Capítulo 51.         El Ángel de la muerte.

Capítulo 51. El Ángel de la muerte.

Julius desvela la verdadera historia de su pasado y quién es en realidad Vintila.

Azrael se apostaba tras la camilla. La penumbra y su habilidad para ocultarse en las sombras lo protegían de un enemigo al que él ya había matado de diferentes formas en su cabeza.

Él ya había dado rienda suelta a su extenso abanico de posibilidades y sólo tendría que adaptarse al suceder de lo que aconteciese.

Correr mientras empujaba la camilla y abalanzarse sobre aquél desconocido, o quizás arrastraría su espalda por el hueco que había entre la pared y las otras camas para sorprenderlo. Sea como fuere, Azrael tenía claro que aquella amenaza no saldría de allí con vida salvo que hubiese una explicación.

Y vaya que si la había.

Casi no se había percatado de que Maika, ya en un tono relajado, había desamartillado la pistola y guardaba ésta en su bolsillo con total despreocupación .

Apoyando una mano sobre la pierna, la muchacha se erguía mientras estiraba sus pantalones. – Vamos anda-dijo dando en el hombro a un Azrael que seguía trazando un plan de ataque.

-¿Qué cojones haces? ¡Agáchate! – dijo Azrael sorprendido. – No sabemos si ese tío está armado..

-Levántate- respondió ella colocando su chaqueta- ahí tienes a tu valiente pupilo..

Azrael, que ya empezaba a comprender lo que ocurría, alzó la vista aún con desconfianza para averiguar quién era el que los acechaba desde la sombra de aquella enfermería. – ¡Julius desgraciado!, ¿Es que quieres que te maten?..

Julius se dejaba ver ya por completo. Su flacucho cuerpo de imberbe adolescente y su cara de hombre a medio terminar lo delataban pese a que sólo quedaba en pie una triste vela que apenas si ganaba a la oscuridad de unos pocos metros.

-Vamos,¿Qué haces ahí?.. Te hemos estado buscando un buen rato-Dijo visiblemente molesto.

-Que sea la última vez que dejas al grupo tirado cuando tenemos una situación de ese tipo. Podíamos haber tenido que combatir y tú estabas aquí escondido.

De verdad que no me lo esperaba.

Azrael lo miraba con la decepción escrita en los ojos. Todo éste tiempo había confiado en Julius como en uno más y estaba siendo consciente de su verdadera cobardía y de su falta de implicación en situaciones críticas .

-¿Piensas abandonar la lucha en cuanto aparece alguien armado? Porque si es así, quizás cometí un error al traerte..

Maika observaba la situación cual madre que ve como reprimen a su hijo. Julius no era lo que ella hubiera elegido como un guerrero ideal en su bando, pero el chico la inspiraba cierta ternura.

Pero Julius mantenía la cabeza agachada. Los labios fruncidos y su temblorosa muesca, dejaban entrever que el chico estaba realmente afectado. No tardaron en brotarle sendas lágrimas que recorriesen sus mejillas.

Ahí estaba. Un chico que rondaba la treintena y que había sobrevivido a todo un apocalípsis. Llorando como si alguien le hubiese quitado su juguete favorito.

-Joder-Exclamó Azrael – Está bien. Lo siento, muchacho. Venga, baja las manos y ven a sentsrte un rato-dijo acomodando una butaca- prepararé unos vasos de té mientras te cuento lo ocurrido.

Azrael se dio la vuelta y sacó de un bolsillo de su mochila un pequeño paquete. Un trozo de trapo enrollado con algunas hierbas que había ido recogiendo en sus largos viajes a pie.

Hierbaluisa, romero, tomillo, manzanilla..

Toda la mezcla se había secado dentro de aquel pañuelo y ahora Azrael la desmenuzaba en el fondo de una taza metálica. Se mantuvo tan ocupado que no había percibido que algo serio pasaba con Julius.

El chico seguía apoyado en la pared mientras Maika trataba de consolarlo inútilmente..- Vamos, Julius- le decía ella con un tono amilbarado- Ya sabes cómo es él, sabes que las situaciones complicadas le alteran y necesita estar seguro de que puede contar con todos nosotros.

Pero una vez más, Julius iba a desconcertar a la pareja que lo obsevaba aquella madrugada..

De un brinco, el chico se apartó de la pared haciendo que Maika tuviese que desplazarse a un lado. Tal fue el movimiento que la vela que aún restaba con vida se agitó hasta casi el punto de apagarse.

Azrael entonces pudo ver de cerca el rostro de Julius, totalmente desencajado, pálido, con los ojos enrojecidos como si hubiese estado varios días sin dormir. Era un rostro que Azrael había mostrado en algunas ocasiones, en sus largas huidas, cuando lo único que perseguía era poder olvidar.

Azrael soltó el cazo de acero inoxidable sobre la bandeja de utensilios y también el paquete de hierbas que iba a preparar.

La mirada de Maika se podía adivinar desde la oscuridad de su rincón. Azrael tomó otra de las lámparas que habían estado fabricando con latas vacías y grasa animal y prendió una con su mechero de gasolina.

Un nuevo tono anaranjado daba sentido al lugar y lo disfrazaba de lugar acogedor.

No querían gastar demasiados recursos, pero la situación merecía la pena. – ¿Qué ocurre, Julius? – Dijo posando la nueva fuente de luz sobre una camilla.

Julius bbalbuceaba. Sus lágrimas destelleaban al brotar de sus ojos, Azrael podía notar la tensión en el chico. Esa cualidad le había salvado en alguna ocasión. Si la situación parecía demasiado tranquila y él apreciaba demasiado nerviosismo en alguien, no dudaba en hacer uso de su arma y salir de allí corriendo. Es mejor una duda que una puñalada por la espalda..

El chico se cruzaba de brazos. Indeciso, se tambaleaba y cambiaba de pie, apoyando la pierna derecha y luego la izquierda, hasta que por fin se decidió a hablar.

-Tenemos que irnos de aquí – dijo entrecortando sus palabras a la vez que sorbiendo por la nariz.

-¿Qué? – respondió Maika incrédula y con gesto de desaprobación.

-Tenemos que irnos. Tenemos que huir. Cuando ellos vuelvan, no dejarán a nadie con vida. Hay que sacar a los niños y a los mayores.

-Julius, tranquilo- Le suplicó Maika – ¿A qué virne ahora ese miedo?

-Así es como ellos hacen las cosas-contestó aterrado-Tienen claro que si no eres de los suyos.. Debes ser eliminado-Dijo negando con la cabeza.

-Escucha, Julius-le interrumpió Maika – Tenemos una oportunidad, Venceremos a Kuyra y a Iosip, ahora tenemos un apoyo..

-¡NO TE ENTERAS, ¿VERDAD?! – Julius sobresaltó con su tono a los dos de la sala. Azrael sabía que algo malo, algo demasiado importante debía estar a punto se salir de la boca de Julius. Algo muy transcendental para todos ellos.

Pero no se imaginaba cuanto.

-No es Iosip el que me preocupa, Iosip es un soldado. Un animal que utiliza su fortaleza física y su adiestramiento, pero que carece de una vista más allá de sus instintos primarios..

Es Alexander el que realmente debería haceros temblar.

Azrael y Maika se miraron de pronto. Esperando que uno de los dos tuviese alguna idea sobre a quién debería pertenecer ese nombre y por qué debía de darles tanto pánico.

-¿Qué Alexander? – dijeron los dos al unísono.

Entonces Julius se giró sobre sí mismo y balbucenado empezó a pronunciar una serie de palabras que cambiarían la ida de Azrael. Al igual que sabía que desvelaría su pasado frente a Maika.

-Alexander, Alexander Vintila- Dijo sintiendo como se esfumaba su energía al recordarlo.

Maika, empezaba a atar cabos en su cabeza. Las manos de la muchacha se apretaban dentro de sus bolsillos. A la vez que su cabeza se iba agachando, sus ojos se dirigían hacia arriba. Siniestra pose para una dama que descubre la verdad dentro de una mentira.

-Vintila, el señor Vintila-Continuó Julius.

-Dueño y señor de todo. Al menos de todo lo que queda. Un tipo que extermina todo aquello que no puede controlar.

Sádico, poderoso, metódico.. – Terminó el chico.

-¿Cómo sabes tú todo eso? – Preguntó Maika, sin estar segura de querer obtener respuesta.

Azrael alzó la cabeza e hizo un gesto al chico para que continuase con su explicación.

-Vintila había contratado a mi padre, bueno, él directamente no-Maika, con un gesto mezclado entre ira y sorpresa, comenzó a rechinar los dientes al darse cuenta de que Azrael había ocultado todo lo que ella estaba escuchando.

-Mi padre era el mejor en su oficio. Frigorista, calderero, electricista.. No había nadie que recordase cada palmo de una instalación como él. Por eso lo dejaron quedarse en la mina después de haber terminado su construcción.

Pero él estaba enfermo, arrastraba un cáncer desde muchos meses atrás.

Una mañana, de un triste día, al volver de mi ronda de comprobación de presiones, giré el pasillo que conducía desde la sala de calderas hasta su cuarto. Alcé la cabeza y la situación me chocó de frente.

Dos soldados, los chicos de Kuyra, estaban escoltando la puerta de mi viejo. No olvidaré aquella mañana.

Jamás..

-¿Qué cojones estás diciendo? – interrumpió Maika.

-Tranquila – Dijo Azrael mostrando sus palmas de la mano-Déjale acabar.

Pero Maika ya no quería escuchar. Sólo quería mostrar su ira, su desconformidad por haber sido engañada. Azrael la había ocultado el origen de Julius a sabiendas de que había trabajado con los que ahora intentaban acabar con ellos.

-Aquella mañana me llamaron para que acudiese a una reunión. Zmei Novisech, un tipo sin alma en la mirada, me esperaba junto con Kuyra en su despacho -Maika explotó al oír ese nombre. Saltó sobre Julius y lo empotró contra la pared agarrando su chaqueta y mostrando sus dientes al chico-¡Asesino!- dijo sacando lo peor de ella y sin dar lugar a más explicaciones.

-¡Vosotros asesinasteis a mi tío!-gritó con agitación desmedida. Su respiración y su mirada, como si Julius fuese el que había segado la vida de Sarcev, bien podrían intimidar a una pantera.

-Calma-Le pidió Azrael – Yo ya pasé por ésto cuando me enteré de quién era, y si está aquí es porque lo he traído yo. Te hemos ocultado de donde viene, pero puedes confiar en él. Mi vida estuvo en sus manos y aquí estoy.

Las palabras de Azrael, medidas y justas-como siempre-consiguieron aplacar aquella fiera que se erguía combustionada en un odio interno infinito, en un corazón de rabia que poco a poco se atenuaba en intensidad.

Maika soltó a Julius y se colocó la chaqueta. La mirada que lanzó hacia Azrael lo decía todo. Su confianza y la forma en la que la relación entre ellos había evolucionado, dependía ahora de la explicación que fuesen capaces de darle.

-Allí estaban los tres- continuó – yo sabía que algo pasaba con mi padre. Kuyra no era muy partidario de dejar a ningún miembro del equipo de construcción que hubiese participado en aquella obra, trabajando después de ser ocupada por sus hombres.

Pero Alexander era más práctico. Sabía que mi padre estaba enfermo y que no dudaría mucho. Sabía que sólo me tenía a mí y que mientras él viviese no habría avería sin solución en aquella base.

Pero una vez muerto, yo era un problema.

Siempre había sido un lastre para mi padre. Intenté aprender lo máximo de él, aunque con poco resultado. No llegué a ser ni una pequeña sombra de lo que él era.

Zmei estaba allí. Al igual que Kuyra, todo aquello de aquel día había sido un trámite más. Un proceso necesario para librarse de mí.

Julius se apoyó contra la pared, en claro gesto de abatimiento por el recuerdo de un trágico suceso. Sus lágrimas desatadas se precipitaron desde su rostro y Maika comenzó a sentirse mal por ello.

-Vintila fue el que pronunció el discurso que tanto miedo me daba oír. El trago amargo que no deseaba encontrar.

– Ahora que tu padre no se encuentra entre nosotros – me dijo Alexander – El requisito para que sigas entre nosotros ha cambiado.

Ya no necesitamos que seas personal de mantenimiento – ya tenemos muchos – aclaró- y con sus propios ayudantes.

A partir de mañana, iras con Iosip y serás uno más de su equipo- me dijo ante la impasible mirada de Kuyra y Zmei.

Ahora vete, y despídete de tu padre antes de que sea enviado a la caldera.

-No podía soportar esa frialdad. De tal forma que salí de aquella sala todo lo deprisa que pude. Alcancé nuevamente el cuarto de mi padre, y allí estaba, frío azul.

El niño que yo llevaba dentro, aún esperaba ansioso a que él se levantase y me abrazara. Aún sentía el recuerdo de su voz enseñándome su oficio. Cada día, cada tarde.. Siempre junto a él..

Todo acababa con la imagen de dos soldados cubriendo su cuerpo con una bolsa de cadáveres.

Pero mi situación sólo acababa de empezar a oscurecerse.

Di un último adiós a su cuerpo. Salí de la sala de calderas tratando de imaginar a mi padre subiendo hacia los cielos, secándome las lágrimas con la chaqueta, y entonces allí estaba él.

El checheno me aguardaba en la siguiente esquina. Cargado de autosuficiencia y de ira. Continuamente enfadado.

-Mañana a las seis en la puerta principal, y por favor, deja el llanto en casa.

Las misiones se sucedieron, una tras otra.

Entregas de armas, asesinatos..

Iosip y su equipo se encargaban de las peores tareas, aunque él parecía disfrutar con ello. Yo en cambio vivía en un continuo suceder de lágrimas ocultas bajo un casco de Kevlar y de pesadillas noche tras noche.

Nunca serví para eso, de hecho, nunca serví para nada-dijo el chico dejándose caer hasta que su trasero tocó el suelo.

-El fatídico día llegó. Una mañana especialmente fría, una misión especialmente complicada, y una noche especialmente larga.

Debíamos ir a eliminar a unonde los grupos con los que habíamos hecho algún tipo de acuerdo y el cuál no habían satisfecho con lo acordado.

Empezaron los disparos, como siempre. Iosip era de disparo fácil. Luego las llamas y los llantos. Ya casi era como una obra de teatro que se repetía en mi cabeza cada noche.

Y, como siempre, me oculté evitando cualquier tipo de peligro. Tapé mis oídos y esperé a que todo se calmase. De un momento a otro, Iosip me daría una patada para que me fuese con ellos mientras sonreían limpiándose la sangre.

Pero no fue así. Todo había acabado, el silencio había llegado igual que siempre, solo que mi equipo se había marchado, y yo, estaba ahí, sin saber que hacer y con la seguridad de que había sido enviado a una muerte segura.

Destapé mis oídos y miré a mi alrededor. Las sombras desconocidas de aquellos que no habían caído en la batalla, se abalanzaron sobre mí.

Conseguí escapar. Huí entre la nieve y los árboles, perseguido como un zorro en plena temporada de cada. Herido. Asustado.

Pero allí estaba él – dijo señalando a Azrael con su mirada- Impidiendo que me metiese una bala en el cerebro, la unica mano amable que la vida me tendía. El hombre que me dio una segunda oportunidad, el que me regaló algo tan maravilloso como el poder unirme a ésta familia.

Y ese es mi camino hasta vosotros-concluyó excusándose encogido de hombros – El resto ya lo habéis comprobado. No soy más que un inútil al que la vida se niega a dejar morir. Un imbécil con suerte..

Maika asintió levemente. Su rostro había tornado hacia la comprensión pero aún podía intuirse en sus ojos algo de desagarado. – Debiste decírmelo, debías confiar en mí y haberme contado de dónde procedía-Espetó a Azrael.

-Está bien-Dijo en un tono mucho más conciliador-Seguimos con el plan, pero está claro que hay que tomar algunas precauciones si ese tipo es cono cuentas. Colocaré un par de francotiradores y..

-¡Que no, Maika! , que no me has escuchado. – la cortó Julius. – Que lo que quieren es vuestra cabeza. Para ellos sois un estorbo. Os usarán contra Kuyra para hacerlos salir de su madriguera y luego os aniquilarán. Alexander no tiene la más mínima intención de hacer un trato justo con nadie. Ya has visto cómo ha ido todo entre él y Kuyra.- dijo mostrando sus manos.

-Hombre-Dijo Maika -No sabemos el motivo de que Kuyra y ese tal Alexander hayan acabado enfrentados.

A veces las sociedades se van al traste por cualquier motivo. Quizás si acabamos con los hombres de Kuyra, lleguemos a un acuerdo con Vintila.

-¿Sociedad? – Preguntó irónicamente Julius. – Vintila nunca ha tenido un socio. Nunca ha tenido un aliado.

Sólo ha tenido empleados, siervos, lacayos.. Ha usado a los que tenía en nómina sin importarle lo más mínimo prescindir de ellos cuando no eran necesarios.

Un tipo que ha intentado fulminar el total de la población, no se va a apiadar de nadie que no le sea realmente útil.

Debíais haber visto su cara el día de la tormenta. Estaba claro que disfrutó aquél momento como el buen psicópata que es..

El silencio frenó de golpe aquél momento. Las velas de la sala parecían haberse enfriado, la luz que despedían cambió de color y todo el frío que hacía fuera no podía compararse con el frío que se había producido dentro de aquella enfermería.

Azrael, con la mirada perdida en los labios de Julius, pudo sentir cómo la mayor parte de su sangre se helaba y con ella su humanidad.

Una extraña melodía acompañaba sus pensamientos, una música triste al son de la cual bailaban sus fantasmas.

Dejó la taza de acero sobre la mesa, en la que nuevamente preparaba la infusión y, ésta se cayó vertiendo su contenido en el suelo.

Las manos le temblaban. La fuerza de sus dedos había desaparecido. Las manos con las que había llegado a arrebatar la vida de incontables enemigos, ahora no podían sostener un pequeño recipiente metálico.

Julius y Maika lo observaban desde el fondo de la sala. Nunca habían visto esa expresión en él. Ni siquiera cuando estaban en combate.

No cabía duda, si hay momentos que forjan la personalidad de uno, Azrael los estaba reviviendo todos.

-Repite eso que has dicho.. – Dijo sin separar los dientes.

Julius miró a Maika con todo el temor de haber dicho algo inoportuno.

-Vamos, Julius. Repite eso que has dicho-Volvió a decir entre dientes.

-¿Quién, es, ese, Alexander? – dijo pausando cada palabra – Y, dime, ¿Qué tiene que ver con la tormenta?..

Los ojos de Azrael brillaron con la vela que tenía delante. Su cara iracunda se ensombrecía con cada paso que daba hacia él. Ahora el que temblaba era Julius.

-A.. A… Alexander… -tartamudeó- Alexander, él es el dueño y creador de todo aquello. Os lo he dicho, dueño y señor de todo. Él fue quién organizó y desarrolló todo el proyecto..

-El proyecto Nuevo Amanecer.. – dijo Maika tapándose la boca.

Entonces Azrael tomó consciencia. Fue perfectamente capaz de entenderlo todo. Había estado mirando fijamente a los ojos de un ángel la muerte.

La casualidad, el destino, la desgracia, o, más bien la fortuna, habían conducido su camino directamente hacia la persona que había acabado con el mundo conocido. Con la mayor parte de la humanidad, con su humanidad.

Con sus hijas..

Azrael había puesto una mano sobre el hombro de Julius. La conclusión de que solo hacía unas horas que había cerrado un trato con el asesino de su familia, aún estaba por mostrar sus consecuencias.

La mano de Azrael se dejó caer y ya no se apoyaba en el bueno de Julius.

La postura del superviviente, era una mezcla de abatimiento y tristeza.

Como el lobo que crece dentro del alma de un perro herido y lo transforma en un animal que lucha hasta la muerte.

Ese hombre. Ese al que acababa de ver marchar en su vehículo eléctrico, era el mismo que le había robado todos los amaneceres de su vida. Los abrazos, los besos, las sonrisas.

Recordó entonces que nunca iba a poder correr detrás de ellas. Jamás iba a poder dormir junto a sus pequeñas.

Había tenido la vida de ese hombre en la punta de su flecha..

Pero poco a poco, la sangre dejaba de estar helada dentro de él. El recuerdo de su familia había vuelto a cargar el arma en que había transformado su alma, había encendido de nuevo la máquina que producía su ira y lo llenaba de ella hasta rebosar.

Podía oírse cómo los cristales de hielo en su pecho, estallaban en pedazos.

Daba paso a un nuevo Azrael.

Siempre había buscado un motivo para vivir. Ahora tenía uno para matar.

Su cabeza agachada comenzaba a inclinarse hacia arriba. Las velas cubrían de luz su rostro. Ahora sí que estaba claro su gesto.

El miedo de Julius también inundó a Maika de pavor. Los dos se sobrecogieron al ver completamente la cara de Azrael. El héroe, el hombre impasible, mostraba una parte desconocida e inquitante. Sus ojos vidriosos acusaban un gran temblor. Y entonces ocurrió..

Las lágrimas de Azrael se volcaron hacia el abismo. Fruto de la pena, del recuerdo, o de la rabia.. Quién sabrá.

Lo que si era seguro, es que aquél momento iba marcar el futuro de aquél bosque.

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte