CAPÍTULO 42. Un Plan No Tan Perfecto.

CAPÍTULO 42. Un Plan No Tan Perfecto.

El plan de Kuyra en peligro por culpa de la venganza. Azrael entrena a Julius para que sepa defenderse.

– Saldréis en dirección Éste. El recorrido puede variar, pero lo importante es no dejar a nadie con vida. Esos tipos que aún moran a lo largo del bosque serán el primer objetivo de vuestra misión.

Iosip los conoce bien así que no debe haber contratiempos. No están muy bien armados, en la mayoría de los casos ni siquiera cuentan con armas de fuego. ¿No es así?- Iosip asintió dando la razón a Kuyra. El mapa ocupaba toda la mesa y estaba bastante bien elaborado aunque sólo marcaba dos puntos concretos. Uno señalado con un cuadrado rojo al éste del bosque y otro que marcaba con un círculo alguna zona bastante amplia.

-La hora de salida es las cero uno cero cero. En ese momento sabemos que la mayoría de ellos duerme. Quizás tengan algún sistema de vigilancia establecido pero ya no cuentan con muchos efectivos así que será un problema mínimo.

No es aceptable la idea de dejar a ninguno de ellos en pie. Repito, nadie.. no queremos cabos sueltos que puedan darnos algún dolor de cabeza en un futuro. La zona debe quedar limpia de cualquier individuo ajeno al proyecto.

Kuyra pasó el dedo índice por el recorrido que había trazado con un marcador rojo. La sala donde se habían reunido contaba con un par de flexos que a duras penas daban algo de claridad en algún punto de la estancia que no fuese el mapa extendido en la mesa.

Iosip, prestaba atención a las palabras del General sin dejar de mirar sus manos. En la derecha, el índice mutilado le recordaba que la vida no siempre le ha salido como él quería. Confiarse era ponerse en peligro y así le había ocurrido en varias ocasiones.

En la mano izquierda, su revolver calibre cuarenta y cinco con munición Magnum, el tambor con doce espacios estaba repleto.

El checheno sacaba y metía aquél tambor en repetidas veces. Lo giraba, ponía el seguro y lo volvía a quitar. Demostrando una impaciencia inusual que preocupaba a sus compañeros de batalla y en especial a Kuyra.

-¿Todo va bien?- Nicolai observaba al rudo hombre percatándose de su nerviosismo.

Iosip alzó la vista de su único ojo y destinó una helada mirada al israelí.- Todo perfecto, ¿Tienes acaso tú algún problema?

-No, claro que no- Nicolai y el General se miraron un instante, tiempo suficiente para saber que compartían su preocupación por aquella actitud tan extraña en él.

Kuyra siguió con la explicación del plan. Quizás si obviaba aquél incómodo momento todo quedase en poco más que un comentario.

Pero él sabía que algo ocurría. Algo estaba alterando la personalidad de Iosip. Un tipo que había asesinado a sangre fría a soldados, mujeres, niños y cualquier otro ser que estuviese entre él y su objetivo, sin alterarse un ápice. Algo no iba bien en su cabeza.

-La ubicación del primer campamento está sólo a un par de kilómetros de aquí. No tengo que deciros cómo hacer vuestro trabajo, pero sí he de daros un consejo, si hacéis demasiado ruido, darán la alarma y entonces no habrá posibilidad de dar término a ésta misión con éxito.

Recordad que esos salvajes siguen pensando que estamos de su lado. Todo ésto tiene que ocurrir como una mala pesadilla para ellos. Tenéis menos de seis horas para limpiar los tres asentamientos. Después del alba debéis estar de vuelta los tres, entonces podremos ir a por ese cabrón y reclamar lo que es nuestro.

Él quería un mundo nuevo y un mundo nuevo es lo que ha conseguido, pero no podrá disfrutar de él mucho más tiempo-

Iosip giró la cabeza con un gesto bastante contenido. Enfocó su único punto de referencia visual en el General y dijo unas palabras que terminaron por dar veracidad al problema que Kuyra temía.

-¿Qué pasa con ella? Y con él.. ¿Cuando iremos a buscarlos?..

Kuyra miró a Iosip que lo desafiaba con su mirada desde un único ojo que parecía se le iba a salir de la cara.

El General apretó los puños y clavó los nudillos sobre la mesa, de la misma rabia, Kuyra no se daba cuenta de que el mapa se arrugaba bajo sus manos.

-¡MALDITA SEA! -Gritó con todas sus fuerzas- Si yo digo que el orden del plan es éste, se respeta y punto. Adoptar las órdenes con gusto es parte de toda ésta mierda de pertenecer al único ejército que queda en éste puto planeta. ¿ Lo entendéis? – el General golpeó la mesa con la base del puño. Los objetos que estaban encima de aquél mueble de aluminio saltaron por el aire y los focos de los flexos tintinearon sin llegar a apagarse.

-Me da igual si quieres ir a cobrarte tu venganza con aquellos o si te apetece salir a recoger setas o a mirar cómo crece el musgo. No pienso dejar pasar una sola insubordinación más, me da igual tu historial. Ahora estamos en ésto- Kuyra se giró dando la espalda a la mesa y por tanto a sus tres soldados.

-Tenemos que tener claro una cosa. Yo conozco a Alexander desde que era un niño de teta. Ese mocoso ya era capaz de erizarme la piel con sólo oírle hablar. ¿Aún no sabéis hasta dónde puede llegar su locura? Os recuerdo que ha borrado del mundo a nueve de cada diez personas. ¿Creéis que está escondido esperando a que vayamos a por él?

Nooo, ni mucho menos. Si mandó construir la otra base y su refugio, era porque tenía más planes de los que nosotros hemos tenido conocimiento.

Él nunca daba un paso sin haber asegurado su otro pie.

-Salid de aquí. Tenéis una misión que hacer-

Iosip guardó su revolver en la cartuchera de la pierna y se colocó junto a Kuyra de pie. Éste le miró, dudando, sintiendo cómo el problema de su mente se agravaba pr momentos.

-Hasta mañana.. señor- salió el checheno después de saludar al General con un tono bastante preocupante.

Nicolay y Adriana abandonaban también la sala después de saludar respectivamente al superior, ellos con el respeto habitual. Kuyra cerró la puerta y dejó que lo ocurrido volviese a tener lugar en su cabeza mientras la oscuridad de la sala ocultaba su disgusto.

Dió unos cuantos pasos por la sala, nervioso, iba de un lado al otro con la mano su quijada tratando de dar solución a lo que veía que se le venía encima.

Llegó hasta un lateral de la habitación, su pie se topó en una papelera del suelo, kuyra la dió una patada y ésta se abrió mientras rodaba violentamente.

-¡Mierda!.


-Pssst, pssst. Julius, ¡despierta!

El joven Julius no sabía qué ocurría. Tardó varios segundos en darse cuenta de dónde estaba. El techo forrado de madera, los cristales semi ocultos por sábanas, el olor a comida y especias..

Ya se acordaba. A la mente le venía la noche anterior. Sopa de oso y legumbres, vino especiado y compañía humana. Pero no de esa compañía que hace que uno no se fie y duerma con un ojo abierto. Seres humanos a tu alrededor de los que te preguntan que cómo ha ido el día o que si quieres más sopa.

Julius consiguió abrir los ojos. Frente a él se difuminaba aún la silueta de un hombre, el inconfundible Azrael.

-¿Va todo bien?- preguntó en voz baja. A sólo unos metros podía oírse roncar a un número indeterminado de personas. Todos los que no estaban en la enfermería y Vladimir, que seguía durmiendo en su cobertizo. El día anterior sólo había aparecido a por comida y se volvió a su particular retiro en aquella caseta.

Azrael cogió al chico por la hombrera de una chaqueta que le quedaba cuatro tallas más grande y le indicó que saliese del la estancia. Aún parpadeando para recuperar la visibilidad, Julius salió cerrando la puerta con cuidado. No sabía lo que ocurría, desde luego Azrael era un seguro de vida pero en ocasiones daba a las cosas un toque de incertidumbre bastante exagerado.

Hacía frío. Mucho frío. Si uno se paraba y dedicaba el tiempo necesario, podía oírse el lamento de la madera y los charcos suplicando bajo el hielo. Las hora rondaría sobre las seis de la mañana. Aún quedaban tres horas de oscuridad. De fría e incesante oscuridad. El chico buscó en sus bolsillos rápidamente y sacó un par de guantes de jardinero. No le darían mucha protección pero eran mejor que nada.

La puerta del salón se abrió y de ella salió un callado Azrael. El superviviente se colocó su gorro y sacó de una bolsa vieja algo envuelto en plástico.

Julius lo miraba mientras caminaba intentando seguir su marcha. Azrael partió lo que llevaba en la mano y le dió una mitad a Julius. -Toma, es pan de garbanzos. También tenemos higos desecados y nueces.

El chico, agradecido hasta el fondo de su alma, tomó el pan de garbanzos y lo disfrutó como el que no ha comido nunca. Unos pocos minutos de marcha le fueron suficientes para sentirse casi obligado a preguntar.

-¿Dónde vamos? Aún es de noche y con éste frío nos va a dar algo.

Esa mirada de Azrael y el hecho de que iba acompañada de una sonrisa malévola, hacía temerse alguna locura por su parte.

Así fue.

Llegaron a un pequeño claro, resguardado por una hilera de pinos a su alrededor. Azrael se acercó a uno de los árboles y cogió un gran tarugo del suelo.

El trozo de madera podrida crujió al despegarse del suelo y dejó caer una gran cantidad de barro y musgo a los pies de Azrael.

Con el tarugo cargado en brazos, recorrió varias veces la distancia entre dos de los pinos. El chico observaba la escena valorando si realmente se había vuelto loco del todo. Estaba claro que sí. La marcha con el tronco tenía fin al llegar hasta Julius. Azrael lanzó el taco de madera que rodó quedando a su lado.

-Te toca- Julius agachó la cabeza y miró el enorme madero y se estremeció de solo pensar en su peso.

-Debe ser una broma..

La cara de Azrael cambió de tono. El sudor que le había provocado el hecho de pasear el tronco durante un rato, recorría su rostro en contraste con el frío del lugar.

-¿Tengo cara de estar de broma?¡Coge ese tronco!

El chico se agachó. Pasó las manos por debajo del tarugo y a duras penas sí consiguió subirlo hasta su abdomen. Azrael lo miraba con suficiencia.

-¡Joder tío!, ésto pesa un quintal.- Julius se veía cómico con el tronco encima. Casi no era capaz de sujetarlo y encima tenía que andar con él. Comenzó a moverse de forma abrupta. Un paso , otro, al suelo..

El joven tropezó y el trozo de madera rodó por el suelo.

-Otra vez- Estaba claro que le iba a tocar sudar.

Un paso, otro paso, otro más.. así hasta que recorrió los quince metros que le separaban del último pino.

Llegó hasta aquél punto donde había dado la vuelta Azrael. Soltó el madero y se dió por vencido.

-No puedo más. Estoy molido. ¿Cuánto pesa esta mierda?..

Azrael se acercó al chico y con su cara de soberbia le espetó -Estás muerto.

Julius no comprendía el objeto de esa frase. Por ello le miró interrogante mientras trataba de no vomitar por el esfuerzo.

-Ahora dependes de tí. Tu padre ya no va a poder ayudarte. Yo no estaré siempre y tampoco es mi labor. Por eso, si no espabilas y tratas de mejorar en ciertos aspectos, estás muerto. El futuro que vivimos no se ha diseñado para los débiles. Tenlo seguro.

El joven bajó la cabeza y comenzó a masticar aquellas palabras. Amargas como la verdad que eran.

Pero Julius era un chico pacífico. La guerra y la muerte lo horrorizaban. Él prefería trabajar en algo tranquilo. Una tubería de calefacción no va a pelearse con él y un sistema de placas solares no le darían una paliza. Estaba hecho de otra forma.

Azrael se quitó la chaqueta de caza y la arrojó sobre el tronco. De su cabeza afeitada emanaba el vaho producido por el calor que su piel difuminaba en el ambiente gélido.

-Bien , ya estamos calientes. ¡Levanta!- la noche seguía rodeando aquella escena. Un par de estrellas tímidas se colaban entre las nubes. La luna brillaba como un recuerdo de lo que era en forma de macha tupida de nubes negras.

-Ponte de frente a mí- Julius se paró delante de él y abrió los ojos mientras estudiaba la postura de Azrael.

-Cabeza agachada, mirada siempre hacia el mentón del que tienes delante. Y sobre todo, distancia de seguridad. Observa cualquier movimiento del otro e interprétalo como un ataque. Es mejor no dormir por haber matado a un inocente que no vivir. En éste mundo todo el mundo es culpable, todo el mundo es enemigo.

-Atácame, a la cara. Sin miedo..

Julius miraba a Azrael. Ahora si que pensaba que estaba loco del todo. Pero bueno, no había otra opción que hacerle caso. De alguna forma, Julius ya había aceptado a ese hombre como un mal necesario. Alguien que le había permitido seguir con vida y al que no quería defeaudar.

El chico cogió aire, lanzó un directo a la cara del superviviente. Con todas sus fuerzas, lanzó el brazo derecho con toda la velocidad que le permitía su agotado cuerpo.

Azrael sin demasiado problema esquivó el golpe escorando su torso hacia el exterior del chico y desvió con el dorso de su antebrazo el golpe del joven.

Con el otro antebrazo impactó en su garganta y lo derribó sujetándole para que no cayese a plomo.

Las dos estrellas del cielo habían desaparecido. Los pinos y alguna lechuza se reían de Julius, mientras Azrael se acomodaba otra vez la camisa. Todo eso se veía desde el suelo donde trataba de entender cómo había ocurrido.

-Otra vez, venga no te pares. ¿No querrás enfriarte?

Julius se levantó de nuevo. Volvió a tomar posición en frente de Azrael que ya estaba en una posición de guardia.

-Esta vez tira una patada. La que quieras y a donde quieras.

Julius, que ya sabía de qué iba ésto, se preparó para recibir de nuevo al duro suelo. Lanzó una patada lateral, directa a la rodilla de su contrincante. Podía decirse que era una patada de fútbol más que un ataque. Azrael levantó su pierna a una velocidad asombrosa y con una tibia que parecía de acero le freno el golpe.

La otra mano del superviviente impactó en la cara de Julius, dejando al chico sorprendido a la vez que humillado y sentado en el suelo y con la pierna ardiendo de dolor.

Las manos le dolían de frío. No sentía la mayor parte de sus dedos, lo mismo con sus pies.

Miró fijamente a los ojos de Azrael que daba pequeños saltos para mantenerse caliente.

-¿Ésto va a ser así todo el día?..

-Sólo hasta que aprendas a defenderte. El tiempo depende de tí. Hoy entrenarás hasta el alba.

Pero para Julius lo mejor estaba por llegar..

Azrael desenfundó su cuchillo y se lo dió al chico que no quería saber lo que venía a continuación.

Ahora vas a atacarme, ten cuidado no te cortes y hazlo con decisión.

Julius alucinaba. No sabía si seguir con el entrenamiento o sentarse a llorar y quejarse de sus heridas.

-Pero.. ¿y si te alcanzo? Osea, que.. ¿Si fallas?.

Azrael dejó de dar saltos y apuntó con los ojos directamente a los del joven que trataba de levantarse.

-Entonces todo ésto que trato de enseñarte no vale para nada. Habré muerto tratando de transmitirte unos conocimientos inútiles. Si no funciona ahora que estamos practicando, no funcionará cuando luches por tu vida.

Julius dejó que su mente guiase a sus ojos en la nada. Recorrió con la vista perdida la parte de bosque que ya se bañaba de claridad. Recordaba sus amaneceres pescando con su querido padre.

La sensación de estar aprendiendo una lección vital le reconfortaba y le daba cierta sensación de bienestar.

-¡Vamos mierdecilla!- le gritó Azrael con los brazos en guardia.

Julius no se lo pensó y lanzó un ataque con el cuchillo desde arriba. Azrael usó su mano izquierda para bloquear el arma y con una técnica muy rápida hizo un giro por debajo del brazo del chico y lo derribó. Su cara se hundía varios centímetros en el barro helado.

-No ha estado mal- le dijo mientras le ayudaba a levantarse. Julius se agarró a la mano que le ofrecía, se puso de pie y se quitó el barro y las hojas secas de los pantalones.

El Sol ya dejaba verse con cierta intensidad. Mientras que Julius trataba de reponerse, Azrael se sentó sobre un tronco derribado al que llegaba cierta luz entre los pinos. Indicó al joven que se colocase a su lado y volvió a sacar el paquete que llevaba en su bolsillo. El superviviente acercó la mano abierta al exhausto chico y le ofreció los higos secos y unos trozos de la carne del oso. -Gracias, la verdad es que ahora me comería cualquier cosa..

-Has hecho un buen trabajo-Dijo Azrael con sinceridad.

-Mañana me dolerá todo el cuerpo. Estoy molido y casi no ha amanecido.

-Acostúmbrate a ésto. No puedes tratar se sobrevivir en éste mundo si no eres capaz de cuidar de tí mismo. Yo te enseñaré todo lo que seas capaz de aprender, pero la primera lección, es que nunca sabrás bastante. El enemigo siempre sabrá más que tú, por eso debes utilizar cualquier cosa que sepas contra él.

Julius disfrutaba de la carne fría pero sabrosa y de los higos desecados que habían traído para desayunar. Hoy había recibido un par de valiosas lecciones y unos cuantos golpes, pero se sentía fantástico.

Azrael paró de masticar y se quedó callado. Miró a Julius un segundo y comenzó a otear con la mirada a lo lejos. Corrió hacia unas rocas cercanas y se subió a la que pudo con menor dificultad haciendo gala de una agilidad felina.

-Ven ¡Corre!, ¿No hueles eso?..

Julius se subió con bastante más torpeza que su maestro y alzó la mirada hacia donde le indicaba éste con la mano.

-Huele como a quemado.. eso, eso es ¡Humo!

Varias columnas de humo se alzaban a lo lejos. A unos diez kilómetros de donde estaban ellos. Podían oler un tufo químico, como una mezcla de plástico y combustible.

-Joder. Si no me equivoco, por allí es por donde queda la zona de los campamentos de esos salvajes.

-Así es-Aseguró Julius. – Yo he estado en alguno y si me suenan por allí.

Azrael miró a Julius con un semblante preocupado. Guardó el cuchillo y recogió las cosas de su pequeño picnic. -Hemos de darnos prisa, alguien ha atacado a esa gente. Por lo que me dijiste el día que te encontré, Iosip puede estar detrás de ésto.

-Si eh… ¿pero eso en qué nos influye? Esos hijos de puta se merecen morir. Recuerda lo que me hicieron.

Azrael se paró y dió media vuelta con cierta velocidad haciendo que Julius se frenase para no chocar con él.

-Escucha, ese hijo de puta tiene como misión limpiar la zona de cualquier superviviente. De eso iba el proyecto Nuevo Amanecer ¿No es así?

-Si así es.

-Pues los siguientes somos nosotros- espetó Azrael mientras aceleraba el paso colina abajo en dirección al complejo.

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte