Capítulo 55.(Flashback) Un Gran General para ningún Ejército.

Capítulo 55.(Flashback) Un Gran General para ningún Ejército.

Kuyra presenta ciertas dudas sobre los planes y el futuro que le esperan en el nuevo amanecer.

Yerema. Rusia, algún momento del 2020 .

-Ni si quiera se porqué ha venido- Kuyra visiblemente ofuscado, cruzaba los brazos en forma de rechazo a las palabras de Alexander.

-Reconozco que usted me ha encargado hacer la selección de personal, pero también es verdad que ese Sarcev está en su lista. Y habló con él hace un par de días ¿Verdad? . ¿Por qué debería rebajarme a seguir siendo su hombre para todo, cuando ni si quiera ha consultado mi opinión sobre traerle al proyecto?.

Enervado, fuera de sí, Kuyra increpaba a Alexander el hecho de haber querido contar con otro alto mando militar en el conjunto que formaría todo el personal del Nuevo Amanecer. – Nunca voy a perdonarle por ello, Alexander. Debe entender que me comprometí con usted y con su empresa porque me correspondería con el puesto más alto de entre todos, y, perdone que le recuerde, que ese Coronel iba a formar parte también de todo ésto. ¿De verdad pensaba que ese Sarcev se iba a poner bajo mi mando? Veo por sus delirios que no entiende cómo funciona la mente de un militar.

Alexander, permanecía inmóvil junto a la ventana del cuarto donde tenía lugar la reunión acontecida. Con las manos cruzadas por su espalda, abrió los ojos y alzó las cejas mostrando una sorpresa desmedida, Alexander no estaba acostumbrado ni por asomo a que la gente con la que trabajaba se sublevase ante su persona. Estaba claro que a Kuyra no iba a convencerlo con amenazas y mucho menos con intimidación. Por eso, Alexander, perfecto estratega de la vida, usó su turno de movimiento para colocar un peón delante de su reina.

-Por dios, señor Kuyra, ¿no habrá pensado ni por un momento que trataba de robarle un solo ápice de su autoridad? – Alexander caminó hacia Kuyra mientras quitaba sus manos de la espalda y las abría en gesto reconciliador.

-Usted tiene todo mi apoyo, al igual que no hemos escatimado en un solo céntimo que usted nos ha solicitado. Ha trabajado con todo nuestro presupuesto, un cheque en blanco para su uso sin límite. Ha escogido su equipo entre los mejores. Ha traído al personal más selecto desde los mejores lugares que ha tenido el capricho de visitar. Israel, rusia, Bielorrusia, Europa..

Nadie le ha puesto un pero, nadie le ha reprochado una sola decisión. Pero, amigo mío, si decidí traer a ese Coronel, tenía una buena razón. Piense, que si todo ésto no sale como planeamos, si algo falla, la comunidad internacional, el tribunal de derechos humanos, La Haya, la Comisión Europea, La OTAN y todos los blandegues progresistas del mundo, querrán colgar al responsable ante el populacho. Y, ¿quién va a responderpor todo ello?.. Efectivamente, al hombre que usted quiere mantener lejos de nosotros.

Kuyra, pensativo, asintió con la cabeza mientras Alexander se colgaba su chaqueta de felpa y se ajustaba el cuello. Con paso firme y ralentizado a drede, caminó hasta el pomo de la puerta de aquel despacho y alargó la mano hasta que sus dedos tocaron el bronce del mecanismo. Respiró un momento y sin mirar a su interlocutor dejó una frase en el aire que terminaría por convencer al general.-Dentro de unas semanas, cuando el calor apriete y el sol esté lo bastante cerca, llegará el momento en que no habrá opción para nadie de aceptar nuestra invitación. De hecho, señor Kuyra, le advierto desde la mejor intención que pueda ofrecerle, que la paciencia no es precisamente mi gran virtud. Dese prisa en decidirse. Llevo mucho dinero y mucho tiempo invertido en usted y su equipo. Pero como ya le he expresado, tengo más dinero que paciencia, y ese Sarcev acabará aceptando su puesto si usted no es presto en sus aclaraciones mentales.

Kuyra se enervaba en sus adentros. Ver cómo ese presuntuoso y pedante de Alexander le soltaba todo aquello y se iba sin aguardar a su respuesta, le había puesto de los nervios.

Esperó unos minutos, los necesarios para ver cómo un helicóptero kamov KA50 se aparecía de entre la niebla como un enorme fantasma y se posaba a unos cuantos metros de su base para recoger a Vintila. – Maldita sea-Pensó el general – Cómo podía haber estado ese aparato ahí todo éste tiempo y no haber disparado ni un sólo radar de los que disponía la base?.

Estaba claro, contramedidas, disruptores de radar, escáneres de frecuencia.. Alexander disponía de una serie de elementos con los que Kuyra sólo podía soñar. – ¿Qué tipo de presupuesto era el que respaldaba a ese tipo?..

El Kamov se elevó mostrando su carga de fuego en un giro excesivamente lento. La evidencia fue que el piloto quería dejar a la vista toda esa capacidad ofensiva con la que podían hacer bastante daño a esa humilde base en la que Kuyra era el todopoderoso.

Misiles Stinger, dos Hellfire y un lanzacohetes a cada lado.

Todo ese armamento simplemente para un helicóptero que transportaba a aquel hombre. Sin lugar a dudas, Kuyra podía tener la certeza absoluta en una cosa, Vintila no bromeaba con sus amenazas. Si Kuyra dejaba vendido el proyecto, la próxima visita de Vintila sería para fulminar su cuartel. Alexander no dejaría un cabo suelto tan importante.

Pasaron unos días. El sol empezaba a hacer del clima de invierno ya sólo un recuerdo. Salvo en las cumbres más altas del monte Elbrus y Zelenaya, la nieve había desaparecido por completo. El general, observa desde su balcón todo el paisaje que le ofrece su amada Rusia. Con un café negro en la mano, contempla la sucesión de pinos y abetos, de robles sin hojas y de arbustos cuyas enmarañadas ramas empiezan a mostrar ciertos brotes verdes anunciando la primavera.

Un paisaje hermoso. Un escenario que sólo el que admira en la más absoluta tranquilidad es capaz de saborear en todo su esplendor. Un cuadro pintado por el universo y al alcance de los mortales más madrugadores.

El trago se le tornaba agrio. Como si de un jugo de ortiga se tratase en lugar de un cálido café endulzado con canela. Los ojos de Kuyra captaban un movimiento en la penumbra de la baja vegetación que rodeaba el cuartel. La figura musculada de un hombre rudo llamaba su atención. La cresta recortada en rectángulo y la maraña de tatuajes lo delataban. Iosip, agitando sus brazos en círculos, hacía cortos movimientos para calentar unos hombros que más bien podrían pertenecer a un lomo plateado. Desafiando a la bruma y escarcha de la mañana en la extensión de la estepa. Una escueta camiseta de tirantes, apenas si cubría un pequeño porcentaje de su torso. A su lado, un hacha perfectamente afilada, era tomada por sus férreos dedos y utilizada con destreza y violencia para talar un tronco de gran tamaño.

El estruendo de la hoja de acero al carbono cortando la madera, se repetía como un eco siniestro que viajaba entre las laderas y llanuras de todo lo que alcanzaba la vista.

Kuyra lo observaba. Sabía que tener a Iosip en su equipo, era algo parecido a tener un licaón como mascota. Mientras que camina a tu lado y persigue a las mismas presas que tú, todo va bien. El momento difícil llega cuando es a tí al que enseña los dientes.

Y Iosip, no necesitaba mucho para mostrar los colmillos. En repetidas ocasiones, Kuyra y el checheno, habían tenido desavenencias con ciertos temas. El rudo huérfano no toleraba demasiado bien la autoridad. Recibir órdenes y directrices eran una ardua tarea para él. Su cara podía leerse a distancia cuando le tocaba oír la tediosa explicación sobre qué o cómo debía actuar en sus obligaciones. Él quería dejar siempre constancia de que si hacía algo que se le ordenaba, era porque él quería hacerlo. Y así sucedió en incontables ocasiones en las que sus misiones como Spetsnaz habían tenido resultados variopintos para con sus compañeros de escuadrón.

Él hacía las cosas a su manera. No dejaba nadie atrás con vida. No otorgaba perdón ni lo pedía. Pese a que alguna vez si le convenía haberse excusado ante sus superiores .

Salidas de tono. Misiones que se torcían y daban como resultado una masacre en la que niños y ancianos acababan muertos cuando la cosa trataba de llevar a cabo un sencillo contraespionaje. – No voy a perder el tiempo en averiguar cuándo come o caga un enemigo si puedo eliminarlo esa misma tarde y dormir con ese hecho en mi conciencia-

Esas fueron las palabras que espetaba a su antiguo comandante cuando daba parte de su última incursión como Spetsnaz.

Kuyra sabía que tanto peligro en un sólo hombre, debía manejarse con cuidado. Aunque era consciente de que tener un hombre tan bien entrenado y motivado permanentemente le suponía una ventaja , pudiese que algún día ese hombre le trajese por la calle de la amargura.

Kuyra soltó el café sobre la madera de su vieja barandilla y la taza tintineo al moverse la cuchara en su interior. Introdujo la mano en su chaquetón y sacó una pequeña emisora. Diferente a las que llevaban loa demás. Igual que la que poseía Iosip, la que guardaba Nicolai y que compartía con Adriana. El general miró la emisora y tras dar muchas vueltas a su ya de por sí agitada cabeza, apretó el botón comunicador y pronunció una frase con voz lánguida: – Ruego que os presentéis en mi despacho con cierta urgencia. Dejad preparados petates y lo imprescindible. En dos horas partimos, no quiero preguntas..

Y tras esa comunicación, a través de la emisora de Kuyra, se oyeron dos voces distintas, una, la de Nicolai que daba el ok, la otra, la de su mujer, Adriana, con el mismo mensaje. Iosip en cambio, siguió talando aquél árbol. Con sus repetidos hachazos. Golpes secos que reberveraban en la estepa y en la conciencia de Kuyra, que aún no tenía claro si ese hombre era el arma de doble filo que él tenía la certeza que sería en un futuro.

El roble cayó a cámara lenta aplastando innumerables matojos. Todas las aves de a su alrededor salieron en estampida y el ambiente se tornó dramático. Iosip clavó el hacha en medio del tocón resultante y extrajo la emisora de su cintura. Giró la cabeza hacia la terraza desde donde le observaba el general y contestó con un escueto:-“recibido”.

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