CAPÍTULO 48. La visita de un JOTÚN.

CAPÍTULO 48. La visita de un JOTÚN.

El Grupo de Maika se prepara para el ataque pero una visita inesperada les cambiará los planes.

Por unos segundos, el bosque se quedó espectante. La mirada cargada de soberbia de Alexander penetraba en los ojos de Azrael y ésto aumentaba su inquietud.

Algo no le gustaba de aquel tipo. No era su traje totalmente fuera de lugar ni sus zapatos. Era su mirada. Azrael podía adivinar con solo observar a alguien que sus intenciones no eran para bien.

Quién sabe cuantas veces le salvo la vida el vivir desconfiado. Él sabía que no era vida, ya que condenaba su existencia a un permanente estado de alarma. Pero al menos había funcionado. Hasta ahora lo había mantenido más o menos íntegro y con cierta salud, exceptuando la mental.

Azrael, que aún reconocía el sabor de aquella mermelada en sus labios, se preguntaba por qué el bosque le había robado ese momento y le había puesto de nuevo en una situación de compromiso.

Giró la cabeza observando al equipo. De verdad parecía que estaba todo tranquilo. Realmente Azrael no había permanecido en el tejado durante aquellos interminables momentos para pensarse nada. Lo que él había hecho era dar margen a Maika para que rodease la zona. Ella era la que tenía que decidir cuando actuar o no. Él sólo esperaría una señal.

Y ahí llegaba. Desde la parte de atrás del complejo, oculta a la vista de todos menos del superviviente, Maika daba la autorización para que Azrael bajase del tejado. – ¿Puede ser que se haya parado el viento mientras la miraba? – Era posible, pero Azrael tenía cosas más importantes en las que pensar.

Como en el tipo trajeado y sus dos acompañantes.

Bajó su arco y destensó la flecha. Los dos soldados se relajaron entonces. Vladimir bajó su cuchillo, por el contrario Marion mantuvo en ristre su M-tar y escupió sobre la nieve. La mirada de ese hombre perseguía cualquier movimiento extraño. Si alguno de aquellos hombres cometía un error, vaciaría su cargador sobre ellos. – Y que salga el sol por donde quiera- pensó.

Azrael se descolgó por un canalón que habían reforzado para emergencias. Unas cuantas varillas de hierro atravesadas permitían subir y bajar con presteza del tejado. A parte, habían colocado un mecanismo de desmontaje fácil para quitar ese acceso desde arriba. Cubierto con un palet y dos lonas, un arco, flechas y algo de comida en conserva, se disponían en ese tejado para salvar la vida de quién tuviese que escapar alojándose allí.

No llegarían a ser las doce de la noche. La temperatura había caído al menos otro par de grados. Azrael posaba sus manos frías al unísono de sus botas y descendía de aquel canalón escarchado. Por fin los pies se clavaban sobre la nieve y el barro.

Tanteaba con las palmas medio entumecidas su pantalón. El cuchillo sobresalía lo justo para ser rápidamente extraído si fuera necesario.

Recorrió unos cuantos metros pegado a la pared de madera. Sus dedos seguían el contorno de las tablas en la oscuridad, a sólo unos metros, se iluminaba tenuemente la escena tan poco previsible que lo esperaba. Un tipo con un traje de un valor que era mejor desconocer, aguardaba a cuatro grados bajo cero a que Azrael mantuviera cierta conversación con él y sus dos secuaces.

El superviviente caminó con desidia y una especie de galvana intencionada. Situado justo al lado de Marion, Azrael miraba de reojo a los dos tipos armados que aguardaban junto a Alexander.

Un recuento rápido, un pequeño vistazo para comprobar que estaban todos. A excepción de Julius.- ¿Dónde se ha metido ese chico?- daba igual, ahora lo importante era adivinar los secretos que habían dado origen a tan extraña visita.

Las miradas se cruzaron a tres bandas. Azrael, Ewan, Martinez..

Podía casi notarse la nieve derritiéndose al pasar entre ellos.

Azrael alzó la cabeza y observó durante muy pocos instantes el interior del transporte. Acto seguido, sonrió a Ewan y se dirigió hacia donde se había parapetado el tullido Marion que aún apuntaba a la visita con el M-tar.

-Marion, creo que puedes bajar el arma. Nuestro invitado se ha tomado la molestia de llegar hasta aquí y soportar éste frío por algún motivo. Como el ha dicho, podría habernos atacando desde lejos..

-¿A cuánto eres capaz de hacer blanco con ese Barret?-Preguntó a Ewan.

Todos callaron. Los dos soldados se miraron entre sí sorprendidos de que Azrael reconociese el arma que escondían y más aún de saber que pertenecía a Ewan.

-Una milla, puede que algo más- Respondió con voz intranquila.

-¡Vaya! – Exclamó sorprendido- ¿Lo ves, Marion?, si hubieran querido nos habrían liquidado..

Ya podéis salir, nuestros invitados tendrán alguna cosa que decirnos.

Entonces aparecieron todos, el resto de hombres y mujeres, a excepción de MaryAnne que observaba la situación desde la seguridad de la cristalera donde podía tener a los niños a buen recaudo.

Y menos Julius. – ¿Dónde se habrá metido ese chico?..

La situación se tornó hacia una calma intranquila. La misma calma que siente uno cuando viaja a la deriva en el mar. Tienes el sol y las olas, pero también estás a merced de los tiburones y la sed. Ahora sólo había que saber si la visita tenía demasiados dientes.

-¡Bien!, señores, si me permiten interferir en su reunión de vaqueros venidos a más – el gran tiburón blanco hablaba.

-Me gustaría que nuestro encuentro no se prolongase demasiado. Es tarde y hace frío. Aunque ustedes, rudos hombres, se encuentren agusto, he de recordarles que no todos estamos hechos para soportar ésta mierda de clima.

Alexander rebuscó en sus bolsillos de la chaqueta, de uno de ellos extrajo un par de guantes de cuero vuelto que parecían abrigar bastante. Se colocó uno en cada mano y las frotó después para hacer que el calor volviese a sus dedos.

-Ewan, dales a éstos chicos lo que tenemos para ellos- Alexander hizo un gesto con la mano sin darse la vuelta ni siquiera. Vladimir observaba cada movimiento junto con Marion, ninguno tenía claro de qué iba aquello.

El soldado de Alexander, abrió una puerta corredera que se deslizó a la perfección hasta su tope, agarró una bolsa grande de deporte y la sacó del vehículo apretando el brazo todo lo que pudo a fin de mostrar su poder y musculatura.

Unos pocos pasos hacia Azrael le bastaron y entonces lanzó la bolsa a sus pies. Pero Azrael ni siquiera bajó la mirada.

Otra vez el silencio.

-¡Vamos, ábrela!, ¿es que no quieres saber lo que os hemos traído?. – pero Azrael guardó silencio de nuevo.

El sonido de unos pasos lejanos aproximándose eran lo único que podía oírse en aquella fría escena de aquel frío teatro.

Alexander y los otros dos se quedaron mirando al fondo del complejo. Los pasos venían de allí. De la silueta que dibujaba el cuerpo de Maika al reflejo de los farolillos y sus velas.

Grácil pero tenaz, la muchacha caminaba como sin prisa, dejando que el viento la despeinase y ocultase su rostro con el flequillo alborotado.

Pasó justo al lado de Azrael, demasiado cerca, como siempre. Últimamente la diatancia con esa chica empezaba a ser intangible. No podía saber si quería que se acercase aún más o que se fuese a otro planeta. A un planeta donde no tuviese que recordar nada de ella. Sabor a mermelada..

Ella se agachó y desenfundó un karambit de su cintura, con la punta sujetó la cremallera de la mochila y revisó su contenido.

Los ojos se le abrieron demasiado como para ocultar su sorpresa. Había perdido la oportunidad de parecer que aquello no la impresionaba.

Un par de segundos mirando al horizonte y un cuarto de vuelta para encontrar los ojos de Azrael. Eso fue todo lo que Maika necesitó de tiempo para saber que aquel no era un tipo cualquiera.

-¿Qué es lo que queréis de nosotros?-concluyó ella.

Alexander miró a Azrael y emprendió un corto camino hacia donde él estaba.

Pasó por el lado de Maika con las manos en los bolsillos y la observó de arriba a abajo. Las botas de ella y su ropa de alguna talla superior, dejaban demasiado margen para tener que imaginar su figura. Su cara, al aire y totalmente arrecida de frío, no mostraba ni siquiera un porcentaje de su verdadero potencial de seducción.

Aún así, Alexander sabía que era muy hermosa. Tanto que era inevitable pensar que parte de su control sobre el equipo viniese de ahí.

Los pasos continuaron hasta quedarse al nivel del superviviente. Éste le miraba con el desafío escrito en sus pupilas.

Alexander le susurró algo al oído y entonces Azrael miraba al infinito y apretaba los dientes.

-El control que esa mujer ejerce sobre ti es lo que te mantiene alejado del grupo ¿no es así?. Tienes miedo de ella al igual que de lo que puedas llegar a sentir.. Pero hijo, la debilidad del hombre no es ser vencido por un guerrero más fuerte, es la de no saber que el enemigo que te puede vencer viaja en tu pecho.

Alexander dio un paso hacia atrás y le guiñó el ojo mientras se dirigía hacia ella.

-Señora, señorita.. No se cómo llamarla..

-Quizás debería decirnos cómo debemos llamarle a usted.

Maika mostraba su adversión por todo aquello. La desconfianza que la suscitaba aquel tipo no era fácil de esconder.

Me podéis llamar “Jotún”.. Pero los nombres que os deben importat son los de éstos dos hombres. Os presento a Ewan, el fornido tirador, y a Martínez, gran artificiero y fiel escolta. Los dos irán con vosotros en nuestro próximo trabajo.

Las miradas se cruzaron rápidamente. Todos los miembros del grupo incluido Azrael se extrañaron profundamente de que alguien contase con ellos para algún trabajo y que diese por hecho que aceptarían el llevarlo a cabo.

-¿Trabajo?, ¿juntos? – Preguntó con cierta mezcla de suficiencia y asombro. – Mi grupo está bien como está, gracias señor.. “Jotún”. No necesitamos su regalo..

-Veo que mantienen una de las entrañables casetas mejor protegida que las demás. También veo que su, ¿enfermera?, se ha quedado dentro. Supongo que protege a sus pequeños. – La situación se tensaba cada segundo con cada palabra de ese hombre.

-Quizás, bueno, seguramente, Iosip use eso en vuestra contra. Yo lo haría..

Todos se miraron, todos menos Azrael, que apretaba los puños mientras trataba de comprender quién era ese hombre y por qué conocía a Iosip. Y por supuesto, porqué conocía el hecho de que un ataque tendría lugar contra ellos.

Debían ser cautos y ocultar que ellos sabían lo del ataque.

-¿Qué sabe usted de Iosip?, y, ¿a qué ataque se refiere?..

Todos los del grupo comprendieron la estrategia.

Azrael formuló ese par de preguntas sencillas, esperando encontrar alguna respuesta, aunque no imaginaba el tipo de información que iba a recibir.

Alexander no se hizo de rogar. El elegante y misterioso hombre estaba deseando salir de allí.

-Vaya, vaya… Veo que hemos tocado en cierta parte sensible.. Dime, chico, ¿has tenido algún encuentro desagradable con ese.. Hombre?.

A Azrael no le gustaba hablar del checheno. Él sabía que un día tendría que enfrentarse a él. Con suerte podría liquidarlo por la espalda. Azrael tenía su honor, pero no era imbécil. Un enfrentamiento a cuerpo con esa mole podría costarle la vida. Y luego la de del resto. Y la de Maika.

-El señor Kuyra y yo hemos tenido nuestras desavenencias. – contestó girando la cabeza.

Alexander comprendió entonces la realidad de todo aquello. El grupo había sobrevivido a los embistes de Kuyra gracias a Azrael y su protección hacia ellos.

-Bueno, no te tomes a mal lo que te voy a decir. Puede sonar algo.. mezquino. Pero realmente me alegro de que sea así. No de que os hayan atacado- se disculpó – me alegro de que sea un enemigo común.

De hecho todo ésto tiene sentido gracias a ese pequeño concepto.

Alexander comenzó a dar pasos en círculo y sin un rumbo definido ante la atenta mirada de todos los presentes.

-Digamos… Digamos que yo estoy interesado en que me ayudéis con cierto temilla.

Bueno, temilla no es la palabra correcta, perdonad mi deliz lingüístico. Hace frío y estoy cansado.

Pongamos que yo os ayudo a sobrevivir, y vosotros a la vez me libráis de un problema que últimamente me tiene algo.. Desconcertado.

La noche se hacía insoportable. El viento atacaba como cuchillos en los rostros de aquellos moradores del bosque.

Vintila aguardó respuesta con un gesto de brazos abiertos.

-Aún no has contestado a nuestra pregunta- increpó Maika. – ¿De qué conoces a ese hombre?.

-Está bien-Comenzó a explicar Alexander- hace un tiempo, tuve algún tipo de negocio con esa gente. Negocios de armas y de ese tipo de maldades..

La cosa no salió bien y trataron de jugármela. Se quedaron con armas y con hombres que no habían pagado y trataron de acabar conmigo. ¿Qué os parece?, ¡Yo!, que les había suministrado las armas y equipamiento con las que ellos sobrevivieron..

-Ya.. – dijo con incredulidad Maika – y, ¿por qué recurres a nosotros?, tienes más armas, y seguro que más hombres a parte de éstos dos que nos has traído. ¿Por qué no lo haces tú?

De hecho incluso ese Barret podría ser tu solución..

Alexander giró su esbelto cuello hacia la muchacha y abriendo los ojos dibujó una siniestra mueca de prepotencia.

-Me resultas tan tierna.. – dijo él condescendiente en un tono irritante.

Ellos están en esa base. Y sólo salen para hacer limpiezas. Antes de que pudiésemos alcanzar el interior ya nos habrían salido a buscar. Allí tienen de todo, podrían estar años sin salir..

¡Y yo no pienso estar esperando a que un día aparezcan maldita sea! – Alexander alzó la voz por primera vez en toda la conversación. Podría decirse que algo lo irritaba, quizás la insolencia que mostraba Maika hacia su persona.

Pero claro, ella no sabía realmente quién era, ni él podía mostrarse realmente como Alexander, destructor de todo y malvado aspirante a rey de un mundo de soledad y pena eterna.

-La situación es ésta- dijo con un tono más calmado – Vosotros seréis atacados por esos lamentables y despreciables secuaces de Kuyra en dos días – Los del grupo se miraron, la información de Azrael no era exacta- En dos noches seréis arrasados y entonces esa manada de licaones vendrá a por mí. El último reducto de humanos que no está bajo sus órdenes en todo éste bosque y puede que en todo el país.

Espero que sean benevolentes con vuestros pequeños, aunque no cuento con ello. De hecho a ese psicópata anabolizado le suele caer en gracia eliminar a los más débiles los últimos, y no precisamente de una forma indolora.

Ese animal vive del horror que causa y se alimenta del pavor de los indefensos.

O.. – Alexander se volvió hacia sus hombres y les hizo un gesto para que se subiesen al vehículo – podemos llegar a un acuerdo, tender una trampa a esos hijos de puta y vivir en paz y armonía a salvo de salvajes y malhechores cuando no dejemos ni uno.

Alexander sse quedó con los brazos abiertos, de nuevo esperaba respuesta a una cuestión complicada que no querían tomar a la ligera.

-¿Y cómo sabes todo eso?,-Maika no quería quedarse con ninguna duda antes de aceptar la oferta- el ataque, la base.. Es mucha información, demasiada..

-Pequeña.. – susurró Alexander- tengo dos hombres día y noche haciendo un reconocimiento en aquella zona. ¿No pensarías que iba a dejar a la suerte el destino de mi vida..

En esa bolsa hay un comunicador, armas, medicinas y algo de comida para que os vayáis decidiendo sobre nuestro acuerdo.

Encended mañana a mediodía la emisora y os detallaremos el plan. Si mañana no recibo la comunicación, seremos nosotros los que arrasaremos ésta aldea cochambrosa. – Entonces se subió al transporte y Martínez cerró la corredera.

El vehículo desapareció marcha atrás y encendió las luces a unas decenas de metros. El ruido de las orugas de goma marcó el momento de empezar a hablar.

-Me cago en la puta- Vladimir soltó la primera frase y así rompió el hielo de la conversación.

-¿¡Qué cojones vamos a hacer!? – Ese tío parece que no va de farol, ¿o sí?, ¡joder!-Marion no sabía ni qué decir, al igual que su amigo.

Todo se alteró en exceso. La locura del momento y la incertidumbre que había generado en los asistentes los había evadido de la realidad de lo que tenían a su alrededor. Frío, oscuridad.. Y una decisión que tomar.

-Meteos dentro, por favor- ordenó Maika.

Entonces el grupo a excepción de Azrael se dirigió al interior del restsurante. MaryAnne esperaba dentro con unas velas y unas cuantas tazas de café. – Los niños duermen-Dijo la veterinaria- contadme lo que ha ocurrido..

En el exterior, Maika y Azrael observaban inmóviles la bolsa de tela y cuero negros.

De su cremallera semi abierta se podía intuir una culata de escopeta Spas y algunos objetos. Azrael se agachó en cuclillas junto a ella y terminó de abrirla completamente.

-¡Bueno! Parece que el señor “Jotún” nos ha dejado aquí algo interesante.. – Miró a su alrededor, las velas de los farolillos no alumbraban demasiado y tanto estar fuera sin moverse les había hecho coger frío en el cuerpo.

-Creo que debemos ir adentro para revisar todo ésto, tengo el puto culo helado, y tú tienes la cara como la de un cadáver.

Maika accedió de buena gana. Las manos le temblaban y su rostro se había petrificado. Su habitual tono rosado había desaparecido y sido reemplazado por un blanco marchito. Aún así, seguía siendo hermosa.

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte