CAPÍTULO 64. SEDA Y PORCELANA.

CAPÍTULO 64. SEDA Y PORCELANA.

Azrael llega por fin a la base de Vintila y su equipo disfruta de un comodidad inusual.

El vehículo se adentraba silencioso haciéndose hueco entre la maraña de arbustos que parecían querer ocultar el camino. Las ruedas se agarraban sin piedad y removían todo a su paso. Un vehículo de dos toneladas que marcaba un camino hacia alguna parte. Un lugar que nadie salvo Alexander y su equipo conocían. La noche se cerraba entorno a ellos. Daniela, pilotando el primer vehículo, realizaba continuas visualizaciones del entorno. Giros nerviosos que sus ojos acusaban con fatiga precoz.

El visor de su casco abarcaba una pequeña porción del cristal blindado de su transporte.

A tan sólo unos metros le seguían de cerca Vintila y sus invitados. Azrael desconfiaba enormemente de cómo transcurría aquel trayecto. Alexander se acercó y sus dos compañeros de viaje le miraron esperando unas palabras. Él se dirigió su voz hacia Maika aunque su mensaje hablaba de Azrael exclusivamente.

-Estamos a oscuras, sin la más mínima referencia que facilite su ubicación. No puede ver ni una sola estrella por culpa de la vegetación. Aquí dentro está perdido, señor Azrael. Entiendo que es una situación incómoda, pero no podíamos dejar que el azar decida por nosotros. Comprendan que toda precaución es poca, al fin y al cabo, les estamos llevando a nuestra casa.

Azrael asintió y dejó que la comisura de sus labios dibujase una sonrisa. Vintila palpó en un lateral del asiento y una pequeña puerta de plástico se abatió dejando una luz a la vista. Alexander sacó de aquel compartimento tres botellas de agua pequeñas y ofreció dos a los atentos supervivientes.

Media hora de camino había transcurrido entre silencios y gestos sin palabras. El crujido sordo de las ramas caídas era amortiguado por el blindaje de aquel ejemplo de a dónde había llegado la modernidad en cuanto a vehículos militares. Azrael observaba de vez en cuando a Maika aunque ésta no siempre le devolvía la mirada. El vaivén del sistema hidráulico del pequeño camión eléctrico había producido un efecto somnoliente en los ocupantes. De forma inesperada los frenos sisearon unos segundos. La marcha se detuvo. Todos miraron por el ventanuco de su correspondiente lado aunque ninguno pudo ver nada, ni siquiera los troncos más cercanos eran visibles en aquella penumbra absoluta.

-¿Qué ocurre ahí delante?-Preguntó Alexander a Martínez que había tomado el volante.

-No lo se señor. Puede que hayan encontrado algún obstáculo..

Vintila sabía que eso era improbable. El camino de ida había sido el mismo que estaban recorriendo de vuelta. Tan sólo habían pasado unas horas desde su paso por aquél mismo lugar.

-Chicos, tenemos un problema -Se oyó por el intercomunicador. -Parece que un tronco se ha vencido y ha caído en medio del acceso.

Alexander pensó unos segundos. Apretó el botón que se iluminaba junto a un pequeño altavoz y dió una orden. -Que Ewan baje a comprobar ese maldito árbol, y si es necesario que enganche el cabrestante para despejar la vía..

-Yo no haría eso..

Maika pronunció una escueta frase que contradecía a la orden de Alexander.

-Explíquese-La sugirió.

-Estamos a final del invierno. Hemos tenido días de muchísimo viento y lluvia últimamente. Si ese árbol no se ha caído en las últimas semanas, no tiene demasiado sentido que sucumba en un día sin apenas aire como ha sido el de hoy.

Alexander se aproximó de nuevo al botón del interfono-Anulen esa orden, nuestra invitada cree que podamos estar sufriendo una emboscada..

El vehículo delantero retrocedió unos metros. La ventana del copiloto dejó a Ewan a la altura de Martínez. Ellos dos se veían perfectamente, pero no lograban divisar mucho más allá que unos metros a su alrededor.

-Señor, solicito permiso para encender los focos delanteros.. -Permiso concedido..

Un enorme haz de luz blanquecina desvelaba la profundidad de todo aquello que se anteponía a su frente. Millones de ramas y troncos que cegaban cualquier posibilidad de divisar algo que no fuese vegetación o barro.

Azrael observó detenidamente a través de la luna delantera. Los dos coches en paralelo se encontraban frente a un enorme árbol recostado sobre el cieno. Un tronco de pino de gran diámetro que cruzaba transversal ante ellos impidiendo la continuidad de su camino.

-Mire-Dijo el superviviente señalando la base del árbol caído. -Tiene marcas de cortes en la abertura. ¿Alguien sabía que volverían por aquí?.

Martínez miró a Vintila y éste se pasó los dedos por el mentón. El plan de escape debía cambiar, y debía hacerlo con la mayor presteza posible.

-Si no nos movemos rápido, vendrán y acabarán con nosotros fácilmente -Se lamentó preocupado Martínez.

Azrael palpó bajo su asiento. Encontró una caja metálica entre sus piernas, sacó ésta deslizando su base por el suelo de goma y encendió la luz interna del vehículo <RUSSIAN ARMY> leyó a duras penas.

-Es una caja para emergencias-Explicó Maika -Todos los vehículos militares rusos tienen una.

Alexander miró a los dos y asintió.-Así es. Contiene algunos útiles para salir de ciertas situaciones. Ábralo si quiere -Le indicó señalando al cerrojo que mostraba la tapa.

Azrael accionó un pequeño pestillo y la caja se abrió. En su interior divisó una pistola de bengalas, algunos víveres no perecederos, botes de humo y otros objetos de menor importancia.

-¡TANGOOO!-

Las miradas se volvieron hacia Ewan que se apresuraba a cargar su arma con nerviosismo. Todos los ocupantes de los dos vehículos giraron sus rostros hacia el origen de aquel aviso en forma de grito. De pronto una lluvia de impactos sacudió al vehículo situado a la izquierda del tándem que habían formado. Daniela se ocupó de bajar la suspensión al máximo para proteger los neumáticos y Ewan abrió la tronera superior desde la que devolvió el fuego recibido.

Los fogonazos del fusil del americano iluminaban con destellos varios metros a su alrededor. Las vainas vacías caían sobre el barro emitiendo un siseo de ahogo mientras su calor se disipaba. El soldado volvió a esconderse y cerró la tronera con presteza.

-Creo que son dos- Apuntó el- He oído dos tipos de disparo diferentes, y uno de ellos se desplazaba hacia nuestra retaguardia..

La opción de retroceder en el camino se había disipado. Uno de los soldados que había abierto fuego contra ellos, habría tenido la oportunidad de colocar una mina antitanque en la parte trasera del vehículo sin que ellos lo hubieran detectado.

-El sonar no ha encontrado nada- Añadió Daniela desde el otro transporte.

Aquel vehículo disponía de una avanzada tecnología. El sonar debía haber avisado de que un dispositivo explosivo había sido activado en los alrededores. Aún así, era más sensato esperar y trazar un plan alternativo sin demora.

Azrael se quedó unos segundos observando la caja que permanecía abierta entre sus piernas.

-Ese visor te permite ver en la oscuridad,¿Verdad?..

Azrael preguntaba a Ewan mientras éste asintió con la cabeza. El superviviente extrajo una granada de humo de la caja y pensó unos segundos- Apartaos hacia aquí-Ordenaba a Vintila y Maika, colocando a éstos dos lejos de la puerta corredera.

-¿Qué piensas hacer?-Le interrogó ella agarrando su brazo.

– Confía en mí -Respondió- Yo confiaré en él.

Y mirando al soldado americano, selló un pacto con un guiño que los dos entendieron perfectamente, después de ello abrió la puerta unos centímetros con extrema cautela. Por el hueco que quedaba observó una décima de segundo, entonces accionó la granada y la dejó caer al exterior. Rápidamente el humo ascendió por toda la zona cubriendo los vehículos y parte de los árboles que los rodeaban.

-¡Cúbreme- Azrael abandonó el vehículo y cerró tras de sí la puerta. Un abanico de disparos impactaron de nuevo contra el cristal blindado. La sucesión de proyectiles alcanzaba la luna delantera y ésta comenzó a astillarse. Si no ponían remedio rápido, no tardarían en sufrir los efectos de aquellas balas en su propio cuerpo.

Ewan aprovechó una pequeña fracción de segundo en la que uno de los rifles que los acechaban dejó de disparar y sacó la cabeza por la tronera. A duras penas sí pudo divisar cómo un tipo se resguardaba tras un tronco para cargar su arma. Agudizó su vista. Enfocó toda su capacidad y disciplina en controlar su respiración y entonces actuó. Tan sólo un centímetro de carne que asomaba por descuido le fue bastante. La punta del proyectil blindado que él había enviado, desgarraba la rodilla de aquel hombre que ahora caía al suelo. -Jódete bastardo -Diji entre dientes. Ahora su pensamiento se centraba en Azrael. -¿Dónde demonios se ha metido?..

El soldado abatido se estremecía llevando sus manos a la pierna. El humo se empezaba a disipar, los disparos se habían silenciado por completo y en el entorno de los vehículos reinaba una calma demasiado sospechosa. Ewan cerró de nuevo la trampilla y cargó su arma. Todos quedaron espectantes y en una extraña calma.

De pronto un movimiento extraño y un ruido de pasos agitados llamó la atención de los ocupantes. El otro soldado salió de la oarte posterior de los transportes y emprendió la huída delante de ellos. Ewan salió de nuevo, apuntó hacía el tipo y disparó. El soldado se movía como una lombriz haciendo imposible enfocarle y entonces Ewan entró en pánico.

Desde su posición ventajosa y gracias a la mira de visión nocturna, fue testigo de un detalle que inspiraría el peor de sus temores. Aquel hombre que corría entre los árboles portaba un detonador de explosivos en su mano derecha.

No había tiempo, si se alejaba lo suficiente haría que todos volaran por los aires y se esfumaría para siempre la vida de todos ellos, y sin duda de aquellos a los que no podrían proteger de las garras de Kuyra.

Daniela desde el otro vehículo trataba de divisar algo. Martínez abrió su tronera pero su visión quedaba oculta en la parte derecha por culpa del blindado de Ewan.

La desesperación podía verse en el rosto del americano. La incapacidad para alcanzar al fugado con un disparo podría costarles la vida a todos los que se encontraban con él. Soltó el cargador del arma ya vacío y metió otro con velocidad. Las balas del nuevo cargador alimentaban el arma, éste detonaba una tras otra y la punta de cada proyectil se dirigía hacia la profundidad del bosque, sin miedo a la oscuridad, ansiosas de alcanzar el objetivo. Los dientes de Ewan rechinaban. Su rostro brillaba con cada disparo que salía del cañón. Las vainas rodaban por el techo y la luna delantera. Miles de astillas se desprendían de cada árbol al que tocaba el metal. Una nube de polvo sustituía a las débiles emanaciones que la granada expulsaba todavía. Y por fin la paz.

El arma de Ewan se quedaba vacía. Sin alma.

Su visor era todo lo que le quedaba. Las luces del vehículo no arrojaban la luz necesaria para descubrir a simple vista qué destino había aguardado al atacante en fuga.

El americano contempló con tristeza el resultado de su vorágine de fuego. Aquél hombre yacía en el suelo, pero aún con vida. Alguna afortunada bala había encontrado un certero destino en su costado, herido pero no lo suficiente como para anular su voluntad. A duras penas se arrastraba al resguardo de un enorme tronco. Sólo unos metros separaban su mano del detonador. Convertido en un enorme gusano, recorría centímetro a centímetro el espacio que lo separaba de aquel dispositivo que acabaría con la vida del grupo que Ewan no fue capaz de proteger.

Las hojas se removían bajo su cuerpo, ya casi tenía en su mano el pase hacia el infierno para sus enemigos. El soldado herido se lamentaba a cada movimiento, sin duda, la vida se escapaba de aquel maltrecho. Pese a ello, aún trataría por todas las maneras posibles el llevar a término su misión..

Ewan pudo ver en una fracción de segundo cómo sus recuerdos, su vida y sus alegrías lo visitaban por dentro. El corazón latía con dulzura mientras su mujer le tendía la mano. Él se sabía muerto. No oía las voces nerviosas que lo acosaban desde dentro de aquél maldito transporte. Tan sólo sonreía de forma estúpida..

Pero la vida le tenía reservada una sorpresa. Haber elegido bien sus compañeros de batalla iba a darles un nuevo comodín, una partida extra. El destino, los dioses o quizás el universo, habían confabulado a su favor. De entre los árboles más cercanos aparecía su suerte como una sombra. Veloz y eficiente. Un salto había servido para que Azrael alcanzase el cuerpo castigado de aquel desdichado que se afanaba en llegar al detonador.

La bota del superviviente aplastaba la muñeca del soldado y el crujido de su cúbito al romperse imitó al de las ramas vencidas por el viento. Un lastimoso quejido que quebrantaba la soledad de un bosque maldito.

-Hoy no será ese día- Dijo Azrael desafiando con su voz al hombre. El rostro ajado del sometido palidecía para siempre. El filo de un cuchillo pasó inadvertido para el resto. Sólo Ewan pudo captar el momento. Ahora el hombre al que él había herido se desangraba con velocidad. El superviviente retrocedía hacia los vehículos sacudiendo el cuchillo para despojarlo de la sangre que lo tenía hasta la empuñadura.

Las puertas se abrieron todos bajaron para cerciorarse de que la situación estaba bajo control. Todos menos Vintila, que permanecía escoltado por Daniela. Nadie vio en qué momento ella había recorrido el espacio que lo separaba del otro vehículo y su protegido, pero allí estaba ella. Como siempre. Poniendo su vida entre Alexander y cualquier tipo de peligro, por muy grande que fuera.

Nerviosa, Daniela veía cómo su protegido ignoraba sus consejos y bajaba también del vehículo. El arma de ésta recorría ansiosa todos los recovecos que los árboles dibujaban entre las sombras. Cada ruido, cada movimiento inesperado eran una amenaza para ella.

-Alexander, deberíamos marcharnos de aquí..

Pero él tenía otros planes. Indicó con un gesto al americano que lo escoltase. -Por aquí -ordenaba.

Ewan encendió la linterna led que portaba bajo su cañón. El haz de luz revelaba la inmensidad que la noche significaba en aquel lugar. Paso a paso se acercaron con prudencia a la par que decisión hasta el cuerpo del otro hombre al que él mismo había reducido de un disparo.

Los gemidos apagados de éste desvelaron su posición. Un charco de sangre camuflaba parte de su pierna. Su ropa brillaba en el lugar que rodeaba la herida y la luz de la linterna se reflejaba en el rojo oscuro y húmedo. Alexander lo miró con desprecio. Éste alzó la vista y captó por un segundo la imagen de Vintila. Erguido y poderoso se mantenía de pié a su lado. Como un ángel de la muerte que observa su próxima alma por cosechar.

-¿Cuántos han venido contigo?-Le interrogó Ewan. -Si colaboras con nosotros puede que la piedad te visite ésta noche..

El soldado giró su mirada hacia él. Sonrió con ironía y volvió a enfocar su atención en Vintila.

-¿Crees que reclutando a esos indigentes vas a tener alguna oportunidad?, Kuyra debe estar muy cerca. Ya no habrá oportunidad para tí, ni para ellos. Zmei se está pudriendo en el infierno, en el mismo infierno que te espera a tí. Uno donde pagarás por tus acciones.

Alexander se volvió hacia Daniela y asintió con la cabeza. Volvió al vehículo en que había llegado hasta allí y se sentó. Tomó una de las botellas de agua y apuró hasta la mitad ésta de un sólo trago. John, Vladimir y los otros también volvieron a sus respectivos asientos.

Una vez sentados, todos pudieron escuchar un grito de dolor exacerbado. Sin lugar a dudas era la voz del soldado incapacitado. Unos segundos después, Daniela se sentó junto a Vintila, Ramírez abrió la puerta corredera y miró a Azrael. -Toma, ésto es para tí – Dijo sonriente entregando el arma recuperada de aquel que los había emboscado. Ya no le hará falta.

Maika miró al superviviente y después a Daniela que la observaba con una mezcla de odio y sospecha en sus ojos.

Martinez miró a Daniela también, ésta los observó y dibujó una gran sonrisa. Sus dientes perfectos relucieron con la maldad del mismísimo diablo. Entre sus dedos colgaba una cuerda de paracord anudada a una funda de cuchillo. Gotas de sangre reciente se resbalaban por la protección de nilon y caían al suelo de goma del vehículo.

-Lo habéis ejecutado, ¿Verdad?- Preguntó Maika.

-No-Respondió ella tajante. -He cortando las palmas de sus manos. Así no podrá hacerse un torniquete, ni escalar un árbol, ni empuñar un arma. Los lobos se ocuparán de él. Y así, cuando los suyos encuentren sus huesos, sabrán a lo que atenerse..

Maika miró a Azrael y mostró un gesto de repulsión hacia lo que acababa de escuchar.

El superviviente miró al suelo tratando de asimilar la situación que ahora los acontecía. Los vehículos emitieron un zumbido y la suspensión de ambos se levantó de nuevo. Las ruedas arrancaron un puñado de piedras con fuerza desmedida y los dos se pusieron en marcha.

-Tssssh-Sonó desde el intercomunicador -Martínez al habla. Creo que si empujamos entre los dos, podemos apartar ese maldito árbol de delante.

Ewan asintió. Elevó su pulgar y los dos se posicionaron de nuevo en paralelo, solo que ésta vez las barras de protección delanteras se topaban con la madera de un inmenso tronco.

-Una, dos, ahora..

Doce ruedas de gran tamaño giraban con toda la potencia que los motores eléctricos entregaban a través de sus ejes. La goma endurecida con fibras metálicas escarbaban sin piedad arrancando todo lo que había en su camino. Un gran crujido y un violento movimiento de aquellas máquinas les indicaban que el camino estaba despejado. Los dos conductores rodearon el pino y lo dejaron a su espalda. La noche engullía la imagen que transmitía el espejo retrovisor de Ewan que iba en segundo lugar.

Azrael miró de reojo a Vintila y después a Daniela que acariciaba su cuchillo enfundado y lleno de plasma sanguíneo.

Éste se incorporó y quebró el silencio tan incómodo que allí se fraguaba.

-Una vez fui apresado-Comenzó a contar.

-Buscaba refugio de la intemperie. En mi largo caminar, semanas después del día de aquella tormenta solar que nos despojó de lo que habíamos sido, alcancé por suerte una zona residencial. Una piscina privada y un campo de golf, recuerdo. Por supuesto que el deterioro había cambiado la imagen que tenía ante mí de lo que en su día debió haber sido aquella zona de recreo. Dicha piscina contaba con una caseta prefabricada. En ella pude encontrar todo lo que realmente necesitaba para pasar algunos días. Aperitivos, bebidas, agua..

Parecía que la suerte me sonreía por fin-Continuó su relato ante los atónitos presentes.

-Pero aparecieron unos individuos muy extraños. Yo, con los resquicios de mi antigua personalidad que aún trataban de aflorar, tomé la errónea decisión de ofrecerles ayuda. Alimento y agua me sobraban. ¿Qué hay de malo en echar una mano a otros supervivientes?, Pensé. De verdad creí que sus intenciones no irían por el camino que iban a mostrarme unos minutos después..

Maika prestaba atención a la historia. Leía en sus labios algo más que lo él se preocupaba en contar. Un mensaje que no era difícil de entender para los que le conocían.

-Ellos se acercaron-Prosiguió- Yo les acerqué unos víveres, agua, incluso alcohol. Consideré que sería suficiente para que se dieran por satisfechos. Pero mi entender sobre ellos era una idea distante de la realidad que me aguardaba. Los tipos me golpearon. La inconsciencia no tardó en llegar a mí. Recuerdo el frío de aquella piscina. El sabor mohoso del agua mezclado con la herrumbre de mi propia sangre..

-Y.. ¿qué ocurrió?- Preguntó intrigado Ewan desde la parte delantera- Estás aquí, así que supongo que no fue el momento de tu muerte..

-Una extraña fuerza llegó de la nada para hacerme luchar. Quizás un pensamiento concreto, o un conjunto de recuerdos. No lo sé. Pero tuve las agallas de salir de aquella ciénaga en la que ellos pretendían que me ahogara. Oí sus risas. Entendí cada palabra que decían. Cada mofa sobre mí. Y todo aquello fue transformando mi ser.

Así que cargado de ira, cogí el alcohol que tenía preparado para darles, lo introduje en una botella, le até un trozo de tela y le prendí fuego con el mechero que ellos mismos habían dejado a mi alcance arrojando mi mochila al barro del exterior.

Miré sus rostros por última vez mientras lanzaba aquel cóctel incendiario contra ellos. Sus ojos habían cambiado la suficiencia de hacía unos minutos por la incredulidad, y después por el terror. Cerré la puerta con ellos dentro envueltos en llamas y los dejé ahí gritando. Clamando por su vida..

Azrael miró a Daniela fijamente y la espetó una frase que nunca olvidaría..

– No trates de impresionarnos con tu maldad. Ejecutar a un hombre herido es algo que se hace por piedad. Cada uno lucha por lo que cree justo o por necesidad. La tortura no te hace más peligrosa ni mejor soldado. Yo estoy aquí por ella- Dijo señalando a Maika- ¿Sabes tú por qué estás aquí?..

Entonces Daniela apretó sus incisivos y se recostó mirando hacia la ventana. La noche pasaba de largo por sus pupilas. Quizás también un haber de recuerdos. Azrael observó en ella un ápice de humanidad y quizás sintió algo de pena. No esperaba que sus palabras calasen tan hondo en alguien que no había mostrado sentimientos hacia un hombre abatido que se encontraba al borde de la muerte. Daniela era una muchacha que representaba un papel de dureza y que ahora lloraba ante un recuerdo que sólo ella y Alexander sabían bien de qué se trataba.

El resto del viaje fue engullido por el silencio. Maika, con el corazón dividido en un mar de emociones, aproximó su cuerpo junto al de Azrael y apoyó la cabeza en su hombro. Sus ojos se cerraron y comenzó a imaginar.

Ahora ya no atravesaba un bosque frío en mitad de la noche. No sentía miedo. No sentía odio.

Pese a estar frente al hombre al que se atribuía la mayor tragedia para la humanidad, ella sentía una inmensidad de paz en su alma. Azrael estaba ahí. El caminante no había tenido ni el menor reparo en mostrar sus sentimientos ante aquellos que los habían instigado a entrar en una guerra que poco los importaba.

-Yo estoy aquí por ella..- Se repetía a sí misma mientras dibujaba una sonrisa en contraste con las lágrimas de Daniela. Azrael, un hombre desarmado que había hecho diana en el corazón de aquella mujer ex policía con las manos llenas de sangre..

Azrael sólo dejó que Maika se alimentase de su calor. La protección que ella sentía era suficiente para que él mantuviera siempre la guardia. Vintila dejó que su barbilla se mantuviera alta durante el mayor tiempo posible. ¿Qué demonios pasarían por su cabeza en aquél instante?

-Tssssssh- El intercomunicador hablaba.

-Cinco munutos para punto Alfa de llegada..

Maika despertó de su dulce descanso. Miró a su compañero y éste abrió los ojos todo lo posible. Observó la ventana y divisó entre los árboles una diminuta luz roja. Alexander puso la mano sobre la pierna de Daniela que aún permanecía ensimismada aunque agarrada a su subfusil como si de una madre y su bebé se tratasen.

Ella se encogió y suspiró con fuerza. El contacto con Vintila la había devuelto parte de la vida que había perdido por el camino. -Entraremos en formación Delta, de la orden..

Y en ese mismo instante Daniela desabrochó eñ botón superior de su chaleco, sacó un intercomunicador de onda corta y habló a través de él.

-Formación Delta. Treinta segundos. Cinco sujetos. Vehículo de cola con Vip a bordo..

Los dos transportes se detuvieron juntos. Iniciaron un movimiento simétrico y se dieron la vuelta. El acceso lateral del vehículo que había ido en segundo lugar había quedado protegido por el primero. Una enorme puerta se abrió en el lugar en que Azrael hubo divisado la luz roja. El haz de luz se deslizaba impregnando todo lo que quedaba a la altura que alzanzaba la gran persiana blindada. Maika y Azrael se dispusieron a salir.

-Coge el arma y cubre el flanco derecho-Ordenó Ewan. Azrael miró hacia abajo y recogió el fusil del suelo. Abrió media pulgada la puerta y de pronto el pié de Ewan detuvo el movimiento.

Azrael lo miró extrañado. El americano le quitó el arma y lo miró gesticulando con negación. Éste extrajo el cargador, se lo cambió por uno nuevo que llevaba en la cintura y tiró de la corredera de la recámara. Un proyectil otan cayó al suelo y todos miraron al superviviente.

-Nunca has usado uno de éstos,¿Verdad?..

Azrael frunció los labios y negó con su cabeza.

-Está bien-Le tranquilizó el soldado-Mañana te enseñaré a usar ese trasto. Por el momento mantén el dedo fuera del disparador hasta que sepas que hay que hacerlo. Ahora cubre ese lado..

Ahora sí, la puerta se abría. Azrael bajaba cubriendo su cuerpo con el lateral del vehículo y tratando de divisar algo por difícil que fuera.

Del acceso para vehículos salieron dos individuos totalmente equipados con trajes y cascos. Sus armas arrojaban una intensa lid de led. Se colocaron junto a la puerta y escoltaron adentro a Daniela y Alexander.

Ewan y Martínez aproximaron los coches mientras Azrael y uno de los soldados acorazados se aseguraban de que la puerta se cerraba sin que ningún extraño tuviera ocasión de entrar.

La persiana se cerró una vez que los vehículos estuvieron dentro. De pronto, aquel hall con aspecto de taller se había iluminado por completo. Una luz amarilla lo impregnó todo dejando a la vista los armeros, baúles de seguridad y un catálogo de vehículos que dejó completamente impresionados al grupo de Azrael. Éstos cinco, reunidos espalda con espalda, formaban una singular estrella vista cenitalmente. Sus rostros mostraban la sorpresa evidente. Ninguno de ellos había sido bañado por la luz artificial desde hacía al menos dos años. Desde aquel día.

Sus recuerdos en lo que a vehículos se refería, siempre eran vagas imágenes de lo que un día fueron coches, camiones y motocicletas. Ahora todo lo que habían contemplado eran amasijos de hierro y goma quemada. Cables pelados y huesos unidos al metal.

Pero aquello parecía un concesionario reluciente de transportes todo terreno. ATVs y Quads en perfecto estado.

-¿Os gusta lo que veis?- Dijo Alexander en alto.

Todos los soldados en formación se habían percatado de que Azrael portaba un arma desde el primer momento. Uno de ellos no había quitado ojo al extraño, y tampoco había puesto el seguro a su Glock.

El hombre se acercó a Vintila sin perderlo de vista y le susurró al oído algo que hizo reír a Alexander. Todos se mantuvieron en silencio. -No. No te preocupes -Pronunciaba Vintila.

-Estos chicos son de fiar. De hecho, nuestro amigo Azrael ha permitido que el regreso fuera posible. Él sólito ha truncado una emboscada del bueno de Kuyra.. Ese malnacido..

Daniela apoyó su arma sobre un baúl metálico con un cierre de combinación. Introdujo algunos números y éste se abrió. En su interior se podía divisar un pequeño arsenal, ropa de intemperie y algunos enseres. Todo el equipo siguió a Vintila que había desaparecido por una puerta que se encontraba al final de una escalinata de aluminio. Martínez se giró al ver que el grupo que formaba Maika y los suyos se habían quedado retrasados y los indicó que los acompañasen con un gesto de su mano derecha.

-¡Vamos!, Si queréis saber lo que Tina nos tiene preparado de cena más vale que no tardéis..

John se adelantó. Vladimir y Marion lo siguieron. El cansancio y el hambre se hacían notar a esas horas de la noche. Maika comenzó a andar en la misma dirección que ellos. Azrael la siguió a una distancia de pocos metros. Observaba todo lo que a su alrededor se encontraba. Armas, vehículos.. la fascinación era inevitable en aquella cápsula del tiempo desde la que parecía no haber ocurrido nada en el mundo exterior.

De pronto un cañón reluciente se cruzaba en su mirada. No le apuntaba directamente pero sí le impedía el paso. Azrael miró a su izquierda. En el final de ese arma se encontraba Daniela. La mujer con mirada triste y el corazón en llamas.

Bajó el fusil ante la expectante pasividad de Maika que lo observaba de lejos y la curiosidad que suscitaba en Azrael aquél gesto tan extraño. Daniela bajó su cuerpo hasta el baúl y de él sacó una funda de terciopelo. En su interior se encontraba un retrato enmarcado que mostró al superviviente.

-Esa era mi hermana-Le explicó mientras señalaba a una preciosa joven que la acompañaba en su día de graduación.

-La vida decidió quitarme a mi pequeña alma gemela, la borró de mi lado. El destino quiso que dos desgraciados la golpeasen y violasen hasta la muerte. Como tenían demasiados contactos supe que sería imposible vengarme de ellos, pero Alexander lo hizo por mí. De una forma cruel les quitó la vida. ¿Entiendes ahora el porqué estoy aquí?..

Azrael comprendió entonces que Daniela tenía un motivo para dar la vida por Vintila, igual de válido que el que él mismo tenía para eliminarlo. Sin que ella los supiera, acababa de alistarse en el equipo de individuos a los que Azrael posiblemente debía intentar abatir en un futuro.

Daniela guardó el marco de nuevo en su funda y lo dejó con cuidado entre sus cosas. Mientras se alejaba de ella, Azrael trató de imaginar el poder que en realidad había tenido Alexander en el mundo que ya no les tocaba vivir. Ese hombre hacía gala de unos modales y educación dignas del mejor político, pero también del mejor psicópata. Su tez inalterable le intrigaba. Ahora dejaría ese pensamiento de lado por un momento. Les aguardaba una noche larga, aunque ya sólo una parte de ésta restaba en el reloj. Maika lo esperaba en el umbral de la puerta que daba a quién sabe dónde. Él sólo sabía que estaba a punto de desfallecer del cansancio que lo ahogaba. Hacía al menos un día que no probaba bocado, la ropa le quedaba al menos dos tallas grande y la piel se le pegaba al tejido de ésta.

Una mano sujetaba la puerta que los daba paso a la siguiente utopía. Un enorme corredor de aluminio y suelos de goma se extendía ante ellos, Maika en primer lugar se adentraba en el lugar. Alexander había mandado construir un lugar que hiciera las veces de fortaleza de emergencia pero no sin cuidar cada detalle para que disimulase su verdadera función. Un cuartel con cara de hotel de carretera.

Un trabajador se guarnecía tras la puerta mientras invitaba a pasar a la sorprendida pareja. Sus ojos recorrieron todo lo que la oscuridad contrastada con las luces led de baja intensidad le permitían.

-El señor Vintila me ha pedido que acompañe a su grupo al comedor, después, podrán descansar en sus habitaciones..

Azrael asintió al hombre que tan amablemente los había recibido. No tardó en darse cuenta de que dicho individuo portaba un arma en su pernera y vestía un chaleco antibalas bajo el jersey.

Los cinco recorrieron el pasillo. -Última puerta a la derecha -Les explicó.

Se trataba de un complejo corredor de puertas numeradas, todas ellas blindadas con placas de acero remachado. Una vez llegaron al último acceso, el sonido inequívoco de una mujer tarareando una canción los dejó abstraídos por completo. “If i was your vampire..”

-Aquí os dejo con Tina, ella es la que manda a partir de ahora. Hacedla caso o usará su arma..

El hombre sonriente abandonaba la sala guiñando un ojo a Tina. Ésta se dió la vuelta y apoyó su trasero en la encimera del salón mientras que se secaba las manos en el delantal. Azrael se percató también de que esa mujer iba armada al igual que su otro compañero.

-Supongo que no hace falta que os lea el menú. Vendréis hambrientos, y por la pinta que traéis y esas caras, no habéis comido nada de verdad en mucho tiempo..

John se giró y la miró con desagrado. Esa mujer había pisoteado en un segundo todas sus creaciones culinarias de las últimas semanas.

-Por favor, Tina, estás hablando de más- Se oyó desde la puerta.

-Ese chico que tienes ahí mirándote con tristeza es el joven del que te hablé..

Alexander había permanecido en la entrada del comedor mientras el grupo había tomado asiento. – Perdonad a Tina, ella tiene un gran corazón, pero a veces su alma de madre protectora no la deja medir sus comentarios.

Todos se fijaron en él. Su chaqueta había desaparecido y mostraba una imagen diferente. Chaleco antibalas sobre una camisa italiana. Las manos en los bolsillos y una postura relajada. -Mañana tendremos una jornada de entrenamiento conjunta. Mis chicos y vosotros. No podemos salir ahí fuera y que la sincronicidad falle. En equipo haremos que sea posible. Por el momento podéis descansar y daros un baño. Tina os ha dejado algunos uniformes sobre vuestra cama.

Y así, mirando por un sólo segundo hacia atrás, Vintila se despedía con un mero gesto de su cara. Los ojos claros del galante repasaron todos los rostros que allí permanecían a su atención. Por último el de Azrael. Terca mirada, un híbrido de desafío y curiosidad que podía apreciarse en aquel que lo veía marchar a través del pasillo. El superviviente contó los pasos de éste y se cercioraba de que no iba sólo. Él nunca iba sólo.

Tina sirvió varios platos vacíos y colocó algunas bandejas con suculentas comidas sobre la mesa. De pronto, el olor a puré de patata y carne asada se había ganado la atención de los comensales. Quizás la sombra de lo que les aguardaba a partir de aquella noche les resonaría como un timbre lejano. Ellos sabían que nada importaba ahora salvo permanecer con vida el mayor tiempo posible. Azrael tomó un tenedor de plástico y escarvó en el puré, de él emergió un pequeño punto negro.

-Es pimienta negra-Le dijo John con los carrillos llenos de carne-Se añade al puré de patatas junto con sal y nuez moscada..

-Así es hijo-Respondío Tina. -Pero hace ya algunas semanas que no hay nuez moscada en mi despensa..

Azrael asintió y tomó un bocado enorme de carne. -Esta carne está muy buena-Dijo el superviviente. Debemos darle las gracias por su trabajo.

Tina sonrió. Entornó los ojos y se giró sobre la encimera. Pasó un trapo por las cacerolas y de pronto se detuvo. Un sollozo demostró que su emoción a flor de piel estaba deseando salir.

-No me des las gracias, querido. Sólo te pido que nos ayudes con ésto. Una vez que hayamos superado el problema que tenemos con ese salvaje, habrá tiempo de sobra para reír y disfrutar de la tranquilidad que nos merecemos. Ese chico y yo -Dijo señalando a John – Tenemos mucho que enseñarnos en la cocina. Estoy deseando aprender esa receta de vino especiado, y necesitaré una mano en aquella enorme cocina.

Azrael miró al suelo y se recostó después. Se sirvió un vaso de agua de una jarra purificadora que tenía cerca y bebió un vaso entero. Se recostó sobre el respaldo del banco y recorrió los ojos de sus allegados como buscando aprobación.

-No estamos aquí por decisión propia- respondió- pero le aseguro que haremos todo lo posible por quitar del medio a todo aquel que respresente una amemaza. Sea quien sea..

Azrael siguió comiendo después de aclarar aquella cuestión con la cocinera. Terminó la carne y el pan casero, se sirvió una gelatina pero tardó unos minutos en dar el primer bocado a ésta. Por unos momentos le fue agradable recordar cuánto le gustaba ese postre a sus pequeñas. Su pensamiento siempre acababa buscando una relación entre lo que vivía a cada momento y lo que vivió hace unos años. Quizás el cansancio añadido a la incierta situación en la que se veía inmerso había transformado la sonrisa de aquél feliz recuerdo en una triste mueca acompañada de silencio. Casi no había percibido la atenta mirada de los que le acompañaban a la mesa.

Él se excusó por haber estado evadido en sus pensamientos y sonrió a la cocinera. -Si pudiese indicarme en qué habitación puedo descansar..

Tina le devolvió el gesto y comenzó a recorrer el pasillo por el que Vintila había desaparecido hacía unos minutos. Llegó a la puerta trece y abrió la hoja dejando a la vista la estancia. La cocinera se apartó y Azrael la mostró de nuevo su agradecimiento con un fruncir de labios casi inapreciable. Ella lo detuvo y puso la mano en su hombro para darle un último mensaje:

-Todos hemos perdidos a seres por los que hubiéramos dado la vida. Vintila es impasible con la gente que ejerce el mal de forma gratuita, pero con los que demuestran una ética y fidelidad correctas, con esos va hasta donde haga falta.

La mujer volvió sobre sus pasos y entró de nuevo en la cocina. -Por favor-Dijo a los comensales-Si me permiten indicarles cuáles son sus habitaciones, me gustaría disponer de algo de tranquilidad para recoger mi cocina.

Azrael tocó un sensor dactilar de la pared y las luces de emergencia se apagaron a la vez que unos pequeños led se activaron en color naranja. Extrañado, volvió a tocar en el sensor y las luces cambiaron a un blanco pálido, mucho menos acogedor pero más útil para divisar cuanto le rodeaba.

una pequeña mesa de ordenador metálica, una litera con mantas militares y una taquilla. Al fondo encontró una puerta de fuelle de pvc. Descubrió en su interior un pequeño habitáculo en donde se encontraba el baño. Una lavabo y urinario con agua corriente y en una esquina una ducha sin mampara. Azrael apagó la luz del baño y anduvo perezoso hasta la cama en la cual se sentó. Desdobló la ropa que la buena de Tina había dejado allí para él y descubrió unas cuantas prendas entre las que se encontraba un chándal a estrenar y una muda limpia. Cogió todo aquello y se dirigió a la ducha sin pensar demasiado en el cansancio que derrotaba a sus piernas.

Dejó su uniforme mugriento y ajado en el suelo y encendió el mando del agua. Ésta brotó con la gracilidad de una lluvia artificial a temperatura agradable. Azrael se dejó absorber por aquél placer que llevaba tanto sin sentir. Su piel se relajaba a medida que la temperatura del agua le ofrecía un completo bienestar. Enjabonó su torso por primera vez en meses. Descubrió cicatrices que no recordaba, puede que llegara a dormirse por unos instantes. Después de unos minutos, abandonó la ducha y dejó que su cuerpo se secara lentamente. Cubrió éste con la ropa limpia y recordó esa extaña sensación de limpieza que ya había olvidado.

Salió del cuarto de baño y descubrió a una soñolienta Maika que enmudeció al verlo así vestido. Él abrió los brazos y exclamó:

-Al menos no he tenido que arrebatar ésta ropa a un cadáver..

Azrael se subió a la litera superior de un salto y señaló en dirección al baño.

-Te parecerá increíble, pero el agua caliente existe aún..

Regaló una pequeña sonrisa a su compañera de habitación y estiró su cuello haciendo crujir éste. Seguido se recostó con abatimiento dejando que sus brazos sirvieran de almohada. Maika copió el proceso que había llevado a Azrael a encontrar su ropa y también optó por una relajante ducha que tampoco hubiera jurado que podría volver a disfrutar.

Los mechones rubios se entrelazaban con los castaños, unos y otros formaban un abanico de tonos que sorteaban cada gota de agua. La cabeza de Maika se inclinaba para sentir la paz efímera que quizás por última vez iba a sentir en su piel. Dejó que los minutos pasaran, hizo de la espera una eternidad. Secó su cuerpo y de la misma forma que Azrael, se equipó con la ropa cómoda que habían dispuesto para ella.

La puerta del baño se abrió de nuevo y caminó hasta la cama. El agotamiento había podido con el superviviente que respiraba profundo en la parte de arriba del camastro. Ella apoyó los brazos en el somier superior y lo miró unos segundos. Alargó su brazo y pasó suavemente las yemas de sus dedos por la barba de aquél que siempre daba todo por aquellos que de verdad lo necesitaban. Contempló sus párpados y su piel maltratada por la intemperie. Quién sabe cuántas largas noches habría pasado luchando contra la hipotermia. Noches interminables en las que un pequeño fuego no bastaba para mantenerse con vida..

Maika se agachó posando su cuerpo sobre el mullido que la haría descansar como no lo había hecho hacía meses. Apartó la manta e introdujo sus piernas a lo largo de toda la cama. Un extraño y acogedor placer la llevaban directa a unas horas de tregua con la batalla permanente en la que vivían.

Giró la cabeza y notó el suave tejido de la almohada. Quizás no fuese tan suave como ella percibía, quizás el agotamiento la confundía, quizás la sensibilidad de su piel no era la que se esperaba de una guerrera con la tez de seda y porcelana.

Su vista se fue disipando. Sus pulmones iban ralentizando su actividad. Cada vez menos aire era necesario para mantener la conciencia. Recordó entonces que no estaba sola en aquella habitación. Ella quería pensar en cualquier cosa menos en él. Por todos los medios trató de ser presa del sueño, de dejar el mundo de los despiertos hasta que alguien la recordase al día siguiente cuáles eran sus obligaciones, pero tenía una ardua lucha por delante. Las imágenes de Azrael se secuenciaban como una broma de mal gusto constituida de diapositivas grabando cada momento. Recordó el primer día que le vio. Sonríe al pensar en lo fácil que fue derribarlo de aquel árbol. Recordó cómo su tío se empeñó en mantenerlo vivo y a salvo para que formase parte de su equipo. -Tio.. qué razón tenías..

Sarcev había dado en el clavo con él, aunque no tanto con Iosip, pagó con su vida el no haber sido capaz de percibir la amenaza que suponían.

Maika dejó que su mente se llenase de buenos momentos, de cuando Azrael volvió y la rescató de las manos de aquellos que sin duda querían acabar con su vida. Recordó el rescate en la nieve, pensó entonces en Aurora, en todos aquellos que ya formaban una familia con ella, y con él..

Se acordó de Julius, los niños, MaryAnne..

Respiró profundamente y abrazó una duermevela que deseaba abrazar para toda la eternidad.

Pero la noche cambiaría el rumbo de nuevo. Su sueño se vio alterado por la rugosidad de una mano que en ésta ocasión la acariciaba el rostro a ella. No tuvo que abrir los ojos para saber quién era. Esa mano ya había viajado por la inmersidad de su piel en otra ocasión. Dejó que los siguientes segundos la transportaran de nuevo al momento que ella quisiera. Al ayer, al mañana. Al siempre..

Azrael la observaba a ella ésta vez. En aquella habitación sonaba un retumbar de almas, disonante con el resto del mundo. La locura y la necesidad de sentir, Maika quería odiarle por ello, quería arrojarlo lejos de allí y no saber lo que podía descubrir que aún era capaz de amar.

En lugar de ello, dejó que sus impulsos más primarios, su alma primitiva y su deseo más fiero tomasen la delantera. Ella agarró el brazo de él y lo arrastró a su trampa de lujuria y de cariño. La noche pasó en llamas para ellos dos. El fuego que nadie podía extinguir en un millón de años se consumía entre aquellos dos seres incautos que olvidaban la crueldad de la vida y se permitían un inolvidable descanso.

La luna se perdió para siempre en el horizonte, las estrellas se fundieron en el fondo de un cielo azul que salía a descubrir sus dos cuerpos abrazados. Él abrió sus ojos primero, dibujó en su memoria aquella imagen para siempre y atesoró el olor que jamás olvidaría. Azrael se despertaba con la duda de si aquella sería la última vez en que viera salir el sol. También con la certeza de que su próximo anochecer lo hallaría sonriendo.

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte