CAPÍTULO 45. El encuentro.

CAPÍTULO 45. El encuentro.

Azrael acompaña a Jhon y Vladimir en busca de alimentos y recibe una visita que cambiará la vida de todos.

-¿Estás segura de ésto? ¿Cómo se si puedo fiarme de tí?..

-No puedes, sólo sabrás si has hecho lo correcto cuando todo termine. Tanto si vivo como si no, espero que recuerdes quién te ayudó..

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-Señor Alexander, los chicos están abajo- uno de los escoltas del señor Vintila le hablaba desde la ranura de la puerta. Alexander llevaba un buen rato preguntándose qué había sido de ellos. No era una misión fácil pero ellos ya habían superado situaciones mucho peores.

-Muchas gracias-Dijo apagando un pequeño puro sobre un cuenco de mármol -ya mismo estoy con ellos, que esperen.

Alexander se incorporó de su silla y estiró las mangas de su chaqueta. Haber estado varias horas en su sillón con él puesto había hecho estragos en su planchado.

Bajó la escalinata de chapa galvanizada que llevaba de su despacho blindado a la sala de más abajo. Pasó la mano por la barandilla y después se observó los dedos, una fina capa de polvo se estaba adueñando del lugar y eso le inquietaba. Alexander era un tipo pulcro y metódico en todos los sentidos. El desorden le amargaba más que presenciar la muerte de la mayoría de personas que conocía.

Se frotó las manos para tratar de eliminar la suciedad que había dejado la barandilla en su piel y palmeó un oar de veces.

-Bien- dijo un intrigado Vintila- contadme todo lo que sabemos. ¿Qué habéis averiguado de ese grupo?

Vintila se apoyó sobre una de las mesas de la sala. Unos cuantos botones y pantallas emitían algunos pitidos y destellaban luces a su vez.

Ewan, el escolta y amigo de Alexander tomó la palabra.

-Son un grupo pequeño, señor. No creo que su número de componentes supere por mucho la docena, puede que lleguen a quince pero no es seguro.

-Está bien- contestó Alexander mirando al suelo- y decidme, ¿Cómo es posible que ese pequeño grupo se le atragante tanto a Kuyra y a su perro guardián checheno?

Ewan miró a Ramírez y después éste contestó.

-La sobrina de Sarcev está haciendo un gran trabajo. Pese a su falta de infraestructura y de armamento, no tienen pegas en hacer lo que haga falta. Todos defienden el grupo y todos luchan de igual manera por mantener en pie su campamento- Ramírez, con las manos a la espalda, hablaba de aquél grupo casi con envidia. Podía notarse en su voz la añoranza que le producía encontrar esa camaradería en esos tiempos.

-¿Lo ven?- espetó Alexander caminando por aquella sala de control- a eso me refiero. Son cuatro pelagatos desarmados y aún así defienden lo suyo como si todos fuesen una familia, ese es el concepto que debería haber tenido mi proyecto. Pero noo… el señorito Kuyra es demasiado bueno para recibir órdenes.

Su maldito culo de viejo tiene demasiada categoría para sentarse junto al mío y ha decidido hacerse con el cotarro, mí cotarro. ¡Joder, yo lo elegí!, Yo, le salvé la vida..

Ramírez siguió dando información al señor Vintila, que cada vez estaba más ofuscado.

-Hemos podido observar que se han hecho con el complejo turístico que ocupa la zona noroeste de la ladera. Están usando la enfermería para sanar a un par de individuos y una especie de restaurante como sala principal. Están reforzando la zona, puede que quieran quedarse allí un tiempo- concluyó Ramírez.

-¿De cuánto armamento disponen?- interrogó Alexander.

-De muy poco, señor. Puede que un par de armas de asalto automáticas, algunos arcos y un par de armas de mano.

No se si pretenden aguantar mucho más con eso, me sorprende que hayan sobrevivido hasta hoy.

Alexander se acercó a un metro del hombre, se sacó la mano derecha del bolsillo y le habló con una tranquilidad pasmosa.

-Nunca subestimes al enemigo- le advirtió señalándolo con el dedo – Hasta una maldita gallina puede sacarte los ojos si le das la oportunidad.

Alexander se giró sobre sus pasos y dió la espalda a sus chicos. – id a descansar, habéis hecho un buen trabajo.

-Gracias, señor- contestó Ramírez- con su permiso.

El escolta abandonó el lugar dirigiendo su camino hacia la sala contigua. Un par de habitaciones con literas alineadas a los lados era todo el espacio disponible para el descanso del pequeño puñado de soldados que quedaban a las órdenes de Alexander.

Ramírez se quitó las botas y la camiseta, abrió un grifo que estaba conectado directamente a un pequeño termo y se lavó la cara y el torso. Sus pectorales definidos lucían un tatuaje hermoso. Una flor de colores oscuros se abría y de ella energía una mariposa que brillaba en contraste de colores claros. Vuela hermano. Podía leerse debajo de la figura. Ramírez había perdido un hermano a manos de la Mara Salvatrucha en Guatemala. Él recordaba a su hermano cada día, cada noche. Y gracias a él había perdido el miedo a la muerte.

Por eso lo eligió Alexander, sabía que no dudaría en apretar un disparador si hacía falta.

Ramírez se tumbó en la litera de abajo y cruzó los brazos tras su nuca. El cansancio había dejado su energía al mínimo. No tuvo que esperar demasiado para quedarse completamente dormido. Simplemente dejó que su cuerpo se quedase inerte.. – Hermano, te prometo que un día te sacaré de aquí. Te prometo que volveré, éste barrio es peligroso. Te llevaré conmigo y entonces volveremos a ser una familia..

Pero él nunca volvió.

Alexander miraba a Ewan con cierta suspicacia. Sabía que algo quería comunicarle pero quizás tuviese reparo en ello. Ewan se quedó mirando fijamente a su jefe – Venga, sueltalo..

-Señor, al volver del complejo, llamó nuestra atención una columna de humo lejana, Ramírez se subió a un árbol bastante alto, más que el resto y pudo comprobar que en realidad no era una si no tres.

-Los campamentos..

-Afirmativo, señor. Ya han comenzado con la última fase del plan -Alexander miró su reloj de aguja y mecanismo automático, era de los pocos dispositivos que aún funcionaban. Quizás en unos años nadie sabría la hora exacta que sería.

El tiempo como se llevaba conociendo hace más de dos mil años, se perdería para siempre.

-¿Sabes lo más gracioso de todo ésto?- dijo Alexander sin esperar respuesta. -Que están utilizando mi plan, mis armas y mi base para librarse de nosotros. Pero si por algo me he caracterizado siempre es por no dejar cabos sueltos.

Alexander se acercó a Ewan y le colocó las manos sobre los hombros, se agachó unos centímetros hacia su oído – Vete a descansar. Preparaos para ésta tarde. Vamos a darnos una vuelta. Coge una bolsa y mete en ella unas cuantas armas, una emisora y unas cuantas medicinas.

Ewan asintió con la cabeza, colocó sus manos detrás de la espalda y se refirió a Vintila- señor, si está pensando en atacar a ese grupo…

-Noo- negó Alexander con la cabeza- Va a ser mucho mejor que eso. Tú prepara lo que te he dicho y déjame que yo me ocupe de todo ésto.

Ewan saludó a Vintila y abandonó la sala. Fue en la misma dirección que Ramírez había ido hacía unos cuantos minutos. Igualmente se aseó y se tumbó en una de las literas. Sacó su reloj con brújula y dispuso la alarma para que sonase en unas horas.

-Joder, estoy hecho mierda…

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Se avecinaba una tormenta. Pese a que el tiempo había dado unos días de tregua, aquella tarde se iba tornando oscura. Azrael se había tumbado en la enfermería y se había quedado dormido mirando los dibujos de los niños.

El cielo crujía. Las nubes habían robado la luz del cielo y ahora una capa de cemento helado cubría todo hasta donde llegaba la vista. Un trueno lo despertaba.

Azrael se llevó la mano a su cuchillo por instinto. Desde hacia varios años había desarrollado una capacidad un tanto alarmante que consistía en dormir armado y despertarse a la mínima, siempre sabiendo donde tenía el arma.

Giró la cabeza y contempló a través de un pequeño hueco en la cobertura del cristal, que el cielo se tornaba morado por minutos. Parpadeó un par de veces y se pasó la mano por la cabeza. Ya tocaba afeitarse el cráneo.

Bajó de la camilla y se puso las botas. Estiró su espalda y la cargó con su mochila. Flechas, cerillas, una taza de aluminio..

Azrael salió del lugar y puso rumbo a la choza de Vladimir, allí le esperaba el cocinero apoyado en la puerta.- pensé que no ibas a venir. Que te habías arrepentido- dijo Jhon.

-Ni de broma, tengo más ganas de ir que tú- le dijo sonriendo.

La puerta del cobertizo se abrió, de ella emergía una mano, rugosa y vieja a la vez que poderosa. -Señoritas, si son tan amables de ir delante y mostrar el camino..

Vladimir se encontraba de mejor humor. Sentirse querido en ese grupo le había devuelto las ganas de vivir.

Los tres caminaron unas decenas de metros. El cielo se iba cerrando y cada vez que un trueno restallaba en el bosque, ellos miraban hacia arriba y luego gesticulaban con exageración.

-Nos va a caer la de Dios- dijo Vladimir- hay que darse prisa.

Azrael le dió la razón con la cabeza. Mientras, Jhon, hurgaba entre unas raíces de los árboles de la zona.

-¿Encuentras algo?- preguntó Vladimir- no nos tengas aquí todo el día para recoger cuatro setas..

Jhon no contestó. Él siguió escarvando en el suelo como si fuese un facóquero usando sus colmillos para encontrar lombrices.

-¡Vaya!- dijo sorprendido. -Es increíble la cantidad de setas y hongos que puede haber aquí. Algunas de ellas son mortales de necesidad- Jhon se levantó y soplando algo que llevaba en sus dedos se acercó hasta sus acompañantes.

-Mirad , ¿Veís ésto?, Se llama Boletus de Satanás. Si os coméis una de éstas..

-Nos cagaremos encima durante varios días- interrumpió Azrael.

-Exacto, ¿Eres experto en setas?..

-Ojalá. Me comí una en una ocasión. Perdí algunos kilos y tuve que refugiarme dentro de un coche oxidado para no morir a la intemperie.

-Interesante.. hay que tener cuidado. Si llega a ser una de éstas-Jhon sacó otra de un lateral del árbol y la mostró- ahora no estarías aquí. Amanita muscaria se llama. Puede tumbar a un gran animal en horas.

Tanta charla casi los había hecho olvidarse de lo demás. Azrael miraba la seta mientras la sujetaba con un par de ramas. Abrió su mochila y guardó el pequeño hongo en un trozo de bolsa de plástico donde guardaba algunos recortes y un pequeño mapa.

-¿Para qué quieres eso?- preguntó Vladimir-ya te ha dicho el chico que puede tumbar a un elefante..

-¿Y si nos cruzamos con uno?, Uno malo..

Azrael se mofaba de su propia respuesta mientras que Vladimir negaba con la cabeza ante semejante bobada.

-Chicos, escuchad.. oigo algo..- Jhon se había quedado perplejo. Iba con un cazador experto y un superviviente nato y había sido él el primero en oír el extraño ruido.

Los tres se agazaparon. Ya habían percibido todos aquel sonido. El superviviente miraba continuamente al cielo, algo llamaba su atención. Levantó unos centímetros la cabeza. El impacto de algún animal sobre el suelo era cada vez más claro. Más cercano.

Vladimir cerró los ojos. Dando una clara lección a los otros dos, hizo buena gala de su capacidad como depredador y guiado por sus afilados sentidos tardó sólo unos instantes en dar con el origen de aquel sonido.

Cinco segundos, seis como mucho y Vladimir volvió a abrir los ojos. Se giró quince grados a su derecha y con el brazo recto señaló a unos matorrales. – Allí está.

Azrael alzó la cabeza de nuevo, él tenía un campo de visión más claro desde su posición. Jhon por el contrario seguía agachado tras un árbol y no se enteraba de nada por culpa del enorme tronco que tenía delante.

-Pstt- Vladimir fijaba la mirada en Azrael esperando una señal. Ahí estaba. El superviviente había visto por fin la criatura. Un corzo de unos dos años se había quedado escondido entre unos arbustos cercanos. Azrael miró de nuevo hacia el cazador y asintió con la cabeza a la vez que hacía un gesto de cuernos con los dedos índices.

Vladimir lo cogió a la primera. Sabía que no era un animal peligroso ya que de lo contrario Azrael se lo hubiese indicado de otra forma más específica.

Jhon seguía apoyado contra el árbol ajeno a lo que ocurría a sólo unos metros.

Vladimir comenzaba a arrastrarse en dirección al animal. El plan era que la presa huyese de donde él iba a flanquearlo y que la dirección de escape fuese directa hacia Azrael.

Éste cargó una flecha en su arco. Dirigió la vista hacia el cazador y volvió a asentir. Unos cuantos pasos más serían suficientes. Ya podía ver al corzo de unos cincuenta kilos que se alimentaba de la hierba que emergía entre la nieve.

Las hojas se hundían bajo las pisadas del cazador. El barro hacía la forma de su pie que resbalaba ralentizando su avance. Estaba justo en el momento que él le gustaba. Los segundos parecían alargarse, los sonidos se separaban unos de otros y su vista se enfocaba únicamente en su objetivo. Su presa.

Vladimir blandió el cuchillo de montería y se acercó en cuclillas, totalmente sigiloso, despacio pero letalmente decidido. Cálculo la situación durante unos segundos y trazó un nuevo plan según se planteaba la situación. El viento soplaba a favor del animal. El olor de Vladimir no llegaría hasta el corzo si seguía así la dirección del aire.

Bajó su rodilla hasta el suelo y apoyó la mano. Tanteó entre la hojarasca hasta que dió con una piedra de pequeño tamaño. Vladimir cogió aire y el suficiente valor y entonces arrojó la piedra al otro lado del animal.

Éste pegó un respingo con las cuatro patas y estiró su cuello hacia el lugar donde había caído.

-Ahora o nunca- pensó Vladimir mientras se abalanzaba sobre el despistado corzo.

El cazador alcanzó al animal y lo derribó agarrando sus patas y empujando con todo su peso. Una vez en el suelo, la lucha del nervioso mamífero por escapar se traducía en una serie de coces al aire y aspavientos.

Vladimir agarró su cabeza contra el suelo y sin más demora le introdujo la hoja de acero templado entre sus dos patas delanteras mientras lo miraba a los ojos.

-Lo siento, amigo. Tu muerte tiene un fin y es la de alimentar a los míos.

El corzo dejó de moverse. Azrae, que había visto la escena desde unos metros, llegó aplaudiendo y con una sonrisa en la cara. – Bravo, ¡Bravísimo!, Los años no te han robado la experiencia.

Vladimir, sentado junto al animal, limpiaba el cuchillo con el musgo de uno de los troncos cercanos.

-Ya estoy viejo- dijo negando con la cabeza. -Casi se me escapa…

Jhon, aparecía de la nada con la misma cara que un hombre de pueblo la primera vez que pisa una ciudad grande. Sus ojos incrédulos miraban al animal y a Vladimir y trataban de darle explicación al asunto.

-O sea, que yo salgo corriendo y cagado por un ruido y resulta que aquí el abuelo es capaz de atrapar un bicho de éstos con sus propias manos.

-Son cosas que nunca entenderemos- dijo Azrael que guardaba la flecha de nuevo.

-Toma nada, haz algo- espetó Vladimir al cocinero mientras le cargaba el cadáver aún caliente en el hombro.

Entonces los tres pusieron rumbo al complejo. La sensación de tener algo que llevarse a la boca durante al menos una semana les había hecho cambiar hasta el tono en el que se hacían bromas sobre sus incapacidades.

-¿Crees que vas a poder hacer algo digno con el corzo?Preguntaba Vladimir. – casi que puedo comérmelo crudo..

Pero la conversación del cocinero y el cazador los había distraído de nuevo. No se habían dado cuenta de que Azrael había frenado su avance y se había quedado mirando hacia el lugar del que venían.

-¿Éste hombre qué hace?-dijo Jhon al percatarse de que no les seguía el paso. -No lo sé- respondió Vladimir.

-¿Va todo bien?- le gritó desde lejos.

-Así es, continuad vosotros. Ahora os alcanzo.

Los dos hombres continuaron su marcha después de encogerse de hombros a la vez.

-Tendrá que mear, es un tipo raro, pero más que necesario en nuestro querido grupo.

Azrael esperó a que los dos se hubiesen perdido en su campo de vista y entonces desapareció entre los matorrales. Buscaba un rastro, o quizás había visto algo que le había mosqueado lo suficiente. Unos cuantos metros entre los matorrales le llevaron a un pequeño claro donde le esperaba lo que realmente le había parecido ver. Azrael sacó rápidamente el cuchillo y se lo mostró a la persona que tenía en frente.

-Puedes guardar eso. Precisamente vengo a ayudar. Podría haberte disparado hace rato y no lo he hecho. Ni siquiera has sido capaz de darte cuenta de que estaba ahí.

Azrael sonrió irónicamente -Quizás eres quien no se ha dado cuenta de que ya te habían descubierto. Había huellas tuyas por todo el camino. Usas un cuarenta y tres de bota 5.11. Como todos los de tu base. ¿Qué quieres de mí?- dijo Azrael guardando el cuchillo en la funda mientras se le acercaba.

Necesito vuestra ayuda y vosotros la mía, ahora presta mucha atención porque no puedo faltar más tiempo o se darán cuenta y será demasiado tarde..

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte