CAPÍTULO 58. CUIDA DE TU ENEMIGO.

CAPÍTULO 58. CUIDA DE TU ENEMIGO.

Alexander inicia un plan arriesgado que pretende engrosar sus filas a un alto precio.

El solo de contrabajo era el fin de la melodía. La voz del tenor se acallaba. Lánguida, arrastrada en un alejamiento hacia la tristeza y el silencio. Ya solo quedaba el traqueteo hipnótico de la aguja saltando sobre el último surco del vinilo. Eso era todo lo que se podía oír en su habitación. Silencio, silencio perturbado por el – clack, clack- continuo del brazo del tocadiscos.

Vintila se despertaba de su pensamiento. Frotaba sus ojos cansados y dejaba que su mirada se perdiese en la moqueta. Con algo de pereza y obvio cansancio, recorría los metros que le llevaban hasta el aparato dejando que sus pies descalzos palpasen el suave tejido que pisaba. Con sumo cuidado, colocaba de nuevo la aguja, justo en el inicio del primer acorde. Ah, el crepitar de un nueo comienzo para esa canción. Respiró hondo y metió las manos en sus bolsillos mientras cerraba los ojos de nuevo, así seguiría perdido en sus propias ideas al son de aquella composición.

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‘Rex Tremendae’ lo abrazaba de nuevo. Un requiem exquisitamente elaborado que hacía las delicias de Alexander mientras recordaba cómo había arrastrado hacia allí a cada uno de sus seguidores más cercanos.

Recordaba a Zmei Novisech. Un tipo elegante, casi tanto como él. Quizás su inseguridad en ciertos momentos lo había dejado siempre relegado a un puesto más bajo de lo que realmente merecía. Alexander se alegraba profundamente de haberlo conocido y de haber tenido la oportunidad de contar con él.

Zmei era diferente. No necesitaba dinero, no necesitaba poder. Simplemente trataba de moldear el mundo. Al igual que los deseos de Vintila se basaban en dar una forma diferente a la humanidad. Quitar del medio el grosso que componía a la muchedumbre y dar la oportunidad a los que de verdad sobrevivieran. Zmei tenía un compromiso con Vintila y queria que fuese tan eterno como su palabra había jurado. Él había sido cabeza de cartel en la dirección de algunas empresas asociadas a las de Vintila. Un hombre al que fiar su imperio, una mano ejecutora tan válida como la suya propia.

Los últimos meses antes de aque día, Zmei había sido una parte esencial de todo el proyecto. Incluso tomó parte en las negociaciones que habían dsdo lugsr a la composición de su equipo más cercano.

Alexander sentía lástima de haber tenido que enterarse de su muerte a manos de Kuyra y los suyos. Recuerda perfectamente el momento en que su avanzadilla le comunicó que Zmei, su único compañero digno en la vida desde que perdió a sus padres, había sido asesinado. Fusilado sin escapatoria. Sin opción alguna. De alguna forma, Alexander se quedaba huérfano de nuevo. Entonces Vintila juró que haría uso de todo lo que alcanzase su mano, su gente, sus armas, su maldad..

Su nuevo horizonte se teñía de venganza .

De ninguna manera permitiría que su mundo. El mundo que él había creado. El mundo que él había diseñado a base de muerte, quedase a merced y disfrute de aquellos que le habían traicionado. Alexander acabaría con la vida de Kuyra, Iosip, Nicolai. Así como de todos los que los habían seguido.

Aunque para ello precisaría de algo más que de su propio equipo. Por muchas armas que tuiera en su poder, él sabía que el factor humano era limitado. Después de haber tenido a miles de personas bajo su mando, directo o indirectamente, Alexander debía contar en ese momento con unos doce soldados. Un pequeño grupo de personas con poca capacidad combativa, y algunos más con los que no podría contar hasta dentro de algunos años.

Él, odiaba esa sensación de necesidad, pero no podía permitirse perder a más de los suyos. Aunque en un futuro próximo pudiese llegar a reclutar a algún superviviente más, Alexander sabía que nunca llegaría a depositar en un extraño la confianza que tenía en los suyos.

Aunque últimamente algo le inquietaba. Una idea rondaba por su cabeza con demasiada frecuencia. Una curiosidad de la que no llegaba a librarse del todo, algo que él sabía que debía tener en cuenta.

Ese tipo, Azrael. Para Alexander representaba toda una incógnita. Incluso dentro de la ya de por sí extraña realidad que vivían, Alexander había sido capaz de ver la diferencia entre ese individuo y el resto de supervivientes.

Vintila no dudaba de que aquel grupo al que pertenecía ese hombre, el singular y heterogéneo grupo compuesto por la mujer soldado, Maika y los demás parásitos de la supervivencia que la seguían, perduraba en medio de la hostilidad del presente gracias a él.

Muchos otros individuos bien preparados habían quedado por el camino sin más. Buenos guerreros que habían sucumbido ante los nuevos males que regían al sobrante de la extinta sociedad humana. Los hombres del bosque, esos que tanto preocupaban a Kuyra. Maleantes, ladrones, militares, cazadores..

La mayoría de personas que se podía uno encontrar entre los supervivientes, contaba con algún tipo de condición o habilidad que les facilitaba el haber llegado hasta el día de hoy. Pero Azrael parecía no poseer ninguna característica especial en concreto.

O quizás las tenía todas..

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Vintila tenía un plan, como siempre. Un plan que sin saberlo, habían llevado a cabo todos los cooperadores necesarios para llegar a donde él quería.

Incluido Azrael.

En solo unas horas, Alexander sabría si estaba en lo cierto sobre ese tipo que tanto le intrigaba.

Unos pequeños golpes sobre su puerta lo disipaban de su abstraimiento. La imagen de un Azrael soberbio apuntando con su flecha al mismísimo Alexander desde un tejado, se avaporaba como un espejismo sobre la carretera de verano.

La puerta se abrió a petición de Vintila.

-Señor, ya tenemos todo listo, como usted ordenó- Los ojos de Daniela se posaron sobre los de Alexander esperando respuesta.

Los ojos grises de Vintila quedaban atrapados en la mirada azul de esa dama.

Y otra vez silencio.

Pese a que la música seguía sonando, el silencio había envuelto el alma de Alexander durante unos segundos.

-¿Las provisiones y medicinas también?Espero que la cocinera haya tenido en cuenta mi solicitud. Exigí expresamente llevar algo pensado para los menores que allí residen.

-Así es, señor. Tina ha cocinado varias raciones de galletas de melocotón y algunos dulces como usted pidió.

-Perfecto. Carguen el transporte, saldremos en media hora. Y, por favor, Daniela, que nadie sepa de la entrega de pertrechos que se llevará a cabo.

Daniela asintió. Como no podía ser de otra forma. Siempre estaba dispuesta, siempre en deuda. En todos éstos años ni siquiera había mermado su disposición de servidumbre y lealtad hacia Alexander. Ya hacía mucho tiempo que él habría dada por saldada su deuda, pero su labor en aquel equipo era inestimable.

Alexander se levantó de su butaca y tomó del cajón sus guantes de piel vuelta, descolgó el chaquetón de la percha y se miró al espejo durante unos segundos y se quedó pensando.

Giró sobre sí mismo y abrió una taquilla que quedaba a su derecha. El teclado numérico emitía un pequeño pitido al recibir el código de apertura y el cierre se abría.

La puerta ancha metálica dejaba a la vista un par de armas cortas colgadas junto a varias cajas de munición y un chaleco completo de kevlar. Alexander se lo puso por encima de su camisa y entonces se colocó el chaquetón encima. La bufanda quedaba perfecta con su piel pulcra y Lisa. Antes de salir de su despacho, pudo embriagarse con el perfume que él mismo había regalado a esa mujer antes de partir para la base.

Avanzó por el pasillo hasta una de las habitaciones del final. Abrió la puerta sin llamar y quedó unos segundos en silencio observando a la cocinera. Tina. Mujer rubia, de edad mediana que para nada correspondía con su personalidad jovial.

Tina daba voz a una canción. Puede que algún tema de blues de los 80 que hubiese escenificado en sus años como cantante.

El reflejo de Alexander en uno de sus utensilios de cocina la sobresaltó al percatarse de su presencia y visiblemente ruborizada se giró poniendo fin a su cantar.

-Señor.. – Dijo asustada al no saber cuánto llevaba él escuchándola. – ¿Necesita alguna cosa más?.

-Nada- respondió en seco- solo darle las gracias por su trabajo. Nos vemos a la vuelta..

Dos de los hombres que se quedarían guardando la base se apresuraban en cargar en el pequeño transporte algunas cajas con diversos víveres, incluidos los dulces que Vintila había ordenado preparar para enviar a Maika y los suyos.

Las puertas se cerraban con su sonido hermético y el motor eléctrico se ponía en funcionamiento. A los mandos, ésta vez Daniela que llevaba días implorando por salir de aquel cuartel. Con la excusa que fuese. Ella sólo quería dar rienda suelta a su arma y seguir demostrando su agradecimiento hacia Alexander.

En el asiento de atrás, Vintila con su traje color canela, planchado al vapor, escoltado por Ewan y Ramírez que observaban las cajas de alimentos con cierta extrañeza.

-Señor, si me permite la pregunta, ¿por qué nos molestamos en enviar toda ésta cantidad de alimento y provisiones? – Ewan no comprendía el sentido de gastar sus tan escasos bienes y más sabiendo que terminarían en manos de un grupo enemigo.

-¿Acaso piensas que alguna decisión que yo haya tomado, haya sido a la ligera?

Alexander miró fijamente a Ewan y a éste le cambió el gesto en el instante. – No señor-contestó él.

Ewan se incorporó contra la espaldera de los asientos para dar seriedad a sus palabras – Era simplemente curiosidad. Hasta que volvamos a recuperar nuestra base y todo lo que legítimamente nos pertenece, no es que precisamente andemos sobrados del tipo de bienea que le vamos a entregar a esa gente.

Alexander alzó las cejas y abrió su gesto en una sonrisa que precedía a sus palabras. Se echó hacia delante y señaló a las múltiples cajas de raciones alimenticias.

-Señor Ewan, usted tiene un hijo, un chico que usted cría en solitario desde que desgraciadamente su esposa abandonó éste mundo. – Ewan le miró y cambió su vista hacia la ventana visiblemente afectado por el recuerdo.

-Si yo fuese una mujer-continuó Alexander – y estuviera interesada en usted como pareja, lejos de asustarme por el hecho de que usted ya tiene un retoño, utilizaría esa baza en mi favor y trataría por todos los medios de ganarme su respeto y su cariño. De esa forma, amigo Ewan, usted tendría un enfoque diferente sobre mí ya que le estaría demostrando que velo también por sus intereses hacia el pequeño.

Alexander alzó los brazos y continuó con su charla.

-¿Qué sabemos de esa gente? ¿Qué podemos reseñar de ese grupo?.. En general, podemos asegurar que se mantienen firmes en la defensa de su comunidad. Luchan por ayudarse y salir adelante. Como ya dije, son una familia. Por eso, amigos míos – Dijo mientras señalaba con el dedo a los tres-Por eso, la forma correcta y efectiva de llevarlos a nuestro terreno es por el camino de la ofrenda. Si les facilitamos las cosas, aunque sea para hacerlos llegar a un nuevo día con algo de ayuda, nos habremos ganado su colaboración.

Recordad que ahora mismo no podemos obviar que hemos perdido a varios en nuestras filas. Necesitamos nuevos peones que vayan del mismo color que el nuestro en el tablero.

O al menos que no vayan del contrario.

Ya habéis visto que la estrategia de Kuyra-ese mal nacido- no ha dado resultado alguno con esos individuos. Podríamos ir y encañonar a cualquiera de sus componentes y no obtendríamos ningún resultado fructífero. Pero acercaros con cautela y ofrecerles alguna cosa, por pequeña que sea. Algo que necesiten. Y estarán comiendo de nuestra mano.

Ya habrá tiempo para deshacerse de la carga sobrante después. De momento, vamos a analizar a todos y cada uno de ellos y veremos si merece la pena o por el contrario hemos desperdiciado un par de cajas de comida.

Ya estamos aquí. Quedaos en el vehículo hasta que os lo ordene.

-Pero, señor.. – Le advirtió Daniela-No sabemos si es seguro..

-Tranquila-Respondió él con seguridad-El único que me preocupa está a varios kilómetros de aquí..

BASE DE LA MINA. En ese mismo momento.

-He dicho que esperaremos a Nicolai. Quiero oír su versión-Cortó Kuyra determinante.

-¿Para qué? – Espetó Iosip indignado-? Para que le diga que esa zorra no tiene nada que ver? Debo ser el único que ve lo que está pasando.

Kuyra se quitó la gorra de General y se pasó la mano por la cabeza. Los problemas se acumulaban bajo su mando y cualquier decisión que tomase podría tener consecuencias irreparables.

El silencio hacia de la estancia en aquel despacho un momento incomodo. Sobre todo para él.

Kuyra se prestaba poco a recibir críticas que él no hubiera solicitado. Pero ésta vez la situación lo pillaba por sorpresa.

No eran pocas las ocasiones en las que Iosip había dejado entrever sus dudas hacia Adriana. Él sabía que la forma de actuar de esa mujer era diferente. Nunca fue precisamente de su agrado. Pese a que ella le había facilitado el arma con el que logró escapar haciéndose pasar por muerto.

Ella ya no era la misma. No tenía la misma implicación con el proyecto. No tenía la misma reputación con sus compañeros. Tampoco la misma mirada hacia Nicolai.

Las botas marcaban el paso cansado de un hombre que ha perdido algo que ni siquiera tenía. lánguido arrastre de pies de un guerrero abatido desde dentro era inconfundible. Abrió la puerta y sin mirar a nadie ni permitir un sólo comentario, soltó una frase lapidaria y desapareció ante la sorpresa de su superior. – Avisadme cuando haya que ir a por ella, estaré preparado.

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte