CAPÍTULO 44. Huyendo de la debilidad.

CAPÍTULO 44. Huyendo de la debilidad.

El grupo es consciente de que corren peligro en aquél lugar. Azrael se prepara para un excursión especial.

Lo mejor de la vida es la vida misma, asegúrate de que disfrutas cada momento y dejas un buen nombre detrás de tí. No hay nada mejor que estar vivo y contento.

proverbio vikingos

Las luces de aquella nave lo cegaban. El pálpito de la sangre luchando por moverse a una velocidad poco recomendable para un humano le generaban una tensión interna preocupante. La respiración se había vuelto incoherente y se sincronizaba con dificultad en sus pulmones. El corazón latía a un ritmo absurdo y fuera de todo márgen adecuado para la vida.

La temperatura exterior a aquel recinto no sería más que de unos cinco grados. Aún así, Azrael generaba un calor tan intenso que podía verse el sudor evaporarse a través de su cabellera.

La cabeza afeitada reposaba contra el suelo. Duro suelo de goma que inútilmente trataba de hacer de aquél tatami un lugar más cómodo.

El olor de aquél material, los sacos, el sabor a sangre..

Un cóctel característico que sin lugar a dudas le recordaba continuamente dónde estaba.

Las voces de los compañeros se mezclaban con el tambor agudo de su pulso y el aire cortando sus pulmones. Una voz se dejaba entender entre el resto de ruidos ambientales. -¡Vamos arriba!, ¿No recuerdas que estás en un examen?..

Una bocanada más de aire, por favor..

Pero no había tiempo para ello. Volvía a levantar la cabeza, siempre en guardia. Sus compañeros seguían rodeando a un joven Azrael que trataba de finalizar la prueba para alcanzar su título de cinturón negro.

Palma derecha apoyada en el suelo, la otra mano protege la cara… ¡arriba!..

Azrael volvía a ponerse en pie. Cubierto totalmente por sus propios brazos, agachado, tratando de no dejar al aire ninguna parte vital. Pese a ser un entrenamiento, la contundencia era la marca y seña de aquella disciplina. Sus enemigos eran también sus amigos, pero no en éste momento.

Controlando el entorno, el ataque puede venir de cualquier parte, o de dos.

Un movimiento llama su atención, a su espalda, uno de los chicos que lo rodean lleva algo oculto en la mano.. un segundo después, ese mismo chico se abalanza sobre Azrael, lleva un palo en la mano, el golpe va directo hacia el rostro..

Un giro rápido pasando las manos entre el brazo de ataque y la cabeza del agresor, golpe a cuello y control del cuerpo. Al suelo con él. El impacto ha sido brutal. Controlado, pero intenso.

Arriba otra vez.. ésta vez la agresión procede de un lado. Un tipo de mayor edad que él le ha rodeado por la cintura y trata de derribarlo. Azrael controla la cabeza del atacante y le propina un golpe en la espalda con el codo seguido de un giro de cuello.

El cuerpo volteado rueda por el suelo de goma.

Así una infinidad de veces. El aire es insuficiente para mantener la consciencia. La sucesión de ataques y agarres se prolonga unos minutos más. Cuchillos, agarres, luxaciones, guillotinas de brazo..

El calor se tornaba axfisiante en su pecho, la camiseta oscura colgaba empapada, casi no se apreciaban los logotipos de la escuela bordados junto a la bandera israelí.

Azrael volvía a rechazar cada ataque con la mayor rapidez posible. Incapaz algunas veces de no recibir un golpe, su cuerpo anestesiado empezaba a dar señales de agotamiento extremo. Llegaba el fin, tras unos infernales minutos, caía derribado sobre la goma. Exhausto, al límite de su energía. Sintiendo cómo un hormigueo se paseaba por sus brazos y piernas, luchando contra la deshidratación y la falta de oxígeno.

-¡Vale! Hacemos una fila… Enhorabuena chico, ya tienes tu cinturón..

Pero Azrael no podía quedarse ahí, necesitaba demostrarse que aún podía más. Levantó su cuerpo del suelo sintiendo como la camiseta se despegabadetrás suya, por algún motivo empezó a correr en círculos a lo largo de aquél tatami, sus compañeros le aplaudían, su maestro le observaba con atención. El corría, con los brazos en guardia, saboreando aquel momento, atesorando aquellos instantes.

Pero la imagen de sus hermanos de aprendizaje se iba difuminando. El olor de goma y sudor de aquella sala ya no era el mismo. Los chicos que aplaudían se transformaban en una sucesión de pinos y matorrales, el olor a goma se convertía en aire frío y embriagador olor a resina y humo.

De repente, Azrael ya no tenía treinta años, ya no estaba en la comodidad de su gimnasio, estaba en un bosque inhóspito que luchaba contra él.

Residente de un mundo en el cuál agonizaba la especie humana. Su carrera era entre los árboles, su sueño cargado de añoranza se había alargado lo justo para que olvidase el motivo por el cuál corría cuesta abajo.

Tras él, Julius daba tremendas zancadas tratando de igualar el paso. La lengua se le salía de la boca como a un perro ovejero.

La situación era bastante cómica vista desde fuera. Desde dentro no tanto.

Los pinos dejaban paso al pequeño claro por el cuál se accedía al complejo. El cartel que anunciaba la entrada a la pequeña zona de casas de madera, se veía cada vez más cerca. Los pasos abruptos sumados al frío del aire y a la agitación convertían el cartel de madera en una silueta borrosa e ilegible.

Treinta metros apenas para llegar y el que hacía el turno de vigilancia los daba el alto.

-¡Quietos! ¡Alto o disparo!

-¡Tranquilos!, ¡somos nosotros!- Azrael advirtió de su llegada. No quería que un error tan simple como no identificarse les costase un balazo o incluso la muerte.

-¡Azrael!, Joder que susto me habéis dado ¡Cabrones!.

El vigilante, Brian , había solicitado hacerse cargo del turno que acababa al Alba. Demasiadas emociones para los habituales guardianes del grupo en poco tiempo le hicieron empeñarse en realizar ese trabajo para darlos un respiro.

-¿Todo va bien?, ¿De dónde venís tan temprano?.

Julius miró al tejado en el que se erguía con cierto desequilibrio la figura de Brian. Los ojos del chico reflejaban el doble esfuerzo que había tenido que realizar, primero en su entrenamiento y luego en aquella carrera.

Brian dió por contestada aquella pregunta y volvió a sentarse sobre el pequeño taburete que habían sujetado en el tejado. El hombre se tapó de nuevo las piernas con una vieja manta y dejó en colgado sobre la antena parabólica de su derecha el subfusil de asalto.

Con el susto de la llegada casi ni se había dado cuenta de que los había visto venir pero no marcharse. – Joder si estaban cuando empecé el turno- se dijo a sí mismo.

La conversación con el guardia había despertado a varios de los miembros del grupo. Los cristales de la enfermería fueron los primeros en dejar ver cierta actividad. Una de las cortinas interiores se abría y mostraba la cara de Marion, como siempre con el ceño fruncido. MaryAnne también se encontraba allí atendiendo al herido y también se dejó ver asomándose a la puerta.

Su cabello rubio era sensiblemente más claro que cualquier otro de nadie en el grupo. Una mujer inconfundible.

Julius sentía algo especial hacia esa mujer. Quizás porque fuese la única que no le había hablado con desprecio desee hace muchos años o quizás porque Julius era un niño en el fondo y MaryAnne una madre o lo más parecido a lo que se supone debería ser.

La doble puerta del gran restaurante también se abrió en ese momento. Las bisagras hicieron un pequeño ruido, el suficiente para atraer la atención de Azrael.

Las miradas de todos los allí presentes se enfocaron en ella, Maika asomaba la cabeza por aquel acceso.

Espléndida, recogiendo su pelo con una goma sin perder la feminidad pese a mantener su aura de batalla.

Caminaba poderosa hacia el grupo. Miró uno a uno a los presentes, todos la saludaron con diversos gestos, todos menos Azrael. Él se quedó callado esperando a que ella se decidiera primero por iniciar una conversación.

Así debía ser, pero el olor a humo cambió el curso de los sucesos. -Ese humo no viene de cerca- dijo ella mirando al cielo. -Está demasiado difuminado y nosotros no haríamos ninguna fogata de día- Maika miró a Azrael, ese era uno de los consejos que siempre daba él a todos los suyos.

-En efecto- Contestó Brian desde el tejado. – El humo viene de tres columnas diferentes, a unos diez kilómetros.

Maika se alejó unos metros del grupo. La mirada de la mujer se dirigía directamente a Azrael, mensaje entendido..

Con paso lento se aproximó hacia ella y los dos se alejaron unos cuantos metros más.

En el pequeño grupo sólo quedaban MaryAnne, Julius y Brian que había bajado del tejado hacía unos instantes.

La enfermera miraba de arriba a abajo a Julius, el joven estaba cubierto de barro, tenía la cara sucia y el pelo lleno de hojas y arenilla.

-¿A dónde habéis ido tan temprano? Y, ¿Por qué parece que te haya dado un revolcón un jabalí?

Julius no tuvo que contestar. La enfermera pudo ver que Azrael también presentaba un aspecto parecido.

-Ya veo. El psicópata ese te ha llevado de excursión..

Ella negó con la cabeza. Cogió con dos dedos la hombrera de Julius y le espetó – vamos anda, será el apocalipsis pero no hace falta ir hecho un vagabundo.

Brian, viendo la escena desde fuera, sintió un regocijo por que aquello hubiese ocurrido. Aquello se había tornado casi familiar y le gustaba pensar que ciertos comportamientos humanos no se habían perdido para siempre. – Voy con vosotros, estoy molido y necesito una buena infusión para irme al sobre. La noche ha sido larga. Muy larga..

A sólo unos metros, el superviviente y Maika tenían otro tipo de conversación. Aquella no era una tan agradable como la ocurrida entre el joven y la enfermera.

– Hemos salido a dar una vuelta, entrenamos un buen rato y luego nos dispusimos a comer algo, entonces advertimos las columnas de humo, vinimos rápidamente a buscarte..

Maika, apretó los labios y comenzó a mover las piernas denostando nerviosismo.

-¿Sabemos de dónde procede el humo?..

Azrael afirmó con un gesto de cabeza. – Casi seguro que ese fuego tiene origen en los campamentos de los tipos con los que Iosip había hecho trato.

-Eso quiere decir..

Azrael volvió a asentir.

-Hay que prepararse- dijo Maika mirando hacia las casas. Tenemos que pensar algo rápidamente, esas vidas dependen de mí, no quiero cargar toda la vida con la culpa de no haber dado todo por ellos.

Azrael se giró interceptando la mirada de la chica. Alargó una mano, apoyó ésta sobre el hombro de ella y trató de darle algo de tranquilidad.

-Eh, escucha.. ya has hecho más de lo que nadie hubiese esperado de nadie. Además no estás sola..

Maika le miró con una indecisa mueca de agradecimiento teñida de duda. -Me alegra poder contar contigo..- susurró con debilidad.

Azrael quitó la mano de su hombro y la miró con seriedad.- ¿Conmigo? Hablaba de Julius. He estado pensando y creo que es buena idea que se quede.

Maika no daba crédito. Su mirada se enfurecía con cada segundo que pasaba. Los ojos se le iban entrecerrando al mismo tiempo que Azrael dejaba de contener su sonrisa.

-Jajaja, está bien, era broma.. puedes contar conmigo, ya lo sabes.. – entonces la cara de Maika volvía a ser un poema. Que Azrael se tomase la situación en un tono tan cómico era tan molesto como la propia situación.

Azrael la regaló de nuevo una sonrisa y se alejó de ella en dirección a las casas. Tanto entrenamiento y esa carrera habían dibujado un agujero en su estómago, casi podía oler el estofado calentado a la lumbre de carbón.

Entró en el restaurante. Un aroma bastante agradable había dado un toque familiar al local. El chirrido de la puerta avisaba al cocinero de que alguien invadía su territorio. Pese a que todo el grupo prácticamente dormía allí él tenía un sentimiento territorial con aquella cocina.

-Vamos a ver, ¿Quién osa a invadir mis dominios?-Dijo Jhon con voz adulterada desde dentro del local.

-Si eso que estás cocinando sabe la mitad de bien que huele, puede que no invada tu castillo, sólo te llevaré de prisionero al mío..

Entonces Jhon, que conocía esa voz y todo lo que Azrael representaba para el grupo, soltó la tapa de una cacerola y se limpió las manos en el delantal. -¡Amigo mío!- dijo el joven acercándose al superviviente.

-Tío, tienes que probar ésto- dijo emocionado a la vez que abría una olla que crepitaba sobre el fuego.

-¡Joder! ¡ La puta que me p… ésto sabe cojonudo!

¿Qué cojones lleva?.

Jhon, complacido de que su comida tuviese tal éxito, se acercó a la ventana y corrió el visillo. Un pequeño faldón de tela con dibujos de frutas ocultaba un pequeño tragaluz. -Observa- dijo entusiasmado – Resulta que estamos rodeados de castaños, pinos y algunos otros árboles que nos pueden proveer de infinidad de ingredientes. La salsa que has probado es de níscalos y castaña cocinado con la grasa del oso y orejones desecados.

-Eres todo un artista, Jhon. Tenemos suerte de tenerte con nosotros.- Azrael, sorprendido de haber encontrado tal maestría culinaria en el futuro que vivían, empezó a recordar. Aquellas recetas de su madre, las de su esposa..

Cuando ese tipo de alimentos son preparados con el cariño suficiente, la obra maestra está asegurada.

Empanadas de carne y bacon, lasaña..

Era duro tener que darse cuenta de los platos que uno ha podido degustar en aquél entonces y ser consciente de que ahora cualquier cosa recién matada era un manjar.

-¿Ocurre algo?-le dijo Jhon al ver su mirada perdida.

Azrael lo miró y respiró profundamente- nada, todo está bien. ¿Vas a darme un plato de eso o tenía que haber reservado mesa? – sonrió.

Jhon, tan amable y atento como siempre, tardó sólo en unos instantes en servirle un cuenco, también serigrafiado con los logotipos del complejo.

-Lomo de oso con salsa.. ¿Cómo podemos llamarla?..

¡Ah , ya se! La llamaré salsa Coronel Sarcev, ese hombre se merece un homenaje. También puedes probar ese pan tostado de harina y piñones. He encontrado un par de paquetes bien conservados de trigo, grano completo, nada de ese trigo refinado industrial.

Azrael no cabía en sí. La alegría de aquel desayuno le había dado un inesperado respiro para poder descansar mentalmente. -Joder, Jhon, tienes una mano fantástica con esa cocina- exclamaba Azrael al probar el pan.

-Y espera a probar mi nuevo vino especiado, encontré más botellas de tinto en una pequeña alacena. Una de ellas era de Jerez. Se destilaba en España y no tiene parangón en cuanto a sabor. Eso sí- apuntó el cocinero- cuidado o se te subirá a la cabeza..

Azrael cogió la taza de cerámica color canela y olfateó el líquido marrón que acababan de servirle. El aroma a pasas y frutas era indescriptible, como su sabor.

La explosión de matices culinarios se apoderaba de su cerebro y comenzaba a segregar endorfinas a un ritmo desconocido.

Una cucharada siguió a otra, y un pedazo de pan continuó a otro sorbo de Jerez caliente. Así en menos de diez minutos, Azrael acababa con todo lo que le habían puesto delante.

Un abrazo de sabores y sensaciones como hacía años que Azrael no disfrutaba. Cerró los ojos y aspiró profundamente. Aquella comida lo había transportado a otra galaxia, puede que a otra dimensión.

Azrael se levantó de la mesa -Amigo mío, mi enhorabuena. Los chicos no saben la suerte que es tenerte aquí- dijo señalando a Jhon mientras cogía los platos de la mesa.

-No te molestes, he de salir luego a lavar éstos platos en el arroyo, si es que consigo abrir un agujero en el hielo. Además tengo que recoger algunos ingredientes más. Ayer salí pero cuando estaba en mitad de mi faena, oí algún animal y volví corriendo.- encogió los hombros en señal de excusa por su cobardía.

-¿Qué animal era? ¿Has visto alguno por aquí? Si es así, podemos intentar cazarlo. El oso no nos va a durar mucho más tiempo- sugirió Azrael.

-¿Por qué no hacemos una cosa? Tú me acompañas luego a recolectar algunos ingredientes y así ves por tí mismo la fauna de la zona, a parte de hacerme de escolta claro- reía Jhon mientras limpiaba la mesa de madera.

-Hecho- contestó – en un rato me tienes por aquí. Estoy deseando hacer esa excursión.- Azrael cruzó la puerta de nuevo. Una brisa renovó el aire del interior de aquél comedor y sacó el olor de aquellos manjares afuera.

-Vaya, parece que alguien ha estado atracando nuestras reservas.. -Marion, ataviado con vendas y esparadrapo en su torso y cubierto por una manta, hizo entrada ayudado por MaryAnne y Julius.

Los tres saludaron a Azrael de diferentes formas. MaryAnne pasó la mano por su barba y Marion le guiñó el ojo con cierta picaresca. Por el contrario Julius le mostró el puño, pelado y con pequeñas ronchas de sangre y Azrael lo chocó contra el suyo.

-No se qué habrá de comer en ésta cantina de mala muerte, pero espero que esté mejor que tu sopa de anoche. Aún no se cómo he podido digerirla- protestó Marion que cojeaba acercándose a la mesa.

-Mire, para que vea que no tengo nada personal contra usted, le he preparado algo diferente, y es sólo para tí, nadie comerá lo mismo- dijo alegremente Jhon mientras colocaba un plato sobre la mesa.

-¿Qué mierda es ésto?- blasfemó Marion observando una masa tirando a ocre delante suya.

-He conseguido moler el arroz y cocerlo hasta conseguir un puré que he tostado con las castañas que sobraban. También he puesto algo de ron de la despensa a calentar y le he servido unos trozos de carne marinados con él.

-Lo que decía, una basura..- dijo sonriente mientras se colocaba una servilleta con la mano izquierda.

-Vamos hijo, come algo. Más vale que consigas engordar o no nos servirás de mucho. Mírale, parece un cervatillo..-MaryAnne miraba a Julius como si de un enfermo se tratase. El chico cogió un cubierto y se quedó mirando a los platos que Jhon con gran atención les acababa de servir. Era difícil decidirse por uno de ellos cuando uno llevaba varios meses comiendo como un animal de carroña. Un oportunista que lucha por sobrevivir.

Azrael salía del restaurante sin saber muy bien a dónde dirigirse. El estómago lleno le había dado sueño y se había sumado al ya de por sí fatigado cuerpo.

-¡Espera!- oyó a lo lejos- Necesito que me hagas un favor.

Maika necesitaba que Azrael pusiera su verdadera capacidad al máximo. Su talante para resolver problemas era ahora el arma más precisa.

-En aquella caseta de allí- dijo Maika señalando el cobertizo- se ha escondido uno de los nuestros. Vladimir, se siente culpable por el accidente con Marion y el oso. Desde entonces sólo sale para comer algo y vuelve allí como si fuese un ermitaño. Me preocupa.

Azrael no dijo palabra alguna. En lugar de eso movió su cabeza en señal afirmativa e inició el camino hacia aquél desvencijado chamizo. Ella lo miraba con todo el reconocimiento posible. Azrael aportaba tranquilidad al grupo, a veces ella sentía envidia de no poseer esa capacidad y tener que demostrar siempre que era suficientemente ávida para gestionar cualquier situación.

Azrael puso la vista en la madera vieja que hacía de pared y dio paso tras paso hasta llegar a la puerta.

Los nudillos golpearon suavemente la chapa en la que colgaba una cadena oxidada.

-¿Me invitas a pasar? -dijo desde fuera. – No me vendría mal descansar un rato alejado de preguntas y voces..

Unos segundos interminables se sucedieron. La cadena comenzaba a moverse por fin liberando una hoja de la otra. -Estás en tu casa- le dijo cazador.

Entonces Azrael pasó al Interior. Observó los sacos de semillas y los útiles de labranza. La vista recorrió el armario de chapa y la mesa de trabajo para por fin acabar mirando a Vladimir.

-Aquí tienes un gran tesoro. Con todo ésto se puede empezar a cultivar, para una pequeña aldea daría de sobra, ¿Me equivoco?- le preguntó.

-Así es -respondió mientras miraba a los sacos- pero con éste clima lo dudo. Demasiado frío. Además no hay casi terreno útil. Supongo que aquí almacenaban todo ésto en previsión de llevarlo a algún lugar.

Azrael asintió. Puso las manos sobre la cadera y con voz muy seria dijo- Haces mucha falta en el grupo. La gente teme que quieras apartarte para siempre de ellos.

Entiendo que te sientas culpable, todos hemos lamentado el ataque. Pero a Marion ahora le hace falta el amigo fiel que eras, sólo así superará lo sucedido.

Vladimir tomó aire. Caminó unos cuantos pasos sin rumbo concreto. Pensaba en lo que Azrael le acababa de decir mientras observaba con detenimiento una telaraña balancearse en la corriente. -No puedo aparecer ahí y hacer como si nada hubiese pasado. Un hombre ha estado a punto de morir por mi culpa- se situó frente a Azrael con los brazos abiertos- ¡Ahora está tullido! Un tipo que se ganaba la vida disparando…

Azrael frunció los labios y se pasó la mano por la barba – he quedado dentro de un rato con Jhon para acompañarlo a buscar ingredientes, cree que ha visto algún animal cercano, en los alrededores. Puedes venirte y así despejar tu mente un poco. Nos vendrá bien tu compañía- aseguró a Vladimir que lo miraba asintiendo.

-De acuerdo, iré a asearme un poco y nos veremos en un rato- Azrael agradeció su decisión alzando su pulgar y dando media vuelta se dirigió a la salida del chamizo.

-Azrael- le detuvo el cazador- gracias.. el grupo también te debe muchas cosas..

Asintió por la cabeza y abandonó el lugar cruzando la puerta. Debía preparar su arco y avisar a Jhon de que podrían marchar dentro de un rato. Azrael sentía curiosidad por saber qué animales rondaban por aquella zona. Si eran herbívoros estarían de enhorabuena y sus planes de defender aquel lugar se verían reforzados. Si por el contrario algún carnívoro había rondado el campamento, se uniría a la lista de enemigos del grupo.

La enfermería se encontraba vacía, sería un buen lugar para sentarse un rato y preparar sus cosas. Azrael entró y con poco esmero hizo un recorrido visual por toda la estancia. Recordaba con una lástima profunda el día que había despertado en esa misma sala. La muerte de Aurora delante de su madre, cuando fue a buscar a Maika en mitad de la noche helada, la mañana que sirvió de consuelo a Rachel en el entierro de su hija..

Quizás estaba sintiendo demasiado apego por esa gente. Quizás se estaba volviendo débil por culpa de volver a sentirse humano.

Buscó debajo de una de las camillas, había guardado su mochila allí cuando llegó la última vez. Abrió la cremallera y extrajo un carcaj con cuatro flechas de caza, las mismas que le había dado Maika cuando abandonaron el poblado de Sarcev. Cuatro flechas con la punta hueca y afilada, letales de por sí. Aunque impactara con ellas en algún punto no necesariamente vital, la infección y la hemorragia serían difíciles de contener sin cirugía urgente.

También sacó su arco. Con ayuda de la punta del cuchillo aflojó las tuercas del sistema de poleas y tensó el hilo de nilon. Limpió todo el armazón y lo dejó junto a la mochila.

Azrael se sentó en la camilla. De frente le quedaba la colección de dibujos de agradecimiento de infinidad de niños que habían sido allí tratados.

“gracias doctor, ya no me duele la rodilla” quedaba escrito debajo de unas caricaturas de animales.

A su lado otro folio amarillento. Un gran corazón con una manita que había sido estampada en colores cinco deditos junto al enorme corazón. ” Gracias doctor, es usted genial”..

Azrael miraba aquella manita pintada, trataba de imaginar al niño o a la niña que con toda la ilusión del mundo había dejado su huella para siempre en ese folio. Azrael se levantó de un pequeño salto y se acercó al dibujo, miró su mano y la colocó junto a la huella de colores. Por unos segundos casi parecía que fuese a sentir el calor de un niño agarrando sus dedos y casi tuvo la inercia de sujetar esa mano para proteger al dueño de cualquier peligro..

.. papá no me sueltes..

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte