CAPÍTULO 62. DISFRUTEN EL VIAJE.

CAPÍTULO 62. DISFRUTEN EL VIAJE.

Azrael y Maika acceden a la petición de Alexander e inician un viaje incierto junto a él.

-Maldita sea, me he quedado dormida..

Adriana se lamentaba en voz casi imperceptible. Sus labios hinchados y amoratados en el total de su parte exterior, recuerdan a la soldado por medio de palpitaciones dolorosas su encuentro con los hombres de Alexander. Busca con afán la botella de agua hervida que Azrael había dejado para ella sobre la mesilla. Después de un par de tragos comienza a recobrar la memoria. Observa su chaqueta ajada y las manchas de sangre que tiñen sus pantalones. Éstos cuelgan del lateral del camastro improvisado. El barro desluce por completo el uniforme de combate. -Espero que al menos estén secos- Se dice a sí misma con esperanza. Ella sabe que ahí fuera la espera un camino duro que la llevará hasta el punto que Azrael la había indicado en el mapa. Pero no puede fallar.

Abrió totalmente los ojos y comprobó que la luz del sol, un sol naranja atenuado por el ocaso que cerraba el día. La luz se podía intuir con más fuerza a través de la pequeña reja de la puerta en su cara noroeste.

Mientras se desperezaba, pudo calcular el márgen de tiempo de que disponía hasta que la noche llegase. Restarían a penas dos horas para el comienzo del anochecer. Había dormido más tiempo del que ella hubiera querido. Aunque lo necesitaba. Quizás el hecho de haber sufrido tanto daño el día anterior le había permitido conciliar el sueño por fin. -Una paliza y casi la muerte, a cambio de unas horas de sueño continuo- Sonrió irónicamente.

Sus pies acariciaron el suelo. Un frío suelo de chapa cubierto con traseras raídas de madera que vestían aquella caseta de conexiones eléctricas y lo disfrazaban de refugio habitable. Su pantalón ya había perdido la humedad y los trozos de barro más pesados. -¿A cuantas personas pertenecía toda aquella sangre?..

Las botas le cubrieron los pies. Su chaqueta rajada en gran parte no sería de mucha ayuda, pero no podría prescindir de ella. Por poco que hiciera para mantenerla caliente, enfrentarse a la travesía que debía emprender en unos minutos exigía una preparación que no estaba a su alcance. Metió sus doloridos brazos a través de las mangas y comprobó que la cremallera estaba saltada en varios dientes de su recorrido. Jamás lograría cerrarla por mucho que lo intentara. Observó al viejo pescador mientras decidía qué hacer para solucionar su problema.

-No me mires así..- Espetó abatida, como si el cadáver del viejo fuese a juzgarla por su apariencia. Consciente de su situación, inspeccionó cada rincón de la caseta en busca de algo que tuviera un mínimo de utilidad en su inminente travesía.

Palpó las estanterías y removió los enseres que permanecían tirados por el suelo cubiertos de mugre. Encontró algunos útiles de pesca y poco más. Periódicos viejos escritos en polaco y recortes de fotos que reflejaban la decadencia de un mundo pasado que quizás, pensando fríamente en lo que se había convertido, no era tan entrañable como la soldado quería recordar.

La vida de la mayoría de los mortales se había transformado en una competición de marketing para venderse lo mejor posible a cualquiera. Extraños que ni siquiera tendrían la más mínima repercusión en el futuro de aquél que se ofrecía cual producto en rebajas al mejor postor.

Después de varios minutos perdidos en sus propios pensamientos y divagaciones, Adriana tuvo la idea de mirar bajo el camastro. Unas pocas maderas extraídas de algún antiguo palet de mercancías, daban soporte a un colchón relleno con Dios sabía qué. Levantó el mullido saco de polvo sobre el que había descansado y esperó a que las esporas en suspensión se posasen sobre el piso.

Una caja de apariencia militar, construida de tablas de pino y con numeración ya despintada en sus laterales se aparecía ante ella entre trapos y telas enrolladas.

Adriana tiró de ella hasta que quedó a la luz que se colaba por la ventilación, limpió la tapa con la mano y sopló ésta posteriormente para quitar la suciedad adherida.

Las bisagras chirriaron y la madera emitió un quejido acorde con el tiempo que llevaba sin abrirse. La humedad y el frío habían hecho mella en la caja por toda la parte exterior.

Adriana rescató un viejo chubasquero de pesca, una prenda de muy buena calidad de la que haría uso sin duda en las próximas horas. Rebuscó entre cajas vacías de anzuelos y papeles adheridos entre ellos. Fotos de un hombre de mediana edad junto a un barco pesquero acompañaban a un puñado de cartas manuscritas. Adriana reconoció la prenda que llevaba aquel hombre de la foto, sin duda se trataba del pescador que yacía muerto frente a ella. Un hombre apuesto, con gran planta.

La joven daba una última vuelta a todo aquél cajón de sastre en busca de cualquier cosa que la pudiese ser de utilidad.

Sus ojos fueron a parar a uno de los documentos amarillentos que permanecía aún plegado en cuatro partes. Sin saber por qué, dejó automáticamente de pensar en nada más y se apresuró en desdoblar la hoja que ahora tenía entre sus dedos. Leyó por encima lo que parecían unas anotaciones junto a un plano copiado a mano de algún tipo de construcción que la resultaba familiar. Adriana alzó su mirada hacia ninguna parte y pasó su mano por todo el ancho de su frente. Con unos pocos grados de temperatura en el exterior, con la ropa ajada e inservible, pudo sentir cómo la temperatura de su cuerpo ascendía sin control. La sangre recorría de repente sus arterias a golpe de latidos incesantes. Muchas incógnitas acababan de tener respuesta para ella. Demasiadas.

Pero también habían nacido otras tantas preguntas de las que quizás nunca obtendría un porqué.

Agarró su pistola, la lámpara de parafina que había sobre la mesilla y el chubasquero polvoriento. Dio un rodeo con su mirada por todos los rincones de aquel angosto lugar y echó un último vistazo al cuerpo reseco del pescador, cerró tras de sí la puerta y miró desafiante al bosque que se sumía ya en una oscuridad parcial. Entonces corrió entre los árboles con más prisa de la que ella misma hubiera deseado tener.

Our hero, our hero, claims a warrior’s heart

I tell you, I tell you, the Dragonborn comes

With a voice wielding power of the ancient nord arts

Believe, believe, the Dragonborn comes

Extracto de Dragonborn comes.

Los ojos de Azrael se entornaban a medida que las palabras de Vintila, el jotún que había llegado de nuevo para volver a cambiar su vida, le abrasaban como ácido en la parte más interna de su cerebro.

Maika fruncía sus labios de forma nerviosa e inquietante. Era tan difícil entender que apenas hacía un día y medio que Azrael había posado los suyos sobre esos mismos que ahora delataban inseguridad.

La respiración de los dos se acompasaba a la vez que la voz de Alexander llenaba de odio sus corazones.

Perfectamente trajeado, como siempre, haciendo eternamente incómoda aquella reunión a la que sólo él tenía el más mínimo placer de asistir. Él regalaba los oídos de sus espectadores con una locución que ni el político más embriagado de cinismo en la antigua Grecia hubiera imaginado componer.

-Pensadlo. Un lugar seguro donde vuestro grupo pueda volver a ser lo que vosotros queráis. Una fortaleza con todo tipo de facilidades y servicios..

Alexander señalaba a la pila donde Jhon había colocado sus enseres. -¿Eso es lo que vosotros entendéis por vida?. Agua calentada en un balde mugriento y guardias interminables para que otros puedan maldormir entre sábanas sucias?

Sed los líderes que los vuestros, aquellos que os siguen, esperarían de vosotros. Darles un motivo para que vuestras órdenes tengan un sentido cada mañana para ellos.

Maika, con la mirada ajustada perfectamente entre sus pensamientos, interrogaba en silencio al superviviente que tanto arrojo había demostrado durante todo este tiempo. Azrael recogió su capucha y respiró hondo. Pasó su mano áspera por la piel de su cráneo y miró hacia el cristal de la puerta. -Está bien- Dijo decidido -Pero déjeme hablar con ellos. Quiero ser yo el que les transmita la decisión que se está tomando en éste comedor..

Alexander sonrió. Dió una palmada mostrando su conformidad con las palabras que acababa de escuchar pronunciadas por aquel hombre que ahora contemplaba en frente suya. -No se esperaría menos que ese gesto por parte de un líder- Le respondió.

-Daniela, haz que pasen, por favor- La orden hizo se ejecutó de inmediato. Daniela, Ewan y Ramírez accedieron al local acompañando al grupo que aguardaba impaciente junto a la puerta todo éste tiempo.

De forma instintiva, rodearon a los tres que habían permanecido en aquel salón formando un semicírculo que enfocaba la atención sobre Vintila.

-Por favor- Se exculpaba Alexander-No pongan su atención en mí. Es su amigo quién debe darles cierta información..

Y de pronto, todas las miradas apuntaron al superviviente. No sería la primera vez en mucho tiempo que Azrael sentía aquella punzada en su pecho, solo que ésta vez, nadie le apuntaba con un arma.

La noche ya había engullido a la luz del sol por completo. Rachel, Vladimir y Marion se posicionaban juntos, codo con codo. Esperando con ansia la información que tanta transcendencia tendría para ellos. Vladimir sacó una caja de cerillas y un paquete de cigarros liados a mano, rellenos con el tabaco que habían logrado rescatar en sus expediciones. Caminó hacia una de las paredes mientras prendía uno de los fósforos. Acercó la llama a una de las velas que permanecía apagada en la repisa más cercana a su cabeza y comenzó a fumar. El humo nublaba su rostro mientras que el ascua se iluminaba con fuerza.

-Adelante-Dijo el viejo con decisión-Queremos saber qué demonios está pasando aquí.

Azrael carraspeó. Retrocedió un par de metros hasta la mesa contigua y tomó la taza de vino especiado que Maika no había apurado hasta el final, acabó con su contenido de un trago y entonces dejó la taza sobre la madera y respiró de nuevo.

Con los pulmones llenos, planeó lo que parecía un discurso perfecto. Unas palabras medidas que tendrían la capacidad de contagiar a los suyos con una idea que a él tampoco le convencía. ¿Cómo iba a vender algo que él mismo tendría reparos en comprar..?

Recorrió a todos con la mirada. Todos expectantes ante él. Contó uno por unos los asistentes, diez en total, once contando a Ewan que se encontraba haciendo guardia en el umbral de la puerta. Sin duda, estaban bien entrenados, sin duda, temían que las cosas no fuesen bien.

-Hoy no dormiremos aquí -El silencio quebrado por aquellas palabras había vuelto en sí a todos los presentes.

-Alexander nos ha ofrecido un trato a cambio de nuestra ayuda- Todos miraron hacia Vintila. Él, permanecía inmóvil, atento a la elocuencia que el salvaje Azrael podía exhibir cuando precisaba usar la palabra como herramienta.

-Tenemos un enemigo común. Un equipo bien adiestrado a las órdenes de Kuyra. Un conjunto de soldados comandados por Iosip y otros tantos individuos que tienen como misión vaciar todo éste bosque de supervivientes, entre los cuales nos encontramos.

Las miradas se turnaban ahora entre unos y otros. Solamente Daniela mantenía la compostura. Vintila colocó sus manos a la espalda y se aproximó hacia Azrael. Los murmullos denotaban incertidumbre y descontento.

-Con tu permiso, me gustaría añadir algo a ese excelente discurso..

Azrael asintió.

-Señores y señoras- Interrumpió Alexander.

-Sabemos que aquellos de los que Azrael os ha hablado, tienen como misión hacer una limpieza total y quirúrgica de toda la zona. Dicho momento puede llegar en las próximas horas, en un par de días como mucho. Y después tratarán de hacer lo mismo con la parte del bosque en la que nos encontramos ubicados mi equipo y yo..

De pronto una voz arrebataba toda la atención y acallaba el monólogo de Vintila.

-Y, ¿Como ha conseguido usted esa información?, También nos gustaría saber, qué relación tiene, o ha tenido con Kuyra y sus hombres- Marion, con la mirada interrogante, instigaba al hombre trajeado y lo acosaba con preguntas del todo incómodas.

Azrael sintió pálpitos en el cuello. Él ya sabía la respuesta a todas esas preguntas, pero si quería la supervivencia de su grupo, por encima de todo, debía mantenerse callado. Maika, en la misma situación que él, lo observó detenidamente y copió su modo de actuar.

-Digamos que la relación que Kuyra y mi equipo mantuvieron, era estrictamente comercial. Poseo, bueno, poseía, una fructífera empresa de seguridad. Seguridad al más alto nivel. Ellos formaban parte de mis trabajadores. Y, un día, decidieron sublevarse y tomar el control..

La explicación de Vintila fue toda una obra maestra del engaño. Una mentira con matices de realidad que convenció a todo aquél que necesitaba ser convencido.

-Mi empresa construyó algunas infraestructuras militares en la zona. Ellos se amotinaron en una de ellas y ahora pretenden hacer lo mismo con la base donde nosotros residimos.

-Hablenos de esas bases, si no es demasiada molestia. Cuéntenos, ¿Por qué aquí?, ¿Dónde estaban el día de la maldita tormenta solar?.

-Vintila, más calmado de lo que cualquiera de los presentes cabría esperar, metió las manos en los bolsillos del pantalón y miró hacia el superviviente, Azrael en cambio, había puesto su mente en un modo de desconexión absoluto y arrastraba la mirada por el techo del salón.

-Aquel día, mis hombres, al igual que los de Kuyra, nos encontrábamos exactamente aquí, en el bosque. La construcción de las bases había llegado a su fin, y se desarrollaba un trabajo de inspección final. Dicho trabajo es imprescindible que sea llevado a cabo por mí, y los ingenieros que habían tomado parte en el diseño y la construcción.

¿Sabe cuántas personas son necesarias para que una base de ese tipo funcione? ¿Sabe cuántos miembros componen mi equipo de escolta?.. pues todoa esa gente, sobrevivió gracias a la suerte de encontrarse en el lugar indicado. Y todo, por ser los mejores en su oficio. Por ello me debo a la obligación de mantenerlos alejados de ese Kuyra traidor y las sucias manos de su hediondo séquito de animales.

Marion asintió ante la respuesta de Alexander. Dio una calada profunda y sin dejar escapar una brizna de humo, miró hacia la pareja al mando.

-¿Vosotros estáis de acuerdo?-Les dijo cerrando sus ojos. -Pues por mí perfecto. Los demás que decidan si quieren unirse a la fiesta..

Azrael se posicionó de nuevo ante los suyos. Miró a Maika, con una mirada que buscaba cierta aprobación, y así se resolvió la conversación sin palabra alguna.

-Tenemos media hora para recoger los objetos más personales que no querramos dejar atrás. Recordad que es muy probable que éste sitio sea arrasado en unas horas. Así que rescatad lo que queráis portar con vosotros.

El murmullo comenzó a ser inaudible. Una tizna de silencio había pintado los rostros de todos y cada uno. Enmudecidos. Intrigados por el advenimiento de la situación. Por la incertidumbre del qué. Del dónde. Todos se apresuraron a recoger sus prendas que mejor estado presentaban. Sus fotos. Sus recuerdos.

Después de unos cuantos minutos, interminables para unos, fugaces para otros, la mayoría del grupo estaba dispuesta en fila ante los dos vehículos todo terreno de propulsión eléctrica que aguardaban. La imagen podría recordar la caricatura de un puerto naval en la que se despedían soldados y mujeres presas del llanto. Niños que estiraban sus brazos en busca de unos padres que partían hacia la muerte confirmada.

Azrael contó uno por uno a los individuos que esperaban impacientes. Faltaba alguien. Rachel.

Azrael sabía dónde estaba. El destino la había colocado en una situación similar a la que él hubo vivido. Aquella que forjó en acero su alma.

Dejó caer su mochila. El arco y el cuchillo sobresalieron de la cremallera superior ante los ojos de todos sus extrañados compañeros. -Esperadme un segundo- Dijo mientras caminaba a gran velocidad en dirección al bosque.

Unos segundos de carrera le llevaron hasta el lugar en el que él sabía que encontraría a Rachel. Ella permanecía sentada, ajena al frío. Acariciando con su mano derecha el montículo de tierra que ahora cubría la tumba de su difunta pequeña. Azrael se sentó junto a ella. Un dejavú alcanzó a los dos, de forma distinta, pero con la misma tristeza que aquél día.

-No se muy bien cómo afrontar ésto -Dijo ella sollozando. -No me hago a la idea de volver a dejarla marchar.

Rachel miró a los ojos de Azrael en busca de algún consuelo. Una mirada que sliviase su pena. Una palabra que llenase al menos en parte el hueco que su hija había dejado al morir.

-No puedo ayudarte con ésto. Al igual que nadie pudo ayudarme a mí. Sólo puedo coger tu mano y levantarte del suelo, prometerte que ella está en un lugar mejor. Pero te mentiría. Nadie sabe mejor que tú y que ella, que el lugar en el que debería estar tu pequeña Aurora, es entre tus brazos.

Rachel desató entonces un sentimiento interno que jamás había sentido. La falta de tacto y la seriedad de aquellas palabras le habían hecho descubrir una mezcla de autocompasión y rabia.

Azrael estaba allí para protegerla, al igual que haría con cada uno de los que formaban su pequeña familia. Pero no para convencerla de que había algo positivo en el asesinato de su hija a manos de los hombres de Kuyra.

-Ahora tenemos que irnos. No puedo prometerte que podamos volver a éste lugar. Ni siquiera puedo decirte que veremos el sol que saldrá mañana. Pero sí puedo asegurarte una cosa, cuando tenga la oportunidad, descargaré toda mi rabia contra aquellos que te arrebataron a tú pequeña..

Azrael cargó sus palabras de ira y de venganza en lugar de disfrazarlas de compasión. Quizás entendía que la debilidad que acompaña a la tristeza, no les sería de utilidad en ninguna de las posibles situaciones que les depararía el futuro.

Levantó el cuerpo de Rachel del suelo tirando con suavidad de su brazo y pasó el pulgar por su rostro. Sus mejillas pálidas agradecieron aquél gesto y su sonrisa fue el pago de gratitud que Azrael necesitaba. Los dos caminaron juntos de nuevo hacia el complejo donde les esperaban todos antes de embarcar en los vehículos. Daniela subió a los mandos del primero. Vladimir y Marion la siguieron jubto con Rachel y los otros. En el segundo vehículo pilotaría Ewan. Azrael y Maika subieron a él, se sentaron en la parte trasera y abrocharon las correas.

Alexander se aproximó al vehículo que iniciaría el camino y cerró la puerta del copiloto, hizo un gesto para que partieran sin él y entonces accedió a la parte en la que Azrael y su compañera habían tomado asiento.

-Si no les importa, me gustaría ir con ustedes..

Los dos se miraron extrañados, pero no hicieron observación alguna. El vehículo de delante comenzó la marcha despacio. Sin luz alguna que iluminase el exterior. En lugar de eso, los dos conductores se equiparon con cascos similares, bajaron una pantalla de infrarojos que cubría la mayor parte de su rostro y el bosque engulló los transportes. Azrael cerró los ojos y apoyó su cabeza en el respaldo.

-Disfruten del viaje señores, espero que les sea de su agrado..

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte