CAPÍTULO 46. Saciados de Amargura.

CAPÍTULO 46. Saciados de Amargura.

Azrael pone en aviso al grupo sobre su futuro próximo. Descubren el triste interior de la última cabaña.

La tormenta ya había dejado muestra de su magnitud. Las fuertes rachas de viento y las cortinas de nieve se venían intuyendo desde la lejanía.

Dos horas de incesante estruendo originado en las copas de los árboles y de arbustos que trataban de no ser arrancados a merced de la furia climatológica.

Dos horas en las que los copos de medio tamaño se estrellaban contra los troncos y la roca. Contra los laterales de las casas.

-Pásame ese cuchillo- Dijo Jhon al joven Julius que lo ayudaba sumamente interesado a despiezar el corzo.

-Mira, el truco es ir separando el pellejo a la vez que pasas el cuchillo por la membrana que lo une a la carne. Así se podrá aprovechar la piel y no desperdiciaremos nada de comida.

Julius, observaba atento, embaucado mejor dicho en la imagen sueve y relajante del filo de acero cortando aquel cadáver.

La corriente despertó al chico de su concentración y también alertó al cocinero. La ventisca del exterior cortaba con furia los marcos de la puerta cuando ésta se abría.

-Maldita sea, menudo temporal hace ahí fuera- Vladimir como siempre, hacia ver su lado más agrio cuando tenía la oportunidad. -¿Aún no ha vuelto ese loco?- blasfemó mientras se quitaba el gorro y se sacudía la nieve pegada a su abrigo.

-Aún no ha regresado- contestó Jhon. -Quizás deberíamos ir a buscarle, puede que esté en peligro..

Vladimir se quedó parado por un momento mirando con incredulidad al cocinero. Ni siquiera terminó de colgar su chaqueta en el respaldo de una de las sillas de pino.

-No puedo creer que estés hablando en serio. Si piensas que hay algo en éste jodido bosque capaz de matar a esa mala hierba es que no lo conoces bien.

Julius, mirando al cocinero, también con la certeza de que las palabras del cazador estaban cargadas de razón, asintió con la cabeza y frunció los labios mostrando una mueca que corroboraba aquél pensamiento.

Por el interior de aquella estancia se podían encontrar varias velas que otorgaban la luz que el clima les negaba en aquella oscura tarde. Cada vez que una ráfaga de viento golpeaba en la ladera, retemblaban los cristales y los canalones de las cabañas.

Vladimir dejó su chaqueta estirada sobre la silla y la apartó a un lado. Caminó mientras se frotaba las manos y se las calentaba con su propio aliento.

Julius como siempre, le aguardaba con una sonrisa mientras que el cocinero ya había proseguido con su labor. -Vamos chico, ayuda a ese hombre. No queremos demorar ni un segundo si queremos catar ésta maravilla.

El joven asintió. Siguió tirando de la piel del corzo mientras que Jhon le pasaba el cuchillo despacio.

Otra vez la puerta. El aire agitó las velas. El juego de luces distrajo por un momento la atención del joven y del cocinero. Aquello parecía una autopsia que tuviera lugar en una sala de baile, una con decoración en motivos fúnebres.

El naranja de las pequeñas candelas se debatía en lucha con la oscuridad y con la tenue claridad que a veces si podía entrar por los cristales.

Por el acceso hacían entrada dos personas más. Marion y su acompañante, la enfermera MaryAnne. La mujer portaba una pequeña mochila con algunas medicinas y apósitos, algunos utensilios de enfermería y otros enseres que tenían relación con su trabajo.

Marion la cedió el paso sujetando la puerta con su único brazo completo. Una vez dentro, éste dejó que la puerta se cerrase despacio y se acercó a la mesa donde estaban destazando al animal. Marion miró fijamente a Vladimir. Desde que ocurrió el accidente aquella noche no había vuelto a tener ocasión de hablar con él. El cazador se mostraba esquivo, evidentemente por su sensación de culpabilidad sobre lo ocurrido.

Pero Marion, pese a su carisma gris y ofuscada, no guardaba rencor alguno hacia su amigo. Sabe que si no hubiese sido por él, aquella noche hubiesen muerto los dos.

-Vaya, ¿Qué tenemos aquí? – dijo acercándose al animal- menudo corzo. Aquí hay al menos treinta kilos de carne..

Un corte perfecto, en todo el corazón- comentó satisfecho mientras asentía – se nota que sigues siendo un auténtico depredador..

Marion y Vladimir se obsequiaron con una mirada que sólo ellos conocían y después ocurrió la magia. Una reconciliación en forma de abrazo, un aroma de tranquilidad y de sosiego se apoderó de la reunión y todos agradecieron el momento.

-Me alegro de que estés bien, siento lo de tu brazo enormemente.

-Escuchadme todos- gritó Marion- voy a decir ésto delante de los presentes para que quede claro una cosa- Marion carraspeó y se apartó unos metros para ser el centro de atención- mi brazo, bueno, lo que falta de él, es el precio que he pagado porque todos siguiéramos con vida. Tened por seguro que si mi camarada Vladimir hubiese podido, hubiese cambiado su brazo por el mío para que todos estuviésemos a salvo. La vida me ha quitado parte de una extremidad- dijo mirando a Vladimir- o puede verse de otra forma, la vida me ha dejado el resto del cuerpo para seguir disfrutando de todos vosotros y de vuestra amistad. Prometo luchar con mi otro brazo, mis piernas y me abriré paso a bocados a través de un muro de roca si es necesario para seguir adelante, para que todos sigamos adelante. Marion miró a Julius que asistía impresionado a aquella declaración de emociones.

-¡Así se habla!- dijeron Jhon y MaryAnne al unísono.

-¡Bravo!- exclamaba Vladimir sonriente.

El jolgorio era palpable. Estaba claro que la actitud en aquellos momentos era la determinante para no caer en la más absoluta desesperación.

La puerta de nuevo se abría. En esa ocasión era Maika la que entraba con Rachel. Las dos se quedaron atónitas viendo la situación de aquella reunión improvisada.

-Pasad , vamos, ésto hay que celebrarlo. Voy a preparar unos vasos de vino templado y añadiré unos cuantos frutos silvestres que he recogido de la zona.

Jhon sacó unos vasos. Cada uno diferente. Tazas, copas, chatos.. cada uno tenía el suyo y pese a que cada cuál brindaría con una pieza de vajilla diferente todos lo harían por el mismo motivo. La unidad de aquél grupo.

-¡Por el grupo!- gritó Jhon alzando su taza.

-Por la unidad, la concordia y la amistad- dijo Vladimir.

-Bajad esos vasos.. – la puerta volvía a dejar pasar el frío y con el un mensaje más helador si cabía.

La voz no dejaba lugar al error. La barba, cabeza afeitada a cuchillo y la ropa de caza cubierta de nieve y barro.

Azrael dejaba que la puerta se entornase hasta llegar a encajarse en su marco. -Sentaos, tengo algo que deciros.

Maika lo miraba con atención y seriedad. Si de algo estaba segura después de conocer a ese hombre durante aquellos meses, era de que si él decía que algo era serio, era más que serio. – que alguien reuna a todos aquí en el menor tiempo posible.

Se aproximó al lugar más oscuro de la cocina y destapó una fuente con los últimos trozos de carne de oso cocinado y unas raciones de pan casero que ya estaba endurecido ante la falta de conservantes.

Se llevó a la boca un trozo de carne y mordió un pedazo de pan que casi no podía masticar. Dando buena cuenta del zumo de una lata de piña, tragó con menor dificultad aquella masa de comida con la que se había llenado las mejillas.

Vladimir se puso a su lado, los cuchicheos entre Jhon y MaryAnne eran evidentes. La incertidumbre había enfriado aquél comedor más aún que el clima que los arreciaba.

-Dime, hijo. ¿Tan grave es?..

Vladimir lo miraba fijamente. El viejo sentía un gran respeto y una admiración por el superviviente. Sabía que la conversación que se acontecía sería determinante en su futuro próximo.

Azrael tragó de nuevo y se giró quedando apoyado sobre la encimera de acero inoxidable. Tapó su boca disimuladamente mientras masticaba el pan recio y chicloso – Van a atacarnos. Mañana. Por la noche. Iosip y los suyos tienen orden de acabar con todos.

La noticia impactó en el alma del viejo como un trozo de granito sobre la luna de un automóvil.

Vladimir miraba hacia las mesas y observaba con detenimiento el comportamiento de los miembros del grupo. Sin prestar atención a lo que hacían o decían, él sólo oía las palabras de Azrael una y otra vez.

-Nos van a atacar.. mañana.. por la noche..

Vladimir miraba ensimismado y se repetía de nuevo esa misma frase como no terminando de aceptar la realidad.

-¿Cómo lo sabes?.. has estado hablando con alguien claro… cuando te quedaste atrás en la caza.- El viejo miraba al rostro de Azrael esperando alguna cosa más, algo de información añadida. Como si hubiese algo oculto que aún no le hubiese dicho y que quitase algo de preocupación a su ser.

-Es posible. Tenemos un… topo. Por llamarlo así. Creo que es la oportunidad que necesitamos para sobrevivir, nuestra mejor baza, puede que la única con posibilidad de funcionar.

Azrael giró el rostro hacia la entrada. La puerta volvía a chirriar y un gran haber de individuos se amontonaba para acceder. Niños, madres, padres y algún anciano. Algunos de ellos no juraría haberlos visto antes. Otros en cambio le sonaban. Rachel, la madre de Aurora. Muerta a manos de aquellos salvajes en presencia de todos. Julius, soldado a medio hacer, persona de confianza aunque de gran inexperiencia.

Brian, hombre muy curtido en jardinería pero poco en la batalla.

Algunas mujeres más con sus pequeños, dos ancianos y un par de hombres, Lucius y Cristophe, que podrían ser válidos como guerreros con el debido entrenamiento pero del cual carecían. Hombres bastante recios pero abotargados por la inactividad y el paso de los años.

Azrael era consciente de que un enfrentamiento armado no sería su mejor decisión. Al menos no con ese personal. Si Iosip tenía un buen día, acabaría con la mayoría antes de que lo hubiesen visto. Por no hablar del francotirador que lo acompañaba y de la mujer de éste. Ahora al menos contaban con la información de saber a qué se enfrentaban. Y eso sin contar con el resto de soldados de la base, quizá no demasiados, pero sí bien preparados y equipados.

Era una guerra desigual. Tendrían que optar por otra salida.

La reunión se formaba al completo. Todo el mundo se arremolinaba en torno a las sillas y mesas, todos miraban a Azrael como si del presentador de un noticiero se tratase. Un presentador en blanco y negro anunciando la muerte y el dolor de los inocentes..

-A ver, silencio todos- gritó Maika. -Escuchemos lo que tiene que decir.

Azrael la agradeció el gesto con su mirada. Antes de dar la noticia, se aproximó a Vladimir y le susurró al oído – vigila fuera, por favor. Tú ya sabes lo que voy a decirles. Ponte donde pueda verte desde aquí.

El viejo aceptó la orden de buena gana. Cogió el fusil de combate que descansaba tras el mueble de la entrada y se colocó la chaqueta de color camel rápidamente y le subió el cuello todo lo que pudo.

Salió al exterior del inmueble. El aire de la noche ya era del todo insoportable. Indomable, acariciaba con violencia las paredes de aquél lugar y secuestraba cada ápice de comodidad en cualquier lugar que no fuese dentro de aquella casa.

La oscuridad y el silencio que dejaba el aire cuando se calmaba transmitían una paz efímera a su alma. Vladimir dejó abierta la puerta lo justo para que la voz de Azrael le alcanzase, no quería perderse nada de aquél discurso.

Apoyó el arma contra el lateral de madera y tanteó con sus manos los bolsillos de su anorak. Vladimir sacó un paquete de tabaco picado y un trozo de papel amarilleado que no era precisamente papel para fumar. El cazador había hecho varios recortes de periódicos que habían encontrado y los había destinado para liar su tabaco.

Una pasada con la punta de la lengua y estaba listo para ser encendido. Vladimir alcanzó una de las velas del farolillo que colgaba de la entrada y prendió el pitillo con suma dificultad. Al menos tuvo que intentarlo tres veces.

Guardó el pequeño paquete de plástico con el tabaco restante y entonces algo llamó su atención. Algo que guardaba en el bolsillo desde hacía días y no recordaba.

Vladimir aspiró fuerte y el cigarro se iluminó mientras que el calor de la combustión lenta se alimentaba del papel.

-¿Qué tenemos aquí..?.¡ La llave!, Joder me había olvidado de ella..

Vladimir sacó la llave del sobre con sus manos heladas. La miró por unos instantes y se acordó del candado que aún no habían abierto. Dos cabañas más a su izquierda los esperaba una de las pequeñas casetas donde el antiguo jardinero guardaba celosamente la tumba de su hija y su mujer. Vladimir por respeto dudaba de si realmente debía entrar allí. Ni siquiera sabía si debía llegar a abrir la puerta para otra persona.

Guardó la llave de nuevo y terminó por dejar que su cigarro se consumiera entre sus dedos.

-Y bien, ¿Estamos todos?- Azrael comenzó a dar la información con un discurso improvisado.

Todas las miradas se centraron en él, hasta las de los niños y niñas que jugaban sentados en los bancos de madera.

-Escuchadme todos. No quiero que mis palabras sean interpretadas o mal entendidas por eso seré muy claro y muy crudo. Sin paños calientes..

Todo el mundo cambió su rostro en mayor o menor gravedad. Las mujeres más asustadizas comenzaban a entrar en pánico y miraban a sus pequeños con temor pese a no saber aún la magnitud de lo que iban a escuchar.

-Mañana, de madrugada, seremos atacados por los hombres de Kuyra- el revuelo iba en aumento, todos los miembros se llevaban las manos a su rostro y hasta algunos de ellos comenzaron a llorar y a perder el control de sus emociones.

-Silencio, aún no he terminado.. – las velas iluminaban el rostro de Azrael y le daban un toque de cierta siniestralidad.

-¿Y cómo puede ser que te hayas enterado de eso?, ¿Acaso los has visto?, Y , ¿Qué pasa con los otros hombres que hay en el bosque?.. – uno de los hombres, Lucius, discrepaba, en parte seguramente por miedo de que la noticia fuera cierta y de no saber hacer frente al problema.

-No puedo aseguraros que vaya a salir todo bien. De hecho, puedo aseguraros que el amanecer de dentro de dos días no será visto por muchos de nosotros, quizás por ninguno. Pero si os voy a dejar algo claro, yo lucharé hasta que no me quede fuerza para respirar. No hemos llegado hasta aquí para llorar y escondernos.

Azrael dió un golpe sobre la mesa y los vasos tintinearon. Los niños se asustaron y lo miraron con temor, el fuego se reflejaba en sus pupilas aunque no podía saberse si eran las velas o la ira que lo consumía por dentro.

Enonces se hizo un silencio incómodo. Todo el allí presente se impacientaba por una respuesta del superviviente que se había apoyado en la mesa de madera. Él miraba a los niños y veía el miedo escrito en sus rostros. Entonces algo ocurrió, su cabeza le jugaba una mala pasada. Dos de aquellos niños, los dos más pequeños, comenzaban a desfigurarse ante su atónita mirada.

La visión era un sinónimo de locura, sus hijas empezaban a aparecerse en las caras de los pequeños. -Hijas… hijas mías… – dijo para sí.

Entonces la madre de uno de los niños se percató de que algo pasaba. La mirada de Azrael se había quedado clavada en su hijo. Ella instintivamente corrió hacia el y lo abrazó cubriendo sus ojos con su pecho.

La multitud se agolpaba. Los comentarios sobre la cordura de Azrael eran audibles por todos. La duda y el miedo, la incertidumbre.. todo valía con tal de no hacerse a la idea.

Azrael volvió en sí. Todo el mundo hablaba y suponía. Todos elucubraban y decían lo que ellos debían o no hacer y cómo iban a soportar aquél ataque.

-¡SILENCIO!, ¡CALLAOS YA!- Maika estalló en un grito que enmudeció a los presentes.

-Ninguno de vosotros estaría aquí de no ser por Azrael. Él nos salvó a cada uno de nosotros.. Así, que cuando volváis a dudar de él, pensad que vuestra vida ha llegado hasta aquí por algún motivo y que él lo ha hecho posible.

Maika se había enfadado de verdad. La seguridad del grupo pendía de un hilo y todo lo que veía ella eran dudas. Temía por las vidas de todos y cada uno y ello se reflejaba en su rostro. Un rostro que guardaba toda la feminidad posible aún teniendo una de las responsabilidades más duras entre manos.

-Vamos a prepararnos. Debemos hacer un inventario de armas, buscar en cada rincón cualquier cosa que sirva para luchar por vuestra vida, nuestra vida..

Todos se calmaron. En sus ojos podía verse un pequeño haz de luz y de temor. Sabían que todo dependía de cómo se planificase la batalla. Debían reforzar aquel lugar. Debían convertir un hogareño recinto para turistas en un fuerte.

Algo que sonaba fácil si uno obviaba que la amenaza no provenía de una tribu comanche, si no de un grupo de expertos asesinos que contaban con una equipación y armamento fuera de lo normal. Tecnología inalcanzable incluso para algunos ejércitos de países de pequeño tamaño.

Azrael se pasó la mano por la barba mientras hacía un nuevo recuento visual de los posibles soldados.

-¿Crees que podremos hacerlo?, Ya sabes , sobrevivir.

Maika se había situado junto a él y sin mover casi los labios le hizo la dura pregunta entre dientes. Azrael contestó de la misma manera, el murmullo general les cubría y amortiguaba la conversación de sobra pero no querían dar información de más a los suyos.

-No- respondió con suma sequedad. -Si ellos atacan primero, no habrá posibilidad de ver un nuevo día. Tampoco tenemos opción de escape, con éste temporal no podemos sacar a esos niños a una huída sin rumbo.

Maika giró la vista lo justo para que sus humedecidos ojos no delataran demasiado su miedo, pudo ver a un Azrael calculador, serio como nunca.

-Vamos, sal fuera en un par de minutos, que nadie te siga.

Así hizo. Maika esperó dentro mientras calculaba que ciento veinte segundos pasasen en su justa medida. Dos minutos en los que trataría de calmar su ser y no venirse abajo delatando su verdadera inquietud.

Azrael ya había salido y la puerta se había cerrado tras él cortando la corriente que movió las velas con violencia.

-¿Cómo ha ido?- le preguntó Vladimir sin soltar otro cigarro de la boca. -Espero que no se vuelva loco todo el mundo, necesitamos toda la cordura que sea posible.

Azrael subió la cremallera de su chaqueta y encogido de frío contestó sin dejar de mirar a la montaña.

-Miedo, tienen miedo. Me preocupa que el miedo les haga caer en la negación y no colaboren.

-¿Y que vas a hacer si algunos deciden no defenderse?, ¿Dejarlos morir?, ¿Usarlos de cebo?..

Azrael lo miró y cambiando totalmente su expresión a una más fría, dibujó una sonrisa que heló el alma del cazador.

La puerta se abría tras ellos y de ella aparecía la figura de Maika. Miró a los dos hombres detenidamente, Vladimir seguía pálido, impactado por las palabras de Azrael y su posible idea descabellada de usar a ciertos componentes del grupo, los más débiles, para atraer y desviar la atención del ataque.

Azrael seguía mirando a la montaña. El aire volvía a dibujar cada esquina de toda la ladera y arrastraba con él polvo de hielo y una humedad entumecedora.

-Por cierto- dijo Vladimir – tengo aquí algo que encontré en el cobertizo. Estaba en un sobre junto a una carta. Una carta muy triste que no quisiera volver a leer jamás.

El cazador alargó la mano hacia Maika y la mostró en ella una llave. Pertenecía a un candado de gran tamaño.

-El candado de aquella casa.. -dijo Maika enfocando su vista en la última caseta. -Vamos, quizás se pueda aprovechar algo de su interior y además ganaremos espacio para los nuestros.

Los tres avanzaron contra el viento. Vladimir había desenganchado el viejo farol que colgaba de la puerta del restaurante y lo llevaba delante suyo tratando de dar luz al corto trecho que los separaba de aquella cabaña.

La nieve crujía y rompía el poco silencio que no era capaz de robar el sutil viento del norte. Maldito y asesino viento.

-Aquí estamos.. – Vladimir deslizó esas pocas palabras y aguardó a que Maika le diese la orden, no sin antes darles una pequeña advertencia sobre aquella pequeña casa. – Antes de entrar, debéis saber una cosa.. -El cazador parecía disculparse por algo cuando en realidad no tenía nada por lo que excusarse.

-Un tipo vivía aquí, antes de la tormenta. Tenía una familia y ésta falleció aquél triste día. Se que él huyó, pero no se lo que ocurrió con los cuerpos de su mujer e hija. No quisiera que una desagradable imagen terminase de amargar la noche.

Tanto Azrael como Maika se miraron y posteriormente miraron al viejo Vladimir para darle su consentimiento.

Vladimir se juntó a la puerta, calentó sus dedos con un rápido frotar de manos y entonces sacó la llave, despacio la introdujo en la cerradura del candado y trató de girarla. Pero eso no ocurrió.

El paso de los meses y la temperatura habían agarrotado el mecanismo. Azrael se coló entre Vladimir y la puerta y sujetó el candado con su mano. Después de unos instantes sometidos al frío y los nervios, sopló por la cerradura e indicó al cazador que volviese a meter la llave dentro.

– Ni te molestes, mañana lo abriré de un hachazo-dijo el viejo.

Pero Azrael tenía otros planes, cogió el pequeño farolillo y extrajo una de las velas que había en su interior, aproximó la llama al cerrojo y dejó que el candado se calentase.

-Sujeta ésto- dijo mientras le daba la vela.

Azrael giró de nuevo la llave con un poco de esfuerzo.

¡CLACK!

La llave giró y la pieza de acero inoxidable se abría. Los tres se miraron un segundo.

Azrael retiró la cadena pasando los eslabones entre el enrejado de la puerta y liberando ésta completamente.

-Adelante, tú deberías entrar primero.

Maika otorgaba al cazador la posibilidad de entrar y descubrir si realmente aquello era el panteón familiar que creía que era.

Se agachó y cogió el farol en el cual sólo quedaba una vela y lo alzó a la altura de su cabeza. Vladimir accionó la manivela de la puerta y ésta se abrió quejándose por la falta de mantenimiento de los años anteriores.

Una nube de polvo caía con gracia desde el marco, la vela de Vladimir sólo alumbraba un par de metros y no aclaraba cran cosa.

Entonces Azrael cogió la vela que había usado para abrir el candado y entró junto a él. Maika, llena de reparo, puso un pié en el interior de aquella casa que aún estaba inexplorada.

El cuchillo de Azrael produjo un fino sonido metálico al salir de su funda. Caminó agachado un par de pasos y su bota derecha se topó con algo.

Azrael tanteó el suelo. Lo que tenía junto a su pié no era otra cosa que una vela aún más grande que la que ellos llevaban. Sin dudarlo y usando esa vela como luz, fueron descubriendo otro haber de velas dispuesto en círculo frente a ellos.

Encendieron cada una de las que encontraban. Así la luz oscura rojiza pasó a ser naranja y posteriormente se fue tornando amarilla.

Ante ellos, se presentaba una triste imagen que los dejaba sin habla.

Pétalos secos, flores muertas y algunos peluches cubiertos de polvo. Belleza dentro de la tristeza. Un amor desconsolado que sólo encontraría consuelo en el propio fin de su existencia. Otro padre arrancado de su alma que contempla con horror como su razón de ser se esfuma en el viento y le sacia de amargura.

Vladimir y Maika se santiguaron mientras que serio, envuelto en gris, Azrael volvía a sentir el vacío que nunca podría llenar en ésta vida.

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte