CAPITULO 63. HOY ES EL DÍA.

CAPITULO 63. HOY ES EL DÍA.

LA BATALLA QUE DECIDIRÁ EL CAMINO DE LOS HABITANTES DEL BOSQUE SE CIERNE SOBRE TODOS.

Podemos entristecernos de que los rosales tienen espinas, o alegrarnos de que las espinas tengan rosas junto a ellas

Abraham Lincoln

KISUMO. Kenya. Hace algunos años.

El calor del continente africano es incómodo para él. Su ropaje teñido de arena y cubierto de polvo apenas deja que el sudor de Nicolai se evapore a una velocidad adecuada. La humedad se acumula entre su piel y el tejido color canela que lo oculta a la vista de los mortales. Un pañuelo ajado se enreda en su cabeza y parte de su rostro. La mira de su BMP Bergara ha captado algo que llama su atención. El objetivo al que tiene que defender, el ministro de exteriores de Israel, ha realizado una señal concreta. Se ha tocado dos veces la Kipá y luego ha puesto la mano en su corazón. Si realiza otra vez ese gesto, Nicolai sabrá que es momento de actuar.

Para cualquier ser humano medio, la situación habría llevado su organismo a un estado de crisis. Las pulsaciones deberían haberle subido ya un cincuenta por ciento. Pero Nicolai está tranquilo. El Mossad lo ha elegido por algo. No es casualidad que hayan puesto en sus manos la vida de aquel ministro. Un representante político de un controvertido país, que está de visita no oficial en un país aún más controvertido.

Nicolai respira. Cuenta sus latidos y observa la dirección del viento. La proximidad con el lago Victoria le proporciona un extra de humedad al ambiente. Su proyectil necesitará al menos de un diez por ciento más de tiempo y elevación para llegar al objetivo. La corriente tiene un componente éste pronunciado.

Ahí está la señal. El ministro ha levantado los brazos. Alguien lo está apuntando. Era el momento de actuar.

Nicolai carga sus pulmones. Exhala una pequeña parte de su contenido. Las pulsaciones viajan desde su pecho hasta su cuello, después hasta las yemas de sus dedos. Un poco más de aire hacia la atmósfera. Y fuego..

La detonación sorprende a todos los que han sido capaces de identificar el sonido en la eternidad del desierto africano.

Nicolai cuenta de nuevo. Ésta vez son segundos lo que enumera. Exactamente cuatro segundos. El primero unos ochocientos metros, seiscientos para el segundo y luego seiscientos entre los otros dos. Dos mil metros calculados a ojo. Un cálculo perfecto.

El cuarto piso de la construcción tipo europea que se erguía ante el cañón de su arma era ahora un hervidero de gritos en un idioma que él no conocía. El ministro permanecía agachado. Cubierto de la sangre que hasta hacía unos instantes había pertenecido al hombre que lo apuntaba de frente.

Nicolai pudo observar al resto de su equipo accediendo al lugar desde varios accesos. Rappel, escaladores y un equipo de asalto por la puerta principal.

La mira de su arma escudriñaba cada edificio y cada ventana. Recorría metro a metro cada recoveco tratando de encontrar un posible escondite. Todo estaba limpio. Aquella operación había salido como el servicio de inteligencia del Mossad había predicho que sería.

Mucha agresividad pero poca resistencia efectiva. Hacer negocios con aficionados era un dolor de cabeza para ellos ya que éstos siempre intentaban sacar tajada de más engañando a quien le tendía la mano.

Nicolai se aseguró de que su protegido estaba fuera de peligro. El convoy compuesto de vehículos blindados había parado en la puerta del edificio. Salieron dos soldados de la Idf y después el ministro que ya se encontraba a salvo en el vehículo del medio.

Era momento de recoger. Nicolai descontaría su arma y la guardaría en una bolsa de deporte que posteriormente enviaría en un paquete libre de aduanas y revisiones. Su rifle Bergara viajaría en el próximo vuelo con destino a Israel.

-Ha sido una operación muy elaborada..

Nicolai saltó con una velocidad inusitada y se agazapó detrás de unos sacos de escombro. Empuñó su arma de mano y contestó a la frase mientras se escurría a cubierto.

-¿Quién demonios eres?..

Un hombre de gran tamaño permanecía sentado sobre unos palets cubiertos de suciedad y restos de tejas inservibles.

-La verdad es que ese disparo ha sido una obra maestra. Supongo que la posición que ocupabas era mejor que la mía, ni siquiera he podido ver al tipo que apuntaba a tu protegido.

Nicolai alzó la vista mientras trataba de comprender aquella situación tan extraña.

El israelí rodó de nuevo. Ésta vez dejó que su arma asomase por el lateral del montón de sacos y apuntó directamente al hombre que lo hablaba. -¿Quién eres? Y, ¿Qué quieres de mí?..

El hombre se levantó y se sacudió los pantalones. Nicolai amartilló su pistola y esperó respuesta. El tipo lo miró fijamente y mostró sus palmas desnudas.

-Llevo aquí el suficiente tiempo para saber que tu forma de actuar es impecable. Has colocado una mina claymore falsa a la entrada de la escalera y luego otra con media carga para que la explosión no derribe ésta mierda de edificio en la que nos encontramos..

Nicolai desamartilló el arma y la guardó en su pernera. Terminó de desmontar su rifle y cerró la mochila con las piezas perfectamente colocadas en su interior. Borró sus huellas del suelo arrastrando un pie sobre ellas, recogió la vaina y la escondió en su bolsillo. Después miró al misterioso visitante y comenzó su propio interrogatorio.

-Supongo que no has venido a ver cómo disparaba a aquel infeliz. Así que vamos, dime qué cojones haces aquí.

El tipo, vestido de militar y cubierto con un pañuelo del mismo color que la tierra, colocó su gorra apretando la visera y se acercó a él muy despacio. -En realidad sí he venido a observar tu disparo. También tus métodos de actuación, de autoprotección y tu resolutividad en ciertas situaciones. Ahora, acompáñame.

El tipo caminó unos metros hasta la escalinata de bajada y se giró al ver que que Nicolai permanecía inmóvil.-Tenemos un avión esperando en un aeródromo cercano-Le aclaró- Vamos hacia Telaviv, y si decides acompañarnos, de camino te diremos todo lo que necesitas saber sobre nosotros y el porqué de mi visita..

Nicolai miró con desconfianza al hombre. No dudaba de que lo necesitaban vivo, ya que de haberlo querido, le hubieran volado la sesera en aquel tejado. Las sirenas de las fuerzas locales sonaron de pronto. Alguien había oído los disparos y habían dado parte a las autoridades. Quizás sí deberían abandonar el lugar sin demora. Ya tendrían tiempo durante el vuelo para las explicaciones que hicieran falta.

Después de unos interminables minutos bajo el sol sofocante de África, llegaron caminando entre edificios de adobe y tez anaranjada hasta lo que parecía un camino poco transitado. Nicolai comprobó a su alrededor, la ausencia de cualquier tipo de viandante le resultaba sospechosa. El hombre que avanzaba a varios metros en dirección a una arboleda de palmeras que mostraba un verdor inequívoco, se encontraban en las proximidades del lago Victoria. El israelí siguió de cerca al tipo, no sin asegurarse de que la cartuchera seguía albergando al arma que tanto sosiego le aportaba. -Ya casi estamos-Le gritó el rudo soldado. -Aquel es nuestro avión..

Un hidroavión Cesna con matrícula española se apresuraba en encender sus dos motores. Las hélices removían la capa superior del lago con el aire proyectado que agitaban con su movimiento. -¡Vamos, vamos ,vamos!..

Nicolai y el soldado detectaron la desesperación en la voz del copiloto, se detuvieron entonces a comprobar su retaguardia. En efecto, los estaban siguiendo.

Un grupo de cuatro ruidosos hombres agitaban los brazos y blasfemaban algún tipo de improperio en su idioma. La rápida mirada atras había sido suficiente para divisar lo que parecía algún tipo de kaláshnikov y un par de machetes. Desde aquella distancia y con un mínimo de puntería, era un arma para tomar en cuenta debido a la violencia con la que aquel trasto enviaba sus proyectiles hacia el objetivo.

Nicolai imprimió velocidad a su marcha, caminando en líneas erráticas y dibujando un serpenteo entre los troncos de las palmeras. Los disparos no tardaron en llegar. Las balas de 7,62 cortaban los tallos y las ramas más bajas mientras los dos hombres se aproximaban al avión.

El sonido de los motores se recrudecía. El agua comenzó a formar una nube y Nicolai pudo ver cómo desde el avión emanaba una columna de humo azul. Sin duda era un buen método de huída. Llenar todo de un humo denso y largarse. Mientras las hélices esparcían el gas por toda la zona, el israelí corrió habia el aparato casi a tientas. Veinte metros de nado lo separaban de la salvación. Las detonaciones se calmaron. Nicolai alcanzaba la mano del copiloto que lo ayudó a embarcar, mientras el aparato dejó de emisionar aquella pestilente sustancia.

La nube de humo se tornaba más clara. Las palmeras volvían a encontrarse en su lugar. El horizonte dejaba pasar de nuevo el sol. Y los atacantes ya estaban a sólo unos metros de la orilla. Apuntaron sus armas directamente al avión. Si abrían fuego sería el final. -¿Donde está el tipo que me acompañaba?-Preguntó Nicolai.

El piloto lo miró de reojo y sonrió arqueando las cejas. -Ahí lo tienes..

Y de pronto, camuflado por el humo y la bruma que alzaban las hélices, emergió un hombre de quién sabía donde. Desplazando el agua a sólo tres metros de aquellos malnacidos. Como el monstruo del pantano que parecía ser, sacó su arma y envío los doce tiros que albergaba su cargador contra ellos. Ni siquiera tuvieron tiempo de asimilar que el gigante que se alzaba en la orilla y los apuntaba, era el mismo al que habían perseguido.Sin darse cuenta habían puesto sus cuerpos a merced del arma de aquel hombre.

Las balas sacudieron su carne y sus entrañas. Los inertes cadáveres cayeron tiñendo las aguas de sangre y el lago los engulló haciendo desaparecer su existencia.

Piloto y copiloto sacudieron la cabeza en un gesto inequívoco. Ellos sabían de la capacidad de aquel soldado para hacerse con la situación. El tipo nadó a braza y subió al avión, entonces se pusieron en marcha. Bajaron los flaps y alcanzaron cincuenta nudos. El lago quedó atrás, igualmente la antigua vida de Nicolai que aún miraba asombrado al hombre que se abrochaba el cinturón enfrente suyo.

-Bueno, aún no nos hemos presentado debidamente-Dijo el sodado- Mi nombre es Iosip..

-Se dispondrán dos equipos formados por cinco hombres cada uno -Nicolai dejaba de recordar aquella aventura. La voz de Kuyra disipaba la nube que había ocupado su mente- Quiero a Iosip liderando uno de ellos y a Nicolai en la retaguardia del segundo- Kuyra marcaba unas órdenes precisas sobre el ataque al que procederían en las próximas horas.

-No sabemos la información que ellos manejan. No sabemos si Alexander ha tomado contacto con el otro grupo. Pero sí sabemos una cosa, no habrá más oportunidades de terminar el trabajo. Ésta vez es la definitiva. Si cometemos un error, puede que nuestro personal quede mermado en un número significativo. Ésta, nuestra base, es el objetivo de Alexander. Quiere recuperarla y tiene información suficiente sobre ella como para tomarnos en serio la situación.

Kuyra, flanqueado por el checheno, daba los últimos datos y directrices a sus soldados.

Ocho hombres escuchaban atentamente sus palabras. Formados en escuadra ante un general que se venía arriba ante las adversidades. Armados, entrenados, listos para el combate. Así era el último bastión de ataque que Kuyra guardaba en su manga.

Iosip daba un paso al frente. La escuadra se abría ante su estoico caminar. Todos prestaban sus oídos a la voz del tullido checheno. Su espalda se abría camino entre un mar de miradas.

-Descargad vuestras armas. Coged esa munición de aficionado y dejadla sobre vuestros camastros. Hoy alimentaréis todos vuestros subfusiles y armas de mano con ésto..

Las miradas se dirigieron hacia sus dedos. El muñón del índice sujetaba un proyectil inusual para la mayoría de ellos. Una bala , 45 CP, de punta hueca y cuerpo deformable brillaba ante el asombro de todos aquellos que lo observaban.

-Los hombres de Alexander cuentan con protección antibala en chalecos y cascos. Contando con que la suerte, los dioses, o el universo esté de vuestro lado, alguno de vosotros podría ser capaz de abrir fuego contra ellos, así que no desperdicieis ese tiro con un proyectil que acabará en el suelo.

Os recuerdo que la escolta de Vintila está formada por tres de los mejores soldados que hayan pisado éste lugar. Martínez, Ewan y Daniela son los principales escollos a los que nos enfrentaremos. Letales, motivados, y sobre todo, leales hasta el fin a su protegido.

Iosip captó toda la atención del escueto batallón que tenía en frente. Dejó el proyectil apoyado sobre su base metálica y metió las manos en sus bolsillos. Las venas de sus miembros superiores se marcaron con fuerza a través de su camiseta antitrauma. Dió de nuevo unos pasos atrás y se quedó a la retaguardia del General.

Éste carraspeó y se dirigió a sus hombres.

-Hemos enviado algunos hombres en misiones de reconocimiento hacia el sur y éste del bosque. Deberían darnos algún tipo de información en un par de horas como máximo.

Todos los hombres advirtieron que Kuyra portaba su uniforme de campaña y un chaleco. De su cintura colgaba un un arma corta y a sus pies descansaba un subfusil. El momento en el que peor están las cosas para un ejército, es el momento en el que hombre al mando agarra su arma y se dispone a morir en el campo de batalla. Kuyra sabía de la potencia motivadora que arrastraba su imagen. También era conocedor de la inteligencia enfermiza que gastaba su adversario. Por ese motivo iría con todo su arsenal a por ellos.

Avanzó sobre sus pies de pronto y el silencio acompañó a aquellos pasos firmes que lo llevaron hasta la mesa de operaciones junto a la que se habían reunido. Agarró la bala de punta hueca, extrajo su revólver de la cartuchera y el tambor salió por el lateral del arma. Metió la bala en uno de sus huecos y lo cerró de un golpe -Empecé a morir el día en que llegué a éste mundo. Vintila nos metió en ésto y ya no hay marcha atrás. Ni para él, ni para nosotros. No dejemos que ese psicópata se haga de nuevo con lo poco que ha dejado vivo en éste mundo. Hay que borrarlo del mapa como él hizo con la humanidad. Camaradas, hermanos..

Hoy es el día..

El camino de Azrael Flashbacks Huespeddeningunaparte