tipo bastante sabio. Él me salvó en una ocasión.

-No puede ser, Azrael..

-No te entiendo, Maika. ¿Qué problema hay con ese hombre?

-Solo uno, que lleva varios años muerto..

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte