Capítulo 67.            El Episodio Perdido de Julius.

Capítulo 67. El Episodio Perdido de Julius.

Julius despierta después de que todo lo que ha ocurrido haya cambiado el destino de su grupo.

Azrael añoraba despertar en compañía. Era cierto que últimamente no se podría decir que, literalmente, durmiera solo. La presencia de sus compañeros de grupo era un sucedáneo de emociones para él. Azrael los apreciaba de veras. Alguno de ellos había demostrado ser capaz de dar la vida por él cuando la situación así lo precisaba. Del resto, tampoco tenía queja. Sin embargo, abrir los ojos al amanecer y observar el rostro a medio afeitar del pobre infeliz al que le hubiera tocado guardia no era comparable con la imagen que tenía ante él en ese momento.

Maika no había tenido la oportunidad de mostrar el rostro de despreocupación con el que dormía demasiadas veces. El pelo rubio había cubierto parte de su rostro, en ella podía observarse una tenue relajación que la hacía aún más interesante. Azrael acarició su rostro con la fuerza justa para no interrumpir su descanso. Pese a que el sol ya se había anunciado hacía una media hora, la prisa que tenían por ponerse en pie era relativa.

La única preocupación del superviviente tenía más que ver con Julius y el resto de componentes que lo acompañaban, que con las obligaciones que le acontecían. ¿Habría llegado Adriana hasta ellos?.. Quizás sí que empezaba a impacientarse en cierto modo.

El completo silencio permitía que Azrael escuchase la respiración llana y continua de Maika. La relajación de ésta se transmitía por el aire embriagaba sus sentidos. Aunque no tanto para percatarse de que alguien estaba tras la puerta. Sólo entonces Azrael fue consciente de un hecho que le suscitaba cierta intranquilidad. Los chicos de su grupo se encontraban desarmados allí dentro. -Maldita sea- Pensó.

Dos leves toques de nudillos sobre la puerta hicieron que Azrael tuviera una idea más sosegada de la situación que le rodeaba. Si alguien quisiera hacerlos daño podría haber entrado hacía una hora y haberlos ejecutado a placer mientras dormían.

Se ajustó la cremallera de su increíblemente cómodo chándal y acudió a abrir en seguida.

La puerta se abrió suavemente y al otro lado observó el rostro que quizás no esperaba tanto encontrar. Alexander, con las manos a la espalda y una enorme sonrisa, aguardaba tranquilo junto a una impasible Daniela armada como siempre.

-¿Me permites que te invite a desayunar?-Dijo resuelto Vintila. -Me gustaría perfilar los planes que tengo para todos nosotros. El tiempo apremia..

Azrael miró el arma de Daniela unos segundos, subió la mirada pasando ésta por el torso blindado de la joven y coincidió con unos ojos verdosos que la pertenecían. Los focos pálidos resaltaban el brillo de su perfecto pelo recogido en una tensa coleta. Vintila esperó a que Azrael pensase la respuesta sin imprimir ningún tipo de prisa a éste. La evidente intención de Alexander era mantener la cordialidad con su invitado. Eso denotaba una necesidad expuesta de que el nuevo equipo formado por unos y otros siguiese siendo un equipo como tal. Azrael sentía bastante comodidad en su interior pero no podía permitir que se vieran sus cartas tan fácilmente.

-Sería un placer-Contestó escuetamente- Pero, ¿Qué pasa con ellos?- Preguntó mientras señalaba con el pulgar hacia atrás, refiriéndose al resto de su gente.

-No debes preocuparte por ellos. Hemos formado un equipo excelente y valoramos a cada miembro por igual, pero hay algunos detalles que debemos debatir directamente tú, y yo como personas al mando que somos-

Azrael asintió y abrió sus palmas a la vez que elevó los brazos. El chándal de entrenamiento que llevaba se recogió y dejó a la vista sus muñecas. – Le sigo-

Alexander comenzó una pequeña caminata que le llevaría hasta la cocina donde hacía solamente unas horas tomada un inusual cena con sus compañeros. Alexander se asomó y saludó a la cocinera. -Buenos días, Tina- Dijo señalando a la mujer que cantaba en voz baja.

-Tomaremos el desayuno en mi despacho. Recuerde que hoy partiremos de aquí, tenga todos sus enseres listos en el vehículo, no se sí podremos volver a éste lugar.

Hizo un gesto con la cabeza para que el superviviente lo acompañase de nuevo. Recorrieron un largo pasillo que daba a una sala de comunicaciones y ésta les dejaba a los pies de una escalinata de aluminio estriado que subía al siguiente piso. Azrael contempló cada detalle y trató de contar a cada individuo que podía divisar. Su cabeza miraba hacia el suelo pero sus ojos grababan cada detalle que le sirviera para hacerse una idea de la magnitud que tenía todo aquello.

-Cuarenta y siete- Dijo Alexander rompiendo su concentración.

Azrael lo miró extrañado mientras éste subía ya las primeras escaleras metálicas. -No le entiendo- Respondió -¿Cuarenta y siete?.¿Qué es ese número?..

-Es la cantidad de personas que se encuentran en éste complejo. Incluyéndonos a usted y a mí, y por supuesto a su equipo- Respondió parando su marcha y girándose hacia él- Usted estaba preguntándose la cuantía de personas que hay aquí, y yo le respondo..

Azrael resopló por la nariz. Arqueó sus cejas y dejó que una sonrisa se intuyera en su mejilla. La inteligencia de Alexander era abrumadora en ciertos momentos. ¿Cómo podía saber que estaba contando a cada persona con la que se cruzaban? ¿Acaso había contado en alto en algún momento? Azrael sabía que no..

La ecalera dió término a la caminata dejando a los dos a la puerta de un despacho. El acceso estaba totalmente cerrado y contaba con una serie de dispositivos de seguridad que Azrael intuía. Volumétricos, sensores sísmicos, detectores de calor y lector de constantes vitales. Alexander se acercó a la puerta y extendió su mano ante la pequeña pantalla de la derecha. Un haz de luz verde recorrió la palma de vintila y la puerta emitió un sonido metálico. El ruido característico de las cerraduras blindadas de apertura electrónica. Con un leve toque, Alexander presionó la puerta y ésta se abrió totalmente. Un detector térmico se encendió y emitió un pitido de confirmación pero Vintila lo omitió totalmente. Aquel despacho era austero a su modo. La inversión en seguridad tenía pinta de ser abrumadora, pero el mobiliario era normal y corriente, nada destacable a la vista.

Vintila tomó asiento y con mucha educación mostró la silla acolchada a su invitado para que hiciese lo mismo. Alexander tiró suavemente de la cuerda de una de las persianas de madera interiores y está cubrió parte del sol que incomodaba la vista de Azrael.

-Hoy confío en que ustedes y el personal que ya residía aquí, hagan un trabajo de cooperación cuya importancia usted ya sabe-Dijo Alexander mientras se apoyaba en uno de sus costados.

-Tienen exactamente seis horas para que sus hombres practiquen tiro, técnicas básicas de defensa y para que desarrollen la parte táctica de la misión de la que le hablo. Se que usted posee ciertos conocimientos sobre sistemas de autodefensa, al igual que su compañera es una mujer con un haber militar a sus espaldas para tener en cuenta. Por ello quiero que todo el grupo que hemos formado se una y se convierta en un grupo más grande y peligroso..

Alexander se puso en pie y observó a través de las rendijas de la madera. El bosque se extendía ante sus ojos hasta donde alcanzaba la vista. Los colores grises del cielo a medio cubrir entristecían la mañana al tiempo qué teñían los árboles de una melancolía entrañable.

-Usted y yo desayunaremos aquí, eso nos dará la oportunidad de conocernos mejor y de aclarar cualquier concepto que pudiera surgirle-Añadió amable.

La puerta se abrió de nuevo. Tina accedió a la sala sin pedir permiso. Portaba con ella dos bandejas similares a las que ponen en los aviones. El aroma a café y pan tostado agudizó los sentidos de Azrael que pudo escuchar a su estómago pidiendo algo que digerir.

-Gracias Tina -Pronunció Alexander mientras la cocinera se retiraba apresurada. La puerta se cerró de nuevo, está vez del todo. Los pestillos se activaron y Azrael se dio la vuelta ante el leve sonido metálico.

Abrió la bandeja y sus pupilas se dilataron. Su olfato se despertó de nuevo y su cerebro ordenó a su sistema digestivo que reclamase aquellos nutrientes por medio de un incómodo rugido.Revuelto de huevos, tostadas con aceite, fruta y cecina que parecía ser de ciervo.

Hacía meses que Azrael no desayunaba algo cuya procedencia no hubiera puesto en duda mientras devoraba. La caza rancia de tres días antes, huevos crudos, pescado requemado en una hoguera..

Salvo las suculentas obras de John el cocinero y la cena del día anterior, Azrael se sometía a ciertas torturas culinarias en pos de la supervivencia.

El superviviente alzó su cabeza y observó un momento el rostro de Alexander. Éste le miraba complacido y le instaba a que tomase su desayuno mientras él ni siquiera había abierto el suyo. Azrael lo miró y sin dudarlo hizo caso a la invitación y comenzó a devorar su comida.

Un baile de sensaciones desfilaba por su mente. Sería un amanecer algo avanzado de septiembre. Pese a que el sol ganaba la batalla por la conquista del cielo en un principio, el horizonte dejaba ver lo que se intuía como un frente de nubes que amenazaba con invadir la zona en la que se encontraba el bosque. La luz tenue que alcanzaba la mesa del despacho parecía dar vida a las diminutas esporas de polvo que se cruzaban entre los dos comensales. Y ahí se encontraba Azrael, desayunando en la misma mesa que el hombre responsable de haber cambiado el curso de la humanidad.

Vintila acabó con unos trozos de cecina y con un trozo de pan de apariencia bastante seca. Bebió un sorbo de una botella de agua mineral y se levantó de la mesa disculpando dicho gesto.

-Continue con su desayuno por favor..

Azrael miró los ojos de aquel hombre y prosiguió degustando la cecina que había dejado para el final. Un zumo de lo que parecía arándano y otras bayas de la zona le servían para poder tragar con más velocidad todo aquello le habían puesto sobre la mesa. Azrael no tenía intención ninguna de desaprovechar un solo gramo de proteína de aquel inusual manjar.

Vintila dudó unos instantes antes de interrumpir al comensal en su tarea. Miró a Azrael y después miró al suelo buscando claramente la forma de darle un mensaje que acabaría con la frugal tranquilidad de la que disfrutaba.

-Estoy un poco decepcionado contigo -Soltó sin miramientos -Puedo entender porqué tomaste la decisión de mantener alejados a los jóvenes de tu grupo de todo ésto que se nos avecina- Azrael dejó de masticar y clavó sus ojos en el hombre que de alguna manera le decía mucho más de lo que pronunciaba.

-Mandaste a esos chicos con dos personas como escolta-Continuó- Los hiciste caminar exponiendo sus vidas ante aquellos que sí son una amenaza para vosotros.

Azrael cogió la botella de agua mientras su mirada se perdía en el horizonte de sus pensamientos. Pegó un gran sorbo, se enjuagó con el líquido y tragó. Respiró hondo y contestó a lo que él entendía como un desafío.

-Consideré esa opción como válida ante la posibilidad cierta de vernos envueltos en un combate. Sabemos quién son nuestros enemigos, pero dígame usted , Alexander, ¿Ha oído la frase: Protégeme de mis amigos que de mis enemigos me ocupo yo?..

Alexander asintió. Comprendió que la decisión tomada por Azrael fue fruto de un cúmulo de incertidumbres. Una opción que se presentaba como menos mala desde su punto de vista en aquel momento. Para él, Alexander era una interrogante, un hombre con recursos y demasiada información que de repente le tendía la mano disfrazando una necesidad de favor hacia él.

-¿Sabe usted algo de ese grupo?- Preguntó Azrael temiendo que Vintila tuviese conocimiento de la incorporación de Julius a sus filas.

Vintila metió las manos en sus bolsillos y dejó que la situación se relajase unos segundos, entonces se aproximó hasta el lateral derecho de Azrael y sacó una pequeña hoja con anotaciones a mano. La hoja detallaba horas y el mensaje interceptado. Alexander retrocedió al lugar que había ocupado junto a la ventana, alzó la mirada a la altura del cristal y habló para el vacío de la habitación.

-Interceptamos una comunicación ayer mismo-Indicó señalando hacia la hoja- El equipo de Kuyra se muestra muy nervioso por algún motivo -Explicó- Desde hace ya unas cuantas horas no ha habido ninguna orden desde su emisora.

-¿A qué puede deberse tal hecho?-Preguntó el superviviente mientras miraba las anotaciones.

No lo sabemos. Pero ese hombre tenía la costumbre de mantener a sus hombres controlados de forma incesante a través de sus emisoras. Llegando a ser bastante insoportable según tengo entendido-Sonrió mientras arqueaba las cejas.

-Pero hay algo más -Añadió en tono preocupante.

-Ayer, alguno de sus hombres envío un mensaje de dirigido a Kuyra que mis hombres reseñaron como “Identificación positiva”. El mensaje hablaba sobre un grupo, entendemos que es el suyo -Dijo señalándole directamente con la mano-porque el mensaje detallaba la presencia de menores y al menos dos adultos. Indicaba claramente una ubicación situada al oeste, se trataba de un viejo puesto de guardabosques, junto a la ladera de la montaña.

Azrael se incorporó nervioso apoyando las manos sobre la mesa y desplazando la silla hacia detrás. Pasó la mano por su pelo afeitado al ras y cerró los ojos. Apretó sus párpados con los dedos pulgar e índice y manteniedo esa postura hizo una pregunta de la que hubiera preferido no tener respuesta.

-Necesito que me diga la verdad, Alexander- Pronunció delicadamente -¿Mi gente sigue con vida?..

Vintila se apoyó sobre la mesa y se dirigió a él sin mirarlo fijamente. La escena se había convertido en una especie de obra teatral donde Alexander trataba de dar una nefasta noticia al hombre que en unas horas lucharía por él. Sun demorar la espera, Vintila comunicó a su nuevo soldado el detalle que esperaba.

-La última comunicación era una solicitud de ejecución. No detallaba nada sobre las personas a ejecutar-Dijo tratando de darle algún tipo de esperanza – Pero sí observamos que la comunicación se terminó en ese mismo momento. No hubo confirmación de bajas, no hubo solicitud de retirada, y no hubo ningún tipo de solicitud de apoyo.

Los ojos de Azrael titubearon de izquierda a derecha. Nervioso, confundido. No entendía muy bien si la información que Alexander le había ofrecido iba acompañada de buenas intenciones. Azrael se había visto envuelto en una lucha de emociones que trataba de mantener en cierta paz. De ninguna forma tenía la capacidad de recorrer el bosque de nuevo para acudir en ayuda de aquel grupo al que él había enviado a un no tan buen lugar como había pensado. Esa misma noche se libraría un combate en el que él debía luchar para salvaguardar el futuro de aquellos que lo acompañaban. Siempre y cuando Alexander fuese un hombre de palabra.

Azrael meditó unos segundos sobre las posibilidades que se le ofrecían. Realmente, y suponiendo que la información recibida de Vintila fuese cierta al completo, ni siquiera sabía si su gente había sobrevivido. Él tenía un as en la manga, un as con nombre de mujer y cuerpo de pantera, pero todo lo que ahora imaginase era demasiado suponer.

Azrael se levantó de la silla y limpió las comisuras de sus labios con un trozo de papel reciclado que hacía las veces de servilleta, apuró el agua que le sobraba y empujoula.bandeja suavemente en señal de que daba por finalizada su desayuno. Metió las manos en los bolsillos del chándal de entrenamiento de algodón y se inclinó hacia Vintila con la apariencia de que nada había perturbado su persona.

-Bien-Dijo resuelto -Si pudiera darme los detalles de cuál va a ser nuestro trabajo, le estaría agradecido. Es tarde -señaló a la ventana evidenciando el recorrido que un sol apagado por un manto de nubes en formación había tenido tiempo de hacer

Vintila lo miró fijamente de nuevo. Con ese aura de tener bajo control hasta la última mota de polvo del bosque. Se agachó hacia un comunicador y presionó uno de los botones -Tina, puede usted recoger mi despacho. Después ya sabe lo que tienen que hacer..

-Vamos- Indicó con un gesto a Azrael que lo siguiera.

Vintila abrió la puerta del despacho y comenzó a recorrer el pasillo y las escaleras en sentido inverso al que los había llevado hasta allí. Tina esperaba nerviosa. Azrael se percató de que se había cambiado de ropa. Ahora, el delantal y el traje típico de mujer de la limpieza que antes llevaba había desaparecido y en su lugar Lucía un traje negro de campaña. Exactamente igual que el que portaban los dos tipos a los que Azrael había liquidado hacía unos días.

Sin duda Vintila se había ocupado de que su gente no careciese de ningún detalle en cuanto a equipamiento.

La velocidad del paso de Alexander fue remitiendo cuando llegaron a una de las puertas ignífugas que se presentaba bajo un pequeño piloto verde. Vintila puso su huella sobre el lector de la puerta y procedió a activar el pulsador. Un manto de luz natural se abalanzó sobre ellos. Alexander entornó los ojos grises que la genética del éste le había otorgado y Azrael se cubrió con la mano unos momentos. Según sus pupilas se adaptaron al brillo del día, reconoció el rostro de sus compañeros, formando junto a los hombres y mujeres del equipo de Alexander. Todos vestidos de negro. Maika, presidiendo una de las filas, miró por el rabillo del ojo, de forma disimulada pero intencionada directamente a Azrael. Los dos fruncieron el labio inferior en señal de no saber muy bien en lo que estaban metidos.

La fila que se componía de la gente del grupo de Azrael y Maika dió un paso atrás instintivamente hata ponerse paralela a la de los hombres de Alexander. El número de éstos triplicaba a la de los recién llegados. Todos erguidos, serios, conscientes de que aquella mañana sería la última para alguno de los allí presentes.

Vintila caminó entre las dos filas y la que formaba su equipo se fue girando a su paso. Ya fuera por imitación o por casualidad, la fila de Azrael fue dibujando el mismo movimiento hasta que Alexander quedó frente a los dos semicírculos. Alzó su perfecto mentón y recorrió con los ojos las miradas de todos ellos. Una suave brisa con aroma a hielo y humedas meció su rubio cabello. Azrael respiró profundamente. En su interior se mecían varios recuerdos que se evocaban de aquella formación en una mañana fría. Llenó sus pulmones varias veces antes de que las palabras de Alexander comenzasen.

-Hoy es un gran día – Espetó rompiendo el silencio. -Hoy tenemos la oportunidad de recuperar lo que es nuestro, lo que es de todos. Lo que nos merecemos. Si estáis pensando en que mis palabras se refieren a ese enorme montón de hormigón que nos han usurpado, estáis confundidos. Mi intención es daros algo que aquellos a los que nos enfrentaremos nos han arrebatado. Hablo de paz. Hablo de sosiego. De tiempo para seguir adelante. De justicia..

Azrael giró la cabeza hasta descubrir unos ojos verdes a punto de llorar. Tanto él como su compañera sabían bien quién era el hombre que los daba aquel discurso mientras las nubes iban cubriendo el horizonte. Ellos sabían de quién se trataba. Pero debían seguir actuando como si nada de eso supieran.

-Mañana a éstas horas – Prosiguió Vintila – Deberíamos estar disfrutando de lo que es nuestro. Demos gracias a nuestra buena suerte por haber hallado unos aliados que tomaron la buena decisión de unir fuerzas con nosotros..

Asintió mirando al equipo que quedaba a su izquierda. Azrael le devolvió el gesto con una educación forzada.

-A partir de ahora, somos un sólo grupo. Entrenad, aprended, practicad.. Uníos como guerreros que sois. Dejad que el sino os guíe pero luchad codo con codo como si estuviera en vuestra mano forjar vuestro camino. Hoy al caer la luz del sol, saldremos en busca de lo que la vida nos depara. Sin miedo. Agarraos a vuestros recuerdos, vuestros seres amados. Sed el orgullo de aquellos que os ven con gozo desde el gran salón. Empuñad el arma con valentía porque el enemigo sólo juega con el odio de su parte. Hoy es el día en que la tierra tiembla ante un nuevo juicio a la humanidad.

Vintila apretó el puño y dobló su brazo. La sangre abandonaba sus nudillos y éstos empalidecieron ante el rabioso gesto. Llamó a Azrael así como a Ewan que presidía la fila que compuso con su escuadra. Puso una mano sobre el hombro más alejado de Ewan e hizo lo mismo con el de Azrael. Jamás, desde los escasos días en los que las vidas de aquellos tres confluyeron, ninguno de los hombres que formaron el triángulo hubiera jurado estar tan próximo a los demás. No sin un conflicto de por medio..

-Guiad a los vuestros como un solo ente-Susurró Alexander -Unid la vista en el mismo frente y todo el mundo hablará de vosotros hasta pasados cien años. Ahora he de irme -Se disculpó – Tina me ha dejado un café preparado antes de marcharse y no quiero que se enfríe..

Azrael miró detrás suyo y pudo comprobar cómo un vehículo eléctrico se marchaba silencioso em sentido éste. Presumiblemente pertenecía a un convoy de huída del que solamente podía escuchar las rodadas de los enormes neumáticos. Vintila aceleró el paso y se adentró en la base de acero y cristal blindado. En el exterior quedó un atónito Azrael que discurría sobre la situación en silencio.

-¿Qué sería de Julius y los chicos?..

Dos horas de camino separaban al pensativo hombre que removía un café de otro mucho más joven que recobraba la consciencia pero que no apreciaba demasiado aquella bebida.

-Tsss, no te esfuerces- dijo en bajo la enfermera- Debes recuperar la sangre que has perdido..

Julius miró a su alrededor con un torpe balanceo de pupilas. La luz que se deslizaba por el burlete de la puerta le cegaba y se clavaba en su mente cual témpano de hielo.

MaryAnne sujetó su cabeza y le acercó a los labios una botella de agua de pequeño tamaño. Julius sorbió lo justo para que la sequedad de sus labios desapareciese. Pasó su lengua por ellos y observó con un ojo a la enfermera. Repasó con detenimiento la ropa de ésta y se detuvo a pensar en todo lo que habría ocurrido mientras él había permanecido inconsciente.

-¿Qué le ha pasado a tu cara?, Esa sangre es mía¿Verdad?…

MaryAnne bajó la mirada y después esquivó la de Julius girando su rostro donde él no alcanzaba a verla. Aquel gesto no obtuvo el resultado deseado, las lágrimas de la enfermera relucieron por el perfil de su mejilla y se precipitaron rompiendo contra el suelo con una gran similitud a la lluvia de otoño. Julius miró a su derecha y encontró la escopeta dispuesta junto al revólver que él portaba consigo normalmente. A su lado, uno de los menores que ellos debían haber mantenido a salvo, el único, el superviviente. El chico permanecía con la mirada perdida. Sin duda procesaba un trauma que con suerte quedaría latente por la eternidad y sólo se manifestaría con un nublado permanente de su personalidad hasta el fin de sus días.

Julius se llevó la mano derecha al hombro. Él sólo sabía que algo ardía en el interior de su articulación izquierda. Respiró entrecortado mientras sus parpados se cerraron con la fuerza de un blindaje militar. El gesto mostró a la enfermera que el dolor comenzaba a emerger en su compañero.

-Si te duele es buena señal-Le dijo ella mientras secaba sus lágrimas con disimulo.

Julius asintió. Volvió a mirar al chico y entonces se dió cuenta de que necesitaba alguna explicación sobre lo acontecido.

-¿Qué ha ocurrido?-Dijo temeroso de hallar una respuesta de evidente pesadumbre.

MaryAnne se incorporó despegando su cuerpo del suelo del todo terreno. Las ballestas resonaron por todo el habitáculo del garaje y el estruendo hizo que el joven que había permanecido en silencio se encogiera asustado.

-Te hirieron en el hombro-Comenzo a explicar con voz temblorosa. No te había dado tiempo a entrar y trataron de matarte desde los árboles que rodean el refugio..

Caíste redondo-Prosiguió con dificultad-Perdiste el conocimiento debido al impacto pero la bala salió por el otro lado..

-Los niños, MaryAnne -Interrumpió él -Dime dónde están los niños..

-Salí a socorrerte-Dijo sin cambiar el curso de su explicación -Tu cuerpo permanecía inmóvil, temí perderte..

Las lágrimas de la enfermera brotaron de una forma incontrolable. La tristeza se apoderaba de ella y la pena de lo que presumiblemente acompañaba a las palabras que iban a salir de sus labios aceleró el pulso de Julius.

-De pronto una sombra se cernió sobre tí. No tuve tiempo de reaccionar. Me pudo el miedo. Cometí el error de no comprobar el entorno y entonces lo que más temía sucedió.

Sentí el golpe-Dijo pasando sus dedos por el amoratado rostro. Cuando recobré el conocimiento me arrastré por las escaleras hasta el infierno que me esperaba arriba. Sólo pude oír los disparos de aquellos sin alma, sin corazón ni vergüenza. Las vidas de los pequeños se habían esfumado, todas menos las de ese pobre chico que ha sido testigo de la barbaridad que alimenta el interior de algunos oscuros seres.

Julius respiró. Al menos eso intentaba. Pero el aire no colaboraba con unos pulmones que temblaban y de un corazón que latía a una velocidad casi peligrosa.

-La siguiente iba a ser yo-Se lamentó -El infortunio no estaba escrito sólo con nuestros nombres y por algún motivo uno de ellos ejecutó al otro. Su cuerpo cayó abatido mientras yo tenía ya en mente seguir su alma hacia el infierno. Pero alguien rezó por nosotros y algún Dios escuchó esa plegarias.

Una mujer apareció y de un sólo disparo acabó con aquél asesino..

-¿Una mujer?..- preguntó extrañado.

-Así es-Asintió la enfermera.

Julius no podría asegurar si la confusión a causa de su falta de sangre y el dolor del hombro era lo que había provocado cierto shock en su cabeza al oír aquellas palabras. Él sabía que el bosque se antojaba peligroso como para que una mujer anduviera deambulando con un arma entre sus lares.

-La mujer en cuestión -Añadió MaryAnne mientras cogía su arma dispuesta a montar guardia de nuevo- Puede que te resulte familiar. -Dijo ella a sabiendas de la procedencia del joven.

Julius de pronto sintió que el dolor se disipaba en la profundidad de sus prioridades. La conversación se acababa de poner mucho más interesante de lo que él podría esperar.

-¿Cómo que resultarme familiar?-Explícate por favor..

-Su nombre es Adriana.. Morena, muy guapa. Su acento parecía indicar como procedencia algún país de la zona más oriental de Asia. Puede que fuese iraní. Quién sabe .. -Explicó ella.

-Es israelí-Aclaró él recostándose contra la chapa oxidada-Si ella sabe que estamos aquí, Kuyra sabe que estamos aquí.. hay que largarse..

-Tranquilo-Pronunció con voz calmada- Ha salvado nuestras vidas. Por lo visto ha tenido contacto en varias ocasiones con Azrael, de hecho, llevaba su chaqueta. Por eso ahora estás arropado con ella- Sonrió.

Julius respiró profundamente y observó que en efecto, era cierto que la chaqueta de Azrael cubría sus piernas. -No entiendo -Dijo entrecerrando los ojos-Ella es de la mejor soldado de Kuyra. ¿Qué demonios hacía aquí?..

-Creo que ha cambiado de bando. No es de gran importancia el porqué, solamente se que salvo mi vida, la tuya, la de él, y que se llevó por delante al soldado que está arriba pudriéndose.

Julius trató de organizar toda esa información en una especie de episodio perdido que debía encajar de alguna forma en los acontecimientos. Pero era bastante difícil para él dar una forma lógica a la maraña de sucesos de los que acababa de tener conocimiento.

-Y,¿A dónde está ella ahora?..

El camino de Azrael Huespeddeningunaparte