CAPÍTULO 60.Un Trato Con El Diablo.

CAPÍTULO 60.Un Trato Con El Diablo.

Azrael y Maika deben acceder a colaborar con aquel que más lejos deberían tener.

Las horas pasaban sin detenimiento. Nicolai ajustaba la mira de su rifle de forma mecánica a la luz de un pequeño foco alimentado por energía solar. Un trozo de paño exquisitamente suave, pasaba una y otra vez por la lente de veinte aumentos. Hacerse con aquel accesorio le había supuesto un desembolso de la misma cantidad de dinero que su padre había invertido por su antigua Husqvarna de campo.

El sueldo de varios meses pulverizado a cambio de un visor de tan alta calidad que sólo las élites militares de algunos países podían permitirse el dotar con ellas a sus mercenarios.

La funda de goma eva abrazaba cada milímetro del visor a la perfección. Nicolai pasaba la yema de sus dedos por la ruleta que ajustaba el minutero del sofisticado artilugio, el rugoso tacto del material con el que se había construido le recordaba al tapiz que componía la piel de algunos reptiles.

Su mirada quedaba colgada en el tiempo. Sin saberlo, clavaba las pupilas en el mismo reloj que hacía tan solo algunas horas había sido la causa de desesperación de su fugada compañera.

A Nicolai dejó de importarle el tiempo hace mucho tiempo.

Sin apenas haber reparado en ello, los minutos habían descarrilado por delante suya. Un millar de pensamientos tejían una trenza de frustración que bailaba al son de la tristeza emergente en su mañana. Por mucho que Nicolai se obcecase en mirar fijamente al sol, lo que le cegaba nacía en su interior.

-Kuyra nos espera en su despacho- La voz de Iosip se adentraba violentando su silencio, su pena. El duelo que su mirada no podía ocultar quedaba patente en el aura que rodeaba su gesto al girar su rostro en dirección al origen del sonido que tanto lo incomodó.

Nicolai asintió sin el menor atisbo de tensión en su alma. La presión que se fraguaba en su interior, quedaba escondida ante la incisa observación a la que lo sometía el checheno desde su trinchera.

Nicolai guardó el estuche que protegía la preciada mira en un cofre armero. Ésta haría compañía a su rifle Bmp Bergara y dos cargadores del 338 para alimentarlo.

Un par de fotos y la sortija de plata que ella le regaló en un pasado cercano pero ya difícil de recordar. Ese era el tesoro que guardaba aquel cofre de acero pintado en negro.

Empujó con los talones aquella maleta para que se ocultase a la vista bajo su cama. Nicolai caminó de nuevo hacia el mismo pasillo que hubo recorrido hacía tan sólo unas horas y cerró la puerta tras de sí. Esta vez no aguardó la compañía de Iosip para llegar al despacho de Kuyra. Avanzó sin mirar a su alrededor. Veloz, decidido.

Solo. Tal y como se sentía por dentro.

Tocó con sus nudillos la hoja acorazada que lo distanciaba de su superior más inmediato. No esperó a la voz que debía autorizarlo a pasar y accionó la manilla de la puerta.

Kuyra, dado la vuelta, componía la estática escena de representar una estatua dedicada a sí mismo. Sus manos entrelazadas se removían buscando aliviar el nerviosismo que podía sentirse en su interior.

-Por favor, tomad asiento- Dijo a la vez que dejaba caer su mirada.

Nicolai omitió la sugerencia mientras que Iosip, sonriente, pasaba sus cuatro dedos derechos por el reposabrazos de la silla de oficina que ocupaba. Su ojo sano miraba al suelo mientras que una terca sonrisa se marcaba como el hielo seco en el corazón de Nicolai.

De repente se dio cuenta de que había sido piña y compañero de un perverso ser que nunca mostraría lastima de nadie. Ni de un alma indefensa.

Ni siquiera de la mujer que había salvado su vida colaborando en aquel complicado plan.

El mapa de la zona que Kuyra había extendido sobre la mesa miraba hacia los dos soldados. Iosip enfocó su vista monofocal al papel al mismo tiempo que lo hacía su compañero. Kuyra extendió su mano con un marcador azul indeleble y señaló con una equis una zona concreta en la espesura del norte.

-Aquí fue donde Iosip y su equipo sufrieron la emboscada- El checheno frunció su labio superior al recordar aquel vergonzoso suceso para su ego.

-La explosión sucedió unos metros más arriba de aquella ladera. En éste maldito mapa no aparece una zona concreta – Se lamentó- Pero sabemos que unos meses antes de la tormenta tuvo comienzo una obra cuyo propósito era construir un pequeño complejo turístico. Nuestros exploradores observaron un camino que parecía dirigirse allí.

Kuyra pasó el rotulador despacio hasta la zona boscosa en la que el mapa señalaba un claro. Lo rodeó con varios círculos concéntricos y tapó el marcador a la vez que se recostó sobre su respaldo.

-Tengo la sospecha de que puedan hallarse en dicho complejo – Aseguró mirando a sus dos hombres.

Nicolai se giró dando la espalda a Kuyra y blasfemó entre dientes- Encontrarse.. ¿Quién?..

Iosip soltó una carcajada con toda la soberbia posible que guardaba en su oscuro corazón y espetó mientras desafiaba a la paciente tristeza del israelí – ¡LA TRAIDORA DE TU NOVIA! – Nicolai apuntó la vista directa al ojo solitario del checheno y a la vez llevó su palma a la cartuchera en la que guardaba su arma de mano. La situación había adquirido un aroma de amarga realidad. Los que hubieran sido equipo, socios, luchadores de un mismo bando, ahora se retaban mutuamente ante el hombre que veía cómo su éxito aparente se desvanecía como arena en el fondo de un lago.

Kuyra alzó su voz a la vez que su cuerpo se despegaba del asiento de cuero y dejó impresa una orden clara en la sala- Maldita sea, ¡Silencio los dos!..

Nicolai, mucho más acostumbrado a recibir órdenes, cambió su gesto y apartó la mano de la funda del arma. Iosip, mucho más incontrolable y decidido en su empresa de intolerancia, dejó que una frase comedida en tono pero no en significado, se deslizase hasta el infinito.

-La razón te abandona, Romeo, pero esa vívora nos la ha jugado, y si no tienes pelotas para ir y hacerla pagar, lo haré yo, pero tiene que pagar su traición.

Kuyra respiró hondo. Dejó que la calma se hiciera de nuevo tangible y los pidió silencio. – ¿Qué tenemos? – Interrogó a Nicolai.

-Dos cadáveres, uno rebanado de arriba a abajo y el otro ejecutado por la espalda.

Iosip miró al israelí y le hizo un gesto para que prosiguiera con la explicación. – Dos huellas diferentes abandonan el lugar en dirección al norte- Relató con gesto abatido- Una de ellas coincide con la pisada de Adriana, la otra debía ser pertenecer a la de un hombre, calzado táctico y pasos forzados, paralelos a los de ella. Encontramos una prenda suya cubierta de sangre y en pésimas condiciones.

Kuyra miró a Iosip que desbordaba suficiencia mientras reposaba su enorme lomo contra el asiento.

-Bien-Respondió resuelto el general como si ya hubiera tenido el plan preparado a expensas de la historia de Nicolai- Hay que organizar un equipo.. – Kuyra dejó que el silencio se convirtiera en duda. – Un equipo de rescate-Iosip resopló desde su interior más profundo.

-Tenemos que dar con ella y averiguar quién es el que la ha sacado de aquí a rastras.

-Iosip – Pronunció con seriedad-Ocúpate de la selección de hombres que irá contigo, también del equipo. Y estad atentos, no me extrañaría que Vintila estuviera detrás de ésto.

A tres kilómetros de allí, sumido en la frondosidad que tupía la vista, un desaliñado caminante recorre el camino que lo separa del complejo turístico de Deep Green Forest.

Azrael despeja con una vara sucia la maraña de hojas cubiertas de escarcha que van bloqueando su avance. Su cabeza agachada trata de evitar las puntiagudas ramas mientras aparta y esquiva la vegetación sin pensar en nada más que en su objetivo.

Su arco descansa colgado de una correa en la parte alta de su espalda. Su cuchillo, siempre a mano, lo acompaña allá donde vaya, por muy peligroso que sea. Él siempre está ahí.

Azrael alza la vista para asegurar su paso. Deja que la intuición lo empuje en cada movimiento, calcula su rumbo de forma instintiva, ya nada lo distrae. Ha perfeccionado su orientación a base de extraviarse y de volverse a encontrar.

Solo puede pensar en cómo será su llegada.

No quiere que su imaginación le haga perder la conciencia de la realidad que lo espera.

Ya es mediodía. El sol se mantiene en el zenit del mundo que lo rodea, escorado al oeste, débil, triste y sin un propósito definido. Ese es el sol que ilumina su mundo.

Ya no sabe porqué lucha. No se acuerda de qué le hizo despertar aquella mañana. No piensa en la razón de sus acciones. Sólo se deja llevar.

Y entonces su memoria hace acto de presencia.

Oye risas. Él sabe que sólo existen en su cabeza. Que aquellas voces que lo acompañan son ecos de un sentimiento que niega a dejar que se pierda en el tiempo. Él sigue sintiendo que su papel de padre no ha terminado con la muerte de su familia. Él tiene un deber.

-¿Porqué desaparece aquella voz?, ¿Qué es aquello que oigo en éste momento?..

Azrael detiene su avance. La voz de su recuerdo desaparece poco a poco mientras un nuevo sonido captura su atención. Es otra voz, pero no tan reconfortante como la que trae el rostro de sus pequeñas a su pensamiento.

-¡No muevas un dedo!..

El superviviente frena en seco su andadura. También su memoria. Se culpa por no haber prestado la atención debida a su entorno. Sin darse cuenta se encontraba frente a un soldado armado al que ya conocía. Un arma de asalto escupe un punto rojo que aterriza exactamente sobre su pecho. Azrael alza las manos y desafía al que ha salido a su encuentro. -Ewan..

-Tienes buena memoria.. Ni siquiera algunos de los que duermen bajo el mismo techo que yo se acuerdan de mi nombre.

Azrael sonríe a Ewan y le pide quien baje el arma mostrando sus palmas vacías. El aire se desliza suave entre ellos y calma la situación de forma que el hombre armado apunta al suelo.

Ewan hace un gesto con su cabeza e indica a Azrael que continúe su camino, aunque ahora proseguirá acompañado desde su retaguardia.

Ewan sabe que no tiene a un cualquiera ante él. Es consciente de su instinto de supervivencia y eso pone en alerta al soldado. Aunque una parte de su interior encuentra algo en Azrael que lo tranquiliza.

Continúan su recorrido. Azrael observa a su alrededor, nadie más salió a esperarle. – Demasiada confianza en un sólo soldado- Pensó para sí mismo.

Azrael podría haber evitado ser visto con sólo proponerse una llegada sigilosa. De alguna forma, el comportamiento de Ewan denotaba un aura de control de la situación y de tranquilidad.

Ellos contaban más que de sobra con la colaboración del superviviente. Tenían en sus manos a todos los miembros del grupo y eso suponía una garantía para los planes de Alexander.

-Tienes que dejar tus armas aquí – Ewan interrumpió el camino de Azrael con su orden. El tono del americano no sonaba de forma imperativa en los oídos de Azrael, tampoco había sido la intención de su acompañante.

El caminante recorrió los pocos metros que lo separaban de la entrada oeste del complejo. Descolgó su mochila sobre una mesa que aún mostraba restos de rocío escarchado y depositó sobre ella el sucio macuto.

Sin dejar de mirar hacia las cabañas, recordó los momentos que habían dejado en su mente una impronta para siempre. La casa cerrada con aquel terco candado donde descansaban los cuerpos de aquella madre con su hija. El lugar donde había sido ejecutada la pequeña Aurora. El cálido salón, la enfermería, Maika..

-¿Qué habría sido de ella..?

Azrael Sabía que Maika no era fácil de apaciguar. Daba por hecho que la situación en el complejo con aquella visita no habría sido un mar en calma.

Un giro tímido de su rostro hacia el hombre que lo escoltaba arrojó luz sobre una idea que vagaba en su pensamiento desde hacía un par de días. Ewan, distraído, posaba su mirada perdida en el suelo pese a lo que debía ser una situación crítica para un soldado que acompaña a un enemigo.

La sospecha sobre Ewan que Azrael venía mascando parecía materializarse. Una sonrisa en su rostro era muestra para sí mismo de su acierto sobre ello.

Azrael se detuvo y con él lo hizo Ewan. Éste aguardó en su retaguardia con el fusil apuntando al suelo. – ¿Por qué te detienes? – Le consultó extrañado.

Azrael lo miró y sin mediar palabra sonrió a éste. Entonces abrió la puerta de madera que daba acceso al viejo restaurante, no sin antes percatarse del movimiento que se intuía dentro de la enfermería a traves de sus cristales.

Azrael cerró los ojos, dejó que el cálido aroma a cera quemada y especias le embriagase. Como si nada más importase en aquel momento. El aire caliente que emanaba del horno de leña había convertido aquella sala en un agradable lugar donde pasar la eternidad de los próximos instantes.

Casi había olvidado por qué estaba allí.

De repente, sus brazos habían empezado a pesarle como si arrastrara una tonelada de cansancio en cada mano. Sus pantalones empapados en la parte más cercana al suelo se habían congelado. Sus pies a penas podían con sus botas. De pronto una mirada le había secuestrado el alma. Maika, sentada de frente a la entrada, clavaba sus ojos, hechos de mar embravecido y tristeza, en las pupilas de aquel que aparecía por la entrada.

Un sólo segundo bastó para entenderse. La situación se describía en el silencio, en la comprensión perfecta de aquel gesto.

Maika permanecía impasible bajo la sombra de aquella situación. El superviviente entraba en aquel comedor con paso tranquilo. Mientras se aproximaba a la mesa, desenredaba el shemag que protegía si cuello del gélido clima que reinaba en aquel bosque.

Pasó por detrás de ella dejando que las yemas de sus dedos recorriesen la espalda de Maika. De un hombro a otro y pasando por su nuca. Ella se reconfortaba ante su presencia, casi no hubo reparado en los restos de sangre que manchaban la chaqueta de Azrael.

Sabes que vives una época triste, cuando nadie repara en el hecho de ir cubierto de sangre, mientras que ésta no fuese tuya..

Azrael alcanzó una de las sillas que ocupaban el lugar próximo a su compañera. Desde la esquina más oscura de la sala, unos ojos claros se intuían. Acechando con determinación todo lo que allí ocurría. Daniela se percata de cada movimiento. Es como una pantera que permanece impasible en el tiempo. Ella rodea su arma con sus manos, comprueba una y otra vez que está dispuesta para desatar el caos si su protegido se lo ordena.

Pero la mente se Alexander tiene un plan bien distinto.

Vintila mira hacia Daniela y la sonríe. Azrael, cauto e impaciente, escucha sus propios pensamientos mientras deja que el olor suave de Maika apacigue su rabia.

-Daniela, por favor, acérquese.

Daniela da un paso al frente. Encaja su arma de nuevo en su pecho y se aproxima al hombre que la solicita. Flanquea la espalda de Maika y después la de Azrael. Su caminar sibilino denota su exquisita preparación.

Azrael la contempla sin mayor atención que la de un guerrero que sabe que podría ser una contrincante en un plazo incierto de tiempo.

John, de mirada atónita y brazos cruzados. Disfruta en su espalda del calor residual de aquellos carbones que aún crepitan detrás suya.

Alexander gesticula. Muestra el vaso cerámico vacío al cocinero y le pide que sirva de nuevo un poco más del exquisito vino especiado. Le indica que ésta vez sean dos las bebidas a servir sobre la mesa.

-Daniela- Pronunció Alexander sin mirarla- ¿Sería tan amable de reunir aquí a todos los miembros del equipo de Azrael y a los nuestros?. Denos diez minutos a solas y luego traiga a todas las personas que encuentre en éste lugar.

Daniela miró fijamente al hombre que la ordena marcharse. Para ella era un error en materia de seguridad el hecho de dejar sólo a su protegido con aquel hombre al que ahora contemplaba cubierto de sangre y desaliñado.

Pero ella obedecía siempre.

Las tazas cargadas de vino golpeaban contra la mesa. John sin quererlo había disuelto un momento incómodo al posar los vasos sobre la madera. El aroma de aquella bebida ayudaba a que el ambiente se tornase un poco menos agresivo. Vintila cogió el brazo del cocinero y lo sujetó sin demasiado empeño. John quedaba petrificado a su derecha.

-Seguro que tiene unas cuantas cosas aquí que no quisiera dejar atrás cuando nos marchemos. Reuna sus pertenencias y esté aquí listo para marchar en diez minutos.

John miró a los ojos de Maika. Azrael por el contrario, jugueteaba con sus manos sin enfocar la vista en ningún punto concreto. Quién sabría lo que pasaba por su mente en aquel mismo instante. La cabeza del superviviente era un misterio que sólo Maika había llegado a descubrir.

Esta le indico que siguiera la sugerencia. Vintila quería hablarles de algo importante y no pretendía hacerlo con ningún testigo que no debiera influir en la decisión que debían tomar.

John se despojó se su delantal y lo dobló perfectamente sobre el mostrador de mármol. Cogió una vieja parka de trabajo y abandonó el lugar frotando sus manos tratando de menguar el intenso frío.

Azrael alcanzó su bebida. Miró a Alexander fijamente y sin dejar de hacerlo pasó el vaso a su compañera. Esta abrazó el cálido recipiente con sus dedos y le observó agradecida.

Alexander sonrió. -¿ Veis?, Esa es la clase de cosas a la que me refiero cuando hablo de ésta pequeña comunidad que habéis construido.

Vintila se levantó de su asiento. Dió unos cuantos pasos hasta llegar a la parte trasera de la cocina que aún humeaba y contempló los cacharros que John había colocado sobre la encimera.

-De alguna forma- Espetó distraído – De alguna forma, habéis creado una pequeña sociedad. Al margen de todo lo que rodea a éste complejo a medio acabar-Alzó los brazos abiertos.

-Aquí se respira un aire de camaradería y buenas intenciones. Ajenos a la realidad del bosque en el que os habéis instalado. Cada uno ayuda al que tiene delante y éste a su vez es ayudado por el que viene detrás..

Alexander tomó la silla que hubo ocupado anteriormente y la aproximó a escasos centímetros de Azrael. Éste miraba hacia un punto fijo en la pared y dejaba que su pensamiento se meciera con la luz de la vela que se batía en frente suya. Sólo él sabía si el motivo de su esquivo gesto pretendía en realidad disipar su verdadera motivación respecto a Vintila.

-Decidme una cosa – Pronunció Alexander mientras apoyaba un codo sobre la mesa. – ¿Cuánto tiempo creéis que van a tardar en encontraros?..

Azrael bajó su vista, el recorrido que describieron sus ojos llevó su mirada hasta sus propios pies. Cubierto de barro y sangre, se sentía como un despojo en comparación con el impoluto traje de Alexander.

-Pensad en mí como una inversión-Dijo condescendiente. – Imaginad que soy la llave hacia la evolución, mejor dicho, hacia la salvación de todo vuestro grupo.

Maika fruncía el rostro mientras trataba de asimilar todo aquel monólogo.

-¿Qué es lo que quiere de nosotros? – Dijo ella visiblemente desconcertada.

Alexander la respondió con toda la cordialidad y mesura que sólo su mente retorcida podía fingir.

-Verás – Explicó en un tono bastante pedante.

-El mundo no necesita más maldad que la que ya tuvo. La humanidad se compone ahora de unos pocos individuos, entre los cuales nos hallamos. Cada persona que aún respira, tiene una oportunidad, y una obligación..

Alexander alzaba las cejas mientras trataba de convencer a la pareja de supervivientes de que aceptasen su oferta.

En ese momento, un sonido metálico percusionaba un par de veces sobre el cristal rectangular de la puerta de la entrada. Daniela aguardaba fuera. Impaciente por entrar y asegurar la vida de su protegido. Pero Vintila la ordenó que se esperase. Fuera se intuían unas voces conocidas. MaryAnne y Marion alternaban palabras de incredulidad. John trataba de calmarlos mientras que Ewan charlaba en alto con Ramírez.

-Bien- Pronunció Alexander tajante- Pondré mi oferta sobre la mesa. Os confesaré una cosa-Dijo mientras se abrochaba el chaquetón hasta el cuello- Nunca he dejado que una negociación se me escape de las manos. He hecho cosas horribles para llevar mi empresa hasta su objetivo. He sobornado a políticos y jueces. He hecho ricos a muchos hombres. He trabajado duro, movido cielo y tierra para dar a los míos lo que ellos más deseaban. No escatimé ni un sólo recurso si éste era necesario para que aquellos a los que elegí estuvieran a mi lado..

Soy consciente de que en un principio, a vosotros no podría ofreceros nada que haga que accedáis a lo que os pido. Por ello, voy a jugar una carta que tengo en mi manga. Pondré sobre la mesa una oferta que a buen seguro erizaría el cabello a mi difunto amigo Zmei. Seguro que os resultará interesante lo que puedo daros Algo, que quizás ni siquiera yo hubiera pensado en poner a vuestro alcance..

Azrael y Maika se miraron. Por primera vez en toda aquella conversación, las palabras de Vintila llamaban la atención de los dos sin dejarlos pensar en nada más. Azrael se incorporó y abrió sus ojos. Maika, bajó sus manos y clavó su mirada en los labios de Alexander.

-¿Qué os parece, si os devuelvo la posibilidad de retomar la vida que tanto anheláis? – Tanto Maika como Azrael se privaron de respirar al escuchar aquella frase interrogante. – Imaginad- Prosiguió – Imaginad que yo, a cambio de vuestro apoyo contra esos bárbaros, os facilito la supervivencia de vuestro grupo con todo lo que esté a mi alcance.

Maika respiró profundamente. El oxígeno llenaba de nuevo su organismo y acallaba su desmesurado latir.

Azrael apretó sus dedos contra sus rodillas. Comenzó a sentir algo que no sabría describir con palabras. Su mirada por el contrario sí era más explícita. Maika de hecho, captó al instante aquella furia encarnada en sus pupilas.

Azrael sabía que el que hombre que tenía delante, le ofrecía una vida que ya no volvería jamás. Y aquella vida, era la que él mismo le había quitado.

El superviviente sintió cómo una lengua de lava se adentraba en su alma, atormentaba su ser, y descarnaba su pecho.

Pero la suave piel de Maika llegaba al rescate en el momento justo. Su mano se deslizaba sobre la de él y a ésta la acompañaba una mirada tranquilizadora.

-No es el momento – Pensó ella.

Y él asintió como si la oyese dentro de su cabeza.

Azrael debía jugar al juego que Vintila, su mayor enemigo, asesino de su familia y de casi toda la humanidad, le estaba proponiendo. No podía cobrarse la venganza de forma tan evidente. Además, aunque llegase a consumar la ejecución, ¿Qué le aguardaba después?. Si hubiera estado sólo..

-¿Qué nos propone? – Dijo Azrael girando la cabeza.

Alexander sonrió. Victorioso en su empresa de llevar a terreno propio a aquellos nómadas del apocalipsis. – Vuestro grupo vendrá conmigo. Os prepararéis junto a mis hombres para defender en conjunto aquello que después de la batalla será vuestro.

Maika extrañó aquella última frase. No entendía el sentido real de lo que Alexander había querido decir.

-¿Podría aclarar a qué se refiere con eso de, “vuestro”?

Alexander llevó su mano izquierda a la solapa de su traje y deslizó sus dedos hasta el interior de un bolsillo, de él sacó un papel brillante, se trataba de una foto. Colocó aquella captura impresa sobre la mesa y la acercó hasta el alcance de la curiosa pareja. Maika, rauda como una culebra, tomó la foto en primer lugar mientras Azrael se mantenía ensimismado en sus pensamientos. – ¿Qué es ésto?..

-Eso, queridos, es mi pago hacia vosotros por arrimar vuestro hombro en el difícil cometido en el que os estoy metiendo.

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte